October 14, 2020 at 6:00 pm EDT | by Tremenda Nota
Historias cubanas que invitan a salir del clóset
Raúl Soublett relató en Facebook su salida del clóset (Foto de Damarys Benavides)

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esa nota salió en su portal el 12 de octubre.

LA HABANA — El 11 de octubre se celebra el Día para salir del clóset. El National Coming Out Day, como fue nombrado en Estados Unidos, donde surgió el evento, promueve la visibilidad de las personas LGBTI+ y llama la atención sobre una de las exigencias más arraigadas de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia: el silencio.

La designación del 11 de octubre se debe a un grupo de activistas estadounidenses. Ellos decidieron celebrar en 1987 el primer aniversario de una marcha nacional en Washington que fue capaz de reunir a medio millón de participantes para demandar la igualdad LGBTI+.

“Es imperativo que salgamos y les hagamos saber a las personas, quiénes somos y que les quitemos sus miedos y estereotipos”, comentó pocos años después Robert Eichberg sobre las motivaciones de la celebración.

Eichberg fue uno de los promotores del National Coming Out Day junto con la activista lesbiana Jean O’Leary. Él murió en 1995 a causa del Sida.

En Cuba, a diferencia de otros países, sobre todo europeos, no ha prendido la celebración del 11 de octubre.  Sin embargo, algunos activistas compartieron este domingo en las redes sociales textos que relatan su experiencia del clóset o fotos que los reafirman en sitios públicos como personas LGBTI+.

Así celebraron la jornada destinada a dejar atrás la invisibilidad y la simulación exigidas por la sociedad heterosexual y cisgénero, y que se expresan, con particular fuerza, en la noción del clóset.

Así salimos del clóset en Cuba

“Mi gran salida de ese escaparate, como le llama (Pedro) Lemebel, fue en el servicio militar”, contó Ulises Padrón en su perfil de Facebook.

El activista decidió confesarle su orientación sexual a un coronel del ejército.

“Me hizo recoger mis pertenencias y estuve durmiendo alrededor de una semana en la enfermería hasta tanto se decidiera qué hacer conmigo”, escribió.

Ulises empezó a “inventar enfermedades” para que lo trasladaran al hospital y alejarse de la homofobia típica del cuartel. “Fue el momento en que comprendí que la heteronormatividad nunca iba a hacer concesiones con el diferente porque a lo único que se debe es a sí misma”.

“Lo cierto es que me salvó la lectura y la participación de un concurso de historia, en el que gané algún lugar y nos dieron un recorrido por otras unidades. Cuando regresé el mayor me estimaba diferente, pero con igual homofobia. Solo que ahora no era un desconocido para seguir abusando de su autoridad. Él, que antes hizo un mitin de repudio delante de los padres de mis compañeros; padres que conocía de toda la vida y no daban crédito a lo que decía. Un año duró aquello, en el que entró un Ulises timorato y salió un maricón”.

El maestro y activista Raúl Soublett recuerda su salida del clóset como una “etapa de mi vida que fue crucial, decisiva, difícil pero necesaria para poder vivir sin miedo”.

“Decirle a mi mamá y mi papá que me gustaban los hombres, hizo que me sintiera libre pero no podía ocultar, no puedo negar que sentía a la vez mucho miedo de la repercusión que iba a traer consigo”, dijo en Facebook.

Poco después, Raúl tuvo que volver al clóset. Su familia siguió presionando y, sin querer, solo por protegerse, volvió a ocultar su orientación sexual.

“Al paso del tiempo me fui dando cuenta que no tenía vida. Debía luchar por esa libertad que yo quería. Enfrentarme y sobrevivir aquellas amenazas que obviamente se consolidaron. Poco a poco dejé de sentir miedo, vergüenza. Me fue importando poco lo que pensaría la gente de mí. Todo eso fue un proceso, donde debía aceptarme, conocerme, eliminar ciertas cosas que replicaba por el solo hecho de aparentar ser quien no era.

“Consciente de todos los peligros y amenazas hacia nuestros derechos, pienso que poco a poco el mundo va cambiando y vamos progresando hacia eso, es mi lado optimista que quiere que sea así”, concluyó su texto.

Otros activistas prefirieron colgar fotos en Facebook y Twitter para mostrarse con sus parejas o con banderas del arcoíris. Así hicieron Adiel González Maimó y Yasmín Portales, miembros de la Plataforma 11M, uno de los pocos grupos LGBTI+ independientes organizados hasta ahora en Cuba.

También la revista Q de Cuir, una publicación digital dedicada a la comunidad gay, lesbiana, bisexual y tras, publicó testimonios sobre el clóset. Pidió a sus entrevistados que contaran “la salida más difícil” y “la salida más inesperada”.

Tropicana, una mujer trans, contó a Q de Cuir que nunca necesitó salir del clóset. “A mí se me notaba tanto, se me veía venir tanto cómo yo iba a ser”, dijo.

“Yo vivía con mis abuelos, eran mi vida, eran mis padres. Lo más doloroso es que un día mis abuelos me recogieron todas mis cosas. Estoy hablando de principios de los 80, donde se miraban las cosas desde un punto de vista tan diferente y ser homosexual en aquel tiempo era lo peor”.

Lisney Romero, una lesbiana de Guantánamo, le contó a Q de Cuir que temía la reacción de su padre, pero finalmente recibió más ataques de parte de su madre.

“Mi mamá, que siempre había sido un poquito de mente más abierta, cuando se empezó a dar cuenta de las cosas, me dijo que eso era una etapa, que se me iba a quitar, que yo siempre había tenido novio y que eso era una ‘cochiná’. Entonces tomó la actitud de contarle a todo el mundo que yo era lesbiana”.

Iracema Díaz, de Ciego de Ávila, al centro de Cuba, relató así su “salida inesperada”:

“Fue Cuerpo de Guardia, llegué con un dolor abdominal muy fuerte, mi mamá me acompañaba, casi no podía hablar, el médico de guardia me remitió con el ginecólogo enseguida. Creía que era un embarazo ectópico, yo aseguraba que no era así, pero no sabía cómo explicar que mi última pareja era una mujer y no un hombre. No me salían las palabras, comenzaba la oración y no podía terminarla.

“Finalmente fue mi mamá quien se lo comentó al doctor, que se sorprendió mucho. Hubo silencio porque el médico se quedó como en shock. ¡Se puso muy nervioso y sonreía mucho! Era joven, nos miraba como dudando y quizás hasta pensó que era una broma al inicio. Lo único que faltó fue preguntar ‘¿En serio?’”

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