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Editorial: ‘El Orgullo LGBTI+ y la lucha por el matrimonio igualitario en Cuba’
Activistas han llegado a este mes del Orgullo más organizados que nunca

Los colectivos LGBTI+ de Cuba han llegado a este 28 de junio más organizados que nunca antes.
La Plataforma 11M, que es el grupo más activo, hizo gala de fuerza este mes con una besada virtual y un tuitazo a favor del matrimonio igualitario que se reeditará el 11 de cada mes, en referencia al 11 de mayo de 2019, cuando cientos de activistas y sus aliados marcharon en La Habana sin autorización.
El Orgullo que los movimientos LGBTI+ del mundo entero celebraron este domingo es una celebración de la rebeldía, a diferencia de otras conmemoraciones, como la del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia ―el 17 de mayo―, que se originó en un gesto institucional de la Organización Mundial de la Salud.
Mientras el 17 de mayo es una fecha que recuerda el triunfo del sentido común sobre los prejuicios culturales del discurso médico, el 28 de junio significa la rebeldía LGBTI+ sin concesiones. El acto de desobedecer.
Ninguna institución, ni siquiera los Estados, tiene derecho a enfermarnos o sanarnos, a igualarnos a todos o rebajarnos a una ciudadanía de segunda clase, según determine la voluntad política.
Las instituciones cubanas, que siguen patologizando los cuerpos trans y discriminando el acceso a la fertilización, por hablar solo de dos gestos reguladores, llevan años retardando la implementación en las leyes de matrimonios LGBTI+ que, no obstante, existen.
En la tradición patriarcal, existir más allá del Estado es un gran atrevimiento. En el mundo heterosexual, es el Estado quien decide qué eres. Se ocupa de reglamentarlo y registrarlo minuciosamente, siempre con el afán controlador y empobrecedor que es consustancial al origen y la práctica de los Estados.
Los maricones y tortilleras y travestis y trans nacimos en esa tradición. Vivimos en la paradoja de negar ese orden y a la vez, como forzosamente, sin más opción, querer asimilarnos a él.
Nosotras no tenemos patria.
Las patrias no son esencias, sino discursos. Y siempre, hasta ahora, ha sido el discurso de un grupo, de una clase o de una ideología que pretende prevalecer.
Ningún ideal de ciudadanía concebido desde los presupuestos nacionalistas tradicionales ha aportado siquiera un trato respetuoso para las comunidades LGBTI+ en Cuba ni en ninguna parte.
No obstante, como fuimos asimiladas a esos Estados sin que nos consultaran y recibimos de ellos, como una asignación incuestionable, un género y una orientación sexual, tenemos derecho a exigirles a estas alturas, al menos, un trato igualitario.
El matrimonio civil es un derecho alcanzado en la mayor parte del mundo desde el siglo XIX por las personas heterosexuales y afiliadas en general a las normas patriarcales.
Es, también, una institución reguladora que establece solamente una relación de esas parejas con el poder efectivo e implica una sumisión. Otras opciones de relacionarse o de constituir familias, por suerte, siguen funcionando al margen del sistema.
Pelear por el matrimonio igualitario, como ha hecho en Cuba la comunidad LGBTI+ con más empeño desde 2018, ha sido, sin embargo, la oportunidad más viable para desmantelar la vieja patria donde hemos vivido como inquilinos hasta ahora.
Los intentos de activismo sustentados por una sensibilidad “oficial”, como el emprendido por Mariela Castro y el Centro Nacional de Educación Sexual durante la última década, fracasaron precisamente por haber nacido sujetos al deseo de asimilarnos a un orden que nos excluye, sin comprender la naturaleza histórica de esa relación opresiva.
Sin revisar y cuestionar abiertamente la homofobia y transfobia de Estado, no solo cultural sino política, ejercida en Cuba hasta el presente, las comunidades LGBTI+ no tienen ninguna oportunidad de conseguir ni siquiera la igualdad sometida que pudiéramos obligar al poder a otorgarnos.
El Orgullo LGBTI+ debería ser la fiesta de quienes ya superaron la tentación de asimilarse y, si van a pelear en el terreno del Estado, fingirán que aspiran a incluirse en las reglas para ganar pequeñas victorias.
El matrimonio igualitario es la meta de ahora. Y hay que lograrlo sin referendo, a pesar de la norma establecida por el parlamento cubano con el propósito de buscar un consenso injusto, por razones no solo prácticas.
El matrimonio igualitario no nos dará una patria, pero hará más habitable la patria que nos impusieron. Con esa certeza hay que ir por él.
Advocacy groups are demanding the Trump-Vance administration not to deport two gay men to Iran.
MS Now on Jan. 23 reported the two men are among the 40 Iranian nationals who the White House plans to deport.
Iran is among the countries in which consensual same-sex sexual relations remain punishable by death.
The Washington Blade earlier this month reported LGBTQ Iranians have joined anti-government protests that broke out across the country on Dec. 28. Human rights groups say the Iranian government has killed thousands of people since the demonstrations began.
Rebekah Wolf of the American Immigration Council, which represents the two men, told MS Now her clients were scheduled to be on a deportation flight on Jan. 25. A Human Rights Campaign spokesperson on Tuesday told the Blade that one of the men “was able to obtain a temporary stay of removal from the” 10th U.S. Circuit Court of Appeals, and the other “is facing delayed deportation as the result of a measles outbreak at the facility where they’re being held.”
“My (organization, the American Immigration Council) represents those two gay men,” said American Immigration Council Senior Fellow Aaron Reichlin-Melnick in a Jan. 23 post on his Bluesky account. “They had been arrested on charges of sodomy by Iranian moral police, and fled the country seeking asylum. They face the death penalty if returned, yet the Trump (administration) denied their asylum claims in a kangaroo court process.”
“They are terrified,” added Reichlin-Melnick.
My org @immcouncil.org represents those two gay men. They had been arrested on charges of sodomy by Iranian moral police, and fled the country seeking asylum. They face the death penalty if returned, yet the Trump admin denied their asylum claims in a kangaroo court process.
They are terrified.
— Aaron Reichlin-Melnick (@reichlinmelnick.bsky.social) January 23, 2026 at 8:26 AM
Reichlin-Melnick in a second Bluesky post said “deporting people to Iran right now, as body bags line the street, is an immoral, inhumane, and unjust act.”
“That ICE is still considering carrying out the flight this weekend is a sign of an agency and an administration totally divorced from basic human rights,” he added.
Deporting people to Iran right now, as body bags line the street, is an immoral, inhumane, and unjust act. That ICE is still considering carrying out the flight this weekend is a sign of an agency and an administration totally divorced from basic human rights. www.ms.now/news/trump-d…
— Aaron Reichlin-Melnick (@reichlinmelnick.bsky.social) January 23, 2026 at 8:27 AM
HRC Vice President of Government Affairs David Stacy in a statement to the Blade noted Iran “is one of 12 nations that still execute queer people, and we continue to fear for their safety.” Stacy also referenced Renee Good, a 37-year-old lesbian woman who a U.S. Immigration and Customs Enforcement agent shot and killed in Minneapolis on Jan. 7, and Andry Hernández Romero, a gay Venezuelan asylum seeker who the Trump-Vance administration “forcibly disappeared” to El Salvador last year.
“This out-of-control administration continues to target immigrants and terrorize our communities,” said Stacy. “That same cruelty murdered Renee Nicole Good and imprisoned Andry Hernández Romero. We stand with the American Immigration Council and demand that these men receive the due process they deserve. Congress must refuse to fund this outrage and stand against the administration’s shameless dismissal of our constitutional rights.”
Maryland
Expanded PrEP access among FreeState Justice’s 2026 legislative priorities
Maryland General Assembly opened on Jan. 14
FreeState Justice this week spoke with the Washington Blade about their priorities during this year’s legislative session in Annapolis that began on Jan. 14.
Ronnie L. Taylor, the group’s community director, on Wednesday said the organization continues to fight against discrimination against people with HIV/AIDS. FreeState Justice is specifically championing a bill in the General Assembly that would expand access to PrEP in Maryland.
Taylor said FreeState Justice is working with state Del. Ashanti Martinez (D-Prince George’s County) and state Sen. Clarence Lam (D-Arundel and Howard Counties) on a bill that would expand the “scope of practice for pharmacists in Maryland to distribute PrEP.” The measure does not have a title or a number, but FreeState Justice expects it will have both in the coming weeks.
FreeState Justice has long been involved in the fight to end the criminalization of HIV in the state.
Governor Wes Moore last year signed House Bill 39, which decriminalized HIV in Maryland.
The bill — the Carlton R. Smith Jr. HIV Modernization Act — is named after Carlton Smith, a long-time LGBTQ activist known as the “mayor” of Baltimore’s Mount Vernon neighborhood who died in 2024. FreeState Justice said Marylanders prosecuted under Maryland Health-General Code § 18-601.1 have already seen their convictions expunged.
Taylor said FreeState Justice will continue to “oppose anti anti-LGBTQ legislation” in the General Assembly. Their website later this week will publish a bill tracker.
The General Assembly’s legislative session is expected to end on April 13.
Central America
Dignidad para vidas LGBTQ en Centroamérica
Embajada canadiense en El Salvador se presentó ‘Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTIQ+’
SAN SALVADOR, El Salvador — “A los 16 años, mi papá me echó”. Esa frase directa, sin adornos ni concesiones, es parte de una de las historias más impactantes del libro “Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTIQ+”, presentado el 23 de enero. El testimonio pertenece a Estrella Cerón, mujer trans salvadoreña, cuya vida quedó marcada por la expulsión familiar y la violencia cotidiana ejercida contra su identidad.
Estrella relata que fue descubierta abrazando a un muchacho en la panadería que pertenecía a su familia, lugar donde también trabajaba. La respuesta fue inmediata: no le permitieron cambiarse de ropa ni llevar sus pertenencias. Salió “sucia, con olor a grasa, sin zapatos”. Su padre lloró al verla irse, pero no la detuvo. “Así ándate”, le dijo. Ese episodio no solo marcó su historia personal, sino que hoy se convierte en un reflejo de una realidad compartida por muchas personas trans en El Salvador y la región.
Durante la presentación del libro, Cerón tomó la palabra y compartió lo que significó volver a su historia frente a otras personas. Reconoció que no fue un proceso sencillo, pues implicó enfrentarse a recuerdos profundamente dolorosos.
“Fue doloroso hablarlo, sentí como un muro que fui rompiendo a poco a poco, saliendo adelante y pues hasta el día de hoy me siento más empoderada y más fuerte”, expresó. Sus palabras resonaron entre las y los asistentes, evidenciando que narrar la propia vida puede convertirse en un acto de sanación y afirmación personal.
Este momento público subrayó uno de los ejes centrales del proyecto: el derecho de las personas LGBTQ a contar sus historias en sus propios términos, sin miedo y con dignidad.
Rostros de la Equidad: un proyecto regional de memoria y justicia
La presentación de las publicaciones se realizó en el marco del proyecto Rostros de la Equidad, impulsado por COMCAVIS TRANS, con el apoyo de OIKOS y la Embajada de Canadá en El Salvador. El evento reunió a activistas, representantes de organizaciones sociales, cooperación internacional y público en general.
Como parte de este proyecto se presentaron dos materiales: el libro “Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTIQ+” y el glosario vivencial y de conceptos sobre la diversidad sexual y de género. Ambos productos buscan aportar a la visibilización, sensibilización y defensa de los derechos humanos de las personas LGBTQ en Centroamérica.
El proyecto se concibió como un proceso colectivo, regional y participativo, en el que las voces protagonistas fueran las de quienes históricamente han sido marginadas.
El libro de historias de vida se distancia de la lógica del simple recopilatorio de testimonios. Tal como lo expresa su prólogo, se trata de “un acto de memoria, reparación, justicia personal y colectiva”. Su objetivo es mostrar voces que han resistido al silencio y al miedo, y que hoy deciden narrar sus verdades.
Las historias incluidas atraviesan experiencias de expulsión familiar, discriminación, violencia institucional, migración forzada y exclusión social. Sin embargo, también dan cuenta de procesos de resistencia, organización comunitaria, reconstrucción personal y esperanza.
En ese equilibrio entre dolor y dignidad, el libro se convierte en una herramienta política y pedagógica que interpela a la sociedad y a las instituciones.
Junto al libro se presentó el glosario vivencial y de conceptos sobre la diversidad sexual y de género, una propuesta que busca ir más allá de las definiciones tradicionales. El glosario no se limita a explicar términos, sino que los conecta con experiencias reales de personas LGBTQ.
Cada concepto está atravesado por el derecho a la identidad, el reconocimiento y la dignidad. De esta forma, las palabras dejan de ser etiquetas para convertirse en relatos vivos que reflejan cuerpos, territorios e historias concretas.
Las organizaciones impulsoras señalaron que el glosario pretende ser una herramienta accesible para procesos formativos, educativos y comunitarios, aportando a una comprensión más humana de la diversidad sexual y de género.
El respaldo internacional y el valor de la resistencia
Durante la presentación, la embajadora de Canadá en El Salvador, Mylène Paradis, reconoció el trabajo de COMCAVIS TRANS, OIKOS y de todas las personas que hicieron posible Rostros de la Equidad.
“Las historias de vida reunidas en este libro nos recuerdan que resistir no es solo sobrevivir, sino también afirmar la propia existencia, reclamar derechos y construir esperanza incluso en contextos adversos”, afirmó Paradis, destacando la importancia de apoyar iniciativas que promueven la justicia social y los derechos humanos.
Su intervención subrayó el valor político de la memoria y el papel de la cooperación internacional en el acompañamiento de procesos liderados por organizaciones locales.
Un proceso regional de escucha y construcción colectiva
El libro y el glosario son el resultado de una consulta a 10 personas LGBTQ: cuatro de Guatemala, dos de El Salvador y cuatro de Honduras. Además, se realizaron grupos focales en cada uno de estos países para profundizar en las experiencias compartidas.
El proceso inició en agosto de 2024 y concluyó con la presentación pública de los resultados en enero de 2026. Para las organizaciones participantes, este trabajo evidenció la necesidad de generar espacios seguros de escucha y diálogo en la región.
La dimensión regional del proyecto permite identificar patrones comunes de violencia, pero también estrategias compartidas de resistencia y organización.
Georgina Olmedo, encargada del área de formación y nuevos liderazgos de COMCAVIS TRANS El Salvador, destacó que el libro busca reconocer las historias que atraviesan las personas LGBTQ.
“Son historias marcadas por la resistencia, la dignidad, el aprendizaje y toda la esperanza”, señaló, subrayando que muchas de estas vivencias continúan siendo invisibilizadas en el discurso público.
Para Olmedo, visibilizar estas narrativas es un paso necesario para transformar las realidades de exclusión y violencia que enfrenta esta población.
Escuchar sin juzgar: el valor del acompañamiento
Desde OIKOS, Jason García resaltó que el libro incluye voces de Guatemala y Honduras, lo que le otorga un carácter regional. Señaló que fue un honor conocer historias de personas que se atrevieron a contar lo que nunca antes habían contado.
García explicó que muchas de las personas participantes expresaron estar cansadas de ocultar quiénes son y que, durante el proceso, encontraron por primera vez espacios donde fueron escuchadas sin ser juzgadas.
“Cada historia que se comparte es un recordatorio de que ninguna violencia puede apagar la dignidad de una persona”, afirmó, destacando los procesos de sanación y reconstrucción que emergen incluso en contextos adversos.
Marielos Handal, integrante del equipo de OIKOS que acompañó la investigación, compartió una reflexión sobre los retos que implicó construir estas publicaciones. Las entrevistas, explicó, dejaron nudos en la garganta, silencios densos y muchas preguntas abiertas.
Entre ellas, cómo continuar escribiendo después de escuchar relatos de abandono, rechazo y violencia sistemática; cómo narrar sin revictimizar, sin simplificar ni maquillar la verdad, pero tampoco explotarla.
Estas preguntas atravesaron todo el proceso editorial, marcando el cuidado con el que se construyeron tanto el libro como el glosario, priorizando siempre la dignidad de las personas participantes.
Palabras que se convierten en dignidad colectiva
La presentación cerró con un llamado a leer estas publicaciones no desde la lástima, sino desde la responsabilidad colectiva de reconocer las deudas históricas con las personas LGBTQ en Centroamérica.
Historias de vida desde los cuerpos y territorios de la disidencia LGBTQ y su glosario vivencial se consolidan como documentos necesarios en un contexto marcado por la exclusión, pero también por la lucha, la memoria y la esperanza.
En cada relato, como el de Cerón, queda claro que narrar la propia historia es un acto profundamente político: contar lo vivido no borra el dolor, pero lo transforma en palabra, memoria y dignidad compartida.
