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Adrián Pose, el pastor cubano que ‘cura’ la homosexualidad y recarga los celulares
‘He hecho par de liberaciones a homosexuales’

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio colaborador del Washington Blade en Cuba. Esta nota salió en su sitio web el 22 de abril.
LA HABANA — Parados frente a sus butacas, unos 100 feligreses escuchan al pastor habanero Adrián Pose mientras agitan el cuerpo violentamente. Algunos jadean con los ojos cerrados, otros dan brincos, giran sobre sí mismos, y elevan las manos al cielo. Enérgico, el pastor grita desde el estrado “¡Fuego! ¡Fuego! Ahora mismo fuera de aquí, demonios” y el movimiento de los cristianos, sobre los bancos, se vuelve más intenso. Después de casi tres horas de culto, el calor adentro del templo Casa de Gloria, en Marianao, La Habana, se hace insoportable.
Los líderes del grupo evangélico, que van y vienen entre los fieles, portan unas sábanas blancas para envolver a “los poseídos”. Una vez que encuentran los cuerpos ocupados por el demonio, los cubren y conducen hasta la parte delantera. En una línea frente al estrado están formados un chico joven y delgado, una anciana con evidentes secuelas de la quimioterapia, y una mujer que anhela “curar” la discapacidad intelectual de su hija pequeña.
En el salón algunos fieles convulsionan, pero la más afectada parece ser una chica muy joven, de cabello recogido y ojos saltones, que acudió por primera vez a Casa de Gloria. Con la vista perdida, le tiembla el cuerpo entero.
La voz del pastor se escucha más fuerte cuando se acerca a la muchacha: “¡En nombre de Jesús yo te salvo ¡En el nombre de Jesús!”, le grita. El sudor empapa la cara de la chica mientras la pastora le pone la mano sobre el abdomen. La joven “poseída” se tira de rodillas al piso y da gritos de espanto, chillidos punzantes que retumban por toda la iglesia. Adrián se acerca: “Sal de ese cuerpo, demonio fornicador”, ordena, y de repente la chica se desploma.

“En nuestros cultos la gente cae como muerta. Echan espuma por la boca, convulsionan. Es por la opresión y liberación de demonios –explica Pose–. Hay muchos en este país”.
Dice él que, por culpa de los abortos y la práctica de religiones afrocubanas, la Isla está “poseída”.
“Los demonios se alimentan de los fetos. Al permitir el asesinato de manera legal y gratuita estamos dándole más poder a estas criaturas del infierno. Los cristianos tenemos que luchar porque regulen el aborto en Cuba”.
Pose explica que hay tres niveles de influencia demoníaca: opresión, demonización y posesión. Para él y sus seguidores son estos seres quienes nos conducen a las tentaciones, enfermedades y adicciones. Por supuesto, también aseguran que los demonios vuelven homosexuales a las personas y las someten a la fornicación.
Y a los demonios, Adrián Pose los expulsa.
“He hecho par de liberaciones a homosexuales. Nosotros no los rechazamos en nuestro templo. Solo queremos introducirles el fuego de Dios y liberar sus ataduras, curarlos”.
Cuando el pastor menciona a un «par de homosexuales» se refiere al Faraón, un mulato de cejas finas y pelo teñido a quien exorcizó en su templo un tiempo atrás –el video aún circula en el paquete–. El otro chico gay “curado” es Alain Maykel, uno de los miembros más activos del culto.
Hoy está casado con una mujer cristiana, trabaja como dulcero y acompaña a Pose cuando viaja a otras provincias a predicar. “Yo era jinetero –confiesa Alain Maykel– porque necesitaba el dinero y porque me gustaba darle placer a otros hombres. El pastor me salvó de todo esa perversión que había en mí. A él debo mi cambio y por eso lo sigo con los ojos cerrados”.

¿Quién es Adrián Pose?
Al pastor Adrián Pose el Espíritu Santo se le apareció en 2017, cuenta él mismo. Le puso la mano sobre la cabeza, lo bañó en polvo de oro y le dijo que él traería el poder sobrenatural de Dios a este país. A partir de ahí Casa de Gloria, su templo, comenzó a expandirse y sus «milagros» a multiplicarse.
Impulsados por el misterio que a veces produce lo sobrenatural pero, sobre todo, por la desesperación, hasta él han llegado cientos de personas que buscan sanidad. Algunos solo hallaron un simple espejismo y no volvieron. Otros como Ayunay Vega y su esposo aseguran que Adrián curó las corneas de su hija y ahora ellos lo siguen con vehemencia. “Un día después de que el pastor oró por la niña, sus ojos tuvieron una secreción y luego sanaron”, relatan ambos padres, sentados en la primera fila del templo.
Como carta de presentación Pose recita una sorprendente lista de milagros: “Un cáncer terminal desaparece. Sordos comienzan a escuchar. Huesos deformes que sanan. Bebés en vientres infértiles. Ovarios que resurgen”.
Adrián Pose tiene 27 años, el cabello corto, los ojos oscuros y achinados, y el cuerpo fornido. Admira a Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, y sobre todo a Donald Trump, quien es –dice– precursor de los ideales cristianos. Podría, además, decirse que es un hombre atractivo y de lujoso vestir.
A sus servicios siempre llega con elegantes camisas de puños cerrados y zapatos en combinación. Una imagen perfectamente producida, aunque a ratos se le escapen ciertos ademanes y frases de hijo de barrio. Junto a él llega su esposa, Neylis Rojas, y sus dos hijos pequeños. Él asegura que se conocieron en una iglesia de Bauta adonde ambos asistían. Ella, en cambio, no recuerda el nombre de esa iglesia y espera la aprobación de su esposo antes de contestar cada pregunta. Él tiene en su teléfono un bloc de notas donde ha apuntado algunos versículos recurrentes en sus cultos, y los revisa para contestar varias veces. Ella apenas responde con monosílabos.

Casa de Gloria es un movimiento protestante que no pertenece a ninguna denominación cristiana en particular. Entre las 57 denominaciones evangélicas reconocidas en el país, la que dirige el pastor no está legitimada. Podría decirse que es un movimiento autónomo que ha creado el propio Pose, aunque sus principios se asemejan a las prácticas pentecostales.
Adrián toma en sus prédicas dos principios de esta teología: el Espíritu Santo sana enfermedades del “alma, la mente y el cuerpo”, porque cualquier padecimiento es originado por un “mal espiritual”; y el éxito económico es el resultado de un vínculo con Dios. A sus seguidores el pastor promete “milagros, prodigios, prosperidad y expulsión de demonios”, un eslogan que aparentemente no agradó al gobierno cubano.
En 2017 el pastor fue condenado a arresto domiciliario por “realizar reuniones y cultos prohibidos”. Hoy aclara que esa medida ya le fue retirada y puede salir del país y moverse por la Isla libremente. Una semana atrás, por ejemplo, viajó hasta Oriente para predicar sus jornadas de milagros y curaciones. Dice que allí, un hombre sordo volvió a escuchar.
“El matrimonio igualitario acabará con la especie cubana”
El templo Casa de Gloria se encuentra en el municipio habanero de Marianao. Es un viejo teatro desahuciado por la Central de Trabajadores de Cuba que el pastor alquiló porque “cada día tenía más seguidores y necesitaba un espacio más amplio”. El teatro es un hueco oscuro que huele a cerrado y a polvo. Las paredes están cubiertas de pedazos de madera y cartones húmedos. Las sillas rotas por todos lados dan un aspecto desastroso al lugar.
Cada domingo sobre las 10:00 de la mañana Adrián ofrece su servicio a los fieles de Casa de Gloria. Después del proceso de reforma constitucional –que inicialmente abría de manera rotunda el camino a la aprobación del matrimonio igualitario en la Isla–, la ideología de género y la unión entre personas del mismo sexo se convirtieron en los temas que más exorbitan los ánimos de los feligreses.
“A mis hijos en la escuela no pueden enseñarles la idiotología de degeneración” –dice el pastor para referirse a la ideología de género.
Sus interlocutores, anonadados, exclaman “Amén”. “¿Cómo a un niño varón le van a decir que está bien sentirse hembra? Asquerosos”, dice exaltado mientras su público asiente enardecido. Una mujer que carga a su bebé dibuja en su rostro una mueca de repugnancia y agrega: “Horrible”.

Durante el culto pueden oírse frases del pastor como: “Y ahora quieren casar a los homosexuales. ¿Qué diría Fidel de esto? Porque cuando él estaba vivo nunca permitió tal degeneración”. Luego agrega con un dejo lapidario: “No saben todas las consecuencias que tendrá eso”.
De la primera fila se levanta un señor, se voltea al público y en una ráfaga de palabras suelta, a su juicio, las posibles consecuencias: “Si los dejan casarse va a disminuir la natalidad. ¡Y eso es muy serio y peligroso! Por culpa de los gais que no quieren tener hijos se tuvo que aumentar la edad de retiro laboral en Cuba”.
Por insólito que pueda sonar, otros líderes religiosos han sostenido declaraciones semejantes. El exarzobispo de Guadalajara, sacerdote Juan Sandoval Íñiguez, en una entrevista publicada en la revista Gatopardo declaró que la homosexualidad era un “arma estratégica del primer mundo” para “reducir la población” y evitar que se consumieran “los recursos de la Tierra”. En Casa de Gloria también se enarbolan argumentos semejantes; solo que los cristianos no responsabilizan al primer mundo, sino a Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) e hija del exmandatario Raúl Castro Ruz. Según ellos, la diputada quiere presentar esas “perversiones” como “normales” y transmitirlas a los niños y niñas.
El debate en el templo no cesa. Ahora una mujer rubia y pequeña agrega que también se dispararán las infecciones de transmisión sexual (ITS) y los suicidios “porque esa gente es muy trágica”, acota Adrián. “La mayoría fueron abusados en la infancia y tienen trastornos. No son normales”, insiste él.
El señor que había alertado sobre el peligro que representan los gais para la tasa de natalidad vuelve a ponerse de pie, ahora más categórico: “Van a provocar que desaparezca la especia cubana. Yo creo que a quienes promueven el matrimonio homosexual hay que acusarlos de atentar contra la seguridad nacional”, suelta él con una certeza que asombra. Luego ya nadie agrega nada más sobre el tema. El hombre preocupado por la preservación de los cubanos es el padre de Adrián.
En su familia hoy todos son cristianos: su esposa, su hermano, su cuñada, sus padres. Algunos, incluso, trabajan con él en el templo y reciben ayudas monetarias derivadas de las donaciones de los creyentes. La mayoría de ellos siempre profesaron alguna fe, pero no siempre fueron cristianos.
Durante la mayor parte de su vida el padre de Adrián fue palero y su madre espiritista. En la casa donde viven se hacían ritos para “bajar santos” y se anunciaba el futuro a los creyentes. El propio Adrián también profesó las religiones afrocubanas hasta que con 17 años, según cuenta, aceptó a Cristo y comenzó a predicar de manera independiente. En 2016 abrió su templo tras enderezar la costilla de un niño con solo poner la mano en su abdomen y orar por él.
Del templo al paquete (con polvo de ángel)
―Filma aquí –indica Pose a su hermano, que va acercándose con una tableta hacia una niña en el salón del culto. “Que se vea como le brillan las manos”, especifica él.
Cada domingo en su servicio, después de alabar a Dios, las personas encienden las linternas de sus celulares y se iluminan unas a otras buscando partículas brillantes sobre la piel. “Revísense y busquen el polvo de oro y piedras preciosas que lanzan los ángeles”, se le oye a Pose desde el estrado. Según él, algunos de sus fieles han llegado al templo con empastes ordinarios y han salido con oro en sus dientes.
Luego, cualquier destello sobre los cuerpos será filmado con varias cámaras. Cada acción que transcurre en el templo es grabada, editada y más tarde compartida en la sección de religión del paquete semanal. Su carpeta se llama momentos wao.
“Tuve la luz de ponerme en el paquete. Mucha gente que viene hoy al culto nos vio por ahí”.

Pose disfruta sentirse conocido y mide empíricamente su rating. Cada vez que llega alguien nuevo al templo la primera pregunta del pastor será: ¿Cómo supo de la existencia de Casa de Gloria? ¿Fue por el paquete? Aunque pueda resultar inusual, Pose es un líder religioso hambriento de fama. E, incluso, no se limita al paquete semanal.
Con la creación de zonas wifi y la posibilidad de conectarse a la red de redes desde los teléfonos móviles, el acceso de los cubanos a Internet creció notablemente. Y, con ello, las redes sociales se convirtieron en una nueva plataforma de divulgación que permite traspasar los límites del templo y llegar a una mayor comunidad evangélica. Consciente de los beneficios de la tecnología Pose se creó un perfil personal en Facebook y una fan page para él y otra para Casa de Gloria. También tiene dos canales de YouTube, una cuenta en Instagram, y se encarga de repartir entre sus fieles DVDs con “milagros, señales y maravillas”.
Su presencia en las redes sociales no ha pasado inadvertida por los constantes mensajes que divulga contra el derecho al aborto, el matrimonio igualitario y la ideología de género. Sus publicaciones generan una eterna confrontación entre creyentes y “mundanos”.
Para Pose la gran crisis de moralidad que hoy golpea a Cuba pronto podría colmar la paciencia de Dios (“ya está dando señales”), y Él podría convertirnos en una nación aún más pobre e infortunada. Quizás como Haití, reflexiona él. El Pastor cree que los idólatras, las políticas que han desplazado a Dios, los homosexuales y las mujeres que abortan, son culpables del tornado que atravesó La Habana el 27 de enero de 2019, las recurrentes inundaciones costeras y el meteorito que cayó en Viñales.
Casi al final del servicio el pastor Adrián Pose pide a sus feligreses que compartan los milagros que han vivido durante la semana.
El primero en levantarse es un hombre gordo, con un pulóver a rayas y gorra sobre la cabeza, que agradece porque finalmente pudo arreglar su refrigerador. A su lado, una señora de pelo rizado cuenta que su sobrino aprobó un examen en la escuela. Luego otra mujer agradece que su dolor de columna desapareció. Y así la lista de “prodigios” se hace infinita.
Como colofón, el pastor toma el micrófono y empieza a pedir a Dios curaciones y milagros financieros. Si dice la Biblia que Jesús multiplicó panes y peces, Adrián Pose hoy pretende multiplicar acceso a “Internet, saldo y dinero”.
―Y sus celulares serán recargados. Y vendrá la prosperidad económica a sus hogares –exclama–. Podrán navegar por Internet sin dinero en la cuenta Nauta. Revisen el saldo de sus tarjetas bancarias cuando salgan, que el señor lo aumentará.
A quien no tenga cuenta, especifica Adrián, “Dios le creerá una”.
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The university that refuses to let go
Joanna Cifredo is a trans woman participating in University of Puerto Rico strike
Over the past days, I have been walking with a question that refuses to leave me. Not the kind of question you answer from a desk or from a distance, but one that grows out of what you witness in real time, at the gates, in the faces of those who remain there without knowing how any of this will end. What is truly happening inside the University of Puerto Rico, and why have so many students decided to risk everything at a moment when they can least afford to lose anything.
I write as someone who lives just steps away from the Río Piedras campus. These days, the silence has replaced the constant movement that once defined this space. The absence is felt in every corner where students used to pass at all hours. Since arriving in Puerto Rico three years ago, I have come to know firsthand stories that rarely make it into reports or official statements. One of the reasons I chose to stay was precisely this, to serve the university community, to help create a space where students could find something as basic as a safe meal at night and, in some way, ease burdens that are often carried in silence.
I have listened, asked questions, and tried to understand without imposing answers. What I have found is not a collective outburst or a generational whim. What exists is a fracture, a deep break between those making decisions and those living with their consequences every single day.
There has been an effort to reduce this strike to an issue of order, scheduling, or academic disruption. Conversations revolve around missed classes, delayed semesters, and students supposedly unaware of the consequences of their actions. What is rarely addressed are the conditions that lead an entire student body to pause its own future to sustain a protest that offers no guarantees.
Because that is the reality. These are students who fully understand what they are risking, and yet they remain. When someone reaches that point, the least they deserve is not judgment, but to be heard.
From the outside, there have also been attempts to discredit what is happening. Familiar narratives are repeated, legitimacy is questioned, and doubt is cast over intentions. It is easier to do that than to acknowledge that this did not begin at the gates, but long before, in decisions made without building trust.
And something must be said clearly. This is not limited to the gates of Río Piedras. What we are witnessing extends across every unit of the University of Puerto Rico system. Mayagüez, Ponce, Arecibo, Bayamón, Cayey, Humacao, Carolina, Aguadilla, Utuado, and the Medical Sciences Campus. This is not an isolated reaction. It is a movement that runs through the entire institution. Río Piedras may be more visible, but it is not alone. What is happening there reflects a broader unrest felt across the system.
Within that context, one demand has grown increasingly present, the call for the resignation of University of Puerto Rico President Zayira Jordán Conde. This is not the voice of a small group. It reflects a deeper level of mistrust that has spread across multiple campuses.
The Puerto Rican Association of University Professors has also made it clear that this is not solely a student issue. There is real concern among faculty, and a shared recognition of the conditions currently shaping the university. When students and professors arrive at the same conclusion, the problem can no longer be minimized.
Meanwhile, the administration continues to speak in the language of dialogue. But dialogue is not a word, it is a practice. And when trust has been broken, it cannot be restored through statements alone, but through decisions that prove a willingness to truly listen.
In the midst of all of this, there are voices that cannot be ignored. Voices grounded not in theory, but in lived experience. One of them is Joanna Cifredo, a student at the Mayagüez campus, a young Puerto Rican trans woman, and someone widely recognized for her advocacy.
I spoke with her in recent days. What follows is her voice, exactly as it is.
How would you describe what is happening inside the University of Puerto Rico right now, beyond what people see from the outside?
Estamos viviendo momentos muy difíciles, en el sentido de que hay mucha incertidumbre y una presión constante por parte de la administración para reabrir el recinto, pero, entre todo el caos e inestabilidad provocado por las decisiones de esta administración, también hemos vivido momentos muy poderosos. Esta lucha ha sacado lo mejor de nuestra comunidad.
Lo vimos en las asambleas y plenos, donde 1,500, 1,700, hasta 1,800 estudiantes llegaron —bajo lluvia, bajo advertencias de inundaciones— y aun así se quedaron, participaron y votaron a favor de una manifestación indefinida hasta que se atiendan nuestros reclamos.
He conocido a tantas personas en los diferentes portones, estudiantes graduados, aletas, estudiantes de intercambio, estudiantes de todo tipo de concentraciones y se unieron para apoyar el movimiento estudiantil. Estudiantes que vienen a los portones después del trabajo o antes de trabajar. Estudiantes que vienen a dejar agua y suministros entre turnos de trabajo. Viejitos que vienen a los portones con desayuno, almuerzo o cena.
Más allá de lo que se ve desde afuera, lo que estamos viviendo es una mezcla de tensión y resistencia, pero también de comunidad, solidaridad y compromiso colectivo.
Much of what is discussed remains at the level of headlines or social media. From your direct experience, what specific decisions or actions from the administration have led to this level of mobilization?
Desde el inicio, la designación de la Dra. Zayira Jordán Conde careció de respaldo dentro de la comunidad universitaria. No contaba con experiencia administrativa en la UPR ni con un conocimiento básico de nuestros procesos, cultura y reglamentos. Por eso, en asamblea, el estudiantado votó para solicitarle a la Junta de Gobierno que no considerara su candidatura, y múltiples organizaciones docentes hicieron lo mismo. Existía un consenso amplio de que no tenía la experiencia necesaria para liderar una institución como la nuestra.
A pesar de ese rechazo claro, la Junta de Gobierno decidió ignorar los reclamos de la comunidad universitaria e imponer su nombramiento.
Una vez en el cargo, su estilo de gobernanza ha sido poco transparente y poco colaborativo. Sin embargo, el detonante principal de la movilización en el Recinto Universitario de Mayagüez fue su decisión de destituir, de manera unilateral y en medio del semestre, a cinco rectores, incluyendo al nuestro, el Dr. Agustín Rullán Toro, para reemplazarlo por un rector interino, el Dr. Miguel Muñoz Muñoz.
Esta acción, tomada de forma abrupta, provocó de inmediato un clima de caos e inestabilidad dentro de la institución. Y deja una pregunta inevitable: ¿no anticipó el impacto de esa decisión, lo que evidenciaría una falta de experiencia? ¿O lo anticipó y aun así decidió proceder? No está claro cuál de las dos es más preocupante.
Además, esta decisión tuvo consecuencias concretas para el estudiantado, incluyendo el retiro de becas educativas para nuevos integrantes del RUM por parte de la Fundación Ceiba, que calificó la movida como “sorprendente” y “preocupante”. Decisiones impulsivas como la que tomó la presidenta ponen en peligro la estabilidad de nuestra institución y la acreditación de la universidad.
As a trans woman within this movement, how does your identity intersect with what is happening, and why does this also shape the future of people like you?
Soy una de varias chicas trans que formamos parte activa de este movimiento estudiantil.
For those outside the UPR who believe this does not affect them, what are the real consequences of this crisis?
La Universidad de Puerto Rico se fundó para servir al pueblo.
It is impossible to overstate the role the University of Puerto Rico and its students have played in shaping the social, cultural, and economic life of this country. Its impact extends into science, medicine, and every profession that has sustained Puerto Rico over time. No other educational institution has contributed more.
After listening to her, one thing becomes undeniable. This is not just another protest, but a generation refusing to let go of what little remains within its reach. And when a generation reaches that point, the issue is no longer the strike, the issue becomes the country itself.
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La X vuelve al tribunal
Primer Circuito examina caso del reconocimiento de personas no binarias en Puerto Rico
Hace ocho meses escribí sobre este tema cuando todavía no había llegado al nivel judicial en el que se encuentra hoy. En ese momento, la discusión se movía entre decisiones administrativas, debates públicos y resistencias políticas. No era un asunto cerrado, pero tampoco había alcanzado el punto actual.
Hoy el escenario es distinto.
La organización Lambda Legal compareció ante el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito en Boston para solicitar que se confirme una decisión que obliga al gobierno de Puerto Rico a emitir certificados de nacimiento que reflejen la identidad de las personas no binarias. La apelación se produce luego de que un tribunal de distrito concluyera que negar esa posibilidad constituye una violación a la Constitución de Estados Unidos.
Este elemento marca la diferencia. Ya no se trata de una discusión conceptual. Existe una determinación judicial que identificó un trato desigual.
El planteamiento de la parte demandante se sostiene en el propio marco legal vigente en Puerto Rico. Los certificados de nacimiento de identidad no son registros históricos inmutables. Son documentos utilizados para fines actuales y esenciales. Permiten acceder a empleo, educación y servicios, y son requeridos en múltiples gestiones ante el Estado. Su función es operativa.
En ese contexto, la exclusión de las personas no binarias no responde a una limitación jurídica. Puerto Rico permite la corrección de marcadores de género en certificados de nacimiento para personas trans binarias desde el caso Arroyo González v. Rosselló Nevares. Además, el Código Civil reconoce la existencia de certificados que reflejan la identidad de la persona más allá del registro original.
La diferencia radica en la aplicación.
El reconocimiento se concede dentro de categorías específicas, mientras que se excluye a quienes no se identifican dentro de ese esquema. Esa exclusión es el eje de la controversia actual.
El argumento presentado por Lambda Legal es preciso. Obligar a una persona a utilizar documentos que no reflejan su identidad implica someterla a una representación incorrecta en procesos fundamentales de la vida cotidiana. Esto puede generar dificultades prácticas, exposición innecesaria y situaciones de vulnerabilidad.
Las personas demandantes, nacidas en Puerto Rico, han planteado que el acceso a documentos precisos no es una cuestión simbólica, sino una necesidad básica para poder desenvolverse sin contradicciones impuestas por el propio Estado.
El hecho de que este caso se encuentre en el sistema federal introduce una dimensión adicional. No se trata de un proyecto legislativo ni de una política pública en discusión. Es una controversia constitucional. El análisis gira en torno a derechos y a la aplicación equitativa de las leyes.
Este proceso tampoco ocurre en aislamiento.
Se desarrolla en un contexto donde los debates sobre identidad y derechos han estado marcados por una mayor presencia de posturas conservadoras en la esfera pública, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. En el ámbito local, esa influencia ha sido visible en discusiones legislativas recientes, donde argumentos de carácter religioso han comenzado a formar parte del debate sobre política pública. Esa intersección introduce tensiones en torno a la separación entre iglesia y Estado y tiene efectos concretos en el acceso a derechos.
Señalar este contexto no implica cuestionar la fe ni la práctica religiosa. Implica reconocer que, cuando determinados argumentos se trasladan al ejercicio del poder público, pueden incidir en decisiones que afectan a sectores específicos de la población.
Desde Puerto Rico, esta situación no se observa a distancia. Se experimenta en la práctica diaria. En la necesidad de presentar documentos que no corresponden con la identidad de quien los porta. En las implicaciones que esto tiene en espacios laborales, educativos y administrativos.
El avance de este caso abre una posibilidad de cambio en el marco legal aplicable. No porque resuelva de inmediato todas las tensiones en torno al tema, sino porque establece un punto de análisis jurídico sobre una práctica que hasta ahora ha operado bajo criterios restrictivos.
A diferencia de hace ocho meses, el escenario actual incluye una determinación judicial que ya identificó una violación de derechos. Lo que corresponde ahora es evaluar si esa determinación se sostiene en una instancia superior.
Ese proceso no define un resultado inmediato, pero sí establece un nuevo punto de referencia.
El debate ya no es teórico.
Ahora es judicial.
Cuba
Cuba bajo presión y sin respuestas
Cubanos no hablan en términos geopolíticos. Hablan de sobrevivir
Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a subir de tono. No es algo nuevo, pero este momento se siente distinto. Las medidas más recientes desde Washington buscan cerrar aún más los espacios financieros del gobierno cubano, limitar sus fuentes de ingreso y presionar sectores clave de la economía. No es simbólico. Es una política directa.
Desde Estados Unidos, el mensaje es claro. Se busca provocar cambios que no han ocurrido en más de seis décadas. También hay un componente interno, una presión política que responde a sectores del exilio que llevan años exigiendo una postura más dura. Todo eso forma parte del escenario.
Pero esa es solo una parte.
Del lado cubano, la respuesta sigue un patrón conocido. El gobierno habla de agresión externa, de guerra económica, de un embargo que se endurece. Cada medida se convierte en argumento para reforzar su narrativa y cerrar filas. No hay espacio para reconocer errores propios. Todo apunta hacia afuera.
Mientras tanto, la vida en la isla va por otro camino.
La crisis energética que hoy vive Cuba no empezó con estas medidas. Lleva años acumulándose. El sistema eléctrico está deteriorado, sin mantenimiento suficiente, con fallas constantes. Los apagones no son nuevos. Lo que ha cambiado es la frecuencia y la duración.
Durante años entró petróleo a Cuba, especialmente desde Venezuela. Hubo acuerdos. Hubo suministro. Y aun así, la vida del cubano no mejoró. La electricidad seguía fallando, el combustible seguía racionado, el transporte seguía siendo un problema diario.
Entonces la pregunta sigue siendo la misma.
Si el petróleo estaba entrando, ¿por qué nada cambiaba?
¿Dónde fue a parar ese recurso?
¿Dónde está el dinero que generó?
Hoy se habla de restricciones al petróleo como si fueran la causa principal de la crisis. No lo son. Empeoran una situación ya frágil, pero no la explican completamente.
Hay una historia más larga que no se puede ignorar.
Lo mismo ocurre con las brigadas médicas.
Durante años se presentaron como un gesto de solidaridad internacional. Y en muchos casos lo fueron. Médicos cubanos trabajaron en condiciones difíciles, salvaron vidas, sostuvieron sistemas de salud en otros países. Eso es real.
Pero también funcionaron como una de las principales fuentes de ingreso del Estado cubano.
Muchos de esos profesionales no recibían el salario completo por su trabajo. Una parte significativa quedaba en manos del gobierno. En algunos casos, ni siquiera tenían control sobre el dinero que generaban.
Y hay algo más duro.
Si uno de esos médicos decidía no regresar a Cuba, ese dinero no llegaba a su familia. Se quedaba retenido.
Hoy varios países están revisando o cancelando esos acuerdos. Y otra vez, la respuesta oficial es señalar hacia afuera. Pero la pregunta sigue siendo inevitable.
¿Se está perdiendo un modelo de cooperación o un sistema que dependía del control sobre sus propios profesionales?
Dentro de Cuba, la conversación suena diferente.
La gente no habla en términos geopolíticos. Habla de sobrevivir. De cómo llegar al final del día. De los apagones, de la comida que no alcanza, del transporte que no aparece, de una vida que cada vez se hace más difícil.
Hay quienes miran las medidas de Estados Unidos con cierta expectativa. No porque quieran más escasez, sino porque sienten que el sistema no cambia por sí solo. Hay una sensación de estancamiento que pesa.
Pero esa expectativa convive con una realidad concreta.
Las sanciones no golpean primero a quienes toman decisiones. Golpean al ciudadano común. Al que hace la fila. Al que pierde la comida por falta de electricidad. Al que no tiene cómo moverse.
Esa es la contradicción.
El gobierno cubano pide solidaridad internacional. Y la recibe. Países que envían ayuda, organizaciones que se movilizan, voces que defienden a la isla.
Pero hay otra pregunta que también está ahí.
¿Esa ayuda llega realmente al pueblo?
La falta de transparencia en la distribución de recursos es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que entra, sino de lo que realmente llega a quienes lo necesitan.
Reducir lo que pasa en Cuba a un conflicto entre dos gobiernos es no querer ver el cuadro completo.
Aquí hay responsabilidades compartidas, pero no iguales.
Estados Unidos ejerce presión con efectos reales sobre la economía cubana. Eso no se puede negar. Pero dentro de la isla hay un sistema que ha tenido décadas para corregir, para abrir, para responder a su gente, y no lo ha hecho.
Esa parte no se puede seguir esquivando.
Yo escribo esto como cubano. Desde lo que vi, desde lo que viví y desde la gente que sigue allá tratando de resolver el día.
Porque al final, más allá de lo que se diga entre gobiernos, la realidad es otra.
Cuba hoy está más apretada, sí. Pero también lleva años arrastrando problemas que nadie ha querido enfrentar de verdad.
Y mientras eso siga así, da igual lo que venga de afuera. El problema sigue estando adentro.
