Noticias en EspaƱol
Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador busca dar refugio a personas LGBTQ
Comunidad Santa Marta es albergue

SAN SALVADOR, El Salvador ā La Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador (IAES) siempre se ha caracterizado por ser una iglesia inclusiva y de puertas abiertas, desde la creación del Ministerio de Diversidad Sexual en el aƱo 2009, el cual es una pastoral que reĆŗne tanto a personas LGBTQ como tambiĆ©n aliados de la misma comunidad, volviĆ©ndose un espacio en el que todas y todos pueden vivir su fe, libres de discriminación. Ahora la IAES comienza una nueva Pastoral de la Solidaridad, llamada Comunidad Santa Marta, la cual tiene como objetivo brindar refugio, acompaƱamiento personal y pastoral, a personas LGBTQ que han sido expulsadas de sus hogares o se han visto forzadas a realizar migración interna.
En su experiencia pastoral, la IAES ha conocido las realidades que enfrentan las personas LGBTQ, que por motivo de su orientación sexual, identidad y expresión de género son discriminadas en todos los Ômbitos de su vida, dando inicio a una cadena de exclusión desde sus hogares y afectando su desarrollo pleno. Es asà como desde la oficina diocesana Dignidad y Justicia, crean este proyecto; pues dicha oficina tiene como objetivo principal, generar condiciones de prevención de la exclusión social, para el acceso a los derechos humanos, disminuyendo la violencia social y migración de las familias en la creación de comunidades de fe con tejido social.
āTrabajar en un proyecto como ‘Santa Marta o Pastoral de solidaridad’, es responder a las necesidades humanas, especialmente cuando hay tanta injusticia, pobreza y desigualdadā, expresó al Washington Blade el obispo de la IAES, Rvdmo. Juan David Alvarado.
āQueremos dar una respuesta a las personas LGBT que han sido expulsadas de sus hogares o que se encuentran en peligro, ofreciĆ©ndoles un espacio temporal, mientras ellas buscan solución o desarrollan un plan de respuesta personalā, agrega el obispo. āEl nombre de Comunidad Santa Marta es recordar en el Evangelio cuando JesĆŗs va en camino y llega a la casa de Marta y MarĆa, hermanas y amigas de JesĆŗs, quienes dan acogida y acompaƱamientoā.
La IAES tiene muchas expectativas de este proyecto, pues siempre se han mostrado aliados de la sociedad civil y en sobre todo de las poblaciones históricamente excluidas y vulnerables, el coordinador de la oficina de Dignidad y Justicia dentro de la IAES, Edwin Guardado, expresa que la āilusiónā con este proyecto es que la iglesia sea un modelo de atención y acompaƱamiento pastoral en el tema de refugios a personas LGBTQ en condiciones de vulneración de derechos humanos.
āEl que la Iglesia cuente con la experiencia del Ministerio de Diversidad Sexual, es clave para el impulso de la Comunidad de acogida Santa Marta, que estarĆ” ubicada en el departamento de Santa Ana, en la Iglesia San Rafael ArcĆ”ngel, en donde el Rvdo. GermĆ”n López es su rectorā, menciona al Blade Guardado.
āLa IAES, al acoger en su misión pastoral, el trabajo con población LGBTI, no solo cumple con el bĆ”sico de nuestras sociedades contemporĆ”neas que es no discriminar, sino cumple con el mandato de nuestro seƱor Jesucristoā, expresó Guardado.
Se pretende que en este refugio, las personas se resguarden en las instalaciones hasta un mĆ”ximo de 15 dĆas, en los cuales se establecerĆ” una rutina de vida para ellas y ellos, se les proveerĆ” de alimentación y servicios bĆ”sicos durante ese tiempo. RecibirĆ”n el apoyo necesario para la bĆŗsqueda de reinstalación con sus redes de apoyo social o familiar.
āSe espera a mediano plazo, con el seguimiento que se le pueda dar, poder apoyarles ya sea a terminar estudios con alguna modalidad flexible del Ministerio de Educación, tambiĆ©n a desarrollar habilidad en tĆ©rminos de emprendimiento en alianzas con diferentes instituciones u organizaciones LGBTIā, declaró al Blade Cruz Torres, coordinador del Ministerio de Diversidad Sexual de la IAES.
Torres agrega que esperan que el Ministerio de Diversidad Sexual abra un capĆtulo con las personas que reciban en la Comunidad Santa Marta y ayudar tambiĆ©n con el acompaƱamiento pastoral de las mismas.
La IAES en una alianza con Cristosal, organización para la defensa de los derechos humanos, buscarĆ” la transferencia de conocimientos y experiencia en el tema de protocolos de atención psicosocial, jurĆdica, protocolos sobre estudio de casos, esto con el fin de capacitar al grupo diocesano que estarĆ” a cargo de las gestiones y planificaciones para la ejecución de la pastoral.
Con este proyecto la IAES deja de manifiesto el cumplimiento de su misión.
āNo comprendo a las iglesias que se llaman cristianas, con una posición muy cerrada sobre el tema de la población LGBTI, porque el Evangelio de JesĆŗs nos invita a anunciar la buena nueva, que es la instauración del Reino de JesĆŗs y ese Reino es justicia, paz, amor y verdadā, expresó Alvarado. āEn otras palabras el Evangelio es construir una humanidad mĆ”s justa, con equidad, donde los valores nos lleven a una paz integralā.
Finalmente, Alvarado externa que las iglesias que condenan a las personas LGBTQ no estĆ”n construyendo el Reino de Dios, āposiblemente estĆ”n construyendo su propio reinoā. Por lo que hace un llamado a que todas y todos deben formarse o educarse en el tema, para comenzar a fomentar el amor en lugar del odio.
Honduras
Realidad LGBTQ en Honduras: fuga o muerte
Observatorio KAI+: 35 asesinatos anti-LGBTQ en 2026
TEGUCIGALPA, Honduras ā Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. Las mujeres trans encabezan las vĆctimas mortales con 11 casos, seguidas de los hombres gay con 10.
Esa es la realidad de las poblaciones sexualmente diversas que pinta el boletĆn nĆŗmero 14 del Observatorio de Violencia hacia las Personas LGBTI+ de Honduras KAI+, correspondiente al perĆodo de enero al 8 de agosto de 2026.
Según el informe, los departamentos con mayor concentración de asesinatos son Francisco MorazÔn (12), Cortés (5) y Comayagua (4). Sin embargo, el dato mÔs revelador de la impunidad es que los 35 casos permanecen en etapa de investigación preliminar, con apenas dos capturas reportadas.
«No queremos vivir con miedo»: defensores
LucĆa Barrientos, de la Asociación Ixchel, resume el sentimiento colectivo. Ā«Hoy las personas LGBTI en Honduras vivimos en estado de alerta. Muertes que, al hacer un anĆ”lisis, tienen una conmoción de que muchas personas de nuestra población han sido torturadas, que han sido crĆmenes de odioĀ», seƱala.
Barrientos subraya que en el paĆs no hay una ley que tipifique el crimen de odio, lo que deja a la población en un limbo legal y expuesta a la violencia sin protección efectiva.
Entretanto, Jennifer Córdoba, de la Colectiva de Mujeres Trans MuƱecas de ArcoĆris, lamenta que las autoridades no estĆ©n haciendo nada para defender los derechos humanos.
Ā«Ver ese tipo de violencias en el paĆs que se incrementan, ver que las autoridades de nuestro paĆs no estĆ”n haciendo nada para la defensa de los derechos humanos, no crear una polĆtica pĆŗblica que respete los derechos humanos de la población LGTBIĀ», afirma Córdoba.
Violencia generalizada y discriminación sistemÔtica
Los 195 casos de violencia generalizada incluyen amenazas (19), maltrato familiar (25), abuso de autoridad (14), discriminación por orientación sexual o identidad de género (14), lesiones (10) y agresiones sexuales. Las mujeres trans son nuevamente las mÔs afectadas, con 32 casos registrados.
Dany Montesinos, de la Asociación LGBTI KukulcÔn, advierte: «Esta es una violencia general, estructurada. No tenemos un patrón determinado. La alerta que estamos poniendo es que, en comparación con otros años, esto estÔ siendo mÔs creciente».
Un elemento crĆtico seƱalado por el boletĆn es que casi el 70 por ciento de los casos de violencia generalizada (137 de 195) carecen de categorización desagregada sobre la orientación sexual o identidad de gĆ©nero de la vĆctima, lo que evidencia la ausencia de protocolos adecuados por parte de las instituciones estatales y una invisibilización sistemĆ”tica.
Migración forzada, huir para vivir
Entre los hallazgos mĆ”s dolorosos estĆ” la asistencia a 11 personas LGBTQ que han buscado refugio en el extranjero. Ocho se han ido a Estados Unidos, dos a EspaƱa y una al Reino Unido. Los motivos incluyen amenazas, discriminación, abuso de autoridad, agresiones sexuales y fĆsicas.
Como señala un testimonio: «Tuvieron que irse, se vieron obligadas a huir por amenazas, por la discriminación, por el abuso de autoridad y agresiones sexuales. Estos datos nos muestran que la migración de las personas LGBTI no responde únicamente a razones económicas, sino a la necesidad urgente de proteger su vida y sus derechos».
Recomendaciones ante un Estado ausente
El boletĆn concluye con un llamado urgente al Estado hondureƱo. Exige fortalecer las investigaciones de muertes violentas e implementar polĆticas pĆŗblicas de protección integral. AdemĆ”s, capacitar a funcionarios en diversidad sexual y derechos humanos y garantizar que los casos avancen mĆ”s allĆ” de la etapa preliminar.
Barrientos lo resume con claridad. «Exigimos al Estado respuestas inmediatas, justicia y protección real para nuestra población. No queremos retroceder, no queremos volver atrÔs, no queremos vivir con miedo, no queremos salir a la calle y saber que no puedo expresar mi amor hacia mi pareja o hacia otra persona porque puedo amar y ser muerta».
El Observatorio KAI+ recuerda que detrƔs de cada cifra hay seres humanos: madres, padres, hijos, hermanos y familias que dependen de ellos. La indiferencia institucional, advierten, no puede seguir siendo una puerta abierta a la impunidad.
Noticias en EspaƱol
Un terremoto tambiƩn se vive desde el exilio
Yonatan Matheus se nació en La Guaira, la zona venezolana mÔs afectada por los sismos
El 24 de junio de 2026, dos terremotos sacudieron Venezuela y alteraron la vida de miles de personas en cuestión de segundos. Para gran parte del mundo fue una noticia que ocupó titulares durante algunos dĆas. Para quienes nacimos allĆ, el tiempo pareció detenerse. Antes de pensar en la magnitud del sismo o en el nĆŗmero de viviendas afectadas, hubo una pregunta que desplazó cualquier otra: ĀæestarĆ”n bien quienes amo?
Los desastres naturales no solo transforman los territorios; tambiĆ©n modifican la manera en que quienes vivimos en el exilio nos relacionamos con el lugar al que seguimos llamando hogar. La distancia no reduce el dolor ni la preocupación por quienes permanecen allĆ. Cada llamada sin responder, cada fotografĆa y cada mensaje recuerdan que existen vĆnculos que sobreviven a las fronteras, al tiempo y a la propia migración.
Lo primero que hice fue llamar a mi familia en La Guaira. Durante esos minutos comprendĆ, una vez mĆ”s, que tambiĆ©n existen terremotos que se sienten desde el exilio. La incertidumbre crece con cada llamada que no entra y con cada mensaje que permanece sin respuesta.
Cuando finalmente logrĆ© comunicarme, confirmĆ© que familiares y personas cercanas habĆan perdido sus hogares, que distintas zonas de La Guaira enfrentaban graves afectaciones y que comunidades como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado tambiĆ©n sufrĆan las consecuencias de los terremotos. Aunque algunas de estas localidades registraron daƱos estructurales de menor magnitud que las zonas mĆ”s devastadas, sus habitantes tambiĆ©n vieron alterada su vida cotidiana por la interrupción de servicios, las dificultades de acceso y la profunda interdependencia social, económica y comunitaria que caracteriza a La Guaira.
Algunos miembros de mi comunidad tambiĆ©n habĆan fallecido. Entre ellos estaban dos hombres gays a quienes conocĆa. Sus nombres me recordaron que detrĆ”s de cada cifra existen historias, afectos y proyectos de vida. TambiĆ©n me hicieron pensar en todas aquellas personas cuyas vidas y muertes difĆcilmente ocuparĆ”n un titular, especialmente quienes durante aƱos vivieron en los mĆ”rgenes, con escasa visibilidad y sin el pleno reconocimiento de su dignidad. Me recordaron, ademĆ”s, que las emergencias nunca afectan a todas las personas por igual y que quienes ya enfrentaban mayores condiciones de vulnerabilidad suelen soportar una carga aĆŗn mĆ”s pesada durante la recuperación.
El paĆs del que uno sale nunca desaparece
NacĆ y crecĆ en La Guaira. AllĆ permanecen buena parte de mi historia, mi familia, mis amistades y una comunidad que sigue formando parte de quien soy. Hace diez aƱos tuve que salir de Venezuela y solicitar asilo en Estados Unidos como consecuencia de la persecución que enfrentĆ© por ser un hombre gay y defensor de derechos humanos. Con el tiempo comprendĆ que el exilio no consiste Ćŗnicamente en cambiar de paĆs. TambiĆ©n significa aprender a vivir con la certeza de que una parte de nosotros permanecerĆ” siempre en el lugar del que tuvimos que partir.
Cada celebración familiar, cada crisis y cada tragedia confirman que seguimos perteneciendo a ese territorio. Las personas refugiadas y migrantes no dejamos de vivir las emergencias de nuestros paĆses de origen; simplemente las vivimos de otra manera. Mientras otras personas pueden desplazarse para abrazar a sus familias o participar directamente en las labores de ayuda, quienes estamos lejos intentamos acompaƱar desde la incertidumbre, con la impotencia de saber que el corazón permanece donde el cuerpo ya no puede estar.
QuizĆ” esa sea una de las dimensiones menos visibles del desplazamiento forzado. Vivimos las tragedias de nuestro paĆs a la distancia, con menos posibilidades de actuar fĆsicamente, pero con el mismo dolor y con un profundo sentido de responsabilidad hacia las personas y los lugares que siguen formando parte de nuestra historia.
Cuando una casa representa toda una vida
DespuĆ©s de una emergencia suele repetirse una frase bien intencionada: “Lo importante es que todos estĆ”n vivos; lo material se recupera.” Aunque busca transmitir esperanza, tambiĆ©n puede invisibilizar una realidad profundamente humana. En Venezuela, una vivienda rara vez representa Ćŗnicamente una construcción. Es el resultado de aƱos de trabajo, sacrificios compartidos y sueƱos familiares. En sus paredes tambiĆ©n habitan recuerdos, fotografĆas, documentos y la memoria de quienes la construyeron.
Cuando un terremoto destruye un hogar, también altera el proyecto de vida de una familia. Por eso no basta con volver a levantar edificios. Es necesario crear las condiciones para que las personas recuperen estabilidad, seguridad y la posibilidad de imaginar nuevamente un futuro. Como trabajador social, estoy convencido de que los territorios no vuelven a ponerse de pie únicamente con cemento. También necesitan confianza, organización, apoyo mutuo y espacios donde las personas puedan elaborar el duelo y fortalecer nuevamente sus redes de apoyo.
Ese proceso tampoco ocurre en igualdad de condiciones para todas las personas. Los desastres suelen profundizar desigualdades que ya existĆan antes de la emergencia. Las personas adultas mayores, la niƱez, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas o con VIH y muchas personas LGBTQ, especialmente aquellas que enfrentan pobreza, discriminación o redes de apoyo limitadas, suelen encontrar mayores obstĆ”culos para acceder a servicios, restablecer sus medios de vida o volver a sentirse seguras. Una respuesta verdaderamente humanitaria no consiste Ćŗnicamente en llegar primero; consiste en asegurar que nadie quede atrĆ”s cuando comienza el largo camino para reconstruir su vida.Ā
Cuando la emergencia deja de ser noticia
Las primeras horas despuĆ©s de un desastre suelen despertar lo mejor de una sociedad. Vecinas y vecinos organizan rescates, personas voluntarias distribuyen alimentos, equipos de salud trabajan sin descanso y miles de ciudadanos, dentro y fuera del paĆs, buscan la manera de ayudar. Esa movilización espontĆ”nea representa uno de los recursos mĆ”s valiosos frente a cualquier crisis y demuestra que, incluso en contextos de profunda polarización, la vida humana sigue siendo capaz de convocar encuentros.
Sin embargo, para quienes sobrevivieron, el verdadero desafĆo apenas comienza cuando la emergencia deja de ocupar los titulares. Mientras los medios dirigen su atención hacia otras noticias y las donaciones disminuyen, miles de familias siguen intentando recuperar sus hogares, restablecer sus medios de vida y reorganizar una cotidianidad profundamente alterada. La crisis termina mucho antes para la opinión pĆŗblica que para quienes continĆŗan enfrentando sus consecuencias.
En la acción humanitaria suele describirse un fenómeno conocido como fatiga de la compasión. En términos generales, hace referencia a la disminución progresiva de la atención pública y de parte de la movilización solidaria conforme una crisis deja de ocupar el centro de la conversación. No significa que desaparezca la voluntad de ayudar, sino que nuevas urgencias desplazan rÔpidamente a las anteriores. El riesgo es que los territorios afectados queden solos precisamente cuando enfrentan la etapa mÔs compleja de volver a levantarse.
Las principales organizaciones humanitarias recuerdan que reparar edificios constituye sólo una parte del proceso. También es indispensable fortalecer la salud mental, ofrecer apoyo psicosocial, recuperar el tejido comunitario y garantizar que la población participe activamente en las decisiones sobre su propio futuro. Una vivienda puede reconstruirse en algunos meses; recuperar la sensación de seguridad, la confianza o el sentido de pertenencia suele requerir mucho mÔs tiempo.
Esta realidad resulta especialmente importante para quienes ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad antes del terremoto. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con VIH y muchas personas LGBTQ suelen encontrar mayores barreras para acceder a servicios, mantener sus tratamientos, recuperar sus ingresos o reconstruir sus redes de apoyo. Las emergencias no crean esas desigualdades, pero con frecuencia las hacen mÔs visibles y profundas. Por eso, una recuperación verdaderamente sostenible no consiste únicamente en volver al punto donde estÔbamos antes del desastre, sino en aprovechar ese proceso para reducir brechas históricas y fortalecer la inclusión.
Como trabajador social, prefiero hablar de una resiliencia consciente. No de una resiliencia que exige fortaleza permanente o invita a ocultar el dolor bajo la idea de que “hay que seguir adelante”, sino de aquella que reconoce las pĆ©rdidas, entiende que el duelo necesita tiempo y acepta que pedir ayuda tambiĆ©n forma parte del camino. Ninguna comunidad deberĆa sentirse obligada a reconstruirse sola, ni ninguna persona a demostrar que ya superó una tragedia antes de estar preparada para hacerlo.
Permanecer tambiƩn es una forma de ayudar
El exilio me impidió estar fĆsicamente en La Guaira durante los dĆas posteriores a los terremotos, pero no me impidió asumir la responsabilidad de acompaƱar desde donde hoy me encuentro. Durante esas semanas utilicĆ© mis plataformas para verificar información antes de compartirla, visibilizar localidades que históricamente han recibido menor atención ācomo Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estadoā y promover mensajes centrados en las necesidades de la población afectada.
Ese compromiso tambiĆ©n dio origen a la serie documental La Guaira: Antes y DespuĆ©s, un esfuerzo por documentar cómo cambiaron distintos espacios y contribuir a que no desaparezcan de la memoria colectiva cuando termine la cobertura periodĆstica. MĆ”s que registrar la destrucción, busca recordar que detrĆ”s de cada fotografĆa existen familias que seguirĆ”n necesitando apoyo mucho despuĆ©s de que las cĆ”maras se hayan ido.
Creo profundamente que comunicar con responsabilidad también es una forma de acción humanitaria. Verificar antes de publicar, evitar la desinformación y mantener visibles a los territorios históricamente olvidados constituye una manera concreta de acompañar el proceso de recuperación y fortalecer el compromiso colectivo desde la distancia.
La solidaridad que decide quedarse
Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejarÔn cicatrices visibles en edificios, carreteras y viviendas. Otras permanecerÔn en silencio, acompañando a familias que deberÔn reconstruir no solo sus hogares, sino también su sensación de seguridad, sus proyectos de vida y la confianza en el futuro.
Como venezolano, guaireƱo, refugiado y defensor de derechos humanos, esta experiencia reforzó una convicción que ha guiado buena parte de mi trabajo: las personas deben permanecer en el centro de cualquier respuesta humanitaria. Ninguna diferencia polĆtica, institucional o ideológica deberĆa ser mĆ”s importante que proteger la vida, aliviar el sufrimiento y garantizar que quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad reciban el acompaƱamiento que necesitan para volver a empezar con dignidad.
Los terremotos dejan de sentirse cuando la tierra deja de temblar. El olvido comienza cuando dejamos de mirar. Entre una cosa y otra existe un largo camino que exige memoria, compromiso sostenido y la decisión colectiva de no abandonar a quienes siguen intentando levantarse cuando el resto del mundo ya ha seguido adelante. Porque una sociedad no termina de recuperarse cuando reconstruye sus edificios; lo hace cuando todas las personas tienen la oportunidad de volver a vivir con seguridad, esperanza y la certeza de que nadie quedó atrÔs.
Yonatan Matheus (He/Him/Ćl) es defensor de derechos humanos LGBTQ y trabajador social y activista. Trabaja en la intersección entre Migración, Justicia Social y respuesta al VIH.
Este comentario salió en el sitio web de Yonatan el 6 de julio.
Noticias en EspaƱol
Centenares de personas participan en la Marcha del Orgullo en la capital salvadoreƱa
La población diversa volvió a ocupar el espacio público
SAN SALVADOR,Ā El Salvadorā Alrededor de las 2 de la tarde del 27 de junio, centenares de personas comenzaron a reunirse en el redondel Masferrer para participar en la tradicional Marcha del Orgullo LGBTQ de El Salvador, una movilización que aƱo con aƱo busca visibilizar las luchas, los avances y las demandas de la población diversa en el paĆs. MĆ”s que una celebración, la actividad volvió a convertirse en un espacio para reivindicar la existencia de miles de personas que, pese a los desafĆos sociales y polĆticos, continĆŗan reclamando el respeto de sus derechos fundamentales.
Con banderas multicolores ondeando entre la multitud, música y una atmósfera cargada de emoción, la marcha inició su recorrido descendiendo por el Paseo General Escalón, atravesando las Fuentes Beethoven y la plaza El Salvador del Mundo hasta concluir en las inmediaciones del Parque CuscatlÔn, sobre la 25 Avenida Sur.
A medida que avanzaban las horas, el trĆ”nsito habitual de una de las principales arterias de la capital fue sustituido por un rĆo de colores, consignas y expresiones artĆsticas. Decenas personas voluntarias debidamente identificadas, acompaƱaron el recorrido para facilitar el paso de las personas participantes, detener el trĆ”fico y garantizar el desarrollo de la actividad mientras miles de curiosos observaban desde las aceras, restaurantes, centros comerciales y edificios ubicados a lo largo del trayecto.
Desde horas antes del inicio del recorrido, las calles comenzaron a llenarse de personas provenientes de distintos departamentos del paĆs. Algunas viajaron desde la madrugada para participar en la actividad, mientras otras aprovecharon el fin de semana para reencontrarse con amistades y familiares que cada aƱo convierten la marcha en un punto de reunión.
Muchas personas dedicaron semanas e incluso meses a preparar cuidadosamente sus vestuarios, maquillajes, accesorios y pancartas. Cada atuendo representaba una forma distinta de expresar identidad, creatividad y orgullo. Algunos optaron por elaborados trajes inspirados en la cultura drag; otros lucieron prendas confeccionadas con los colores de las distintas banderas que representan a la diversidad sexual y de gĆ©nero. No faltaron quienes eligieron vestirse de manera sencilla, convencidos de que su sola presencia ya representaba un acto de valentĆa.
Los colores del arcoĆris se mezclaron con las banderas trans, bisexuales, lesbianas, pansexuales, no binarias y otras identidades que forman parte de la diversidad humana. Entre abrazos, fotografĆas, consignas, bailes y presentaciones improvisadas, el ambiente transmitĆa alegrĆa, pero tambiĆ©n una profunda carga simbólica para quienes consideran esta marcha un acto de existencia y resistencia.
Las expresiones de afecto entre parejas, amistades y familias se desarrollaban con naturalidad durante todo el recorrido. Para muchas personas asistentes, ese espacio representó uno de los pocos momentos del aƱo donde podĆan mostrarse pĆŗblicamente sin ocultar quiĆ©nes son o temer al rechazo inmediato de quienes les rodean.
Memoria, resistencia y un llamado a no olvidar
Previo al banderillazo de salida, representantes de la Federación Salvadoreña LGBTIQ+ ofrecieron un mensaje que invitó a recordar el camino recorrido por quienes lucharon décadas atrÔs en condiciones mucho mÔs adversas.
“Hoy caminamos pensando en quienes caminaron antes que nosotres, en quienes resistieron cuando nombrarse podĆa costar el trabajo, la familia, la libertad o la vida”, expresaron durante su intervención, provocando aplausos entre las personas asistentes.
El mensaje tambiĆ©n recordó que muchas de las conquistas actuales son resultado de generaciones que enfrentaron discriminación, violencia institucional y exclusión social, abriendo camino para que nuevas juventudes puedan vivir su identidad con mayor libertad, aunque todavĆa persistan numerosos desafĆos.
Las palabras pronunciadas antes del inicio de la marcha marcaron el tono del resto de la jornada. No se trataba únicamente de celebrar la diversidad, sino también de reconocer que detrÔs de cada bandera existe una historia marcada por la lucha contra la discriminación, la violencia y la invisibilización.
Sin embargo, el discurso también puso sobre la mesa una realidad poco discutida dentro del movimiento: la invisibilización de las personas adultas mayores LGBTQ. Según señalaron durante la actividad, la población diversa envejeciente continúa prÔcticamente ausente de los espacios públicos y de representación. No aparecen en las campañas del Mes del Orgullo, tampoco en las imÔgenes que suelen viralizarse en redes sociales ni en la publicidad que cada junio llena de colores distintos espacios comerciales.
Su ausencia tambiĆ©n refleja las profundas desigualdades que históricamente ha enfrentado esta población. Muchas personas mayores crecieron en contextos donde expresar libremente su orientación sexual o identidad de gĆ©nero significaba perder el empleo, ser expulsadas de sus hogares o sufrir violencia fĆsica y psicológica.
La ausencia de referentes mayores refleja una deuda pendiente tanto de la sociedad como del propio movimiento, que enfrenta el desafĆo de reconocer las historias de quienes sobrevivieron a dĆ©cadas de persecución y discriminación y que hoy continĆŗan siendo parte fundamental de la memoria colectiva.
La edición 2026 de la marcha se desarrolló ademĆ”s en un contexto polĆtico que diversas organizaciones consideran especialmente complejo para la defensa de los derechos humanos.
Diversos sectores de la sociedad civil han manifestado preocupación por el cierre de espacios democrÔticos, el debilitamiento de organizaciones sociales y un ambiente que consideran cada vez mÔs hostil para las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas.
En medio de ese escenario, la movilización adquirió un significado que fue mucho mĆ”s allĆ” de la celebración. Para muchas personas asistentes representó un acto de presencia polĆtica y una reafirmación de que la comunidad continĆŗa existiendo pese a los retrocesos percibidos.
Uno de los aspectos mĆ”s visibles durante el recorrido fue la importante participación de jóvenes, muchos de ellos asistiendo por primera vez a una Marcha del Orgullo. Entre sonrisas y evidente emoción, varias personas compartĆan que habĆan esperado durante aƱos la oportunidad de participar libremente en esta actividad.
Para algunos significaba encontrarse con otras personas que comparten experiencias similares; para otros era la primera ocasión en la que podĆan expresar pĆŗblicamente su orientación sexual o identidad de gĆ©nero sin esconderse.
Durante la cobertura realizada por diversos medios internacionales, una persona entrevistada por el Washington Blade, quien solicitó permanecer en el anonimato, resumió el sentimiento que compartĆan muchas voces presentes.
“Yo apoyĆ© en su momento al presidente actual, pero no sabĆa que eso tendrĆa un precio que serĆa bajar mi categorĆa como ciudadane de un paĆs tan pequeƱo y con mente mĆ”s cerrada. Igual marcho para demostrar que aquĆ estamos resistiendo”, expresó.
El testimonio reflejó una percepción compartida por parte de algunos asistentes respecto al contexto polĆtico y social que vive actualmente la población LGBTQ en El Salvador.

Entre el respaldo empresarial y el rechazo en redes sociales
A diferencia de años anteriores, otro elemento llamó la atención durante el recorrido: la limitada presencia de organizaciones sociales claramente identificadas mediante banners, mantas o bloques organizados.
Aunque sĆ participaron colectivos y activistas independientes, fueron los vehĆculos alegóricos patrocinados por establecimientos comerciales y empresas aliadas los que dominaron visualmente buena parte del recorrido.
Los carros decorados con música, animación y publicidad fueron algunos de los elementos mÔs llamativos de la jornada. Desde ellos se lanzaban banderas, camisetas y recuerdos promocionales mientras decenas de personas bailaban al ritmo de música pop y electrónica, generando entusiasmo entre quienes acompañaban la marcha.
No obstante, para algunas personas participantes, la menor presencia visible de organizaciones históricas también reflejó las dificultades que actualmente enfrentan muchas asociaciones dedicadas a la defensa de derechos humanos y de la población LGBTQ.
Mientras miles de personas recorrĆan las principales arterias de la capital, el debate tambiĆ©n se trasladó a las redes sociales. Las publicaciones realizadas por distintos medios de comunicación rĆ”pidamente se llenaron de algunos comentarios favorables, pero tambiĆ©n de numerosas expresiones de rechazo hacia la marcha y hacia la población diversa.
Las crĆticas giraron principalmente alrededor de argumentos religiosos, posturas conservadoras y visiones tradicionales sobre la familia y la sexualidad. Muchas personas expresaron opiniones despectivas o mensajes de intolerancia, mientras otras defendieron el derecho constitucional de toda persona a manifestarse pacĆficamente.
Para activistas consultados durante la jornada, estas reacciones evidencian que la discriminación continúa profundamente arraigada en distintos sectores de la sociedad salvadoreña y que la necesidad de generar espacios de diÔlogo y educación sigue siendo una tarea pendiente.
Pese a ello, el ambiente dentro de la marcha permaneció festivo durante todo el recorrido.
Las consignas por la igualdad se alternaban con mĆŗsica, coreografĆas improvisadas y expresiones artĆsticas que transformaron por varias horas las calles de San Salvador en un espacio de encuentro, celebración y reivindicación.
Una vez mĆ”s, por segundo aƱo consecutivo, la jornada concluyó sin el tradicional concierto masivo que durante aƱos marcó el cierre de la actividad. La ausencia de un evento artĆstico con celebridades y espectĆ”culos musicales no disminuyó el entusiasmo de quienes participaron hasta el final del recorrido. Conforme caĆa la tarde, muchas personas permanecieron en las inmediaciones del Parque CuscatlĆ”n compartiendo fotografĆas, conversando y despidiĆ©ndose con la satisfacción de haber formado parte de una nueva edición del Pride salvadoreƱo.
Las fotografĆas, abrazos colectivos y mensajes escritos en pancartas terminaron convirtiĆ©ndose en el cierre simbólico de una jornada cuyo principal objetivo fue ocupar el espacio pĆŗblico y reafirmar la existencia de una comunidad históricamente marginada.
Las consignas podĆan leerse en decenas de carteles: llamados al respeto, a la igualdad, al reconocimiento de derechos y al fin de la discriminación.
MĆ”s que una celebración aislada, la Marcha del Orgullo 2026 volvió a convertirse en un recordatorio de que la historia de la población LGBTQ salvadoreƱa ha estado marcada por un pasado de violencia, un presente de constantes desafĆos y un futuro que continĆŗa construyĆ©ndose desde la esperanza.
En cada paso, quienes caminaron este sÔbado recordaron que el orgullo no nace únicamente de la celebración de la diversidad, sino también de la capacidad de resistir frente a la exclusión, el prejuicio y el silencio.
Con cada bandera levantada, cada abrazo compartido y cada consigna pronunciada a lo largo del recorrido, las personas asistentes enviaron un mensaje claro tanto a la sociedad salvadoreña como a las instituciones del Estado: la diversidad continúa presente, organizada y decidida a defender su derecho a existir.
Porque, como repetĆan muchas de las pancartas que acompaƱaron la movilización, el principal reclamo no es un privilegio especial. Es algo mucho mĆ”s sencillo y, al mismo tiempo, profundamente humano: vivir con dignidad, sin miedo, con igualdad ante la ley y con el respeto que merece toda persona, independientemente de su orientación sexual o identidad de gĆ©nero. La Marcha del Orgullo 2026 volvió a demostrar que, pese a las adversidades, la población LGBTQ salvadoreƱa continĆŗa encontrando en las calles un espacio para hacer visible su historia, sus luchas y la convicción de que seguir existiendo tambiĆ©n es una forma de resistencia.
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