Noticias en Español
Parlamentario cubano: A los activistas “se les pagó” para organizar la marcha LGBTI no autorizada
Luis Ángel Adán Roble participó en una conferencia en Bogotá

Nota del editor: Una versión de esta nota en inglés salió en el sitio web del Washington Blade el 18 de mayo. Tremenda Nota, el medio socio del Blade en Cuba, la tradujo en español para su sitio web.
Bogotá, Colombia— Un parlamentario cubano sugirió el sábado pasado que activistas independientes “recibieron pagos” para organizar la marcha LGBTI+ celebrada el 11 de mayo en La Habana sin autorización del gobierno.
“No solo los grupos religiosos, sino también los llamados activistas, reciben frecuentemente pagos para realizar este tipo de eventos”, respondió Luis Ángel Adán Roble a una pregunta del periódico estadounidense Washington Blade, durante un panel en una conferencia del LGBTQ Victory Institute en Bogotá. “No estoy diciendo que todos los que participaron fueron pagados, ni nada por el estilo”, agregó.
El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), una institución dirigida por Mariela Castro Espín, hija del expresidente cubano Raúl Castro Ruz, organiza hace una década una marcha en La Habana para conmemorar el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia.
Sin embargo, el día 6 de mayo el Cenesex informó sobre la cancelación de la marcha de La Habana y de otra prevista en la ciudad de Camagüey. Activistas LGBTI+ criticaron duramente la cancelación y anunciaron una nueva marcha no autorizada en La Habana.
En los días previos al 11 de mayo agentes de la Seguridad del Estado ordenaron a los activistas independientes que no participaran en la marcha independiente. Los agentes también impidieron que algunos activistas salieran de sus casas para asistir a la manifestación.
Juana Mora Cedeño e Isbel Díaz Torres estuvieron entre los activistas independientes detenidos antes de la marcha de La Habana que “no estaba autorizada”, según Adán Roble. “Como para cualquier marcha en cualquier país del mundo, hay que tener una autorización”, dijo al Blade.
Maykel González Vivero –director de Tremenda Nota, la revista cubana aliada del Blade– y otros periodistas independientes, así como corresponsales de agencias de prensa internacionales, reportaron que varios participantes en la marcha fueron arrestados. Fotografías y videos posteados en las redes sociales muestran a hombres vestidos de civil mientras maltratan a algunos de los manifestantes detenidos.
Adán Roble dijo al Blade que cuatro personas fueron detenidas después de que, según él, atacaran a un agente de la policía. También criticó a los periodistas independientes por “mostrar solamente una imagen”.
Mariela Castro Espín, de quien Adán Roble es un firme aliado, continúa insistiendo sin pruebas en que opositores al gobierno cubano en Miami y otros puntos organizaron la marcha no autorizada. Por su parte, Adán dijo al Blade que no sabía de las detenciones de tres activistas LGBTI+ independientes –Roberto Ramos Mori, Leodán Suárez Quiñones y Yasmany Sánchez– en los días posteriores al evento.
“No sé nada sobre eso porque estoy en Colombia desde el jueves”, explicó el joven diputado.

Cleve Jones, un activista de San Francisco, iba a ser el Gran Mariscal de la marcha del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia en La Habana. El día 10 de mayo el Cenesex homenajeó a Jones en una gala celebrada en el Teatro Karl Marx de esa ciudad. Al día siguiente, Jones asistió a una fiesta organizada por Castro Espín cuyo horario fue ajustado para coincidir con la marcha no autorizada.
Adán Roble también dijo al Blade que la fiesta era “una nueva forma de celebrar el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia en Cuba”. Jones y Jeff Cotter, director ejecutivo del Rainbow World Fund, en una declaración emitida el 14 de mayo, dijeron que estaban “consternados” por los arrestos ocurridos en la marcha no autorizada.
El Cenesex había anunciado la cancelación de su marcha por el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia en medio de crecientes tensiones entre los Estados Unidos y Cuba, debido al apoyo de la Isla al presidente venezolano Nicolás Maduro. La marcha no autorizada en La Habana se realizó tres días después de que el gobierno cubano impidiera a Lavers, del Blade, entrar al país.
Mis preguntas al diputado cubano Luis Ángel Adán Roble al #LiderazgosLGBTI sobre las detenciones durante la marcha #LGBTI no sancionada en La Habana el 11 de mayo y las detenciones de activistas independientes @LosAngelesBlade @WashBlade @TremendaNota_cu @MGVivero pic.twitter.com/ZHB1uctwb9
— Michael K. Lavers (@mklavers81) May 18, 2019
Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
-
Real Estate4 days agoConvert rent check into an automatic investment, Marjorie!
-
Theater4 days agoSwing actor Thomas Netter covers five principal parts in ‘Clue’
-
District of Columbia4 days agoEleanor Holmes Norton ends 2026 reelection campaign
-
Honduras4 days agoCorte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
