October 10, 2018 at 9:00 am EST | by Claudia Padrón Cueto
La iglesia en Cuba donde Dios ama a los gais

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba apoya a miembros de la comunidad LGBTI. (Foto de Claudia Padrón/Tremenda Nota)

Nota del editor: Tremenda Nota es una revista electrónica independiente que documenta la comunidad LGBTI del país y otros grupos minoritarios. Tremenda Nota es una pareja de contenido del Washington Blade.

Esa nota salió originalmente en el sitio web de Tremenda Nota.

LA HABANA — Son las seis de la tarde del lunes dos de septiembre del año dieciocho. Al interior de un pequeño departamento del Vedado, la pastora Elaine Saralegui oficia el culto de una denominación cristiana que acepta a las personas no heteronormativas, a las poliamorosas, a las que creen en otros dioses.

La sala de la casa no es demasiado grande. Aun así caben 12 personas repartidas entre dos butacones y las sillas plásticas que se amontonan en una esquina. Frente a los asientos se levanta un espejo de casi dos metros que refleja la cruz colgada en la pared del frente. Al centro, un cirio y una Biblia, el pan y el vino de la comunión, reposan sobre una pequeña mesa cubierta con la bandera arcoíris.

Algunos fuman y esperan con calma a que comience el culto; otros conversan apasionadamente sobre las reuniones de barrio para discutir el Proyecto de Constitución. Miguel Ángel ― un mulato delgado que usa ropa deportiva ― inició el debate diciendo que “los derechos no se plebiscitan.”

Aunque el país sea tan homofóbico como presenta la cobertura de la televisión, él, un hombre unido con otro hombre, “debería tener los mismos derechos patrimoniales y reproductivos que los demás.”

Justo al frente de Miguel Ángel, una mujer lesbiana ― Niurka ― se pregunta si en Cuba serán mayoría quienes no aceptan el matrimonio igualitario. A su lado, Ana ― madre de una niña de 5 años y pareja de un hombre trans ― no tiene dudas de que “es así.”

Elaine enciende el cirio y da play a una canción cristiana que ocupa la atmósfera de la pequeña sala desde una laptop. Es la señal, el debate debe ser pausado para comenzar el culto. Todas las personas se aproximan y forman un círculo alrededor de la Biblia. Cierran los ojos y ruegan a Dios en una oración que evoca a Cristo junto a deidades yorubas.

Miembros de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba oran (Foto tomada de la página de Facebook de “Somos ICM en Cuba.”)

Otros grupos de cristianos tradicionales tienen muchas “razones” para criticar a la Iglesia de la Comunidad Metropolitana: ICM acepta a miembros con sexualidades no heteronormativas — desde lesbianas hasta personas queer ―, ordena pastores trans, promueve el activismo LGBTI+, y no condena las religiones afrocubanas.

“Dios tiene muchos nombres y se presenta de innumerables formas,” explicará más tarde Elaine.

En 2012, al interior de la Primera Iglesia Bautista de Matanzas surgió el grupo “Somos” apara apoyar a las personas gais, lesbianas y bisexuales que asistían al templo. El proyecto sobrevivía con discreción, desde el anonimato: salvo el pastor y unos pocos miembros de la congregación, la mayoría de las personas ignoraban su existencia o misión.

Poco a poco fueron sumándose otros creyentes de distintas comunidades de fe hasta que el grupo se convirtió en una especie de refugio para las personas que habían sido excluidas o marginadas por su condición de no heterosexuales.

Tres años después de la creación de “Somos” viajó a la Isla Troy Perry, el obispo fundador de ICM, y reconoció en el proyecto cubano los mismos principios que profesaba su denominación. En ese viaje, el reverendo Perry propuso que Cuba tuviera su propia Iglesia Metropolitana. Así, el 20 de agosto de 2015 nace “Somos ICM” en la ciudad de Matanzas con Elaine Saralegui, una lesbiana, como su pastora.

La primera — y hasta ahora única — pastora de ICM en Cuba tiene 41 años. Luce el cabello oscuro en un corte conocido como garzón; tiene el ichtus — la silueta de un pez usada como símbolo por los primeros cristianos — tatuado en la muñeca derecha. Una cruz de plata le pende del cuello.

Elaine nunca ha ocultado su orientación teológica liberal. Unos años atrás, con su tesis de licenciatura aseguró que las iglesias podían ser más inclusivas hacia la diversidad sexual.

Ahora, con su ejercicio de maestría, llega más lejos: aborda la Teoría Queer ―base de la Teología Queer, en la cual se sustenta ICM ―, que enfatiza que el género, las orientaciones e identidades sexuales no son una verdad biológica, sino el resultado de una construcción social.

Desde que se graduó del Seminario Evangélico de Matanzas, las actitudes desprejuiciadas de Elaine han escandalizado a los cristianos fundamentalistas. La pastora ha sido noticia por bendecir la unión entre personas homosexuales, oficializar la boda simbólica de dos jóvenes mujeres, y participar en las jornadas contra la homofobia y la transfobia junto al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

ICM ha recibido la anuencia del Cenesex para expandirse y darse a conocer en Cuba. La propia Mariela Castro ha apoyado públicamente a la congregación desde sus inicios e, incluso, ha asistido a varias ceremonias religiosas. Aunque no se conozca que la hija del expresidente Raúl Castro profese ninguna fe religiosa, en mayo pasado acompañó a Elaine en una ceremonia de bendición a familias cubanas y parejas homosexuales.

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba, fundada en Matanzas en 2015, ha logrado extenderse a La Habana y Santa Clara. En la imagen, Elaine Saralegui se prepara para oficiar un culto en Santa Clara. (Foto cortesía de Maykel González Vivero/Tremenda Nota)

Argelia, una transformista encargada de coordinar la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales de Cuba, lee un versículo que habla del amor por encima de miedos y rechazos. Una hora antes, Argelia había llegado al apartamento número 20 junto a su novia. Es una de las primeras veces que está en el culto.

Cinco días después ambas se irán al festival de música electrónica en el Castillo del Morro como activistas por los derechos de la población LGTBI+. El grupo de ICM en La Habana es un colectivo esencialmente militante.

“En nuestras comunidades de fe trabajamos el activismo desde el respeto al otro y el debate,” explica Elaine mientras fuma un cigarro después del culto. “No respondemos con violencia, no aspiramos a imponer nuestros códigos espirituales o sexuales a los demás, pero sí defendemos nuestro derecho a vivir con dignidad.”

La comunidad metropolitana fue la única denominación religiosa que respondió públicamente a la carta firmada por cinco iglesias protestantes cubanas en contra del matrimonio igualitario, en junio de 2018.  

En ese momento ICM dijo: “A nuestros hermanas, hermanos con identidades sexuales y de género no heteronormativas, gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales, queer, a las personas heterosexuales que defienden estas causas, a las familias diversas, a quienes han perdido la fe por causa de teologías medievales, queremos decirles: ¡Dios existe y les ama! Es poliamoroso y radicalmente inclusivo.”

A esta congregación han llegado personas que no conocían la palabra de Cristo, como Argelia o su pareja. A lado de ellas también hay protestantes de tradición que encontraron por primera vez un espacio donde no son rechazados.

Algunos de las personas que hoy asisten a ICM, antes de conocer la Iglesia Metropolitana, tuvieron que dar testimonio de su “pecado” frente a una congregación radical. En muchos casos fueron sometidos a un rito de exorcismo hasta que pudieran asegurar que Dios los había “curado,” que ya no eran homosexuales.

Si no existiera ICM, Argelia y Ana y Miguel Ángel y Niurka e incluso Elaine no serían aceptados plenamente por otra iglesia cubana. Ninguna de las cinco denominaciones cristianas opuestas al matrimonio igualitario y a la ideología de género les hubiera permitido comulgar sin aludir al “pecado.” Ni la Iglesia Católica hubiera bendecido sus uniones.

Cada lunes, el culto termina con la comunión, sobre las siete de la noche. Las 12 personas que hay en el salón se abrazan mientras escuchan a su pastora. Elaine parte la hostia para colocarla sobre la lengua de una mujer mayor que se adelanta.

Marisabel, la primera persona que recibió hoy “el cuerpo y la sangre de Cristo” es maestra de niños, presbiteriana de formación y madre de un joven rechazado por su antigua denominación. “Vengo aquí porque recibo un mensaje de amor hacia mi familia — dice —. Yo tengo un hijo gay y estoy orgullosa de cómo es.”

“Mi labor como pastora de esta denominación — explica Elaine — es sensibilizar a la comunidad en general con las problemáticas LGTBI+ y también mostrar que se puede ser inclusivo, y no por ello dejar de ser Iglesia.”

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