March 22, 2020 at 9:14 am EDT | by Maykel González Vivero
Y si el gobierno lo hace bien con el COVID-19 en Cuba, ¿nosotros qué hacemos?
coronavirus, gay news, Washington Blade
(Image public domain)

 

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esa nota salió en su sitio web el 21 de marzo.

LA HABANA — Admitir que el adversario por esta vez lo ha hecho bien, es un gesto de tal madurez política que todavía no podemos permitírnoslo en Cuba. Para la oposición resulta peor: El gobierno no solo niega los aciertos que pueda tener, la desautoriza en su propio derecho a existir.

En este modelo de negación mecánica, a priori, del oponente, Fidel nunca tenía razón. Díaz-Canel, anoche, tampoco tenía razón. Igual que Fidel y sus sucesores decidieron que quienes no acatan la exclusividad política del Partido Comunista de Cuba, solo por eso, no aportan ningún argumento razonable al proyecto nacional. 

Este viernes, el gobierno compareció en pleno en la televisión por el Covid-19 en Cuba. Sobriamente, sin usar demasiadas consignas ni pedir fe en su gestión como nos tiene acostumbrados el discurso oficial, el presidente y los ministros explicaron su estrategia para que sobrevivamos al nuevo coronavirus. 

Estas medidas responden a demandas específicas de la ciudadanía, expresadas sobre todo en las redes sociales, sugirió el propio Díaz-Canel. La primera, que también fue la más solicitada en los últimos días, es el cierre parcial de las fronteras. Cuba tenía, al momento de la comunicación de anoche, apenas una veintena de diagnósticos de Covid-19. Con esta decisión, tardía para algunos, la isla va con ventaja frente a varios de los países más afectados por la epidemia, entre ellos algunos europeos, que cerraron solo cuando tenían miles de enfermos y cientos de muertos. 

Otras de las medidas anunciadas benefician discretamente, al nivel que puede permitírselo la economía cubana, a trabajadores estatales, cuentapropistas y personas con bajos recursos. La estrategia declarada ayer, incluso en lo que tiene de deficiente, soporta la comparación con la de cualquier país occidental. 

Por negar la viabilidad de todas las soluciones que vienen del gobierno, decenas de usuarios de las redes sociales, acaso cientos, se manifestaron en desacuerdo esta semana con el rescate que benefició al crucero británico Braemar. 

Lo maduro sería aceptar que, incluso si el gobierno cubano decidió socorrer al buque como una opción de prestigio y consolidar así su legitimidad, hizo lo correcto. La lectura desprejuiciada de esta decisión admite que el salvamento haya sido oportunista, pero de ningún modo que fuera incorrecto. 

El Braemar estuvo durante una semana buscando puerto sin éxito, a pesar de los buenos oficios del gobierno británico. Con cientos de pasajeros de avanzada edad y al menos cinco enfermos, el crucero estaba expuesto a una crisis humanitaria. La operación de rescate podía hacerse y al parecer se realizó con seguridad y rapidez. 

Si el gobierno cubano hace lo correcto, aunque a menudo lo haga mal, ¿hay que decirlo, incluso si uno desaprueba algunos de los conceptos y principios generales que sostienen las políticas de ese gobierno? Pues sí, hay que decirlo. Más que eso, aceptarlo con naturalidad, sin condicionar la respuesta a ningún prejuicio.

Asentir en estos casos, no por lealtad, solo por sentido común, en vez de debilitar la vocación de cuestionar nos hace más creíbles.

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