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Comunidad LGBTQ cubana combate al Coronavirus en Internet 

El país sigue durar el confinamiento por la pandemia

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Las Hermanas Algo (Foto cortesía de Las Hermanas Algo)

A Monika Fiver le dio fiebre y acudió al médico. Asiste a una consulta con una enfermera y le explica sus síntomas al compás de una popular canción infantil que advierte: “¡Cuidado que voy a estornudar, achus!” La enfermera, veloz, abre una sombrilla para protegerse de Monika, quien le atomiza el estornudo directamente a su cara con mascarilla.

“Parece que me he resfriado”, canta Monika mientras dobla el tema musical con cara de aflicción.

“Por no abrigarme bien como dice mamá, ahora estoy malita”, prosigue Monika y el musical culmina con una recomendación de paciente y enfermera a sus seguidores: “¡Mucho cuidado!” Este video, de apenas 33 segundos, parodia la actual situación de propagación del Coronavirus en Cuba, a la vez que envía un mensaje de bien público matizado con el humor de Las Hermanas Algo, un perfil de Facebook protagonizado por un dúo de drags que alertan a la comunidad LGBTQ del peligro que representa la actual crisis sanitaria.

La página comienza a ganar seguidores en la plataforma, pues las actuales condiciones han significado el cierre de clubes nocturnos, donde usualmente puede admirarse el arte del transformismo cubano. Ante esta pandemia, la comunidad LGBTQ se reinventa y multiplica iniciativas en Internet para romper las barreras de la soledad y el aislamiento, medidas impuestas por el gobierno de la isla que buscan frenar el avance del virus. Hasta el momento, Cuba ha reportado más de 75 fallecidos. La cifra de contagiados supera los 1800 con una recuperación que ronda los 1300 pacientes.

En cambio, la isla mantiene ingresados a cerca de 1050 ciudadanos y ha repatriado dos infectados a sus países de orígenes, según varios medios locales en reportes fechados el 13 de mayo. Los primeros casos confirmados en la isla se reportaron el 11 de marzo con tres turistas extranjeros de visita en la ciudad de Trinidad y desde ese entonces los contagios se han extendido por todo el territorio nacional. 

Las Hermanas Algo: Hijas del Coronavirus

Si la pandemia no hubiese arribado a Cuba, ni hubiese paralizado por entero al país, Yasmany Colina Morejón y Alfredo de Armas Leiva probablemente no hubieran dado vida a Las Hermanas Algo, un dúo humorístico drag que, a través de Facebook y YouTube, pretenden concientizar ante el actual virus y con “temas diferentes sobre la felicidad y conformidad con uno mismo”, refiere Yasmany, quien da vida a Monika Fiver, la hermana menor.

La hermana mayor la encarna Alfredo, un peluquero de 30 años, quien además actúa como Salma de Armas en varios shows nocturnos de transformismo en La Habana. Anteriormente, le había propuesto a Yasmany hacer “un poco de humor en los lugares donde ella trabaja como pasatiempo de drag queen, cosa que a mí no me parecía gracioso ni tenía el tiempo”, relata en exclusiva al Washington Blade Yasmany, quien es director de Teatro en el Conjunto Artístico Korimakao, radicado en La Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas y labora además en la Organización Internacional de Teatro Amateur en Cuba (AITA) como vicepresidente. 

“Con la llegada del Covid, se presentó el momento perfecto para iniciar nuestro proyecto”, rememora Yasmany. “Ya desde hace un tiempo teníamos la idea clara de lo que queríamos: ella, la glamurosa señora de sociedad y yo la mujer social libre y ante todo, graciosa. Luego hicimos un estudio de lo que más gustaría a las personas y arrancamos. Nos dimos tiempo y gustamos porque en menos de 24 horas teníamos miles de reproducciones”.

Ese primer video lo titularon Hipoclorito+nasobuco y lo lanzaron el 15 de abril. En un doblaje del tema Macorina combinan el uso de las medidas sanitarias con situaciones hilarantes. Hasta el momento acumula más de 2000 reproducciones con 107 comentarios. El resultado que aprecian los seguidores dentro y fuera de Cuba es el fruto de “un trabajo en equipo de seis personas, donde cada uno propone una historia que se relaciona la problemática que más nos afecta, el Covid, y luego grabamos. Nos sentamos y elegimos las mejores escenas y las que sabemos que causarán buena aceptación en los seguidores”, señala Yasmany.

Este novel dúo se suma así a la larga lista de hermanas en la historia musical cubana. Las preceden Las Martí, Las Lago, Las Márquez, Las Benítez, entre otras y quisieron parodiar esa tradición. Las Algo, en cambio, son hermanas solo en escena, pero coincidentemente  

“Yasmany y yo nacimos el mismo día, del mismo mes, pero de diferentes años”, apunta Alfredo. 

Según Yasmany, el nombre del proyecto nació de la imposibilidad de encontrar uno, pero “nos dimos cuenta que ‘Algo’ sugería más que cualquier otro. Nos quedamos con ese”, detalla Yasmany. 

Es una iniciativa aún muy joven, mas, acumula ya cerca de 1500 seguidores en Facebook y dan sus primeros pasos en su canal de YouTube, donde seguirán situando “mensajes de bien público”. La intención de Las Hermanas … , al decir de Yasmany, “es contribuir para ayudar a que nos quedemos en casa y si tienen algún problema acudir al médico. Sobre la marcha nos dimos cuenta del hilo que queríamos seguir y qué historias contar: historia sobre el encierro en casa y sobre el Covid”.

Los protagonistas afirman que la buena retroalimentación con sus seguidores es lo que los ha impulsado a seguir trabajando, aún en estas condiciones tan difíciles. 

“Creo que en un tiempo tendremos más público del soñado, lo que más me complace son los comentarios que nos hacen y cómo nosotros por cortos minutos les hacemos olvidar todo con nuestros videos graciosos. Eso me hace estar satisfecho y que estoy haciendo un bien social”, señala la hermana Monika.

En un repaso por la página de Las Hermanas … puede comprobarse la aceptación que entre la comunidad LGBTQ han alcanzado. 

“¡Qué buenas son, qué talentos tienen esas Hermanas Algo! ¡Me quito el sombrero de verdad! ¡Qué rico ver sus videos cada día! Sacan mi mejor sonrisa … bueno y carcajadas …”, escribió el usuario Yai Angel, mientras que Julio Mitjans Cabrera les comentó en uno de los videos: “Ustedes sencillamente son geniales, Dios me las bendiga siempre, quisiera conocerlas, hablar con ustedes de lo que hacen”.

Sin embargo, subir audiovisuales a la red de redes puede ser en Cuba una experiencia traumática, debido a los altos precios de los paquetes de datos y, sobre todo, por la lenta conectividad, que le ha valido a ETECSA, el monopolio de las telecomunicaciones en la isla, no pocas críticas. 

“En parte quizás eso es lo que nos ha motivado la necesidad de superar esas necesidades, que no son las únicas que enfrentamos en nuestro país y así satisfacer nuestro espíritu artístico” apunta Alfred. “Sin contar los planes de Internet aquí son un caso. Tenemos que esperar a la una de la mañana, que es a mitad de precio para subirlos”.

Es toda una estrategia para sortear las limitaciones de la conectividad, detalla Yasmany. “Los videos los hacemos bien cortos para que no consuman tanto Internet y nuestros seguidores puedan verlos y por eso lo hacemos siempre alegres para que, a pesar de la complejidad de la vida, existan risas en breves segundos y no pensar que la cosa está realmente dura”. 

“A pesar del trabajo se disfruta el resultado, de lo malo también salen cosas buenas. Tratamos de subir videos una vez por semana, en dependencia de la edición, conexión y los guiones”, agrega Alfredo.

Yasmany y Alfredo aseguran que Las Hermanas han llegado para quedarse. Cuando esta situación extraordinaria que mantiene al mundo paralizado concluya, el proyecto pretende crecer con nuevas ideas. Yasmany dice que quieren “salir a la calle y hacer historias en lugares diferentes. Queremos ir a una cola, montar en un bus, ir a la playa, cosas así. Recrear la historia de la vida cotidiana. Las hermanas llegaron para trascender”. 

Yasmany Colina Morejón (izquierda) y Alfredo de Armas Leiva se maquillan. (Foto cortesía de Las Hermanas Algo)

El youtuber y activista independiente que quiere mostrar a Cuba 

Jancel Moreno es uno de los activistas LGBTQ independientes más incansables en el ciberespacio cubano. Administra Dame la mano, una página temática de Facebook con casi 13000 seguidores, donde comparte historias, fotos, infografías e invita a toda la comunidad a caminar de la mano sin miedo; reporta en streaming tres veces por semana los acontecimientos más trascendentales de la isla para un medio independiente, una labor que roza los bordes del periodismo ciudadano, presente también en su canal de YouTube.

Aunque no estudió propiamente Periodismo, sus dotes naturales de comunicador lo hacen moverse ágilmente entre la información que circula en las redes sociales, especialmente ante la actual contingencia de salud. Su canal de YouTube es otra muestra de cómo la comunidad gay cubana aporta a visibilizar la verdadera situación en la isla en estos tiempos de pandemia global. 

En su recién estrenado canal se visualizan vídeos que cuestionan la falta de alimentos en las tiendas de propiedad estatal cubanas, la seguridad de las mascarillas caseras así como otros con temas del complejo escenario político de la isla como el Decreto 370, que regula y sanciona la libertad de expresión de los ciudadanos en Internet y las polémicas generadas por el conglomerado de las telecomunicaciones de Cuba, ETECSA.

“Yo quiero mostrar Cuba”, sostiene Jancel en entrevista con el Blade. “Ya hay muchos cubanos en YouTube y bien populares, pero siento que falta algo, y ese algo es poder contrastar la realidad con lo que sucede en las redes. Quiero que las personas sientan, vean, analicen lo que sucede. El canal es bien joven y apenas pasa de los 300 suscriptores, pero siento que se hacía necesario. Por ejemplo, hay una serie que estoy haciendo ´Desmontando Bolas´, que busca verificar o eliminar las noticias falsas (fake news) que se riegan como polvo por el ciberespacio cubano”.

Para su trabajo Jancel estudia las redes. Busca temas de interés para los cubanos dentro y fuera de Cuba y confecciona los audiovisuales luego de un proceso de producción que suele ser bastante complejo. “Los youtubers cubanos no contamos con todos los recursos, y aunque existe ya el Internet móvil, sus altísimos costos complican un poco más la distribución y la descarga de materiales de apoyo para los audiovisuales. Escribo un guión, siempre trato que sea lo más ameno y entendible por todos. Acercar los temas a cualquier espectador es algo fundamental”.

Sin embargo, esa inclinación por documentar lo que sucede a su alrededor nació mucho antes de esta etapa de confinamiento. Cubrió una protesta en contra del maltrato animal, lo que le abrió las puertas de ADN Cuba, una web independiente que narra la realidad de la isla. Allí entrevistó a varias personalidades de la sociedad civil cubana como Iliana Hernández, Luis Manuel Otero, Maykel González Vivero, entre otros y comenzó a realizar transmisiones en vivo donde mostraba lugares de la isla mientras se debatían los temas principales de la jornada.

“El espacio fue ganando aún más terreno y hoy se transmite lunes, miércoles y viernes a las 3:30 p.m. Es como un dossier de algunos temas que suceden en Cuba. Trato de darle voz a la mayor cantidad de espectadores posibles. Pero si te soy sincero, estoy cumpliendo mi sueño. Cuando era niño me paraba frente al espejo de mi mamá y leía todas las noticias que podía copiar del noticiero. Y es algo que marca, que te enseña y en muchas ocasiones te hace bastante fuerte”.

Jancel Moreno, un youtuber y activista en Cuba, trabaja en su hogar. (Foto cortesía de Jancel Moreno)

Yaima Pardo, directora de contenido multimedia de ADN Cuba, afirma que el aporte de Jancel ha sido esencial. 

“Es la mirada de una Cuba nueva, diversa y desprejuiciada. Sus capacidades para comunicar son innatas y siempre lo hace desde el respeto”, dice Yaima. “Yo lo quiero muchísimo y creo que representa el pensamiento de jóvenes preocupados por el futuro de su país. Jancel va a dar de qué hablar como comunicador porque le gusta lo que hace y es un gran observador de su sociedad y un grandísimo ser humano”.

En las transmisiones en vivo a través de la página de Facebook de ADN Cuba Jancel brinda un reporte actualizado de la propagación del Coronavirus con las nuevas cifras y territorios infectados así como otras informaciones de relevancia para la comunidad digital. Asimismo, responde a preguntas de los cibernautas en un diálogo respetuoso y ameno, que se extiende aproximadamente por 30 minutos. 

“Lo más complicado de esto, es que sabes que estás siendo vigilado constantemente por las autoridades. Cuando acabo una directa me tiembla el párpado del ojo como por 30 minutos, porque sé que mi teléfono puede sonar en cualquier momento para cuestionarme, amenazarme o cualquier cosa. El trabajo en vivo es bien complejo, pues nunca faltan los trolls, que buscan destruir lo que tienes que decir con ofensas homofóbicas y demás. Tampoco falta nunca el apoyo de buena parte del público, que entiende el esfuerzo que uno hace por llevar la información, y hasta te defienden de los ataques en medio la transmisión”.

Según Jancel, la plataforma de ADN le ha brindado la posibilidad de estudiar periodismo con la práctica. 

“Creo que eso es lo más importante”, dice. “Yo no puedo estudiar nada en mi país, así que no me queda de otra que aprender sobre la marcha, y es lo que estoy haciendo”. 

Y es que al declararse activista LGBTQ independiente al CENESEX, la institución que desde el régimen dictamina el trabajo de la comunidad gay, y ha manifestado su inconformidad con las políticas del gobierno, Jancel se vio obligado a abandonar su carrera de Medicina, pues las universidades cubanas no dan espacio para quienes difieran de la dictadura.

“Como periodista lo que más he recibido son llamadas para cuestionar mi trabajo, y como tratar de crear algún tipo de vínculos. Llamadas que siempre me dejan temblando, pero ya muchas veces ni siquiera respondo. Es mejor a veces no escuchar. Sin embargo, en medio de transmisiones me han comentado perfiles falsos que me pueden aplicar el Decreto 370 por difundir ‘noticias falsas’, algo que, si te soy sincero, todavía estoy esperando que suceda”.

Desde su posición como activista también ha sido seguido de cerca por las hordas de la Seguridad del Estado cubano, quienes han saboteado sus convocatorias para besadas públicas, banderas humanas y en la marcha independiente de la comunidad del pasado 11 de mayo, donde se reportaron varias detenciones y abusos por parte de los agentes y de la Policía hacia los participantes. 

“Ese día fue el más negro. Me amenazaron a mí, a mi mamá y a mi hermanita que tenía 8 años. Yo había ido a trabajar y cuando regresé mi mamá estaba envuelta en lágrimas porque un hombre la había visitado y le había dicho que si yo salía me iban a llevar preso por contrarrevolución”.

“No había ninguna patrulla su estrategia fue sembrar el miedo a mi mamá”, narra Jancel. “Tuve que engañarla para poder ir ese día. Al final no me detuvieron y la marcha se hizo. Pero la amenaza y la imagen de mi mamá pidiéndome que dejara todo llorando no creo que se borren nunca de mi mente”.

Este 11 de mayo, a un año de esos sucesos, Jancel junto a otros activistas convocaron a un Foro Debate Virtual desde su página Dame la Mano para comentar sobre los retos en la construcción de una ciudadanía sexodisidente, el matrimonio igualitario y referendo así como otros tópicos. Sin embargo, Dame la Mano fue hackeada y a Jancel le cortaron el servicio de Internet desde las 11 de la mañana y hasta casi las 7 de la noche, una macabra técnica utilizada por el régimen para impedir la realización del evento digital. 

Unas pocas horas después en un post de Facebook, Jancel agradeció la ayuda en la recuperación de la página y la realización del Foro, pese al ciberacoso gestado por la dictadura. “Soy sincero y era algo que esperaba desde que se creó un perfil falso con mi nombre ( … ) A pesar de todo, el año del 11 de mayo fue un éxito ( … ) Espero algún día volvernos a encontrar todos juntos rememorando esta fecha en el Prado (de La Habana) sin temor a nada”.

Ninguna de estas “estrategias” ha detenido a Jancel. Cree profundamente en el poder de las redes sociales y su fuerte incidencia en nuestra forma de ver el mundo, especialmente en esta cuarentena. En su opinión, la comunidad carece de una organización realmente inclusiva. Aun así, “hemos visto médicos, estudiantes LGBTIQ hacerle frente a la pandemia en primera línea. Iniciativas ciudadanas de ayuda a las personas vulnerables, donaciones y seguro veremos más muestras de humanidad frente a todo esto. Ojalá todos contáramos con el apoyo y los recursos para multiplicar las acciones. Este período de crisis ha demostrado lo sensible que podemos llegar a ser y lo solidario también”.

Recetas de una habanera para sazonar la cuarentena

A Kiriam Gutiérrez Pérez la pasión por la cocina le entró desde pequeña, de la mano de su abuela postiza Evangelina Caraballo. Transitó a la adolescencia con las vicisitudes del Período Especial, una de las más crudas etapas de recesión económica que padeció el pueblo cubano por la caída del campo socialista a inicios de los noventa. Y “ya sabes, a inventar se dijo … ”, recuerda Kiriam. “Así fue creciendo en mí el amor por la cocina”.

Esa misma necesidad de crear con tan poco, con lo que hubiera, impuesta por los desabastecimientos alimentarios, que se mantienen hasta estos días, multiplicados ahora por la presencia del Coronavirus en el archipiélago, impulsó a Kiriam a crear el grupo de Facebook Recetas de una habanera para brindarle “a los cubanos y cubanas recetas fáciles y económicas en tiempos de crisis”.

Kiriam es actriz y presentadora. Fue la primera mujer transgénero en hacer cine, televisión y videoclips musicales en Cuba. Ha trabajado en 12 filmes y otros tantos documentales. Ha protagonizado con su imagen varias campañas de salud y fue evaluada como actriz por el Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas de la isla en 2014. Asimismo, conduce en las noches varios espectáculos de transformistas.

“Ahora mismo estoy sin trabajo, como la mayoría de los artistas”, lamenta. “En espera que todo esto termine y poder regresar a la normalidad”.

Sin embargo, esta “anormalidad” que viven los cubanos no detuvo a Kiriam. Combinó su plan de datos de Internet, su amor por el arte culinario y mucho tiempo libre para compartir sus creaciones en la cocina con los más de 2400 integrantes de su grupo que, pese a ser inaugurado el 30 de marzo de este año, adiciona casi 100 personas diarias.    

“Para mí sorpresa se han sumado personas de muchos países. Artistas cubanos, músicos, actores y actrices, youtubers, activistas cubanos y cubanas LGBTQ y otras figuras públicas que colaboran con mensajes para la prevención y el cumplimiento de las medidas de seguridad y disciplina social”, sostiene Kiriam. 

Kiriam Gutiérrez Pérez en su cocina en La Habana (Foto de cortesía)

En Recetas de una habanera, está prohibido publicar o promocionar temas políticos y sexuales, lo que las personas agradecen, según Kiriam. “Me enorgullece mucho que, a pesar de ser una mujer transgénero, he logrado que muchísimas personas sin importar identidad sexual, género, razas o religiones estén en el grupo compartiendo ideas, técnicas, soluciones y unidos por el amor a la cocina”.

Los halagos y las publicaciones en el grupo son constantes. En la página predominan las creaciones puramente cubanas así como platos internacionales, modificados con los ingredientes a los que el cubano promedio tiene acceso. “Yo estoy desde el principio en tu página, solo que nunca me había gustado publicar comida. Pero debo decir que he aprendido muchísimo de recetas culinarias que no sabía que existían y las he hecho para mi familia”, escribió Rafael Alegna Fleitas. 

Por otra parte, Idra María Roca, otra integrante del grupo, aplaude la idea “porque hace que socialicemos un poco más entre todos desde tantas partes del mundo. No soy dada a escribir en otras páginas, pero en la tuya me siento en casa y me encanta poder llegar a la cocina de tantos amigos gracias a ti”.   

Kiriam ha creado decenas de recetas, que comparte a diario con sus seguidores digitales. Sin embargo, resaltan las que ha concebido especialmente en este tiempo de aislamiento como croquetas de ajo, guisado habanero de papas, crema de mantequilla a la Maravilla, espaguetis de cuarentena, popurrit de cuarentena, entre otras. “Muchas personas las han hecho y las han publicado ya en el grupo. Incluso, me han llamado aquí a la casa para darme las gracias. Estoy muy feliz de saber que ha servido para algo el grupo.”

Una comida de Kiriam (Foto de cortesía)

Cuando la creadora de Recetas … hace directas en vivo y cocina en demasía comparte con sus vecinos los platillos.

“Y a veces juntamos productos y yo cocino para ellos”, refiere.

Kiriam se ha convertido en una especie de consultora culinaria, un libro de recetas interactivo online que perdurará cuando esta situación extraordinaria concluya, declara. Sin embargo, su ambición en el mundo de las cocinas va mucho más allá de la red de redes: “sueño algún día trabajar en un restaurante o tener mi propio negocio”.

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Ecuador

Caso Karlina: Una sentencia histórica contra las terapias de «conversión»

Karlina Quiroz, una mujer trans de Chone, fue internada contra su voluntad

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(Foto cortesía de Edición Cientonce)

Edición Cientonce es el socio mediático del Washington Blade en Ecuador. Esta nota salió en su sitio web el 17 de septiembre.

La última vez que Karlina Quiroz, una mujer trans de 57 años, salió sola a la calle en Chone, terminó encerrada contra su voluntad en un centro de rehabilitación donde intentaron “corregir” su identidad de género mediante humillaciones, amenazas y agresiones.

Han pasado cinco años desde ese episodio, ocurrido en 2021; y el 11 de septiembre de 2026 Karlina por fin obtuvo justicia. 

La Fiscalía informó, el 14 de septiembre, que el Tribunal de Garantías Penales de Chone sentenció a seis personas por actos de odio contra Karlina, al ser víctima de violencia basada en su identidad de género.

Entre los seis sentenciados están sus dos hermanos, que —según la denuncia de Karlina— ordenaron su encierro a este centro.

El caso de Karlina refleja el odio y la violencia hacia personas trans en Ecuador y vuelve a poner bajo la lupa la existencia de centros conocidos como clínicas de “deshomosexualización” o espacios de “terapias de conversión”.

De acuerdo con la denuncia presentada por Karlina, en julio de 2021 fue interceptada por varios hombres y trasladada contra su voluntad a un centro para el tratamiento de adicciones ubicado en Chone, Manabí, en la vía a Pedernales. Allí permaneció retenida y sometida a tratos degradantes, violencia psicológica y agresiones físicas.

Según su testimonio, durante el encierro recibió insultos relacionados con su identidad de género y amenazas orientadas a “modificarla”.

Karlina denunció, además, que esta no habría sido la primera vez. Según su relato, en 2019 permaneció aproximadamente tres meses internada de manera forzada en otro centro de rehabilitación, también ubicado en la vía a Pedernales, en Chone. Durante ese período habría sido sometida a dinámicas similares de aislamiento, control y presiones dirigidas a modificar su identidad y expresión de género.

Según información de la Fiscalía, en septiembre de 2021, como parte de las diligencias investigativas, se allanó el centro clandestino en Chone. Allí se recabaron indicios relacionados con el internamiento forzoso de Karlina durante tres meses.

Con esos y otros elementos de convicción obtenidos durante la investigación, la Fiscalía inició un proceso penal contra las seis personas, quienes fueron luego llamadas a juicio.

El proceso, explicó Karlina, incluyó los dos casos: el de 2019 y 2021. “El crimen se investigó desde que comenzó la primera gota de sangre”, señaló Karlina, en alusión a la violencia física que sufrió en su primer encierro.

De los seis sentenciados, tres fueron condenados como autores directos a cuatro años de pena privativa de libertad. Se trata de los dos hermanos de Karlina y un sobrino, por ordenar su encierro al centro de adicciones.

Los otros tres recibieron una pena de dos años, como cómplices.

De acuerdo con Karlina, uno de ellos es el director del primer centro al que fue ingresada contra su voluntad en 2019 por tres meses, y los otros dos son quienes la interceptaron la segunda ocasión, en julio de 2021, para llevarla al centro. Ella los señala como “capturadores” de las personas que son recluidas en los centros. 

“Cuando recibí la noticia (el viernes 11 de septiembre durante la audiencia de juzgamiento) no podía creerlo. Las piernas me temblaron y las lágrimas se me salieron. Estoy tranquila y satisfecha”, señaló Karlina en una llamada telefónica.

Para Pedro Gutiérrez, abogado especialista en derechos humanos, la sentencia es importante no solo por reconocer un delito de odio, sino también por las características de los hechos: el ingreso (por orden de sus hermanos) a un centro de “deshomosexualización” en el que se cometen actos de tortura y violencia física.

Durante la audiencia, constó el testimonio de Karlina. La Fiscalía también presentó el informe de reconocimiento del lugar de los hechos, la inspección ocular técnica, el levantamiento de evidencias y los testimonios de personas que confirmaron que los actos de violencia por perjuicio hacia su identidad de género fueron ejecutados de manera reiterada por los ahora sentenciados.

El caso volvió a poner la atención sobre las llamadas terapias de conversión en Ecuador, prácticas ampliamente cuestionadas por organismos internacionales de derechos humanos y señaladas como formas de tortura o violencia psicológica. Aunque el Estado ecuatoriano ha realizado operativos y clausuras de algunos centros en los últimos años, organizaciones sociales sostienen que estos espacios continúan funcionando de manera clandestina o bajo otras denominaciones.

La legislación ecuatoriana penaliza los actos de tortura con la intención de modificar la orientación sexual o identidad de género, pero no existe una sanción contra los centros que ofrecen las denominadas terapias de conversión. 

En 2020, la Asamblea aprobó el Código Orgánico de Salud y una de sus disposiciones fue prohibir expresamente este tipo de terapias, pero fue vetado totalmente por el expresidente Lenín Moreno en medio de una campaña de sectores antiderechos. 

La sentencia también dispuso, como reparación integral a favor de Karlina, tratamiento psicológico e indemnizaciones por daños materiales e inmateriales.

Gutiérrez considera que la reparación para Karlina es limitada, pues -por ejemplo- no hay llamados de atención al Ministerio de Salud o disculpas públicas a la víctima. 

“Mi nombre es Ariel Karlina Zambrano, soy una mujer trans de Chone, Manabí. Desde niña supe que quería ser mujer, quería ser bonita, libre. Pero mi familia nunca lo aceptó. Mis hermanos y mi padre, profundamente machistas, me maltrataban constantemente”, contó Karlina en un testimonio en 2025 que recogió el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH).

Para activistas y defensores de derechos humanos, el caso de Karlina evidencia además un patrón de violencia que suele permanecer oculto dentro de círculos familiares, religiosos y comunitarios. En muchos casos, explican, los internamientos forzados son promovidos bajo la idea de “corregir” orientaciones sexuales o identidades de género consideradas inaceptables.

Karlina intentó vivir en Chone, creyendo que con la denuncia y las medidas cautelares estaba a salvo, pero su hermano le pagaba a personas para que la acosaran, según su relato. Por ello, tuvo que esconderse por meses.

Las personas trans en Ecuador enfrentan altos niveles de discriminación, violencia y exclusión social, especialmente fuera de las grandes ciudades. Según la Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Vida de la Población LGBTI+ del INEC, el 53,5 por ciento de las personas LGBTQ mayores de 18 años en el país ha sufrido algún tipo de discriminación o violencia a lo largo de su vida, siendo el entorno familiar uno de los principales espacios de agresión.

En materia de violencia letal, organizaciones como Asociación Silueta X y el Observatorio Runa Sipiy documentaron 30 asesinatos de personas LGBTQ y transfemicidios en Ecuador durante 2025. De esos casos, alrededor del 70 por ciento corresponden a mujeres trans, lo que las posiciona como el grupo más expuesto a crímenes de odio y violencia extrema.

Diversas organizaciones de derechos humanos han advertido además sobre la persistencia de centros de “deshomosexualización” o internamientos forzosos, prácticas denunciadas desde hace más de una década en Ecuador pese a prohibiciones estatales y operativos de control insuficientes.

El caso de Karlina pone a prueba algo más grande que una sentencia individual: si Ecuador está dispuesto o no a reconocer que estas prácticas siguen existiendo y que la violencia contra personas LGBTQ continúa ocurriendo, muchas veces con la complicidad o el silencio de sus propios entornos familiares.

“Con mi caso, debe quedar un precedente. Debemos luchar contra el odio que podemos encontrarlo dentro de nuestras propias familias. Por nuestra libertad y derechos, debemos luchar”, indicó Karlina.

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El Salvador

Mujer trans salvadoreña es encontrada sin vida

La muerte de Yoisi Villalta vuelve a poner sobre la mesa la violencia

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Yoisi Villalta

SANTA ANA, El Salvador — La muerte de Yoisi Villalta, mujer trans y vendedora de tortas en Texistepeque, Santa Ana Norte, ha vuelto a colocar en el centro del debate una realidad que durante años ha acompañado a la población LGBTQ en El Salvador: la violencia no termina con una agresión o con una muerte. También puede manifestarse en la manera en que una persona es buscada, nombrada, registrada, despedida y recordada.

Villalta fue reportada como desaparecida por su familia a finales de agosto de 2026. Días después, medios de comunicación y plataformas digitales informaron sobre el hallazgo de su cuerpo sin vida. Un reporte publicado el 5 de septiembre señala que el cuerpo fue localizado en Tacuba, Ahuachapán, ocho días después de su desaparición, mientras que la Policía Nacional Civil no había confirmado hasta entonces la causa de muerte ni clasificado oficialmente el caso como homicidio intencionado. 

La precisión es importante; hasta el momento no debe afirmarse como un hecho que Yoisi haya sido víctima de un crimen de odio o de un homicidio motivado por su identidad de género, mientras no exista una investigación oficial que determine las circunstancias y causa de su muerte. Lo que sí existe es una profunda preocupación expresada por organizaciones de la sociedad civil y por personas de la comunidad LGBTQ, especialmente ante el contexto de violencia y discriminación que históricamente han enfrentado las mujeres trans en El Salvador.

Una mujer detrás de una noticia

Antes de convertirse en noticia, Villalta tenía una vida. Era una mujer trans que trabajaba como vendedora de tortas en Texistepeque. Desde su negocio desarrollaba una actividad cotidiana para ganarse la vida, pero también había convertido aquel espacio en una expresión de solidaridad con su comunidad.

De acuerdo con la información difundida por organizaciones LGBTQ, Villalta compartía alimentos con las brigadas de salud sexual que realizaban jornadas en la zona. Esa faceta de su vida permite verla más allá de las circunstancias de su muerte: como una mujer trabajadora, solidaria y vinculada a acciones comunitarias.

La Federación Salvadoreña LGBTI pidió precisamente que su memoria fuera abordada desde esa perspectiva. En el mensaje difundido tras conocerse su muerte, la organización llamó a recordarla por “su vida, su trabajo, su generosidad, y sobre todo desde su nombre”, y pidió que su historia no fuera reducida al morbo.

Ese llamado resulta especialmente importante en tiempos en que las redes sociales pueden convertir una tragedia humana en una sucesión de comentarios, fotografías, especulaciones y publicaciones hechas sin sensibilidad. Una persona fallecida no deja de tener dignidad.

Y una mujer trans no deja de ser mujer porque haya muerto.

El derecho a ser nombrada

Uno de los aspectos que más indignación ha provocado en torno al caso es el tratamiento de la identidad de Villalta durante la búsqueda. Organizaciones y personas cercanas han denunciado que durante el proceso de búsqueda se utilizó el nombre que aparece en su Documento Único de Identidad (DUI), en lugar del nombre con el que Villalta vivía y era reconocida socialmente.

Este aspecto no es meramente una cuestión semántica. Para las personas trans, el nombre puede representar una parte fundamental de su identidad y de la manera en que construyen su vida frente a la sociedad. Ser reconocidas por el nombre con el que se identifican constituye también una forma de respeto.

En el caso de Villalta, la Federación Salvadoreña LGBTI expresó que negar el nombre y la identidad de una persona trans también constituye una forma de violencia. La situación adquiere una dimensión todavía más compleja en El Salvador, donde continúa sin existir un mecanismo legal general que permita a las personas trans modificar su nombre y marcador de género en sus documentos de identidad conforme a su identidad de género.

Así, una persona puede construir durante años una vida social, familiar, laboral y comunitaria con un nombre determinado y, sin embargo, encontrarse ante instituciones que continúan identificándola exclusivamente mediante los datos registrales que no corresponden a la identidad con la que vive. El caso de Villalta vuelve a evidenciar esa tensión entre la identidad vivida y el reconocimiento institucional.

Un problema que va más allá de un solo caso

El caso de Villalta ocurre en un país donde las organizaciones de derechos humanos han advertido durante años sobre la violencia y discriminación que afectan a la población LGBTQ. La información disponible también muestra un problema relacionado con la documentación de estos hechos.

Organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado la ausencia o insuficiencia de registros públicos actualizados y desagregados que permitan conocer con precisión cuántos delitos violentos afectan a personas LGBTQ y cuántos de ellos tienen como posible motivación la orientación sexual, identidad o expresión de género. La falta de información no significa necesariamente ausencia de violencia. Por el contrario, puede hacerla más difícil de identificar.

Un crimen que no registra la identidad de género de la víctima, o que no investiga adecuadamente una posible motivación relacionada con prejuicios, termina incorporándose estadísticamente como un hecho aislado, sin permitir comprender patrones. Ese problema tampoco es exclusivo de El Salvador. Sin embargo, en el país constituye una preocupación recurrente para las organizaciones que documentan vulneraciones contra personas LGBTQ.

301 denuncias en 2025

Un indicador permite dimensionar que el problema trasciende los homicidios. El Informe 2025 sobre las vulneraciones de los derechos humanos de las personas LGBTQ en El Salvador, elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos LGBTIQ+ de ASPIDH con apoyo de Hivos y Arcus Foundation, registró 301 denuncias de vulneraciones de derechos entre el 1 de enero y el 22 de septiembre de 2025. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también recogió estos datos en su informe anual. 

Según esa información, las mujeres trans representaron el 53,5 por ciento de las víctimas registradas y los hombres gays el 26,6 por ciento. El informe también señaló como principales presuntos responsables a cuerpos uniformados, entre ellos la Policía Nacional Civil, los cuerpos de agentes municipales y militares desplegados bajo el régimen de excepción. 

Estos datos deben leerse con cautela: se trata de denuncias de vulneraciones de derechos, no de una cifra de homicidios ni de todos los casos ocurridos en el país.

Pero muestran algo importante: la violencia contra las personas LGBTQ no puede analizarse exclusivamente desde los asesinatos. También existe violencia en la discriminación, en el acceso a servicios, en el trato institucional, en la familia, en el trabajo, en los espacios públicos y en la imposibilidad de ejercer plenamente derechos fundamentales.

El precedente de Zashy Zuley

La historia reciente de El Salvador ofrece antecedentes que ayudan a comprender por qué el caso de Villalta genera preocupación. En abril de 2021 fue asesinada en San Miguel Zashy Zuley del Cid, una mujer trans y activista vinculada al trabajo comunitario de personas LGBTQ.

ACNUR condenó entonces su asesinato y señaló que Zuley había sido previamente desplazada de su hogar debido a amenazas. La agencia de Naciones Unidas explicó que trabajaba junto con COMCAVIS TRANS para apoyarla en un proceso de emprendimiento y medios de vida. 

Su muerte también puso en evidencia otra forma de violencia: después de morir, hubo dificultades para que su identidad de género fuera respetada durante sus honras fúnebres. Medios que documentaron el caso señalaron que fue sepultada con una expresión masculina y que existieron obstáculos para la participación de personas LGBTQ cercanas a ella. 

El caso de Zuley se convirtió así en un símbolo de una problemática que tiene dos dimensiones: la violencia contra el cuerpo y la violencia contra la identidad.

Más de cinco años después, la muerte de Villalta vuelve a colocar ambas preocupaciones en la conversación pública.

¿Dónde están los datos oficiales?

Una de las preguntas que surgen nuevamente es cuántos casos de violencia contra personas LGBTQ han ocurrido en los últimos años y cuántos han sido investigados considerando una posible motivación por prejuicio.

La ausencia de información pública reciente y desagregada dificulta responder.

Esta falta de datos no solo afecta a las organizaciones defensoras de derechos humanos. También afecta a las instituciones encargadas de diseñar políticas públicas, prevenir la violencia y garantizar justicia.

Si no sabemos cuántos casos existen, dónde ocurren, quiénes son las víctimas, qué tipos de violencia se presentan y qué resultados tienen las investigaciones, resulta mucho más difícil diseñar respuestas adecuadas. La documentación independiente adquiere entonces un papel fundamental, aunque nunca debería sustituir la obligación del Estado de generar estadísticas confiables y transparentes.

El desafío de no olvidar

El caso de Villalta vuelve a plantear una pregunta incómoda para El Salvador:

¿Qué ese está haciendo para que las personas LGBTQ puedan vivir y morir con dignidad? La respuesta no puede depender únicamente de las organizaciones LGBTQ, de las familias o de las comunidades.

Requiere instituciones que registren adecuadamente los hechos, investigaciones que determinen responsabilidades, y de acuerdo con activistas de sociedad civil, también “se necesita un Estado que cree y promueva políticas de prevención y que reconozca la identidad de las personas diversas, formación de funcionarios y una sociedad que comprenda que la diversidad no disminuye el valor de ninguna persona”. Por ahora, las circunstancias de la muerte de Yoisi dejan muchas dudas en lo sucedido y no corresponde afirmar que se trató de un crimen de odio sin una determinación oficial de una investigación que no existió.

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Honduras

Realidad LGBTQ en Honduras: fuga o muerte

Observatorio KAI+: 35 asesinatos anti-LGBTQ en 2026

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Tegucigalpa, Honduras, en 2022. Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. (Foto de Michael K. Lavers por el Washington Blade)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 21 de agosto.

TEGUCIGALPA, Honduras — Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. Las mujeres trans encabezan las víctimas mortales con 11 casos, seguidas de los hombres gay con 10.

Esa es la realidad de las poblaciones sexualmente diversas que pinta el boletín número 14 del Observatorio de Violencia hacia las Personas LGBTI+ de Honduras KAI+, correspondiente al período de enero al 8 de agosto de 2026.

Según el informe, los departamentos con mayor concentración de asesinatos son Francisco Morazán (12), Cortés (5) y Comayagua (4). Sin embargo, el dato más revelador de la impunidad es que los 35 casos permanecen en etapa de investigación preliminar, con apenas dos capturas reportadas.

«No queremos vivir con miedo»: defensores

Lucía Barrientos, de la Asociación Ixchel, resume el sentimiento colectivo. «Hoy las personas LGBTI en Honduras vivimos en estado de alerta. Muertes que, al hacer un análisis, tienen una conmoción de que muchas personas de nuestra población han sido torturadas, que han sido crímenes de odio», señala. 

Barrientos subraya que en el país no hay una ley que tipifique el crimen de odio, lo que deja a la población en un limbo legal y expuesta a la violencia sin protección efectiva.

Entretanto, Jennifer Córdoba, de la Colectiva de Mujeres Trans Muñecas de Arcoíris, lamenta que las autoridades no estén haciendo nada para defender los derechos humanos. 

«Ver ese tipo de violencias en el país que se incrementan, ver que las autoridades de nuestro país no están haciendo nada para la defensa de los derechos humanos, no crear una política pública que respete los derechos humanos de la población LGTBI», afirma Córdoba.

Violencia generalizada y discriminación sistemática

Los 195 casos de violencia generalizada incluyen amenazas (19), maltrato familiar (25), abuso de autoridad (14), discriminación por orientación sexual o identidad de género (14), lesiones (10) y agresiones sexuales. Las mujeres trans son nuevamente las más afectadas, con 32 casos registrados. 

Dany Montesinos, de la Asociación LGBTI Kukulcán, advierte: «Esta es una violencia general, estructurada. No tenemos un patrón determinado. La alerta que estamos poniendo es que, en comparación con otros años, esto está siendo más creciente».

Un elemento crítico señalado por el boletín es que casi el 70 por ciento de los casos de violencia generalizada (137 de 195) carecen de categorización desagregada sobre la orientación sexual o identidad de género de la víctima, lo que evidencia la ausencia de protocolos adecuados por parte de las instituciones estatales y una invisibilización sistemática.

Migración forzada, huir para vivir

Entre los hallazgos más dolorosos está la asistencia a 11 personas LGBTQ que han buscado refugio en el extranjero. Ocho se han ido a Estados Unidos, dos a España y una al Reino Unido. Los motivos incluyen amenazas, discriminación, abuso de autoridad, agresiones sexuales y físicas. 

Como señala un testimonio: «Tuvieron que irse, se vieron obligadas a huir por amenazas, por la discriminación, por el abuso de autoridad y agresiones sexuales. Estos datos nos muestran que la migración de las personas LGBTI no responde únicamente a razones económicas, sino a la necesidad urgente de proteger su vida y sus derechos».

Recomendaciones ante un Estado ausente

El boletín concluye con un llamado urgente al Estado hondureño. Exige fortalecer las investigaciones de muertes violentas e implementar políticas públicas de protección integral. Además, capacitar a funcionarios en diversidad sexual y derechos humanos y garantizar que los casos avancen más allá de la etapa preliminar.

Barrientos lo resume con claridad. «Exigimos al Estado respuestas inmediatas, justicia y protección real para nuestra población. No queremos retroceder, no queremos volver atrás, no queremos vivir con miedo, no queremos salir a la calle y saber que no puedo expresar mi amor hacia mi pareja o hacia otra persona porque puedo amar y ser muerta».

El Observatorio KAI+ recuerda que detrás de cada cifra hay seres humanos: madres, padres, hijos, hermanos y familias que dependen de ellos. La indiferencia institucional, advierten, no puede seguir siendo una puerta abierta a la impunidad.

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