Noticias en EspaƱol
Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador busca dar refugio a personas LGBTQ
Comunidad Santa Marta es albergue

SAN SALVADOR, El Salvador ā La Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador (IAES) siempre se ha caracterizado por ser una iglesia inclusiva y de puertas abiertas, desde la creación del Ministerio de Diversidad Sexual en el aƱo 2009, el cual es una pastoral que reĆŗne tanto a personas LGBTQ como tambiĆ©n aliados de la misma comunidad, volviĆ©ndose un espacio en el que todas y todos pueden vivir su fe, libres de discriminación. Ahora la IAES comienza una nueva Pastoral de la Solidaridad, llamada Comunidad Santa Marta, la cual tiene como objetivo brindar refugio, acompaƱamiento personal y pastoral, a personas LGBTQ que han sido expulsadas de sus hogares o se han visto forzadas a realizar migración interna.
En su experiencia pastoral, la IAES ha conocido las realidades que enfrentan las personas LGBTQ, que por motivo de su orientación sexual, identidad y expresión de género son discriminadas en todos los Ômbitos de su vida, dando inicio a una cadena de exclusión desde sus hogares y afectando su desarrollo pleno. Es asà como desde la oficina diocesana Dignidad y Justicia, crean este proyecto; pues dicha oficina tiene como objetivo principal, generar condiciones de prevención de la exclusión social, para el acceso a los derechos humanos, disminuyendo la violencia social y migración de las familias en la creación de comunidades de fe con tejido social.
āTrabajar en un proyecto como ‘Santa Marta o Pastoral de solidaridad’, es responder a las necesidades humanas, especialmente cuando hay tanta injusticia, pobreza y desigualdadā, expresó al Washington Blade el obispo de la IAES, Rvdmo. Juan David Alvarado.
āQueremos dar una respuesta a las personas LGBT que han sido expulsadas de sus hogares o que se encuentran en peligro, ofreciĆ©ndoles un espacio temporal, mientras ellas buscan solución o desarrollan un plan de respuesta personalā, agrega el obispo. āEl nombre de Comunidad Santa Marta es recordar en el Evangelio cuando JesĆŗs va en camino y llega a la casa de Marta y MarĆa, hermanas y amigas de JesĆŗs, quienes dan acogida y acompaƱamientoā.
La IAES tiene muchas expectativas de este proyecto, pues siempre se han mostrado aliados de la sociedad civil y en sobre todo de las poblaciones históricamente excluidas y vulnerables, el coordinador de la oficina de Dignidad y Justicia dentro de la IAES, Edwin Guardado, expresa que la āilusiónā con este proyecto es que la iglesia sea un modelo de atención y acompaƱamiento pastoral en el tema de refugios a personas LGBTQ en condiciones de vulneración de derechos humanos.
āEl que la Iglesia cuente con la experiencia del Ministerio de Diversidad Sexual, es clave para el impulso de la Comunidad de acogida Santa Marta, que estarĆ” ubicada en el departamento de Santa Ana, en la Iglesia San Rafael ArcĆ”ngel, en donde el Rvdo. GermĆ”n López es su rectorā, menciona al Blade Guardado.
āLa IAES, al acoger en su misión pastoral, el trabajo con población LGBTI, no solo cumple con el bĆ”sico de nuestras sociedades contemporĆ”neas que es no discriminar, sino cumple con el mandato de nuestro seƱor Jesucristoā, expresó Guardado.
Se pretende que en este refugio, las personas se resguarden en las instalaciones hasta un mĆ”ximo de 15 dĆas, en los cuales se establecerĆ” una rutina de vida para ellas y ellos, se les proveerĆ” de alimentación y servicios bĆ”sicos durante ese tiempo. RecibirĆ”n el apoyo necesario para la bĆŗsqueda de reinstalación con sus redes de apoyo social o familiar.
āSe espera a mediano plazo, con el seguimiento que se le pueda dar, poder apoyarles ya sea a terminar estudios con alguna modalidad flexible del Ministerio de Educación, tambiĆ©n a desarrollar habilidad en tĆ©rminos de emprendimiento en alianzas con diferentes instituciones u organizaciones LGBTIā, declaró al Blade Cruz Torres, coordinador del Ministerio de Diversidad Sexual de la IAES.
Torres agrega que esperan que el Ministerio de Diversidad Sexual abra un capĆtulo con las personas que reciban en la Comunidad Santa Marta y ayudar tambiĆ©n con el acompaƱamiento pastoral de las mismas.
La IAES en una alianza con Cristosal, organización para la defensa de los derechos humanos, buscarĆ” la transferencia de conocimientos y experiencia en el tema de protocolos de atención psicosocial, jurĆdica, protocolos sobre estudio de casos, esto con el fin de capacitar al grupo diocesano que estarĆ” a cargo de las gestiones y planificaciones para la ejecución de la pastoral.
Con este proyecto la IAES deja de manifiesto el cumplimiento de su misión.
āNo comprendo a las iglesias que se llaman cristianas, con una posición muy cerrada sobre el tema de la población LGBTI, porque el Evangelio de JesĆŗs nos invita a anunciar la buena nueva, que es la instauración del Reino de JesĆŗs y ese Reino es justicia, paz, amor y verdadā, expresó Alvarado. āEn otras palabras el Evangelio es construir una humanidad mĆ”s justa, con equidad, donde los valores nos lleven a una paz integralā.
Finalmente, Alvarado externa que las iglesias que condenan a las personas LGBTQ no estĆ”n construyendo el Reino de Dios, āposiblemente estĆ”n construyendo su propio reinoā. Por lo que hace un llamado a que todas y todos deben formarse o educarse en el tema, para comenzar a fomentar el amor en lugar del odio.
El Salvador
Mujer trans salvadoreƱa es encontrada sin vida
La muerte de Yoisi Villalta vuelve a poner sobre la mesa la violencia
SANTA ANA, El Salvador ā La muerte de Yoisi Villalta, mujer trans y vendedora de tortas en Texistepeque, Santa Ana Norte, ha vuelto a colocar en el centro del debate una realidad que durante aƱos ha acompaƱado a la población LGBTQ en El Salvador: la violencia no termina con una agresión o con una muerte. TambiĆ©n puede manifestarse en la manera en que una persona es buscada, nombrada, registrada, despedida y recordada.
Villalta fue reportada como desaparecida por su familia a finales de agosto de 2026. DĆas despuĆ©s, medios de comunicación y plataformas digitales informaron sobre el hallazgo de su cuerpo sin vida. Un reporte publicado el 5 de septiembre seƱala que el cuerpo fue localizado en Tacuba, AhuachapĆ”n, ocho dĆas despuĆ©s de su desaparición, mientras que la PolicĆa Nacional Civil no habĆa confirmado hasta entonces la causa de muerte ni clasificado oficialmente el caso como homicidio intencionado.Ā
La precisión es importante; hasta el momento no debe afirmarse como un hecho que Yoisi haya sido vĆctima de un crimen de odio o de un homicidio motivado por su identidad de gĆ©nero, mientras no exista una investigación oficial que determine las circunstancias y causa de su muerte. Lo que sĆ existe es una profunda preocupación expresada por organizaciones de la sociedad civil y por personas de la comunidad LGBTQ, especialmente ante el contexto de violencia y discriminación que históricamente han enfrentado las mujeres trans en El Salvador.
Una mujer detrƔs de una noticia
Antes de convertirse en noticia, Villalta tenĆa una vida. Era una mujer trans que trabajaba como vendedora de tortas en Texistepeque. Desde su negocio desarrollaba una actividad cotidiana para ganarse la vida, pero tambiĆ©n habĆa convertido aquel espacio en una expresión de solidaridad con su comunidad.
De acuerdo con la información difundida por organizaciones LGBTQ, Villalta compartĆa alimentos con las brigadas de salud sexual que realizaban jornadas en la zona. Esa faceta de su vida permite verla mĆ”s allĆ” de las circunstancias de su muerte: como una mujer trabajadora, solidaria y vinculada a acciones comunitarias.
La Federación SalvadoreƱa LGBTI pidió precisamente que su memoria fuera abordada desde esa perspectiva. En el mensaje difundido tras conocerse su muerte, la organización llamó a recordarla por āsu vida, su trabajo, su generosidad, y sobre todo desde su nombreā, y pidió que su historia no fuera reducida al morbo.
Ese llamado resulta especialmente importante en tiempos en que las redes sociales pueden convertir una tragedia humana en una sucesión de comentarios, fotografĆas, especulaciones y publicaciones hechas sin sensibilidad. Una persona fallecida no deja de tener dignidad.
Y una mujer trans no deja de ser mujer porque haya muerto.
El derecho a ser nombrada
Uno de los aspectos que mĆ”s indignación ha provocado en torno al caso es el tratamiento de la identidad de Villalta durante la bĆŗsqueda. Organizaciones y personas cercanas han denunciado que durante el proceso de bĆŗsqueda se utilizó el nombre que aparece en su Documento Ćnico de Identidad (DUI), en lugar del nombre con el que Villalta vivĆa y era reconocida socialmente.
Este aspecto no es meramente una cuestión semÔntica. Para las personas trans, el nombre puede representar una parte fundamental de su identidad y de la manera en que construyen su vida frente a la sociedad. Ser reconocidas por el nombre con el que se identifican constituye también una forma de respeto.
En el caso de Villalta, la Federación SalvadoreƱa LGBTI expresó que negar el nombre y la identidad de una persona trans tambiĆ©n constituye una forma de violencia. La situación adquiere una dimensión todavĆa mĆ”s compleja en El Salvador, donde continĆŗa sin existir un mecanismo legal general que permita a las personas trans modificar su nombre y marcador de gĆ©nero en sus documentos de identidad conforme a su identidad de gĆ©nero.
AsĆ, una persona puede construir durante aƱos una vida social, familiar, laboral y comunitaria con un nombre determinado y, sin embargo, encontrarse ante instituciones que continĆŗan identificĆ”ndola exclusivamente mediante los datos registrales que no corresponden a la identidad con la que vive. El caso de Villalta vuelve a evidenciar esa tensión entre la identidad vivida y el reconocimiento institucional.
Un problema que va mƔs allƔ de un solo caso
El caso de Villalta ocurre en un paĆs donde las organizaciones de derechos humanos han advertido durante aƱos sobre la violencia y discriminación que afectan a la población LGBTQ. La información disponible tambiĆ©n muestra un problema relacionado con la documentación de estos hechos.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado la ausencia o insuficiencia de registros pĆŗblicos actualizados y desagregados que permitan conocer con precisión cuĆ”ntos delitos violentos afectan a personas LGBTQ y cuĆ”ntos de ellos tienen como posible motivación la orientación sexual, identidad o expresión de gĆ©nero. La falta de información no significa necesariamente ausencia de violencia. Por el contrario, puede hacerla mĆ”s difĆcil de identificar.
Un crimen que no registra la identidad de gĆ©nero de la vĆctima, o que no investiga adecuadamente una posible motivación relacionada con prejuicios, termina incorporĆ”ndose estadĆsticamente como un hecho aislado, sin permitir comprender patrones. Ese problema tampoco es exclusivo de El Salvador. Sin embargo, en el paĆs constituye una preocupación recurrente para las organizaciones que documentan vulneraciones contra personas LGBTQ.
301 denuncias en 2025
Un indicador permite dimensionar que el problema trasciende los homicidios. El Informe 2025 sobre las vulneraciones de los derechos humanos de las personas LGBTQ en El Salvador, elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos LGBTIQ+ de ASPIDH con apoyo de Hivos y Arcus Foundation, registró 301 denuncias de vulneraciones de derechos entre el 1 de enero y el 22 de septiembre de 2025. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también recogió estos datos en su informe anual.
SegĆŗn esa información, las mujeres trans representaron el 53,5 por ciento de las vĆctimas registradas y los hombres gays el 26,6 por ciento. El informe tambiĆ©n seƱaló como principales presuntos responsables a cuerpos uniformados, entre ellos la PolicĆa Nacional Civil, los cuerpos de agentes municipales y militares desplegados bajo el rĆ©gimen de excepción.
Estos datos deben leerse con cautela: se trata de denuncias de vulneraciones de derechos, no de una cifra de homicidios ni de todos los casos ocurridos en el paĆs.
Pero muestran algo importante: la violencia contra las personas LGBTQ no puede analizarse exclusivamente desde los asesinatos. También existe violencia en la discriminación, en el acceso a servicios, en el trato institucional, en la familia, en el trabajo, en los espacios públicos y en la imposibilidad de ejercer plenamente derechos fundamentales.
El precedente de Zashy Zuley
La historia reciente de El Salvador ofrece antecedentes que ayudan a comprender por qué el caso de Villalta genera preocupación. En abril de 2021 fue asesinada en San Miguel Zashy Zuley del Cid, una mujer trans y activista vinculada al trabajo comunitario de personas LGBTQ.
ACNUR condenó entonces su asesinato y seƱaló que Zuley habĆa sido previamente desplazada de su hogar debido a amenazas. La agencia de Naciones Unidas explicó que trabajaba junto con COMCAVIS TRANS para apoyarla en un proceso de emprendimiento y medios de vida.Ā
Su muerte también puso en evidencia otra forma de violencia: después de morir, hubo dificultades para que su identidad de género fuera respetada durante sus honras fúnebres. Medios que documentaron el caso señalaron que fue sepultada con una expresión masculina y que existieron obstÔculos para la participación de personas LGBTQ cercanas a ella.
El caso de Zuley se convirtió asĆ en un sĆmbolo de una problemĆ”tica que tiene dos dimensiones: la violencia contra el cuerpo y la violencia contra la identidad.
MÔs de cinco años después, la muerte de Villalta vuelve a colocar ambas preocupaciones en la conversación pública.
¿Dónde estÔn los datos oficiales?
Una de las preguntas que surgen nuevamente es cuÔntos casos de violencia contra personas LGBTQ han ocurrido en los últimos años y cuÔntos han sido investigados considerando una posible motivación por prejuicio.
La ausencia de información pública reciente y desagregada dificulta responder.
Esta falta de datos no solo afecta a las organizaciones defensoras de derechos humanos. TambiĆ©n afecta a las instituciones encargadas de diseƱar polĆticas pĆŗblicas, prevenir la violencia y garantizar justicia.
Si no sabemos cuĆ”ntos casos existen, dónde ocurren, quiĆ©nes son las vĆctimas, quĆ© tipos de violencia se presentan y quĆ© resultados tienen las investigaciones, resulta mucho mĆ”s difĆcil diseƱar respuestas adecuadas. La documentación independiente adquiere entonces un papel fundamental, aunque nunca deberĆa sustituir la obligación del Estado de generar estadĆsticas confiables y transparentes.
El desafĆo de no olvidar
El caso de Villalta vuelve a plantear una pregunta incómoda para El Salvador:
¿Qué ese estÔ haciendo para que las personas LGBTQ puedan vivir y morir con dignidad? La respuesta no puede depender únicamente de las organizaciones LGBTQ, de las familias o de las comunidades.
Requiere instituciones que registren adecuadamente los hechos, investigaciones que determinen responsabilidades, y de acuerdo con activistas de sociedad civil, tambiĆ©n āse necesita un Estado que cree y promueva polĆticas de prevención y que reconozca la identidad de las personas diversas, formación de funcionarios y una sociedad que comprenda que la diversidad no disminuye el valor de ninguna personaā. Por ahora, las circunstancias de la muerte de Yoisi dejan muchas dudas en lo sucedido y no corresponde afirmar que se trató de un crimen de odio sin una determinación oficial de una investigación que no existió.
Honduras
Realidad LGBTQ en Honduras: fuga o muerte
Observatorio KAI+: 35 asesinatos anti-LGBTQ en 2026
TEGUCIGALPA, Honduras ā Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. Las mujeres trans encabezan las vĆctimas mortales con 11 casos, seguidas de los hombres gay con 10.
Esa es la realidad de las poblaciones sexualmente diversas que pinta el boletĆn nĆŗmero 14 del Observatorio de Violencia hacia las Personas LGBTI+ de Honduras KAI+, correspondiente al perĆodo de enero al 8 de agosto de 2026.
Según el informe, los departamentos con mayor concentración de asesinatos son Francisco MorazÔn (12), Cortés (5) y Comayagua (4). Sin embargo, el dato mÔs revelador de la impunidad es que los 35 casos permanecen en etapa de investigación preliminar, con apenas dos capturas reportadas.
«No queremos vivir con miedo»: defensores
LucĆa Barrientos, de la Asociación Ixchel, resume el sentimiento colectivo. Ā«Hoy las personas LGBTI en Honduras vivimos en estado de alerta. Muertes que, al hacer un anĆ”lisis, tienen una conmoción de que muchas personas de nuestra población han sido torturadas, que han sido crĆmenes de odioĀ», seƱala.
Barrientos subraya que en el paĆs no hay una ley que tipifique el crimen de odio, lo que deja a la población en un limbo legal y expuesta a la violencia sin protección efectiva.
Entretanto, Jennifer Córdoba, de la Colectiva de Mujeres Trans MuƱecas de ArcoĆris, lamenta que las autoridades no estĆ©n haciendo nada para defender los derechos humanos.
Ā«Ver ese tipo de violencias en el paĆs que se incrementan, ver que las autoridades de nuestro paĆs no estĆ”n haciendo nada para la defensa de los derechos humanos, no crear una polĆtica pĆŗblica que respete los derechos humanos de la población LGTBIĀ», afirma Córdoba.
Violencia generalizada y discriminación sistemÔtica
Los 195 casos de violencia generalizada incluyen amenazas (19), maltrato familiar (25), abuso de autoridad (14), discriminación por orientación sexual o identidad de género (14), lesiones (10) y agresiones sexuales. Las mujeres trans son nuevamente las mÔs afectadas, con 32 casos registrados.
Dany Montesinos, de la Asociación LGBTI KukulcÔn, advierte: «Esta es una violencia general, estructurada. No tenemos un patrón determinado. La alerta que estamos poniendo es que, en comparación con otros años, esto estÔ siendo mÔs creciente».
Un elemento crĆtico seƱalado por el boletĆn es que casi el 70 por ciento de los casos de violencia generalizada (137 de 195) carecen de categorización desagregada sobre la orientación sexual o identidad de gĆ©nero de la vĆctima, lo que evidencia la ausencia de protocolos adecuados por parte de las instituciones estatales y una invisibilización sistemĆ”tica.
Migración forzada, huir para vivir
Entre los hallazgos mĆ”s dolorosos estĆ” la asistencia a 11 personas LGBTQ que han buscado refugio en el extranjero. Ocho se han ido a Estados Unidos, dos a EspaƱa y una al Reino Unido. Los motivos incluyen amenazas, discriminación, abuso de autoridad, agresiones sexuales y fĆsicas.
Como señala un testimonio: «Tuvieron que irse, se vieron obligadas a huir por amenazas, por la discriminación, por el abuso de autoridad y agresiones sexuales. Estos datos nos muestran que la migración de las personas LGBTI no responde únicamente a razones económicas, sino a la necesidad urgente de proteger su vida y sus derechos».
Recomendaciones ante un Estado ausente
El boletĆn concluye con un llamado urgente al Estado hondureƱo. Exige fortalecer las investigaciones de muertes violentas e implementar polĆticas pĆŗblicas de protección integral. AdemĆ”s, capacitar a funcionarios en diversidad sexual y derechos humanos y garantizar que los casos avancen mĆ”s allĆ” de la etapa preliminar.
Barrientos lo resume con claridad. «Exigimos al Estado respuestas inmediatas, justicia y protección real para nuestra población. No queremos retroceder, no queremos volver atrÔs, no queremos vivir con miedo, no queremos salir a la calle y saber que no puedo expresar mi amor hacia mi pareja o hacia otra persona porque puedo amar y ser muerta».
El Observatorio KAI+ recuerda que detrƔs de cada cifra hay seres humanos: madres, padres, hijos, hermanos y familias que dependen de ellos. La indiferencia institucional, advierten, no puede seguir siendo una puerta abierta a la impunidad.
Noticias en EspaƱol
Un terremoto tambiƩn se vive desde el exilio
Yonatan Matheus se nació en La Guaira, la zona venezolana mÔs afectada por los sismos
El 24 de junio de 2026, dos terremotos sacudieron Venezuela y alteraron la vida de miles de personas en cuestión de segundos. Para gran parte del mundo fue una noticia que ocupó titulares durante algunos dĆas. Para quienes nacimos allĆ, el tiempo pareció detenerse. Antes de pensar en la magnitud del sismo o en el nĆŗmero de viviendas afectadas, hubo una pregunta que desplazó cualquier otra: ĀæestarĆ”n bien quienes amo?
Los desastres naturales no solo transforman los territorios; tambiĆ©n modifican la manera en que quienes vivimos en el exilio nos relacionamos con el lugar al que seguimos llamando hogar. La distancia no reduce el dolor ni la preocupación por quienes permanecen allĆ. Cada llamada sin responder, cada fotografĆa y cada mensaje recuerdan que existen vĆnculos que sobreviven a las fronteras, al tiempo y a la propia migración.
Lo primero que hice fue llamar a mi familia en La Guaira. Durante esos minutos comprendĆ, una vez mĆ”s, que tambiĆ©n existen terremotos que se sienten desde el exilio. La incertidumbre crece con cada llamada que no entra y con cada mensaje que permanece sin respuesta.
Cuando finalmente logrĆ© comunicarme, confirmĆ© que familiares y personas cercanas habĆan perdido sus hogares, que distintas zonas de La Guaira enfrentaban graves afectaciones y que comunidades como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado tambiĆ©n sufrĆan las consecuencias de los terremotos. Aunque algunas de estas localidades registraron daƱos estructurales de menor magnitud que las zonas mĆ”s devastadas, sus habitantes tambiĆ©n vieron alterada su vida cotidiana por la interrupción de servicios, las dificultades de acceso y la profunda interdependencia social, económica y comunitaria que caracteriza a La Guaira.
Algunos miembros de mi comunidad tambiĆ©n habĆan fallecido. Entre ellos estaban dos hombres gays a quienes conocĆa. Sus nombres me recordaron que detrĆ”s de cada cifra existen historias, afectos y proyectos de vida. TambiĆ©n me hicieron pensar en todas aquellas personas cuyas vidas y muertes difĆcilmente ocuparĆ”n un titular, especialmente quienes durante aƱos vivieron en los mĆ”rgenes, con escasa visibilidad y sin el pleno reconocimiento de su dignidad. Me recordaron, ademĆ”s, que las emergencias nunca afectan a todas las personas por igual y que quienes ya enfrentaban mayores condiciones de vulnerabilidad suelen soportar una carga aĆŗn mĆ”s pesada durante la recuperación.
El paĆs del que uno sale nunca desaparece
NacĆ y crecĆ en La Guaira. AllĆ permanecen buena parte de mi historia, mi familia, mis amistades y una comunidad que sigue formando parte de quien soy. Hace diez aƱos tuve que salir de Venezuela y solicitar asilo en Estados Unidos como consecuencia de la persecución que enfrentĆ© por ser un hombre gay y defensor de derechos humanos. Con el tiempo comprendĆ que el exilio no consiste Ćŗnicamente en cambiar de paĆs. TambiĆ©n significa aprender a vivir con la certeza de que una parte de nosotros permanecerĆ” siempre en el lugar del que tuvimos que partir.
Cada celebración familiar, cada crisis y cada tragedia confirman que seguimos perteneciendo a ese territorio. Las personas refugiadas y migrantes no dejamos de vivir las emergencias de nuestros paĆses de origen; simplemente las vivimos de otra manera. Mientras otras personas pueden desplazarse para abrazar a sus familias o participar directamente en las labores de ayuda, quienes estamos lejos intentamos acompaƱar desde la incertidumbre, con la impotencia de saber que el corazón permanece donde el cuerpo ya no puede estar.
QuizĆ” esa sea una de las dimensiones menos visibles del desplazamiento forzado. Vivimos las tragedias de nuestro paĆs a la distancia, con menos posibilidades de actuar fĆsicamente, pero con el mismo dolor y con un profundo sentido de responsabilidad hacia las personas y los lugares que siguen formando parte de nuestra historia.
Cuando una casa representa toda una vida
DespuĆ©s de una emergencia suele repetirse una frase bien intencionada: “Lo importante es que todos estĆ”n vivos; lo material se recupera.” Aunque busca transmitir esperanza, tambiĆ©n puede invisibilizar una realidad profundamente humana. En Venezuela, una vivienda rara vez representa Ćŗnicamente una construcción. Es el resultado de aƱos de trabajo, sacrificios compartidos y sueƱos familiares. En sus paredes tambiĆ©n habitan recuerdos, fotografĆas, documentos y la memoria de quienes la construyeron.
Cuando un terremoto destruye un hogar, también altera el proyecto de vida de una familia. Por eso no basta con volver a levantar edificios. Es necesario crear las condiciones para que las personas recuperen estabilidad, seguridad y la posibilidad de imaginar nuevamente un futuro. Como trabajador social, estoy convencido de que los territorios no vuelven a ponerse de pie únicamente con cemento. También necesitan confianza, organización, apoyo mutuo y espacios donde las personas puedan elaborar el duelo y fortalecer nuevamente sus redes de apoyo.
Ese proceso tampoco ocurre en igualdad de condiciones para todas las personas. Los desastres suelen profundizar desigualdades que ya existĆan antes de la emergencia. Las personas adultas mayores, la niƱez, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas o con VIH y muchas personas LGBTQ, especialmente aquellas que enfrentan pobreza, discriminación o redes de apoyo limitadas, suelen encontrar mayores obstĆ”culos para acceder a servicios, restablecer sus medios de vida o volver a sentirse seguras. Una respuesta verdaderamente humanitaria no consiste Ćŗnicamente en llegar primero; consiste en asegurar que nadie quede atrĆ”s cuando comienza el largo camino para reconstruir su vida.Ā
Cuando la emergencia deja de ser noticia
Las primeras horas despuĆ©s de un desastre suelen despertar lo mejor de una sociedad. Vecinas y vecinos organizan rescates, personas voluntarias distribuyen alimentos, equipos de salud trabajan sin descanso y miles de ciudadanos, dentro y fuera del paĆs, buscan la manera de ayudar. Esa movilización espontĆ”nea representa uno de los recursos mĆ”s valiosos frente a cualquier crisis y demuestra que, incluso en contextos de profunda polarización, la vida humana sigue siendo capaz de convocar encuentros.
Sin embargo, para quienes sobrevivieron, el verdadero desafĆo apenas comienza cuando la emergencia deja de ocupar los titulares. Mientras los medios dirigen su atención hacia otras noticias y las donaciones disminuyen, miles de familias siguen intentando recuperar sus hogares, restablecer sus medios de vida y reorganizar una cotidianidad profundamente alterada. La crisis termina mucho antes para la opinión pĆŗblica que para quienes continĆŗan enfrentando sus consecuencias.
En la acción humanitaria suele describirse un fenómeno conocido como fatiga de la compasión. En términos generales, hace referencia a la disminución progresiva de la atención pública y de parte de la movilización solidaria conforme una crisis deja de ocupar el centro de la conversación. No significa que desaparezca la voluntad de ayudar, sino que nuevas urgencias desplazan rÔpidamente a las anteriores. El riesgo es que los territorios afectados queden solos precisamente cuando enfrentan la etapa mÔs compleja de volver a levantarse.
Las principales organizaciones humanitarias recuerdan que reparar edificios constituye sólo una parte del proceso. También es indispensable fortalecer la salud mental, ofrecer apoyo psicosocial, recuperar el tejido comunitario y garantizar que la población participe activamente en las decisiones sobre su propio futuro. Una vivienda puede reconstruirse en algunos meses; recuperar la sensación de seguridad, la confianza o el sentido de pertenencia suele requerir mucho mÔs tiempo.
Esta realidad resulta especialmente importante para quienes ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad antes del terremoto. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con VIH y muchas personas LGBTQ suelen encontrar mayores barreras para acceder a servicios, mantener sus tratamientos, recuperar sus ingresos o reconstruir sus redes de apoyo. Las emergencias no crean esas desigualdades, pero con frecuencia las hacen mÔs visibles y profundas. Por eso, una recuperación verdaderamente sostenible no consiste únicamente en volver al punto donde estÔbamos antes del desastre, sino en aprovechar ese proceso para reducir brechas históricas y fortalecer la inclusión.
Como trabajador social, prefiero hablar de una resiliencia consciente. No de una resiliencia que exige fortaleza permanente o invita a ocultar el dolor bajo la idea de que “hay que seguir adelante”, sino de aquella que reconoce las pĆ©rdidas, entiende que el duelo necesita tiempo y acepta que pedir ayuda tambiĆ©n forma parte del camino. Ninguna comunidad deberĆa sentirse obligada a reconstruirse sola, ni ninguna persona a demostrar que ya superó una tragedia antes de estar preparada para hacerlo.
Permanecer tambiƩn es una forma de ayudar
El exilio me impidió estar fĆsicamente en La Guaira durante los dĆas posteriores a los terremotos, pero no me impidió asumir la responsabilidad de acompaƱar desde donde hoy me encuentro. Durante esas semanas utilicĆ© mis plataformas para verificar información antes de compartirla, visibilizar localidades que históricamente han recibido menor atención ācomo Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estadoā y promover mensajes centrados en las necesidades de la población afectada.
Ese compromiso tambiĆ©n dio origen a la serie documental La Guaira: Antes y DespuĆ©s, un esfuerzo por documentar cómo cambiaron distintos espacios y contribuir a que no desaparezcan de la memoria colectiva cuando termine la cobertura periodĆstica. MĆ”s que registrar la destrucción, busca recordar que detrĆ”s de cada fotografĆa existen familias que seguirĆ”n necesitando apoyo mucho despuĆ©s de que las cĆ”maras se hayan ido.
Creo profundamente que comunicar con responsabilidad también es una forma de acción humanitaria. Verificar antes de publicar, evitar la desinformación y mantener visibles a los territorios históricamente olvidados constituye una manera concreta de acompañar el proceso de recuperación y fortalecer el compromiso colectivo desde la distancia.
La solidaridad que decide quedarse
Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejarÔn cicatrices visibles en edificios, carreteras y viviendas. Otras permanecerÔn en silencio, acompañando a familias que deberÔn reconstruir no solo sus hogares, sino también su sensación de seguridad, sus proyectos de vida y la confianza en el futuro.
Como venezolano, guaireƱo, refugiado y defensor de derechos humanos, esta experiencia reforzó una convicción que ha guiado buena parte de mi trabajo: las personas deben permanecer en el centro de cualquier respuesta humanitaria. Ninguna diferencia polĆtica, institucional o ideológica deberĆa ser mĆ”s importante que proteger la vida, aliviar el sufrimiento y garantizar que quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad reciban el acompaƱamiento que necesitan para volver a empezar con dignidad.
Los terremotos dejan de sentirse cuando la tierra deja de temblar. El olvido comienza cuando dejamos de mirar. Entre una cosa y otra existe un largo camino que exige memoria, compromiso sostenido y la decisión colectiva de no abandonar a quienes siguen intentando levantarse cuando el resto del mundo ya ha seguido adelante. Porque una sociedad no termina de recuperarse cuando reconstruye sus edificios; lo hace cuando todas las personas tienen la oportunidad de volver a vivir con seguridad, esperanza y la certeza de que nadie quedó atrÔs.
Yonatan Matheus (He/Him/Ćl) es defensor de derechos humanos LGBTQ y trabajador social y activista. Trabaja en la intersección entre Migración, Justicia Social y respuesta al VIH.
Este comentario salió en el sitio web de Yonatan el 6 de julio.
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