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La iglesia en Cuba donde Dios ama a los gais
Iglesia de la Comunidad Metropolitana acepta a personas LGBTI

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba apoya a miembros de la comunidad LGBTI. (Foto de Claudia Padrón/Tremenda Nota)
Esa nota salió originalmente en el sitio web de Tremenda Nota.
LA HABANA — Son las seis de la tarde del lunes dos de septiembre del año dieciocho. Al interior de un pequeño departamento del Vedado, la pastora Elaine Saralegui oficia el culto de una denominación cristiana que acepta a las personas no heteronormativas, a las poliamorosas, a las que creen en otros dioses.
La sala de la casa no es demasiado grande. Aun así caben 12 personas repartidas entre dos butacones y las sillas plásticas que se amontonan en una esquina. Frente a los asientos se levanta un espejo de casi dos metros que refleja la cruz colgada en la pared del frente. Al centro, un cirio y una Biblia, el pan y el vino de la comunión, reposan sobre una pequeña mesa cubierta con la bandera arcoíris.
Algunos fuman y esperan con calma a que comience el culto; otros conversan apasionadamente sobre las reuniones de barrio para discutir el Proyecto de Constitución. Miguel Ángel ― un mulato delgado que usa ropa deportiva ― inició el debate diciendo que “los derechos no se plebiscitan.”
Aunque el país sea tan homofóbico como presenta la cobertura de la televisión, él, un hombre unido con otro hombre, “debería tener los mismos derechos patrimoniales y reproductivos que los demás.”
Justo al frente de Miguel Ángel, una mujer lesbiana ― Niurka ― se pregunta si en Cuba serán mayoría quienes no aceptan el matrimonio igualitario. A su lado, Ana ― madre de una niña de 5 años y pareja de un hombre trans ― no tiene dudas de que “es así.”
Elaine enciende el cirio y da play a una canción cristiana que ocupa la atmósfera de la pequeña sala desde una laptop. Es la señal, el debate debe ser pausado para comenzar el culto. Todas las personas se aproximan y forman un círculo alrededor de la Biblia. Cierran los ojos y ruegan a Dios en una oración que evoca a Cristo junto a deidades yorubas.

Miembros de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba oran (Foto tomada de la página de Facebook de “Somos ICM en Cuba.”)
Otros grupos de cristianos tradicionales tienen muchas “razones” para criticar a la Iglesia de la Comunidad Metropolitana: ICM acepta a miembros con sexualidades no heteronormativas — desde lesbianas hasta personas queer ―, ordena pastores trans, promueve el activismo LGBTI+, y no condena las religiones afrocubanas.
“Dios tiene muchos nombres y se presenta de innumerables formas,” explicará más tarde Elaine.
En 2012, al interior de la Primera Iglesia Bautista de Matanzas surgió el grupo “Somos” apara apoyar a las personas gais, lesbianas y bisexuales que asistían al templo. El proyecto sobrevivía con discreción, desde el anonimato: salvo el pastor y unos pocos miembros de la congregación, la mayoría de las personas ignoraban su existencia o misión.
Poco a poco fueron sumándose otros creyentes de distintas comunidades de fe hasta que el grupo se convirtió en una especie de refugio para las personas que habían sido excluidas o marginadas por su condición de no heterosexuales.
Tres años después de la creación de “Somos” viajó a la Isla Troy Perry, el obispo fundador de ICM, y reconoció en el proyecto cubano los mismos principios que profesaba su denominación. En ese viaje, el reverendo Perry propuso que Cuba tuviera su propia Iglesia Metropolitana. Así, el 20 de agosto de 2015 nace “Somos ICM” en la ciudad de Matanzas con Elaine Saralegui, una lesbiana, como su pastora.
La primera — y hasta ahora única — pastora de ICM en Cuba tiene 41 años. Luce el cabello oscuro en un corte conocido como garzón; tiene el ichtus — la silueta de un pez usada como símbolo por los primeros cristianos — tatuado en la muñeca derecha. Una cruz de plata le pende del cuello.
Elaine nunca ha ocultado su orientación teológica liberal. Unos años atrás, con su tesis de licenciatura aseguró que las iglesias podían ser más inclusivas hacia la diversidad sexual.
Ahora, con su ejercicio de maestría, llega más lejos: aborda la Teoría Queer ―base de la Teología Queer, en la cual se sustenta ICM ―, que enfatiza que el género, las orientaciones e identidades sexuales no son una verdad biológica, sino el resultado de una construcción social.
Desde que se graduó del Seminario Evangélico de Matanzas, las actitudes desprejuiciadas de Elaine han escandalizado a los cristianos fundamentalistas. La pastora ha sido noticia por bendecir la unión entre personas homosexuales, oficializar la boda simbólica de dos jóvenes mujeres, y participar en las jornadas contra la homofobia y la transfobia junto al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
ICM ha recibido la anuencia del Cenesex para expandirse y darse a conocer en Cuba. La propia Mariela Castro ha apoyado públicamente a la congregación desde sus inicios e, incluso, ha asistido a varias ceremonias religiosas. Aunque no se conozca que la hija del expresidente Raúl Castro profese ninguna fe religiosa, en mayo pasado acompañó a Elaine en una ceremonia de bendición a familias cubanas y parejas homosexuales.

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba, fundada en Matanzas en 2015, ha logrado extenderse a La Habana y Santa Clara. En la imagen, Elaine Saralegui se prepara para oficiar un culto en Santa Clara. (Foto cortesía de Maykel González Vivero/Tremenda Nota)
Argelia, una transformista encargada de coordinar la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales de Cuba, lee un versículo que habla del amor por encima de miedos y rechazos. Una hora antes, Argelia había llegado al apartamento número 20 junto a su novia. Es una de las primeras veces que está en el culto.
Cinco días después ambas se irán al festival de música electrónica en el Castillo del Morro como activistas por los derechos de la población LGTBI+. El grupo de ICM en La Habana es un colectivo esencialmente militante.
“En nuestras comunidades de fe trabajamos el activismo desde el respeto al otro y el debate,” explica Elaine mientras fuma un cigarro después del culto. “No respondemos con violencia, no aspiramos a imponer nuestros códigos espirituales o sexuales a los demás, pero sí defendemos nuestro derecho a vivir con dignidad.”
La comunidad metropolitana fue la única denominación religiosa que respondió públicamente a la carta firmada por cinco iglesias protestantes cubanas en contra del matrimonio igualitario, en junio de 2018.
En ese momento ICM dijo: “A nuestros hermanas, hermanos con identidades sexuales y de género no heteronormativas, gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales, queer, a las personas heterosexuales que defienden estas causas, a las familias diversas, a quienes han perdido la fe por causa de teologías medievales, queremos decirles: ¡Dios existe y les ama! Es poliamoroso y radicalmente inclusivo.”
A esta congregación han llegado personas que no conocían la palabra de Cristo, como Argelia o su pareja. A lado de ellas también hay protestantes de tradición que encontraron por primera vez un espacio donde no son rechazados.
Algunos de las personas que hoy asisten a ICM, antes de conocer la Iglesia Metropolitana, tuvieron que dar testimonio de su “pecado” frente a una congregación radical. En muchos casos fueron sometidos a un rito de exorcismo hasta que pudieran asegurar que Dios los había “curado,” que ya no eran homosexuales.
Si no existiera ICM, Argelia y Ana y Miguel Ángel y Niurka e incluso Elaine no serían aceptados plenamente por otra iglesia cubana. Ninguna de las cinco denominaciones cristianas opuestas al matrimonio igualitario y a la ideología de género les hubiera permitido comulgar sin aludir al “pecado.” Ni la Iglesia Católica hubiera bendecido sus uniones.
Cada lunes, el culto termina con la comunión, sobre las siete de la noche. Las 12 personas que hay en el salón se abrazan mientras escuchan a su pastora. Elaine parte la hostia para colocarla sobre la lengua de una mujer mayor que se adelanta.
Marisabel, la primera persona que recibió hoy “el cuerpo y la sangre de Cristo” es maestra de niños, presbiteriana de formación y madre de un joven rechazado por su antigua denominación. “Vengo aquí porque recibo un mensaje de amor hacia mi familia — dice —. Yo tengo un hijo gay y estoy orgullosa de cómo es.”
“Mi labor como pastora de esta denominación — explica Elaine — es sensibilizar a la comunidad en general con las problemáticas LGTBI+ y también mostrar que se puede ser inclusivo, y no por ello dejar de ser Iglesia.”
District of Columbia
How Pepper the courthouse dog helps victims of abuse
Reshaping how the legal system balances compassion with procedure
Deborah Kelly’s blind husband, Alton, was dragged for blocks to his death by a hit-and-run driver who had already plowed into her on Alabama Ave., S.E., in June 2024.
But her trauma had only just begun. It took 10 months before the driver, Kenneth Trice, Jr., was arrested, and another six months before he was sentenced to just six months behind bars.
As she heaved and sobbed in the courtroom in November, Kelly had a steady four-legged presence by her side: Pepper the Courthouse Dog, as the black Labrador retriever is known in D.C. Superior Court.
Abby Stavitsky, a former federal prosecutor who now serves as a victims’ advocate, is the owner and handler of nine-year-old Pepper. She says that one of the things that has made Pepper such a great asset in the court in the past six years is the emotional support and comfort she provides to victims.
“She absorbs all of the feelings and the emotions around her, but she’s very good at handling it,” Stavitsky said.
Pepper and Stavitsky started working in Magistrate Judge Mary Grace Rook’s courtroom — and now works in Magistrate Judge Janet Albert’s — to provide support for youth who suffer trauma, especially young survivors of commercial sexual exploitation.
These specially trained dogs offer emotional support to trauma victims of all ages. Courthouse dogs can reduce victims’ and witnesses’ anxiety and stress, making it easier for them to provide clear statements in the courtroom, according to a 2019 report in the Criminal Justice Review.
“Having something to pet and interact with is a distraction that results in victims being calmer when testifying in court,” says Stavitsky. “This gives them an extra level of comfort.”
What brought Stavitsky and Pepper together
Stavitsky, who spent 25 years as an assistant U.S attorney, handled a lot of victim-based crimes, mostly domestic violence and sex offenses. She was also a dog lover, and once she learned about courthouse dogs and their use, she was inspired.
In 2019, Pepper was given to Stavitsky by a Massachusetts-based organization, NEADS, formerly known as the National Education for Assistance Dog Services. Although Pepper was originally trained to be a service dog, evaluators determined her character was best suited for a courthouse dog.
Pepper now works regularly in various treatment court cases involving juveniles, many of whom have experienced trauma or are involved in the child welfare system. She also sits with victims while they are testifying in a trial.
“She loves people, especially children,” Stavitsky said. “She loves that interaction.”
Courthouse dogs have a long history
In courthouses across the U.S. specially trained “facility dogs” are becoming an important part of how the justice system supports vulnerable victims and witnesses.
Since the late 1980s, these dogs were used to help trauma survivors and anxious children during testimonies and interviews. The first dog to make an appearance in a courtroom was Sheba, a German shepherd who assisted child sexual abuse victims in the Queens (N.Y.) District Attorney’s Office. Courthouse dogs help them communicate more clearly, especially in these settings that make them anxious and stressed.
Unlike service dogs, courthouse facility dogs are professionally trained through accredited assistance dog organizations and work daily alongside prosecutors, victim advocates, and forensic interviewers. For example, courthouse dogs can have more social interaction, unlike service dogs.
Courthouse dogs’ growing use has prompted state laws and professional guidelines to recognize the dogs as a trauma-informed tool that helps victims participate in the justice process without compromising courtroom fairness.
As more jurisdictions adopt these programs, courthouse dogs are reshaping how the legal system balances compassion with procedure, ensuring that victims’ voices can be heard in environments that might otherwise silence them.
Pepper makes it easy to see why.
“I really love people, especially kids, and can provide emotional support and comfort during all stages of the court process,” reads the business card Stavitsky hands out with Pepper’s picture. “I’m calm, quiet and can stay in place for several hours.”
(This article was written by a student in the journalism program at Bard High School Early College DC. This work is part of a partnership between the Washington Blade Foundation and Youthcast Media Group, funded through the FY26 Community Development Grant from the Office of D.C. Mayor Muriel Bowser.)
Rehoboth Beach
Women’s FEST returns to Rehoboth Beach next week
Golf tournament, mini-concerts, meetups planned for silver anniversary festival
Women’s+ FEST 2026 will begin on Thursday, April 9 at CAMP Rehoboth Community Center.
The festival will celebrate a remarkable milestone in 2026: its silver anniversary. For 25 years, Women’s+ FEST has brought fun and entertainment for all those on the spectrum of the feminine spirit. There will be a variety of events including a golf tournament, mini-concerts and happy hour meetups.
For more information, visit Camp Rehoboth’s website.
Belarus
Belarusian lawmakers approve bill to crackdown on LGBTQ rights
Country’s president known as ‘Europe’s last dictator’
Lawmakers in Belarus on Thursday approved a bill that would allow the government to crack down on LGBTQ advocacy.
The Associated Press notes the bill would punish anyone found guilty of “propaganda of homosexual relations, gender change, refusal to have children, and pedophilia” with fines, community labor, and 15 days in jail.
The House of Representatives, the lower house of the Belarusian National Assembly, last month approved the bill. The Council of the Republic, which is the parliament’s upper chamber, passed it on Thursday.
President Alexander Lukashenko is expected to sign it.
Belarus borders Poland, Ukraine, Russia, Latvia, and Lithuania. Lukashenko — known as “Europe’s last dictator” is a close ally of Russian President Vladimir Putin.
Kazakhstan is among the countries that have enacted Russian-style anti-LGBTQ propaganda laws in recent years.
Vika Biran, a Belarusian LGBTQ activist, is among those arrested during anti-Lukashenko protests that took place in 2020 after he declared victory in the country’s presidential election.
