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El asesinato de una mujer trans que conmocionó a Colombia
Juliana Giraldo Díaz murió en control militar

Nota del editor: El Washington Blade ha publicado una versión de esta nota en inglés.
“¡Por favor ayúdenme a hacer viral este video! ¡El ejército me acaba de matar a mi mujer! ¡Ayúdenme por favor a difundirlo! … Me mataron a Juliana … No tenemos armas, no tenemos drogas, no tenemos nada, este man me la mató. Mire no llevamos nada, me mataron a Juliana, ese man le pegó un tiro en la cabeza”.
Sin poder contener las lágrimas ni la angustia, Francisco Larrañaga suplica por ayuda en un video que él mismo graba. Es el esposo de Juliana Giraldo Díaz, una mujer trans de 38 años, a quien una bala disparada por un soldado del ejército le arrebató la vida al instante mientras pasaba por un puesto de control militar.
Los hechos ocurrieron alrededor de las 8:30 de la mañana del 24 de septiembre en una zona rural del departamento de Cauca al suroeste de Colombia. Giraldo iba en el asiento del copiloto mientras Larrañaga conducía el auto de color blanco.
Dos versiones del porqué se produjeron los disparos circulan en los medios colombianos: Una, señala que el automóvil no se detuvo en el puesto de control, mientras que la otra apunta a que el vehículo estaría dando reversa.
Esta última fue ratificada por el ejército a través del general Marco Mayorga, comandante de la tercera división. En una entrevista a Caracol Radio, Mayorga comentó que un soldado informó haber disparado a las llantas del vehículo cuando daba marcha atrás cerca del punto de control, pensando que se estaba preparando para chocar contra él.
“El soldado dijo que disparó a los neumáticos para detener el vehículo”, agregó Mayorga. “Me parece que una bala cayó al pavimento y cambió de rumba … lamentablemente golpeando a Juliana”.
El acto fue condenado en Twitter por el presidente Iván Duque y por el Ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo. Duque ordenó disponer todo lo necesario para una investigación con celeridad y añadió que el responsable debe recibir un castigo ejemplar.
Holmes refirió que, por el momento, el soldado presuntamente involucrado en los hechos y otros uniformados que lo acompañaban han sido apartados de sus funciones y puestos a disposición de las autoridades competentes.
Por otra parte, la Fiscalía General de la Nación colombiana informó que el equipo especial designado para investigar el asesinato indagará si Giraldo fue atacada por su identidad de género.
La pérdida de Giraldo eleva a 28 la cifra de personas trans asesinadas este año en Colombia, según un reporte de la Red Comunitaria Trans, un grupo de derechos trans. La violencia contra miembros de la comunidad LGBTQ ha aumentado durante los primeros ocho meses del 2020, cuando al menos 63 personas, incluidas 17 mujeres trans, ha sido asesinadas.
‘Juliana no murió. La mataron’
Un manifestante en las afueras de la sede de la Tercera Brigada del Ejército en Cali, Colombia, sostiene un cartel que dice: “Juliana no murió. La mataron”. Como él, miles de colombianos se reunieron frente a las instalaciones del Ejército en las ciudades de Cali, Medellín y Popayán para manifestar su indignación por el fatal incidente.
La pérdida de Giraldo ha conmocionado a la sociedad colombiana en general, pero especialmente a la comunidad LGBTQ, que ha criticado fuertemente al ejército y clama por justicia. El asesinato de Giraldo vino a elevar mucho más las tensiones, pues ya se habían registrado numerosas denuncias de abusos y exceso de fuerza de miembros de la policía.
Laura Weinstein, directora de la Fundación Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans (GAAT) refirió al Blade que el asesinato de Giraldo evidencia las violencias estructurales de Colombia, donde las todavía las Fuerzas Armadas, ya sean legales o ilegales, tienen un poder muy fuerte.
“La muerte de Juliana termina reflejando un país violento, donde el que tiene las armas predomina y termina haciendo daño”, apuntó.
Wilson Castañeda Castro, director de la organización Caribe Afirmativo, destaca que el homicidio de Giraldo expresa el alto estado de vulnerabilidad que tienen las personas trans en Colombia.
Castañeda explica que es inconcebible la idea de una “bala desviada” que iba al piso y terminó con la vida de Giraldo, pues el tipo de armamento que usa el ejército expulsa varios tiros y no uno solo. “La herida que acabó con la vida de Juliana fue en su cabeza y ella estaba sentada en el vehículo, situación que hace imposible el ejercicio físico que presentan y no había señalización de retén militar. Testigos aseguran que el ejército disparó, no para disuadir, sino para acabar con su vida”.
Weinstein comentó que un “accidente” no puede ser una justificación para obviar lo sucedido. “Aquí sí pasó algo, que no se hizo de la manera que se debió haber hecho. Según he podido leer, dicen que no había ningún retén militar donde pararan a las personas, sino que de la nada salieron los militares, del medio de los árboles y esta no es la manera de proceder”.
“En términos generales el movimiento LGBT de Colombia está altamente preocupado. Vemos que paulatinamente se van perdiendo los logros obtenidos en materia de derechos humanos, que el Estado, lejos de ser protector y garante, está asumiendo un papel de violador y de no prevención o sanción de la violencia. De otro lado, se incrementan los niveles de miedo por los efectos sociales y los mensajes de terror que infunden en todo el colectivo este tipo de violencia”, apunta Castañeda.
Según Castaneda, ni el presidente, ni su equipo de trabajo, ni mucho menos el Ministerio del Interior, que lleva la agenda LGBTQ, no se han pronunciado, ni frente a este caso, ni a los más de 60 ocurridos durante el año.
“Ni siquiera este tipo de violencia les motiva a convocar y a trabajar. Para Caribe Afirmativo, la omisión del gobierno actual deja claro que no es de su interés la protección y la garantía de los derechos humanos de las personas LGBT y su silencio ante crímenes de Estado como el de Juliana, deja constancia de una complicidad con la violencia”.
Weinstein agrega por último que como parte de la sociedad civil deben exigir un desenlace justo a esta situación. “Confiamos que la justicia cumpla con su papel y vuelva la confianza, que no tenemos precisamente, por las enormes violencias a los que nos vemos sometidos de forma constante”.
Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
