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Maryland
Expanded PrEP access among FreeState Justice’s 2026 legislative priorities
Maryland General Assembly opened on Jan. 14
FreeState Justice this week spoke with the Washington Blade about their priorities during this year’s legislative session in Annapolis that began on Jan. 14.
Ronnie L. Taylor, the group’s community director, on Wednesday said the organization continues to fight against discrimination against people with HIV/AIDS. FreeState Justice is specifically championing a bill in the General Assembly that would expand access to PrEP in Maryland.
Taylor said FreeState Justice is working with state Del. Ashanti Martinez (D-Prince George’s County) and state Sen. Clarence Lam (D-Arundel and Howard Counties) on a bill that would expand the “scope of practice for pharmacists in Maryland to distribute PrEP.” The measure does not have a title or a number, but FreeState Justice expects it will have both in the coming weeks.
FreeState Justice has long been involved in the fight to end the criminalization of HIV in the state.
Governor Wes Moore last year signed House Bill 39, which decriminalized HIV in Maryland.
The bill — the Carlton R. Smith Jr. HIV Modernization Act — is named after Carlton Smith, a long-time LGBTQ activist known as the “mayor” of Baltimore’s Mount Vernon neighborhood who died in 2024. FreeState Justice said Marylanders prosecuted under Maryland Health-General Code § 18-601.1 have already seen their convictions expunged.
Taylor said FreeState Justice will continue to “oppose anti anti-LGBTQ legislation” in the General Assembly. Their website later this week will publish a bill tracker.
The General Assembly’s legislative session is expected to end on April 13.
Central America
Dignidad para vidas LGBTQ en Centroamérica
Embajada canadiense en El Salvador se presentó ‘Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTIQ+’
SAN SALVADOR, El Salvador — “A los 16 años, mi papá me echó”. Esa frase directa, sin adornos ni concesiones, es parte de una de las historias más impactantes del libro “Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTIQ+”, presentado el 23 de enero. El testimonio pertenece a Estrella Cerón, mujer trans salvadoreña, cuya vida quedó marcada por la expulsión familiar y la violencia cotidiana ejercida contra su identidad.
Estrella relata que fue descubierta abrazando a un muchacho en la panadería que pertenecía a su familia, lugar donde también trabajaba. La respuesta fue inmediata: no le permitieron cambiarse de ropa ni llevar sus pertenencias. Salió “sucia, con olor a grasa, sin zapatos”. Su padre lloró al verla irse, pero no la detuvo. “Así ándate”, le dijo. Ese episodio no solo marcó su historia personal, sino que hoy se convierte en un reflejo de una realidad compartida por muchas personas trans en El Salvador y la región.
Durante la presentación del libro, Cerón tomó la palabra y compartió lo que significó volver a su historia frente a otras personas. Reconoció que no fue un proceso sencillo, pues implicó enfrentarse a recuerdos profundamente dolorosos.
“Fue doloroso hablarlo, sentí como un muro que fui rompiendo a poco a poco, saliendo adelante y pues hasta el día de hoy me siento más empoderada y más fuerte”, expresó. Sus palabras resonaron entre las y los asistentes, evidenciando que narrar la propia vida puede convertirse en un acto de sanación y afirmación personal.
Este momento público subrayó uno de los ejes centrales del proyecto: el derecho de las personas LGBTQ a contar sus historias en sus propios términos, sin miedo y con dignidad.
Rostros de la Equidad: un proyecto regional de memoria y justicia
La presentación de las publicaciones se realizó en el marco del proyecto Rostros de la Equidad, impulsado por COMCAVIS TRANS, con el apoyo de OIKOS y la Embajada de Canadá en El Salvador. El evento reunió a activistas, representantes de organizaciones sociales, cooperación internacional y público en general.
Como parte de este proyecto se presentaron dos materiales: el libro “Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTIQ+” y el glosario vivencial y de conceptos sobre la diversidad sexual y de género. Ambos productos buscan aportar a la visibilización, sensibilización y defensa de los derechos humanos de las personas LGBTQ en Centroamérica.
El proyecto se concibió como un proceso colectivo, regional y participativo, en el que las voces protagonistas fueran las de quienes históricamente han sido marginadas.
El libro de historias de vida se distancia de la lógica del simple recopilatorio de testimonios. Tal como lo expresa su prólogo, se trata de “un acto de memoria, reparación, justicia personal y colectiva”. Su objetivo es mostrar voces que han resistido al silencio y al miedo, y que hoy deciden narrar sus verdades.
Las historias incluidas atraviesan experiencias de expulsión familiar, discriminación, violencia institucional, migración forzada y exclusión social. Sin embargo, también dan cuenta de procesos de resistencia, organización comunitaria, reconstrucción personal y esperanza.
En ese equilibrio entre dolor y dignidad, el libro se convierte en una herramienta política y pedagógica que interpela a la sociedad y a las instituciones.
Junto al libro se presentó el glosario vivencial y de conceptos sobre la diversidad sexual y de género, una propuesta que busca ir más allá de las definiciones tradicionales. El glosario no se limita a explicar términos, sino que los conecta con experiencias reales de personas LGBTQ.
Cada concepto está atravesado por el derecho a la identidad, el reconocimiento y la dignidad. De esta forma, las palabras dejan de ser etiquetas para convertirse en relatos vivos que reflejan cuerpos, territorios e historias concretas.
Las organizaciones impulsoras señalaron que el glosario pretende ser una herramienta accesible para procesos formativos, educativos y comunitarios, aportando a una comprensión más humana de la diversidad sexual y de género.
El respaldo internacional y el valor de la resistencia
Durante la presentación, la embajadora de Canadá en El Salvador, Mylène Paradis, reconoció el trabajo de COMCAVIS TRANS, OIKOS y de todas las personas que hicieron posible Rostros de la Equidad.
“Las historias de vida reunidas en este libro nos recuerdan que resistir no es solo sobrevivir, sino también afirmar la propia existencia, reclamar derechos y construir esperanza incluso en contextos adversos”, afirmó Paradis, destacando la importancia de apoyar iniciativas que promueven la justicia social y los derechos humanos.
Su intervención subrayó el valor político de la memoria y el papel de la cooperación internacional en el acompañamiento de procesos liderados por organizaciones locales.
Un proceso regional de escucha y construcción colectiva
El libro y el glosario son el resultado de una consulta a 10 personas LGBTQ: cuatro de Guatemala, dos de El Salvador y cuatro de Honduras. Además, se realizaron grupos focales en cada uno de estos países para profundizar en las experiencias compartidas.
El proceso inició en agosto de 2024 y concluyó con la presentación pública de los resultados en enero de 2026. Para las organizaciones participantes, este trabajo evidenció la necesidad de generar espacios seguros de escucha y diálogo en la región.
La dimensión regional del proyecto permite identificar patrones comunes de violencia, pero también estrategias compartidas de resistencia y organización.
Georgina Olmedo, encargada del área de formación y nuevos liderazgos de COMCAVIS TRANS El Salvador, destacó que el libro busca reconocer las historias que atraviesan las personas LGBTQ.
“Son historias marcadas por la resistencia, la dignidad, el aprendizaje y toda la esperanza”, señaló, subrayando que muchas de estas vivencias continúan siendo invisibilizadas en el discurso público.
Para Olmedo, visibilizar estas narrativas es un paso necesario para transformar las realidades de exclusión y violencia que enfrenta esta población.
Escuchar sin juzgar: el valor del acompañamiento
Desde OIKOS, Jason García resaltó que el libro incluye voces de Guatemala y Honduras, lo que le otorga un carácter regional. Señaló que fue un honor conocer historias de personas que se atrevieron a contar lo que nunca antes habían contado.
García explicó que muchas de las personas participantes expresaron estar cansadas de ocultar quiénes son y que, durante el proceso, encontraron por primera vez espacios donde fueron escuchadas sin ser juzgadas.
“Cada historia que se comparte es un recordatorio de que ninguna violencia puede apagar la dignidad de una persona”, afirmó, destacando los procesos de sanación y reconstrucción que emergen incluso en contextos adversos.
Marielos Handal, integrante del equipo de OIKOS que acompañó la investigación, compartió una reflexión sobre los retos que implicó construir estas publicaciones. Las entrevistas, explicó, dejaron nudos en la garganta, silencios densos y muchas preguntas abiertas.
Entre ellas, cómo continuar escribiendo después de escuchar relatos de abandono, rechazo y violencia sistemática; cómo narrar sin revictimizar, sin simplificar ni maquillar la verdad, pero tampoco explotarla.
Estas preguntas atravesaron todo el proceso editorial, marcando el cuidado con el que se construyeron tanto el libro como el glosario, priorizando siempre la dignidad de las personas participantes.
Palabras que se convierten en dignidad colectiva
La presentación cerró con un llamado a leer estas publicaciones no desde la lástima, sino desde la responsabilidad colectiva de reconocer las deudas históricas con las personas LGBTQ en Centroamérica.
Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTQ y su glosario vivencial se consolidan como documentos necesarios en un contexto marcado por la exclusión, pero también por la lucha, la memoria y la esperanza.
En cada relato, como el de Cerón, queda claro que narrar la propia historia es un acto profundamente político: contar lo vivido no borra el dolor, pero lo transforma en palabra, memoria y dignidad compartida.
Commentary
Defunding LGBTQ groups is a warning sign for democracy
Global movement since January 2025 has lost more than $125 million in funding
In over 60 countries, same-sex relations are criminal. In many more, LGBTIQ people are discriminated against, harassed, or even persecuted. Yet, in most parts of the world, if you are an LGBTIQ person, there is an organization quietly working to keep people like you safe: a lawyer fighting an arrest, a shelter offering refuge from violence, a hotline answering a midnight call. Many of those organizations have now lost so much funding that they may be forced to close.
One year ago this week, the U.S. government froze foreign assistance to organizations working on human rights, democracy, and development worldwide. The effects were immediate. For LGBTIQ communities, the impact has been severe and far-reaching.
For 35 years, Outright International has helped build and sustain the global movement for the rights of LGBTIQ people, working with local partners in more than 75 countries. Many of those partners are now facing sudden closure.
Since January 2025, more than $125 million has been stripped from efforts advancing the human rights of lesbian, gay, bisexual, transgender, intersex, and queer people globally. That figure represents at least 30 percent of yearly international funding for this work. Organizations that ran emergency shelters, legal defense programs, and HIV prevention services have been forced to close or drastically scale back operations. At Outright alone, we lost funding for 120 grants across nearly 50 countries. We estimate that, without intervention, 20 to 25 percent of our grantee partners risk shutting down entirely.
But this is not only a story about one community. It is a story about how authoritarianism works, and what it costs when we fail to recognize the pattern.
The playbook is not subtle
Researchers at Outright and partners across human rights and democracy movements have documented the same sequence playing out across sectors worldwide: governments defund organizations before passing restrictive legislation, eliminating the groups most likely to document abuses before abuses occur.
In December, CIVICUS downgraded its assessment of U.S. civic freedoms from “narrowed” to “obstructed,” citing what it called a “rapid authoritarian shift.” The message was unmistakable: independent organizations that hold power to account are under growing pressure, in the United States and around the world.
And the effects have cascaded globally. When one of the world’s largest funders of democracy support and human rights work withdraws, it doesn’t just leave a funding gap. It sends a signal to authoritarians everywhere: the coast is clear.
The timing is not coincidental. In the super election year of 2024, 85 percent of countries with national elections featured anti-LGBTIQ rhetoric in campaigns. Across the 15 countries we tracked, governments proposed or enacted laws restricting gender-affirming care, rolling back legal gender recognition, and censoring LGBTIQ expression. The defunding often came first. Governments know that if they can starve the movement, there will be no one left to document what comes next.
Why US readers should care
It may be tempting to see this as a distant crisis, especially at a moment when LGBTIQ rights in the United States are under real pressure. But this story is closer to home than it appears. American funding decisions often help determine whether organizations protecting LGBTIQ people abroad can keep their doors open. And when independent organizations are weakened, no matter where they are, the consequences do not stay contained. The same political networks driving anti-LGBTIQ legislation in the United States share strategies and resources with movements abroad. Global repression and domestic rollback are not separate stories. They are the same story, unfolding in different places.
LGBTIQ organizations are often the first target, but never the last
Why target LGBTIQ communities first? Because we are politically easier to isolate. The same playbook — foreign funding restrictions, bureaucratic harassment, banking access denial — is now being deployed against environmental groups, independent media, women’s rights organizations, and election monitors. When one part of our community is silenced, all of us become more vulnerable. What happens to us is a preview of what happens to everyone.
This is not speculation. It is documented history. In Hungary, the government restricted foreign funding for civil society before passing its “anti-LGBTQ propaganda” law. In Russia, “foreign agent” designations preceded the criminalization of LGBTIQ identity. In Uganda, funding restrictions on human rights organizations came before the Anti-Homosexuality Act. The pattern repeats because it works.
And yet, even as these attacks intensify, victories continue. In 2025, Saint Lucia struck down a colonial-era law criminalizing consensual same-sex intimacy after a decade of regional planning and coalition-building. Courts in India, Japan, and Hong Kong upheld trans people’s rights. Budapest Pride became the largest in Hungarian history — and one of the country’s biggest public demonstrations — despite a government ban. In Thailand, years of patient advocacy culminated in marriage equality becoming law in 2025, the first such victory in Southeast Asia.
These wins happened because our movement built the capacity to survive hostility. Legal defense funds. Documented evidence. Regional coalitions. Emergency response networks. The organizations behind these victories are precisely the ones now facing drastic funding cuts and even closure.
What we are doing and what we need
On Jan. 20, 2026, Outright International publicly launched Funding Our Freedom, a $10 million emergency campaign running through June 30, 2026. We have already secured over $5 million in pledges from more than 150 donors. But the gap remains enormous.
The campaign supports two priorities that must move together. Half of the funds go directly to frontline LGBTIQ organizations facing sudden shortfalls: keeping staff paid, maintaining safe spaces, securing legal support, and continuing essential services. The other half supports Outright’s global work: documenting abuses, training activists, and advocating for LGBTIQ inclusion at the United Nations and other international forums. This is how LGBTIQ people remain seen, heard, and defended, even when governments attempt to erase them.
We structured Funding Our Freedom this way because frontline support without protection is fragile, and global advocacy without frontline truth is hollow. Both must survive.
Funding Our Freedom is not charity. It is how we keep the global LGBTIQ movement alive when governments try to erase it.
A call to those who believe in equality and democracy
If you are part of the LGBTIQ community, this moment is personal. Whether you give, share this work, host a small fundraiser, or bring others into the effort, you become part of what keeps our global community connected and protected.
If you are an ally or simply someone who believes in fairness, free expression, and accountable government, this fight is yours too. The defunding of LGBTIQ organizations is not an isolated decision. It is a test case. If it succeeds, the same tactics will be used against every group that challenges power and defends vulnerable people.
We are not asking for sympathy. We are asking for commitment. The organizations now being forced to close are the ones that document abuses, provide legal defense, support people in crisis, and show up when no one else will. If they disappear, we lose more than services. We lose the ability to know what is happening and to respond.
Authoritarians understand this. That is why they target us first.
The question is whether the rest of us understand it in time.
Maria Sjödin is the executive director of Outright International, where they has worked for over two decades advocating for LGBTIQ human rights worldwide. Learn more at outrightinternational.org/funding-our-freedom.
