March 31, 2020 at 5:16 pm EDT | by Sadiel Mebe
La Habana en cuarentena, caliente y muda
La Habana bajo cuarentena (Foto cortesía de Tremenda Nota)

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esa nota salió en su sitio web el 27 de marzo.

Cuando salí a la calle, solo sentí el calor y el polvo del muro del Malecón golpearme la cara. Menos carros, menos ruido. Incluso menos reguetón. Tal vez por la certeza de saber que cierta epidemia china ya no es sólo internacional, sino también cubana. Como si fuera culpa de tres italianos o, antes, de los chinos. Como si fuera culpa de alguien enfermar, sufrir, o morir.

Quizás las personas ausentes de las calles ahora silenciosas están viendo la Mesa Redonda después de todo, cuando todavía el sol está alto en el cielo y arrecia. Nuevas medidas, suspensiones … La voz del presentador Randy Alonso traspasa las paredes rotas de Centro Habana, como un rezo: Dice que la situación es seria, ahora. Después de semanas de comentarios y noticias del colapso internacional ante la pandemia, de extranjeros que continuaron con sus planes turísticos en hoteles y hostales cubanos. Se puso serio, apenas ahora.

Salgo a la calle consciente de que no debo hacerlo, pero será mi última mirada a La Habana por un tiempo. Hasta abril, no sé, unos meses … No vale la pena contagiarse por hacer una foto y despedirse del mar. Son cerca de las 7:00 p.m. y la Terminal Nacional de Ómnibus es el punto medio del caos. Ni guaguas ni carros suficientes; demasiada gente tratando de salir, respirándose encima. Todo huele a cloro y sudor. 

Para algunos, la vida se recoge y encierra como una oruga. Adentro, silencio y expectación, demasiada, por un tiempo que no pasará rápido ni preciso, ni seguro. Pero pasará. Dicen que hemos resistido cosas peores. Hemos resistido … 

La vida no se acaba. La vida se enrolla como el caracol en su apretada concha. La gente ahora podrá estar desnuda dentro de sus casas, salivando por las mismas cosas: Dinero, sexo, comida … El dinero. El sexo, el sexo. La comida. Pero ahora nadie imagina cómo será la Rampa, el Malecón o la calle 23 sin gente. O el sexo, el dinero y la comida sin la calle 23. No es la Cuba que permanece en la mente. Tampoco lo es el Moulin Rouge vacío de París ni Venecia sin su carnaval. Es una burbuja que ya no existe. Apenas la imagen gastada del mundo que ya no es.

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