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Funcionario del gobierno de El Salvador discute elección presidencial, derechos LGBTI

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Cruz Torres es el director de Diversidad Sexual de la Secretaria de Inclusión Sexual de la Presidencia de El Salvador. Habló al Washington Blade el 2 de febrero de 2019 en una iglesia en San Salvador, El Salvador. (Foto por Michael K. Lavers del Washington Blade)

SAN SALVADOR, El Salvador — Un funcionario del gobierno salvadoreño en la víspera de la elección presidencial del país reconoció que hay una “incertidumbre” sobre el impacto que tendrá los resultados en el movimiento para avanzar los derechos LGBTI.

Cruz Torres, director de Diversidad Sexual de la Secretaría de Inclusión Social, dijo al Washington Blade el sábado durante una entrevista en una iglesia LGBTI-friendly en la capital salvadoreña de San Salvador que el favorito Nayib Bukele, fundador de Nuevas Ideas que se reunió el partido de derecha GANA para ser candidato presidencial, se reunió con activistas LGBTI cuando era alcalde de San Salvador entre 2015-2018. Torres dijo que Bukele hizo promesas que “no fueron cumplidas a calidad o al menos no como la población esperaba”.

“Esto está jugando en contra suya,” Torres dijo al Blade, aún que muchos activistas LGBTI salvadoreños apoyan a Bukele públicamente. “Existe una sensación de incertidumbre ante de la elección de él”.

Torres, que es abiertamente gay, aconseja a la Presidencia de El Salvador sobre los temas LGBTI.

El entonces presidente Mauricio Funes en 2010 emitió un decreto que prohíbe la discriminación motiva por orientación sexual y identidad de género en las instituciones del órgano ejecutivo. El mandato también estableció el cargo de Torres en la Secretaría de Inclusión Social.

El Tribunal Supremo Electoral, que observa la elección, no se espera emitir inmediatamente los resultados de la elección presidencial. Una segunda vuelta se realizará el 10 de marzo si ningún candidato gane más de 50 por ciento del voto.

Torres dijo al Blade que es confidente que el excanciller Hugo Martínez, el candidato del partido de izquierda FMLN, permitirá su mandato de continuar si sucede al actual presidente Salvador Sánchez Cerén, que es miembro del mismo partido.

Torres añadió que Carlos Calleja del partido de derecha ARENA no “ha expresado ningún compromiso hacía la población LGBT”. Torres también nota que VAMOS, el partido de Josué Alvarado, ha adoptado una fuerte posición en contra de los derechos LGBTI.

“Vamos se ha marcado en una guerra santa en contra de la población LGBT, por defensa de la familia, por defensa de los valores cristianos”, dijo Torres.

“El conservador salvadoreño es especialista en ser la víctima”, añadió. “El discurso lo que construye desde nosotros, los religiosos, heterosexuales cisgéneros somos víctimas de Uds. que vienen a robar a nuestros hijos para violaros, vienen a robar nuestros derechos, vienen a robar nuestras instituciones”.

‘Alto conservadorismo’ una barrera a derechos LGBTI

Se realiza la elección con el contexto de la violencia rampante y la falta de oportunidades económicas que han provocado a miles de salvadoreños de salir del país e incluso, aquellos que han viajado a la frontera entre México y los EEUU en caravanas migratorias. Torres dijo que la discriminación generalizada por motivos de orientación sexual y identidad de género es otro factor que ha provocado a salvadoreños LGBTI de migrar a Costa Rica y otros países.

“La situación de la discriminación en El Salvador es bastante (mala) y ha sido bastante grave por la población LGBT”, dijo.

Legisladores salvadoreños en 2015 aprobaron una enmienda al Código Penal del país que fortalece los penales por crímenes de odio por orientación sexual y identidad de género, pero activistas han dicho al Blade que las autoridades siguen ser reacios a usar la provisión.

El Salvador no permite a las personas trans de cambiar legalmente su nombre en su documento de identidad (DUI). Unos informes indican que algunos salvadoreños trans se habían sido negado su derecho a votar porque el nombre en su DUI no corresponde con su identidad de género.

Una pancarta del FMLN, un partido político salvadoreño de la izquierda, en una calle en San Salvador, El Salvador, el 2 de febrero de 2019. (Foto de Michael K. Lavers por el Washington Blade)

Un grupo de observadores internacionales de varias denominaciones cristianas estaban hablando a votantes salvadoreños LGBTI el sábado en la misma iglesia donde Torres habló al Blade. El Tribunal Electoral Supremo contrató a 14 personas LGBTI — inclusivo varias personas trans — para ayudar a supervisar la elección.

Torres durante la entrevista enfatizaba que El Salvador ha progresado en los temas LGBTI durante la última década, pero reconoció que su mandato es limitado a las Secretarías de la Presidencia. Torres dijo el “alto conservadorismo” entre los empleados del sector público e “inacción” del gobierno salvadoreño están entre los retos de aumentar los derechos a los salvadoreños LGBTI.

“No hay acciones concretas,” dijo.

Salvadoreños ‘justificados’ para demandar al gobierno pone fin a violencia

Torres habló al Blade menos de 13 meses después de que el presidente Trump se reportaba describir a El Salvador como un “país de mierda”.

La Casa Blanca en enero de 2018 anunció sus planes para terminar el TPS, un programa que ha permitido a casi 200.000 salvadoreños de quedarse en los EEUU con permisos de residencia temporal. Trump también ha amenazado con cortar la ayuda estadounidense a El Salvador y a los vecinos países de Honduras y Guatemala si sus gobiernos no hacen más para detener el flujo de migrantes que están saliendo de sus países debido a la violencia y la falta de oportunidades económicas.

Torres dijo al Blade que se mantiene confiado los EEUU continuará financiar iniciativas del desarrollo económico y la reducción de crimen en El Salvador a pesar de la amenaza de Trump.

“Las relaciones diplomáticas entre El Salvador y los EEUU continuarán”, dijo Torres. “Las relaciones entre los EEUU y El Salvador continuarán exactamente igual”.

Torres reconoció que el gobierno salvadoreño necesita hacer más para resolver los problemas que provocan a los migrantes de salir del país.

“Definitivamente que es algo que la población interna demanda”, dijo Torres. “Es justamente lo que se demanda”.

Ernesto Valle contribuyó a este artículo.

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Honduras

Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya

Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia

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(Captura de pantalla de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 19 de enero.

Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.

Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.

Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.

Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.

Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.

El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.

A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.


* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas

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Noticias en Español

El 2026 bajo presión

La realidad que enfrentan las organizaciones LGBTQ en EEUU

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(Foto de Michael Key por el Washington Blade)

El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.

Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.

La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.

A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.

El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.

Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.

Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.

Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.

Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.

El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.

La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.

El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.

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Colombia

Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad

Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre

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(Foto via Bigstock)

OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Esta nota salió en su sitio web.

Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.

Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.

El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.

Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.

Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.

En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.

Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.

Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.

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