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El cubano no binario que renació en España

Nonardo Perea sufrió persecución en su patria

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Nonardo Perea (Foto cortesía de Nonardo Perea)

Nonardo Perea vive en el cuerpo de Michel. Lo utiliza a su antojo para ser lo mismo clásico que vulgar, angelical o diabólico, hombre o mujer. Nonardo puede ser lo que quiera. Detrás de ese Alter Ego, se esconde Michel, tímido y retraído, quien le presta su rostro y sus manos para mostrar al mundo sus pretensiones como artista. 

Nonardo es una invención que cobra vida en fotografías, videoarte, performances, relatos, instalaciones, artículos periodísticos, cerámicas, y en cuanto formato sea posible, pues Nonardo hace mucho tiempo perdió los límites. Su mente perdió esa habilidad a medida que se reinventaba como artista empírico, pues nadie nunca le dio la posibilidad de cursar una academia de artes. 

Ha sido un gran incomprendido, mayormente porque sus piezas desbordaban erotismo y Cuba es aún demasiado mojigata para apreciar su arte queer y otras de sus obras, etiquetadas por el régimen como “políticamente incorrectas”. Michel y Nonardo fueron discriminados, por la sociedad y la dictadura que gobierna el país, ciega de poder y represión contra todo aquel que no concuerde con sus dogmas. 

Aún así, Nonardo superó esas barreras y comenzó a crear, sin la guía de nadie. Los primeros pasos los dio como escritor. Obtuvo algunas herramientas al graduarse del centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso en La Habana. Ganó varios concursos como el premio novelas de gaveta Franz Kafka 2017, con la obra ¨Los amores ejemplares¨ y el premio Félix Pita Rodríguez 2012, con la novela ¨Donde el diablo puso la mano¨. 

En las artes visuales, donde suele ser muy inquieto, obtuvo el tercer premio de fotografía “La casa por la ventana 2014” en el festival GendErotica, con su proyecto “Vulgarmente Clásica”. Participó en la Bienal 00, organizada por artistas independientes con el proyecto: “En la cama con Nonardo” y presentó su performance “Vulgarmente Clásica” en el Museo La Neomudejar en Madrid en 2019. 

Nonardo pertenece al movimiento San Isidro, un grupo de artistas e intelectuales independientes que luchan por una Cuba democrática. Esa batalla la ha librado también desde su arte y en pos de los derechos LGBTQ, como el matrimonio igualitario, la adopción homoparental y en contra de la violencia de género, que aún pervive en la isla. 

Nonardo Perea usó su arte para resaltar su oposición a un referéndum sobre el matrimonio igualitario para parejas del mismo sexo. (Foto cortesía de Nonardo Perea)

Debido a su trabajo y activismo político por un país verdaderamente libre, Nonardo recibió acoso policial y amenazas de cárcel por agentes de la Seguridad del Estado cubano. Temiendo por su vida, se refugió en España, país en el que siente que ha renacido y desde el cual conversa con el Washington Blade. 

WASHINGTON BLADE: Los que siguen tu arte en las redes sociales y fuera de ellas te conocen como Nonardo, pero pocos saben que tu nombre real es Michel. ¿Cómo y por qué nació Nonardo Perea?

NONARDO PEREA: Recuerdo que comenzaba mi carrera como escritor y estaba necesitando otro nombre que no fuese tan común. Hice una gran búsqueda y ninguno me gustaba. Quería un nombre único dentro de lo posible. Una tarde estaba sentado en la sala de mi casa con mi padre y le comenté lo de la necesidad de un nombre. Fue él quien propuso a Nonardo. A mí al principio me sonaba un poco feo, pero luego con el Perea me pareció un poco mejor. Tenía fuerza. Me gustó porque comenzaba con “No”, de negación, y le seguía el “Nardo”, de flor, o sea, que Nonardo tenía mucho que ver conmigo. Desde entonces comencé a usarlo para todos mis trabajos, tanto literarios como audiovisuales.

BLADE: ¿Cómo ha sido tu formación artística teniendo en cuenta que eres un creador empírico?

PEREA: Mi creación artística desde un inicio siempre fue muy complicada, teniendo en cuenta que por motivos de inclusión a temprana edad tuve que abandonar los estudios, por lo que no tengo ninguna formación académica; luego súmale a eso que soy un gay muy evidente. En una etapa de mi adolescencia era visto como una persona demasiado femenina. El hecho de parecer una mujer era un problema para encajar en una sociedad machista y homófoba. Donde primero traté de abrirme camino fue en la escritura. Comencé asistiendo a talleres literarios, donde gané varios concursos de una manera bastante rápida. Nunca estuve exento de críticas y rechazos por las temáticas que abordaban mis narraciones, casi siempre enfocados en temas LGBTQ y realismo sucio. Muchas veces sentí que por ser como soy incomodaba a muchos. Pero a pesar de los rechazos y malos momentos que viví en varios períodos de mi vida, continué haciendo narrativa, y también comencé a escribir artículos de tema social para el periódico digital Havana Times. Luego, con el tiempo tuve la posibilidad de aplicar a un taller de videoperiodismo en Praga convocado por  la organización People in Need, y gracias a una mujer que quiero mucho, Clara González, que vio en mí algún potencial, fui aceptado para participar del curso, en el que  aprendí algo de edición de vídeos, y recibí ayuda con equipos que me sirvieron para comenzar a hacer un trabajo audiovisual con mejor calidad. Todos mis trabajos creativos han sido realizados de manera empírica, y sobre todo soy un artista que trabaja  partiendo de la improvisación. 

BLADE: Has incursionado en manifestaciones artísticas tan diferentes como la escritura pasando por el periodismo y la actuación. ¿Cómo te defines como artista y por qué?

PEREA: Soy una persona que no puede estar inactiva. Cada día de mi vida lo paso pensando en hacer algo nuevo. A veces tengo tantas cosas en la cabeza, y el hecho de no poder llevar a cabo todo lo que quisiera me hace sentir un poco de frustración. No tengo palabras para definirme, solo puedo decir que de algún modo mis procesos creativos me han servido para sobrellevar la vida que me tocó vivir, todo lo que he hecho y hago me ha servido como un modo de escape de la  realidad y lo cotidiano, ya no podría vivir sin crear.

BLADE: Precisamente en una reciente entrevista declaraste que tu arte era un proceso de liberación de tu persona. ¿De qué exactamente te liberas cuando creas?

PEREA: Me libero del día a día, de lo cotidiano, de mis miedos y de la censura.

BLADE: En la mayoría de tus trabajos visuales trabajas con tu propia imagen. ¿Por qué?

PEREA: Me utilizo como objeto artístico porque en Cuba viví un gran tiempo en soledad. De alguna manera me aislé y creé en mi casa un espacio de confort, un lugar donde me sentía más libre. De algún modo el encierro me sirvió para estar alejado de la sociedad, esa que en gran parte de mi juventud no se cansó de hacerme sentir mal por mi condición de homosexual evidente. Por otro lado, mis propuestas literarias y arte en general no eran tomadas en cuenta. Siempre percibí que la mayoría de las personas me subvaloraban, y proponerle a alguien que colaborase conmigo en fotografías eróticas sin recibir nada a cambio era complicado, y aún sigue siéndolo. Tengo el control sobre mi cuerpo, si me quiero desnudar en una foto o en un vídeo, aunque me dé pena me despojo de complejos y lo hago. Si quiero hacer una fotografía demasiado vulgar también la hago. No tengo que solicitar autorización a nadie para hacerlo. No me pongo barreras. Me arriesgo, luego pienso, que digan lo que quieran. Yo entiendo que estoy realizando un trabajo donde expreso mis problemáticas personales y sociales, como ser humano.  

BLADE: Te asumes como una persona andrógina. ¿Cuántas dificultades te ha traído eso teniendo en cuenta que has vivido la mayor parte de tu vida y desarrollado tu obra en Cuba, un país en el que predominan aún los esquemas machistas y homofóbicos? 

PEREA: Me considero una persona andrógina no binaria, porque no me identifico con ningún sexo. Lo mismo puedo sentirme a gusto de chica que de chico. No tengo problemas con los pronombres Él o Ella. No me gusta victimizarme, pero te puedo decir que el camino ha sido bien difícil, y lo ha sido no solo para mí, sino para muchos otros gays y lesbianas que en su vida han optado por no ocultar su identidad sexual y han tenido que luchar contra el mundo. Ser como soy  en Cuba no me ha ayudó mucho en cuanto a poder ser reconocido por mi trabajo, pero ser como soy sí me ha servido para fortalecerme, y para entender que no necesito de la aprobación de ninguna institución para continuar creando. Soy un artista cubano y quieranlo o no, gran parte de mi trabajo se gestó en Cuba. 

BLADE: Muchos artistas cubanos prefieren separar sus creaciones de la política y hasta se rehúsan a dar su verdadero criterio sobre la situación de la isla. Sin embargo, tu obra tiene una alta dosis de activismo en contra de la dictadura y en la defensa de los derechos LGBTIQ. ¿Qué consecuencias, profesionales y personales, te ha traído ser un artista etiquetado por el régimen cubano como “contrarrevolucionario”?   

PEREA: La principal consecuencia es haber tenido que exiliarme; salir del país donde nací, abandonar a mi madre y familia, a mis amigos, mis perras, y toda una vida. Pero creo que tenía que ser así. No quedaba otro camino que el de decir adiós, porque por ninguna circunstancia  iba a  permitir detener mis procesos creativos, y por encima de todo iba a continuar haciendo mi activismo. Sé que tal vez no iba a poder aguantar tanta presión por parte de los agentes de la Seguridad Del Estado, quienes querían que colaborase con ellos para delatar  a mis compañeros del movimiento de San Isidro. De haber regresado a Cuba ahora mismo no sé cómo habría sido mi vida a partir de ese momento. Si ser contrarrevolucionario significa decir lo que pienso, y estar a favor de las minorías oprimidas, y de estar en contra de una dictadura que durante 61 años ha dejado a Cuba y a  su pueblo en una miseria sin nombre, pues soy contrarrevolucionario y a mucha honra. No tengo nada que agradecerle a ese país, donde siempre fui visto como un bicho raro, y lo poquito que conseguí fue gracias a mi esfuerzo y dedicación, porque estando en Cuba recibí críticas y trabas para todo, por tal motivo conmigo están recogiendo lo que sembraron, de mí que no esperen rosas.

BLADE: En Cuba para ser aceptado como parte del movimiento LGBTQ oficial tienes que compartir la ideología de la dictadura, la misma que puso a consulta popular el matrimonio igualitario y reprime a los activistas independientes. En tu opinión, cuáles son los peligros de “politizar” la lucha del movimiento gay cubano? 

PEREA: El peligro está en ver cómo se politiza. Estando en Cuba nunca dejé de ir a las marchas convocadas por el CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual) y no se me olvidará como la propia Mariela Castro (directora del CENSEX e hija del expresiedente Raúl Castro) politizaba aquellas mini marchas carnavalescas con consignas en favor de los cinco espías presos en el Imperio, y con gritos de “socialismo sí y homofobia no”. No recuerdo haber visto a ningún gay o lesbiana portando un cartel exigiendo el matrimonio igualitario, ni exigiendo libertades, ni una ley en contra la violencia de género. Es realmente patético teniendo en cuenta que el propio sistema en sí es el causante número uno de que en Cuba persista la homofobia y el abuso constante a personas del colectivo, principalmente a las personas trans, un país donde  vulneran constantemente tus derechos, ya sea por temas de raza o de orientación sexual. Esas marchas eran politizadas por el propio CENESEX en pro de un supuesto Socialismo, que está comprobado nunca ha funcionado ni va a funcionar porque aquello es un híbrido entre comunismo y capitalismo subdesarrollado, y todos sabemos que no es otra cosa que una dictadura, y de las más crudas de la historia, porque ha conseguido perdurar durante 61 años. Si Mariela Castro y todos sus fieles seguidores politizan la marcha en su beneficio, no veo porque el colectivo de manera independiente no pueda armar su propia lucha a favor de los derechos más elementales de la comunidad LGBTQ en Cuba.

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Una marcha del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia en La Habana el 14 de mayo de 2016. El Centro Nacional de Educación Sexual la organizó. (Foto de Michael K. Lavers por el Washington Blade)

BLADE: ¿En qué sentido el exilio forzado al que te has enfrentado en España ha cambiado tu obra? 

PEREA: Ahora mismo continúo haciendo lo que quiero hacer, independientemente de estar en España sigo sintiendo que estoy en Cuba. No ha cambiado mucho mi visión como artista. Llevo tan solo aquí un año y siete meses, aunque creo que esté donde esté, de algún modo mi trabajo estará vinculado al de la isla porque aún no he cortado ese cordón umbilical que me une al lugar donde nací y di mis primeros pasos. Es cierto que estando fuera uno adquiere otros mecanismos de creación y de factura en la obra, pero por el momento no creo que el enfoque de mi obra por estar en otro país haya cambiado mucho. Eso sí, aquí en Europa existen otras problemáticas de las que tal vez pueda sacar algún provecho, pero sea como sea, serán apreciadas desde la óptica de un artista exiliado latinoamericano.

BLADE: A nivel personal, ¿cómo ha sido la experiencia de ser un inmigrante gay en Europa?

PEREA: Estoy muy agradecido por España, principalmente por Madrid, que es el sitio donde he vivido desde que llegué en el 2019. Por el momento, no me he sentido discriminado ni por mi orientación sexual ni por ser extranjero. He recibido apoyo emocional y jurídico por parte de la ONG Rescate, que me acogió y donde he recibido la atención que nunca tuve en mi propio país. Con todas las problemáticas sociales y políticas que puedan existir, en este país es donde he podido de algún modo conocer lo que es la verdadera libertad.   

BLADE: ¿Qué podemos esperar de Nonardo Perea próximamente?

PEREA: Ahora me encuentro en otro momento complicado de mi vida, porque no encuentro trabajo, y no recibo ningún dinero por mi trabajo artístico, o sea que lo que hago es por amor al arte y porque no puedo dejar de construir mi propio mundo. La situación del COVID ha conseguido hacer las cosas más difíciles, no solo para mí sino para todos, pero teniendo en cuenta que soy un exiliado y que llevo poco tiempo aquí, pues es muy complicado. Aun así continúo de manera eventual haciendo los videos-arte para el proyecto audiovisual “Vulgarmente Clásica”, el cual realizo ya desde hace varios años. Y más recientemente comencé con un nuevo proyecto: “Maricón Tropical: Living in Madrid”, este un tanto más abarcador por no llamarlo ambicioso, donde inserto varias manifestaciones artísticas: el performance, el audiovisual, la literatura, el dibujo y la fotografía, y está enfocado en mi nueva vida como exiliado en Madrid, todo visto desde un punto de vista autorreferencial, como son casi todos mis propuestas.

BLADE: Si tuvieras que crear una obra que describiera tu vida ahora mismo, ¿cómo sería?

PEREA: Considero que mi vida, mi verdadera vida, ha comenzado ahora, lo de antes no lo era. Para los efectos yo nací el 19 de Marzo de 2019, cuando puse un pie en España. Todo el pasado quedó atrás. Quiero imaginar que el pasado fue un mal sueño. Mi proyecto “Maricón Tropical Living in Madrid”, es una obra donde de algún modo se refleja ese pasado, que por desgracia es imposible olvidar y es bueno también que la gente sepa cómo fue esa otra vida, pero me centro más en el presente, mis problemáticas actuales como persona que se enfrenta a una nueva vida siendo un adulto que se siente recién nacido. Solo puedo decirte que la obra de mi vida está en proceso.

Parte de la serie “Maricón Tropical: Living in Madrid” de Nonardo Perea. (Foto cortesía de Nonardo Perea)
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Centenares de personas participan en la Marcha del Orgullo en la capital salvadoreña

La población diversa volvió a ocupar el espacio público

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(Foto de Ernesto Valle por el Washington Blade)

SAN SALVADOR,  El Salvador Alrededor de las 2 de la tarde del 27 de junio, centenares de personas comenzaron a reunirse en el redondel Masferrer para participar en la tradicional Marcha del Orgullo LGBTQ de El Salvador, una movilización que año con año busca visibilizar las luchas, los avances y las demandas de la población diversa en el país. Más que una celebración, la actividad volvió a convertirse en un espacio para reivindicar la existencia de miles de personas que, pese a los desafíos sociales y políticos, continúan reclamando el respeto de sus derechos fundamentales.

Con banderas multicolores ondeando entre la multitud, música y una atmósfera cargada de emoción, la marcha inició su recorrido descendiendo por el Paseo General Escalón, atravesando las Fuentes Beethoven y la plaza El Salvador del Mundo hasta concluir en las inmediaciones del Parque Cuscatlán, sobre la 25 Avenida Sur.

A medida que avanzaban las horas, el tránsito habitual de una de las principales arterias de la capital fue sustituido por un río de colores, consignas y expresiones artísticas. Decenas personas voluntarias debidamente identificadas, acompañaron el recorrido para facilitar el paso de las personas participantes, detener el tráfico y garantizar el desarrollo de la actividad mientras miles de curiosos observaban desde las aceras, restaurantes, centros comerciales y edificios ubicados a lo largo del trayecto.

Desde horas antes del inicio del recorrido, las calles comenzaron a llenarse de personas provenientes de distintos departamentos del país. Algunas viajaron desde la madrugada para participar en la actividad, mientras otras aprovecharon el fin de semana para reencontrarse con amistades y familiares que cada año convierten la marcha en un punto de reunión.

Muchas personas dedicaron semanas e incluso meses a preparar cuidadosamente sus vestuarios, maquillajes, accesorios y pancartas. Cada atuendo representaba una forma distinta de expresar identidad, creatividad y orgullo. Algunos optaron por elaborados trajes inspirados en la cultura drag; otros lucieron prendas confeccionadas con los colores de las distintas banderas que representan a la diversidad sexual y de género. No faltaron quienes eligieron vestirse de manera sencilla, convencidos de que su sola presencia ya representaba un acto de valentía.

Los colores del arcoíris se mezclaron con las banderas trans, bisexuales, lesbianas, pansexuales, no binarias y otras identidades que forman parte de la diversidad humana. Entre abrazos, fotografías, consignas, bailes y presentaciones improvisadas, el ambiente transmitía alegría, pero también una profunda carga simbólica para quienes consideran esta marcha un acto de existencia y resistencia.

Las expresiones de afecto entre parejas, amistades y familias se desarrollaban con naturalidad durante todo el recorrido. Para muchas personas asistentes, ese espacio representó uno de los pocos momentos del año donde podían mostrarse públicamente sin ocultar quiénes son o temer al rechazo inmediato de quienes les rodean.

Memoria, resistencia y un llamado a no olvidar

Previo al banderillazo de salida, representantes de la Federación Salvadoreña LGBTIQ+ ofrecieron un mensaje que invitó a recordar el camino recorrido por quienes lucharon décadas atrás en condiciones mucho más adversas.

“Hoy caminamos pensando en quienes caminaron antes que nosotres, en quienes resistieron cuando nombrarse podía costar el trabajo, la familia, la libertad o la vida”, expresaron durante su intervención, provocando aplausos entre las personas asistentes.

El mensaje también recordó que muchas de las conquistas actuales son resultado de generaciones que enfrentaron discriminación, violencia institucional y exclusión social, abriendo camino para que nuevas juventudes puedan vivir su identidad con mayor libertad, aunque todavía persistan numerosos desafíos.

Las palabras pronunciadas antes del inicio de la marcha marcaron el tono del resto de la jornada. No se trataba únicamente de celebrar la diversidad, sino también de reconocer que detrás de cada bandera existe una historia marcada por la lucha contra la discriminación, la violencia y la invisibilización.

Sin embargo, el discurso también puso sobre la mesa una realidad poco discutida dentro del movimiento: la invisibilización de las personas adultas mayores LGBTQ. Según señalaron durante la actividad, la población diversa envejeciente continúa prácticamente ausente de los espacios públicos y de representación. No aparecen en las campañas del Mes del Orgullo, tampoco en las imágenes que suelen viralizarse en redes sociales ni en la publicidad que cada junio llena de colores distintos espacios comerciales.

Su ausencia también refleja las profundas desigualdades que históricamente ha enfrentado esta población. Muchas personas mayores crecieron en contextos donde expresar libremente su orientación sexual o identidad de género significaba perder el empleo, ser expulsadas de sus hogares o sufrir violencia física y psicológica.

La ausencia de referentes mayores refleja una deuda pendiente tanto de la sociedad como del propio movimiento, que enfrenta el desafío de reconocer las historias de quienes sobrevivieron a décadas de persecución y discriminación y que hoy continúan siendo parte fundamental de la memoria colectiva.

La edición 2026 de la marcha se desarrolló además en un contexto político que diversas organizaciones consideran especialmente complejo para la defensa de los derechos humanos.

Diversos sectores de la sociedad civil han manifestado preocupación por el cierre de espacios democráticos, el debilitamiento de organizaciones sociales y un ambiente que consideran cada vez más hostil para las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas.

En medio de ese escenario, la movilización adquirió un significado que fue mucho más allá de la celebración. Para muchas personas asistentes representó un acto de presencia política y una reafirmación de que la comunidad continúa existiendo pese a los retrocesos percibidos.

Uno de los aspectos más visibles durante el recorrido fue la importante participación de jóvenes, muchos de ellos asistiendo por primera vez a una Marcha del Orgullo. Entre sonrisas y evidente emoción, varias personas compartían que habían esperado durante años la oportunidad de participar libremente en esta actividad.

Para algunos significaba encontrarse con otras personas que comparten experiencias similares; para otros era la primera ocasión en la que podían expresar públicamente su orientación sexual o identidad de género sin esconderse.

Durante la cobertura realizada por diversos medios internacionales, una persona entrevistada por el Washington Blade, quien solicitó permanecer en el anonimato, resumió el sentimiento que compartían muchas voces presentes.

“Yo apoyé en su momento al presidente actual, pero no sabía que eso tendría un precio que sería bajar mi categoría como ciudadane de un país tan pequeño y con mente más cerrada. Igual marcho para demostrar que aquí estamos resistiendo”, expresó.

El testimonio reflejó una percepción compartida por parte de algunos asistentes respecto al contexto político y social que vive actualmente la población LGBTQ en El Salvador.

(Foto de Ernesto Valle por el Washington Blade)

Entre el respaldo empresarial y el rechazo en redes sociales

A diferencia de años anteriores, otro elemento llamó la atención durante el recorrido: la limitada presencia de organizaciones sociales claramente identificadas mediante banners, mantas o bloques organizados.

Aunque sí participaron colectivos y activistas independientes, fueron los vehículos alegóricos patrocinados por establecimientos comerciales y empresas aliadas los que dominaron visualmente buena parte del recorrido.

Los carros decorados con música, animación y publicidad fueron algunos de los elementos más llamativos de la jornada. Desde ellos se lanzaban banderas, camisetas y recuerdos promocionales mientras decenas de personas bailaban al ritmo de música pop y electrónica, generando entusiasmo entre quienes acompañaban la marcha.

No obstante, para algunas personas participantes, la menor presencia visible de organizaciones históricas también reflejó las dificultades que actualmente enfrentan muchas asociaciones dedicadas a la defensa de derechos humanos y de la población LGBTQ.

Mientras miles de personas recorrían las principales arterias de la capital, el debate también se trasladó a las redes sociales. Las publicaciones realizadas por distintos medios de comunicación rápidamente se llenaron de algunos comentarios favorables, pero también de numerosas expresiones de rechazo hacia la marcha y hacia la población diversa.

Las críticas giraron principalmente alrededor de argumentos religiosos, posturas conservadoras y visiones tradicionales sobre la familia y la sexualidad. Muchas personas expresaron opiniones despectivas o mensajes de intolerancia, mientras otras defendieron el derecho constitucional de toda persona a manifestarse pacíficamente.

Para activistas consultados durante la jornada, estas reacciones evidencian que la discriminación continúa profundamente arraigada en distintos sectores de la sociedad salvadoreña y que la necesidad de generar espacios de diálogo y educación sigue siendo una tarea pendiente.

Pese a ello, el ambiente dentro de la marcha permaneció festivo durante todo el recorrido.

Las consignas por la igualdad se alternaban con música, coreografías improvisadas y expresiones artísticas que transformaron por varias horas las calles de San Salvador en un espacio de encuentro, celebración y reivindicación.

Una vez más, por segundo año consecutivo, la jornada concluyó sin el tradicional concierto masivo que durante años marcó el cierre de la actividad. La ausencia de un evento artístico con celebridades y espectáculos musicales no disminuyó el entusiasmo de quienes participaron hasta el final del recorrido. Conforme caía la tarde, muchas personas permanecieron en las inmediaciones del Parque Cuscatlán compartiendo fotografías, conversando y despidiéndose con la satisfacción de haber formado parte de una nueva edición del Pride salvadoreño.

Las fotografías, abrazos colectivos y mensajes escritos en pancartas terminaron convirtiéndose en el cierre simbólico de una jornada cuyo principal objetivo fue ocupar el espacio público y reafirmar la existencia de una comunidad históricamente marginada.

Las consignas podían leerse en decenas de carteles: llamados al respeto, a la igualdad, al reconocimiento de derechos y al fin de la discriminación.

Más que una celebración aislada, la Marcha del Orgullo 2026 volvió a convertirse en un recordatorio de que la historia de la población LGBTQ salvadoreña ha estado marcada por un pasado de violencia, un presente de constantes desafíos y un futuro que continúa construyéndose desde la esperanza.

En cada paso, quienes caminaron este sábado recordaron que el orgullo no nace únicamente de la celebración de la diversidad, sino también de la capacidad de resistir frente a la exclusión, el prejuicio y el silencio.

Con cada bandera levantada, cada abrazo compartido y cada consigna pronunciada a lo largo del recorrido, las personas asistentes enviaron un mensaje claro tanto a la sociedad salvadoreña como a las instituciones del Estado: la diversidad continúa presente, organizada y decidida a defender su derecho a existir.

Porque, como repetían muchas de las pancartas que acompañaron la movilización, el principal reclamo no es un privilegio especial. Es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, profundamente humano: vivir con dignidad, sin miedo, con igualdad ante la ley y con el respeto que merece toda persona, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. La Marcha del Orgullo 2026 volvió a demostrar que, pese a las adversidades, la población LGBTQ salvadoreña continúa encontrando en las calles un espacio para hacer visible su historia, sus luchas y la convicción de que seguir existiendo también es una forma de resistencia.

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El Salvador

‘Mani Fiesta tu Orgullo’: memoria, resistencia y celebración marcan inicio del Mes del Orgullo en El Salvador

Actividad reunió a cientos de personas en un espacio de encuentro, cultura y reivindicación

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(Foto cortesia de la Federación Salvadoreña LGBTI)

Entre los sonidos vibrantes de la batucada, las luces de colores, la música y los mensajes de reivindicación, el 5 de junio se llevó a cabo una nueva edición de “Mani Fiesta tu Orgullo”, un evento que durante los últimos cuatro años se ha convertido en una de las actividades más emblemáticas para dar inicio a las celebraciones y acciones de incidencia política, cultural y comunitaria del Mes del Orgullo en El Salvador.

La actividad, organizada por la Federación Salvadoreña LGBTI en conjunto con el Centro Cultural de España en El Salvador, congregó entre 200 y 300 personas que se dieron cita para compartir un espacio de encuentro, reflexión, memoria histórica y celebración de la diversidad.

Desde las 7 p.m. y hasta las 10 p.m., el recinto se transformó en un punto de reunión para activistas, artistas, organizaciones de la sociedad civil, personas de la comunidad LGBTQ y aliados que año con año encuentran en esta actividad una oportunidad para reafirmar su identidad y fortalecer los lazos comunitarios.

Más allá de una fiesta, los organizadores destacan que “Mani Fiesta tu Orgullo” representa un acto político y social de gran importancia, pues marca oficialmente el inicio de las actividades que diversas organizaciones desarrollan durante junio y permite posicionar públicamente las demandas, preocupaciones y aspiraciones de la comunidad LGBTQ salvadoreña.

Cuatro años construyendo comunidad y visibilidad

La iniciativa nació hace cuatro años como una propuesta para abrir el Mes del Orgullo desde un espacio cultural, inclusivo y accesible para todas las personas. Desde entonces, la actividad ha evolucionado hasta convertirse en una referencia dentro de la agenda de junio, permitiendo que organizaciones, activistas y miembros de la comunidad encuentren un espacio para compartir experiencias, fortalecer alianzas y proyectar mensajes de incidencia.

Para la Federación Salvadoreña LGBTI, uno de los aspectos más significativos ha sido el respaldo constante del Centro Cultural de España, institución que ha abierto sus puertas para albergar la actividad y contribuir a la promoción de los derechos humanos y la diversidad.

“Para nosotras y nosotros es muy gratificante contar con el apoyo del Centro Cultural de España, que ha sido un aliado importante para poder desarrollar este espacio y hacerlo crecer cada año”, destacaron integrantes de la Federación.

La continuidad del evento también refleja la capacidad de resistencia y organización de la comunidad LGBTQ en un contexto que continúa presentando desafíos relacionados con la igualdad, el reconocimiento y la garantía de derechos.

Durante estos cuatro años, “Mani Fiesta tu Orgullo” ha servido como un espacio de expresión artística, pero también como una plataforma para visibilizar las realidades que enfrenta la población diversa en el país.

Un hecho histórico: la participación activa de la Asamblea Feminista

Uno de los aspectos que marcó esta edición fue la participación activa de la Asamblea Feminista, organización que desde el año pasado se ha incorporado de manera más directa a la coordinación y desarrollo de las actividades del Mes del Orgullo.

Aunque históricamente mujeres lesbianas y bisexuales han formado parte de las marchas y acciones impulsadas por la comunidad LGBTQ, su participación en los procesos organizativos había sido limitada. La incorporación de la Asamblea Feminista representa, según activistas, un paso importante hacia la construcción de un movimiento más amplio, inclusivo y articulado.

Para Karla Guevara, secretaria general de la Federación Salvadoreña LGBTI, este acercamiento constituye un hecho sin precedentes dentro de la historia reciente del movimiento. 

“Creo que esto es inédito, y a nosotras y nosotres como Federación nos llena de orgullo que las compañeras lesbianas y bisexuales se hayan podido sumar a estas actividades del Mes del Orgullo”, expresó.

Karla Guevara, secretaria general de la Federación Salvadoreña LGBTI (Foto cortesía de la Federación Salvadoreña LGBTI)

La participación de organizaciones feministas también evidencia una creciente convergencia entre distintas luchas sociales que comparten principios relacionados con la igualdad, la dignidad humana y la defensa de los derechos fundamentales. Para muchas personas asistentes, esta articulación representa una oportunidad para fortalecer redes de apoyo y construir agendas comunes frente a desafíos que afectan a diversos sectores históricamente excluidos.

Arte, música y celebración como herramientas de resistencia

La jornada estuvo marcada por expresiones artísticas que aportaron energía y color a la celebración. La reconocida batucada Las Musas fue una de las agrupaciones encargadas de animar la noche, aportando ritmos vibrantes que acompañaron gran parte de la actividad.

Asimismo, la participación de la DJ Drag Alexa Evangelista contribuyó a crear un ambiente festivo y diverso, donde la música se convirtió en un lenguaje común para las personas asistentes.

Más allá del entretenimiento, las expresiones artísticas desempeñan un papel fundamental dentro de los movimientos sociales, especialmente en aquellos relacionados con la diversidad sexual y de género.

El arte, la música, la danza y las expresiones culturales permiten construir comunidad, fortalecer identidades y generar espacios seguros donde las personas pueden expresarse libremente. En este sentido, “Mani Fiesta tu Orgullo” demuestra cómo la celebración también puede convertirse en una forma de resistencia frente a la discriminación y la exclusión.

Un manifiesto dedicado a la memoria y la gratitud

Uno de los momentos más significativos de la noche fue la lectura del manifiesto del orgullo correspondiente a este año. A diferencia de otros años, el documento estuvo enfocado principalmente en la memoria histórica y el reconocimiento de quienes construyeron los primeros espacios de organización y resistencia en condiciones mucho más adversas.

El mensaje recordó a aquellas personas que, en décadas pasadas, comenzaron a construir comunidad desde la clandestinidad, cuando la discriminación social era aún más intensa y los espacios seguros prácticamente inexistían. También rindió homenaje a quienes fallecieron durante la pandemia del VIH/Sida en las décadas de 1980 y 1990, una de las etapas más dolorosas para la población LGBTQ a nivel mundial.

El manifiesto destacó además la importancia de recordar la primera Marcha del Orgullo realizada en El Salvador en 1997, un acontecimiento histórico que marcó un antes y un después en la visibilidad pública de la comunidad diversa. Asimismo, se hizo un reconocimiento especial a las personas adultas mayores de la comunidad, incluyendo mujeres lesbianas, hombres gays, personas bisexuales y mujeres trans, cuyas experiencias y luchas han contribuido a abrir camino para las nuevas generaciones.

Para muchas de las personas presentes, este enfoque representó una invitación a mirar hacia atrás con gratitud, reconociendo que los avances actuales son el resultado de décadas de trabajo, organización y valentía.

El orgullo como memoria, comunidad y esperanza

Aunque junio suele asociarse con celebraciones, desfiles y manifestaciones públicas, para muchas organizaciones LGBTQ el orgullo también implica memoria, reflexión y compromiso con las generaciones futuras.

Eventos como “Mani Fiesta tu Orgullo” permiten recordar que detrás de cada conquista existen historias de personas que enfrentaron discriminación, violencia y exclusión para abrir espacios de participación y reconocimiento. Al mismo tiempo, estas actividades fortalecen los vínculos comunitarios y generan oportunidades para que nuevas personas se integren a los movimientos de defensa de derechos humanos.

La edición de este año dejó en evidencia que la comunidad LGBTQ salvadoreña continúa apostando por la organización colectiva, la construcción de alianzas y la recuperación de la memoria histórica como herramientas fundamentales para avanzar. Con una asistencia que superó las expectativas de los organizadores y una creciente participación de distintos sectores sociales, “Mani Fiesta tu Orgullo” reafirmó su lugar como una de las actividades más significativas del inicio del Mes del Orgullo en El Salvador.

Más que una celebración, fue un espacio para recordar, agradecer y reconocer que cada paso dado en la búsqueda de igualdad ha sido posible gracias a quienes, desde distintos momentos de la historia, decidieron levantar la voz y construir comunidad. Y precisamente allí radica la esencia de esta actividad: en recordar que el orgullo no solo se celebra, también se hereda, se construye y se comparte.

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The university that refuses to let go

Joanna Cifredo is a trans woman participating in University of Puerto Rico strike

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Joanna Cifredo outside the University of Puerto Rico campus in Mayagüez, Puerto Rico. (Washington Blade photo by Ignacio Estrada Cepero)

Over the past days, I have been walking with a question that refuses to leave me. Not the kind of question you answer from a desk or from a distance, but one that grows out of what you witness in real time, at the gates, in the faces of those who remain there without knowing how any of this will end. What is truly happening inside the University of Puerto Rico, and why have so many students decided to risk everything at a moment when they can least afford to lose anything.

I write as someone who lives just steps away from the Río Piedras campus. These days, the silence has replaced the constant movement that once defined this space. The absence is felt in every corner where students used to pass at all hours. Since arriving in Puerto Rico three years ago, I have come to know firsthand stories that rarely make it into reports or official statements. One of the reasons I chose to stay was precisely this, to serve the university community, to help create a space where students could find something as basic as a safe meal at night and, in some way, ease burdens that are often carried in silence.

I have listened, asked questions, and tried to understand without imposing answers. What I have found is not a collective outburst or a generational whim. What exists is a fracture, a deep break between those making decisions and those living with their consequences every single day.

There has been an effort to reduce this strike to an issue of order, scheduling, or academic disruption. Conversations revolve around missed classes, delayed semesters, and students supposedly unaware of the consequences of their actions. What is rarely addressed are the conditions that lead an entire student body to pause its own future to sustain a protest that offers no guarantees.

Because that is the reality. These are students who fully understand what they are risking, and yet they remain. When someone reaches that point, the least they deserve is not judgment, but to be heard.

From the outside, there have also been attempts to discredit what is happening. Familiar narratives are repeated, legitimacy is questioned, and doubt is cast over intentions. It is easier to do that than to acknowledge that this did not begin at the gates, but long before, in decisions made without building trust.

And something must be said clearly. This is not limited to the gates of Río Piedras. What we are witnessing extends across every unit of the University of Puerto Rico system. Mayagüez, Ponce, Arecibo, Bayamón, Cayey, Humacao, Carolina, Aguadilla, Utuado, and the Medical Sciences Campus. This is not an isolated reaction. It is a movement that runs through the entire institution. Río Piedras may be more visible, but it is not alone. What is happening there reflects a broader unrest felt across the system.

Within that context, one demand has grown increasingly present, the call for the resignation of University of Puerto Rico President Zayira Jordán Conde. This is not the voice of a small group. It reflects a deeper level of mistrust that has spread across multiple campuses.

The Puerto Rican Association of University Professors has also made it clear that this is not solely a student issue. There is real concern among faculty, and a shared recognition of the conditions currently shaping the university. When students and professors arrive at the same conclusion, the problem can no longer be minimized.

Meanwhile, the administration continues to speak in the language of dialogue. But dialogue is not a word, it is a practice. And when trust has been broken, it cannot be restored through statements alone, but through decisions that prove a willingness to truly listen.

In the midst of all of this, there are voices that cannot be ignored. Voices grounded not in theory, but in lived experience. One of them is Joanna Cifredo, a student at the Mayagüez campus, a young Puerto Rican trans woman, and someone widely recognized for her advocacy.

I spoke with her in recent days. What follows is her voice, exactly as it is.

How would you describe what is happening inside the University of Puerto Rico right now, beyond what people see from the outside?

Estamos viviendo momentos muy difíciles, en el sentido de que hay mucha incertidumbre y una presión constante por parte de la administración para reabrir el recinto, pero, entre todo el caos e inestabilidad provocado por las decisiones de esta administración, también hemos vivido momentos muy poderosos. Esta lucha ha sacado lo mejor de nuestra comunidad.

Lo vimos en las asambleas y plenos, donde 1,500, 1,700, hasta 1,800 estudiantes llegaron —bajo lluvia, bajo advertencias de inundaciones— y aun así se quedaron, participaron y votaron a favor de una manifestación indefinida hasta que se atiendan nuestros reclamos.

He conocido a tantas personas en los diferentes portones, estudiantes graduados, aletas, estudiantes de intercambio, estudiantes de todo tipo de concentraciones y se unieron para apoyar el movimiento estudiantil. Estudiantes que vienen a los portones después del trabajo o antes de trabajar. Estudiantes que vienen a dejar agua y suministros entre turnos de trabajo. Viejitos que vienen a los portones con desayuno, almuerzo o cena.

Más allá de lo que se ve desde afuera, lo que estamos viviendo es una mezcla de tensión y resistencia, pero también de comunidad, solidaridad y compromiso colectivo.

Much of what is discussed remains at the level of headlines or social media. From your direct experience, what specific decisions or actions from the administration have led to this level of mobilization?

Desde el inicio, la designación de la Dra. Zayira Jordán Conde careció de respaldo dentro de la comunidad universitaria. No contaba con experiencia administrativa en la UPR ni con un conocimiento básico de nuestros procesos, cultura y reglamentos. Por eso, en asamblea, el estudiantado votó para solicitarle a la Junta de Gobierno que no considerara su candidatura, y múltiples organizaciones docentes hicieron lo mismo. Existía un consenso amplio de que no tenía la experiencia necesaria para liderar una institución como la nuestra.

A pesar de ese rechazo claro, la Junta de Gobierno decidió ignorar los reclamos de la comunidad universitaria e imponer su nombramiento.

Una vez en el cargo, su estilo de gobernanza ha sido poco transparente y poco colaborativo. Sin embargo, el detonante principal de la movilización en el Recinto Universitario de Mayagüez fue su decisión de destituir, de manera unilateral y en medio del semestre, a cinco rectores, incluyendo al nuestro, el Dr. Agustín Rullán Toro, para reemplazarlo por un rector interino, el Dr. Miguel Muñoz Muñoz.

Esta acción, tomada de forma abrupta, provocó de inmediato un clima de caos e inestabilidad dentro de la institución. Y deja una pregunta inevitable: ¿no anticipó el impacto de esa decisión, lo que evidenciaría una falta de experiencia? ¿O lo anticipó y aun así decidió proceder? No está claro cuál de las dos es más preocupante.

Además, esta decisión tuvo consecuencias concretas para el estudiantado, incluyendo el retiro de becas educativas para nuevos integrantes del RUM por parte de la Fundación Ceiba, que calificó la movida como “sorprendente” y “preocupante”. Decisiones impulsivas como la que tomó la presidenta ponen en peligro la estabilidad de nuestra institución y la acreditación de la universidad.

As a trans woman within this movement, how does your identity intersect with what is happening, and why does this also shape the future of people like you?

Soy una de varias chicas trans que formamos parte activa de este movimiento estudiantil.

For those outside the UPR who believe this does not affect them, what are the real consequences of this crisis?

La Universidad de Puerto Rico se fundó para servir al pueblo.

It is impossible to overstate the role the University of Puerto Rico and its students have played in shaping the social, cultural, and economic life of this country. Its impact extends into science, medicine, and every profession that has sustained Puerto Rico over time. No other educational institution has contributed more.

After listening to her, one thing becomes undeniable. This is not just another protest, but a generation refusing to let go of what little remains within its reach. And when a generation reaches that point, the issue is no longer the strike, the issue becomes the country itself.

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