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El cubano no binario que renació en España

Nonardo Perea sufrió persecución en su patria

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Nonardo Perea (Foto cortesía de Nonardo Perea)

Nonardo Perea vive en el cuerpo de Michel. Lo utiliza a su antojo para ser lo mismo clásico que vulgar, angelical o diabólico, hombre o mujer. Nonardo puede ser lo que quiera. Detrás de ese Alter Ego, se esconde Michel, tímido y retraído, quien le presta su rostro y sus manos para mostrar al mundo sus pretensiones como artista. 

Nonardo es una invención que cobra vida en fotografías, videoarte, performances, relatos, instalaciones, artículos periodísticos, cerámicas, y en cuanto formato sea posible, pues Nonardo hace mucho tiempo perdió los límites. Su mente perdió esa habilidad a medida que se reinventaba como artista empírico, pues nadie nunca le dio la posibilidad de cursar una academia de artes. 

Ha sido un gran incomprendido, mayormente porque sus piezas desbordaban erotismo y Cuba es aún demasiado mojigata para apreciar su arte queer y otras de sus obras, etiquetadas por el régimen como “políticamente incorrectas”. Michel y Nonardo fueron discriminados, por la sociedad y la dictadura que gobierna el país, ciega de poder y represión contra todo aquel que no concuerde con sus dogmas. 

Aún así, Nonardo superó esas barreras y comenzó a crear, sin la guía de nadie. Los primeros pasos los dio como escritor. Obtuvo algunas herramientas al graduarse del centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso en La Habana. Ganó varios concursos como el premio novelas de gaveta Franz Kafka 2017, con la obra ¨Los amores ejemplares¨ y el premio Félix Pita Rodríguez 2012, con la novela ¨Donde el diablo puso la mano¨. 

En las artes visuales, donde suele ser muy inquieto, obtuvo el tercer premio de fotografía “La casa por la ventana 2014” en el festival GendErotica, con su proyecto “Vulgarmente Clásica”. Participó en la Bienal 00, organizada por artistas independientes con el proyecto: “En la cama con Nonardo” y presentó su performance “Vulgarmente Clásica” en el Museo La Neomudejar en Madrid en 2019. 

Nonardo pertenece al movimiento San Isidro, un grupo de artistas e intelectuales independientes que luchan por una Cuba democrática. Esa batalla la ha librado también desde su arte y en pos de los derechos LGBTQ, como el matrimonio igualitario, la adopción homoparental y en contra de la violencia de género, que aún pervive en la isla. 

Nonardo Perea usó su arte para resaltar su oposición a un referéndum sobre el matrimonio igualitario para parejas del mismo sexo. (Foto cortesía de Nonardo Perea)

Debido a su trabajo y activismo político por un país verdaderamente libre, Nonardo recibió acoso policial y amenazas de cárcel por agentes de la Seguridad del Estado cubano. Temiendo por su vida, se refugió en España, país en el que siente que ha renacido y desde el cual conversa con el Washington Blade. 

WASHINGTON BLADE: Los que siguen tu arte en las redes sociales y fuera de ellas te conocen como Nonardo, pero pocos saben que tu nombre real es Michel. ¿Cómo y por qué nació Nonardo Perea?

NONARDO PEREA: Recuerdo que comenzaba mi carrera como escritor y estaba necesitando otro nombre que no fuese tan común. Hice una gran búsqueda y ninguno me gustaba. Quería un nombre único dentro de lo posible. Una tarde estaba sentado en la sala de mi casa con mi padre y le comenté lo de la necesidad de un nombre. Fue él quien propuso a Nonardo. A mí al principio me sonaba un poco feo, pero luego con el Perea me pareció un poco mejor. Tenía fuerza. Me gustó porque comenzaba con “No”, de negación, y le seguía el “Nardo”, de flor, o sea, que Nonardo tenía mucho que ver conmigo. Desde entonces comencé a usarlo para todos mis trabajos, tanto literarios como audiovisuales.

BLADE: ¿Cómo ha sido tu formación artística teniendo en cuenta que eres un creador empírico?

PEREA: Mi creación artística desde un inicio siempre fue muy complicada, teniendo en cuenta que por motivos de inclusión a temprana edad tuve que abandonar los estudios, por lo que no tengo ninguna formación académica; luego súmale a eso que soy un gay muy evidente. En una etapa de mi adolescencia era visto como una persona demasiado femenina. El hecho de parecer una mujer era un problema para encajar en una sociedad machista y homófoba. Donde primero traté de abrirme camino fue en la escritura. Comencé asistiendo a talleres literarios, donde gané varios concursos de una manera bastante rápida. Nunca estuve exento de críticas y rechazos por las temáticas que abordaban mis narraciones, casi siempre enfocados en temas LGBTQ y realismo sucio. Muchas veces sentí que por ser como soy incomodaba a muchos. Pero a pesar de los rechazos y malos momentos que viví en varios períodos de mi vida, continué haciendo narrativa, y también comencé a escribir artículos de tema social para el periódico digital Havana Times. Luego, con el tiempo tuve la posibilidad de aplicar a un taller de videoperiodismo en Praga convocado por  la organización People in Need, y gracias a una mujer que quiero mucho, Clara González, que vio en mí algún potencial, fui aceptado para participar del curso, en el que  aprendí algo de edición de vídeos, y recibí ayuda con equipos que me sirvieron para comenzar a hacer un trabajo audiovisual con mejor calidad. Todos mis trabajos creativos han sido realizados de manera empírica, y sobre todo soy un artista que trabaja  partiendo de la improvisación. 

BLADE: Has incursionado en manifestaciones artísticas tan diferentes como la escritura pasando por el periodismo y la actuación. ¿Cómo te defines como artista y por qué?

PEREA: Soy una persona que no puede estar inactiva. Cada día de mi vida lo paso pensando en hacer algo nuevo. A veces tengo tantas cosas en la cabeza, y el hecho de no poder llevar a cabo todo lo que quisiera me hace sentir un poco de frustración. No tengo palabras para definirme, solo puedo decir que de algún modo mis procesos creativos me han servido para sobrellevar la vida que me tocó vivir, todo lo que he hecho y hago me ha servido como un modo de escape de la  realidad y lo cotidiano, ya no podría vivir sin crear.

BLADE: Precisamente en una reciente entrevista declaraste que tu arte era un proceso de liberación de tu persona. ¿De qué exactamente te liberas cuando creas?

PEREA: Me libero del día a día, de lo cotidiano, de mis miedos y de la censura.

BLADE: En la mayoría de tus trabajos visuales trabajas con tu propia imagen. ¿Por qué?

PEREA: Me utilizo como objeto artístico porque en Cuba viví un gran tiempo en soledad. De alguna manera me aislé y creé en mi casa un espacio de confort, un lugar donde me sentía más libre. De algún modo el encierro me sirvió para estar alejado de la sociedad, esa que en gran parte de mi juventud no se cansó de hacerme sentir mal por mi condición de homosexual evidente. Por otro lado, mis propuestas literarias y arte en general no eran tomadas en cuenta. Siempre percibí que la mayoría de las personas me subvaloraban, y proponerle a alguien que colaborase conmigo en fotografías eróticas sin recibir nada a cambio era complicado, y aún sigue siéndolo. Tengo el control sobre mi cuerpo, si me quiero desnudar en una foto o en un vídeo, aunque me dé pena me despojo de complejos y lo hago. Si quiero hacer una fotografía demasiado vulgar también la hago. No tengo que solicitar autorización a nadie para hacerlo. No me pongo barreras. Me arriesgo, luego pienso, que digan lo que quieran. Yo entiendo que estoy realizando un trabajo donde expreso mis problemáticas personales y sociales, como ser humano.  

BLADE: Te asumes como una persona andrógina. ¿Cuántas dificultades te ha traído eso teniendo en cuenta que has vivido la mayor parte de tu vida y desarrollado tu obra en Cuba, un país en el que predominan aún los esquemas machistas y homofóbicos? 

PEREA: Me considero una persona andrógina no binaria, porque no me identifico con ningún sexo. Lo mismo puedo sentirme a gusto de chica que de chico. No tengo problemas con los pronombres Él o Ella. No me gusta victimizarme, pero te puedo decir que el camino ha sido bien difícil, y lo ha sido no solo para mí, sino para muchos otros gays y lesbianas que en su vida han optado por no ocultar su identidad sexual y han tenido que luchar contra el mundo. Ser como soy  en Cuba no me ha ayudó mucho en cuanto a poder ser reconocido por mi trabajo, pero ser como soy sí me ha servido para fortalecerme, y para entender que no necesito de la aprobación de ninguna institución para continuar creando. Soy un artista cubano y quieranlo o no, gran parte de mi trabajo se gestó en Cuba. 

BLADE: Muchos artistas cubanos prefieren separar sus creaciones de la política y hasta se rehúsan a dar su verdadero criterio sobre la situación de la isla. Sin embargo, tu obra tiene una alta dosis de activismo en contra de la dictadura y en la defensa de los derechos LGBTIQ. ¿Qué consecuencias, profesionales y personales, te ha traído ser un artista etiquetado por el régimen cubano como “contrarrevolucionario”?   

PEREA: La principal consecuencia es haber tenido que exiliarme; salir del país donde nací, abandonar a mi madre y familia, a mis amigos, mis perras, y toda una vida. Pero creo que tenía que ser así. No quedaba otro camino que el de decir adiós, porque por ninguna circunstancia  iba a  permitir detener mis procesos creativos, y por encima de todo iba a continuar haciendo mi activismo. Sé que tal vez no iba a poder aguantar tanta presión por parte de los agentes de la Seguridad Del Estado, quienes querían que colaborase con ellos para delatar  a mis compañeros del movimiento de San Isidro. De haber regresado a Cuba ahora mismo no sé cómo habría sido mi vida a partir de ese momento. Si ser contrarrevolucionario significa decir lo que pienso, y estar a favor de las minorías oprimidas, y de estar en contra de una dictadura que durante 61 años ha dejado a Cuba y a  su pueblo en una miseria sin nombre, pues soy contrarrevolucionario y a mucha honra. No tengo nada que agradecerle a ese país, donde siempre fui visto como un bicho raro, y lo poquito que conseguí fue gracias a mi esfuerzo y dedicación, porque estando en Cuba recibí críticas y trabas para todo, por tal motivo conmigo están recogiendo lo que sembraron, de mí que no esperen rosas.

BLADE: En Cuba para ser aceptado como parte del movimiento LGBTQ oficial tienes que compartir la ideología de la dictadura, la misma que puso a consulta popular el matrimonio igualitario y reprime a los activistas independientes. En tu opinión, cuáles son los peligros de “politizar” la lucha del movimiento gay cubano? 

PEREA: El peligro está en ver cómo se politiza. Estando en Cuba nunca dejé de ir a las marchas convocadas por el CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual) y no se me olvidará como la propia Mariela Castro (directora del CENSEX e hija del expresiedente Raúl Castro) politizaba aquellas mini marchas carnavalescas con consignas en favor de los cinco espías presos en el Imperio, y con gritos de “socialismo sí y homofobia no”. No recuerdo haber visto a ningún gay o lesbiana portando un cartel exigiendo el matrimonio igualitario, ni exigiendo libertades, ni una ley en contra la violencia de género. Es realmente patético teniendo en cuenta que el propio sistema en sí es el causante número uno de que en Cuba persista la homofobia y el abuso constante a personas del colectivo, principalmente a las personas trans, un país donde  vulneran constantemente tus derechos, ya sea por temas de raza o de orientación sexual. Esas marchas eran politizadas por el propio CENESEX en pro de un supuesto Socialismo, que está comprobado nunca ha funcionado ni va a funcionar porque aquello es un híbrido entre comunismo y capitalismo subdesarrollado, y todos sabemos que no es otra cosa que una dictadura, y de las más crudas de la historia, porque ha conseguido perdurar durante 61 años. Si Mariela Castro y todos sus fieles seguidores politizan la marcha en su beneficio, no veo porque el colectivo de manera independiente no pueda armar su propia lucha a favor de los derechos más elementales de la comunidad LGBTQ en Cuba.

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Una marcha del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia en La Habana el 14 de mayo de 2016. El Centro Nacional de Educación Sexual la organizó. (Foto de Michael K. Lavers por el Washington Blade)

BLADE: ¿En qué sentido el exilio forzado al que te has enfrentado en España ha cambiado tu obra? 

PEREA: Ahora mismo continúo haciendo lo que quiero hacer, independientemente de estar en España sigo sintiendo que estoy en Cuba. No ha cambiado mucho mi visión como artista. Llevo tan solo aquí un año y siete meses, aunque creo que esté donde esté, de algún modo mi trabajo estará vinculado al de la isla porque aún no he cortado ese cordón umbilical que me une al lugar donde nací y di mis primeros pasos. Es cierto que estando fuera uno adquiere otros mecanismos de creación y de factura en la obra, pero por el momento no creo que el enfoque de mi obra por estar en otro país haya cambiado mucho. Eso sí, aquí en Europa existen otras problemáticas de las que tal vez pueda sacar algún provecho, pero sea como sea, serán apreciadas desde la óptica de un artista exiliado latinoamericano.

BLADE: A nivel personal, ¿cómo ha sido la experiencia de ser un inmigrante gay en Europa?

PEREA: Estoy muy agradecido por España, principalmente por Madrid, que es el sitio donde he vivido desde que llegué en el 2019. Por el momento, no me he sentido discriminado ni por mi orientación sexual ni por ser extranjero. He recibido apoyo emocional y jurídico por parte de la ONG Rescate, que me acogió y donde he recibido la atención que nunca tuve en mi propio país. Con todas las problemáticas sociales y políticas que puedan existir, en este país es donde he podido de algún modo conocer lo que es la verdadera libertad.   

BLADE: ¿Qué podemos esperar de Nonardo Perea próximamente?

PEREA: Ahora me encuentro en otro momento complicado de mi vida, porque no encuentro trabajo, y no recibo ningún dinero por mi trabajo artístico, o sea que lo que hago es por amor al arte y porque no puedo dejar de construir mi propio mundo. La situación del COVID ha conseguido hacer las cosas más difíciles, no solo para mí sino para todos, pero teniendo en cuenta que soy un exiliado y que llevo poco tiempo aquí, pues es muy complicado. Aun así continúo de manera eventual haciendo los videos-arte para el proyecto audiovisual “Vulgarmente Clásica”, el cual realizo ya desde hace varios años. Y más recientemente comencé con un nuevo proyecto: “Maricón Tropical: Living in Madrid”, este un tanto más abarcador por no llamarlo ambicioso, donde inserto varias manifestaciones artísticas: el performance, el audiovisual, la literatura, el dibujo y la fotografía, y está enfocado en mi nueva vida como exiliado en Madrid, todo visto desde un punto de vista autorreferencial, como son casi todos mis propuestas.

BLADE: Si tuvieras que crear una obra que describiera tu vida ahora mismo, ¿cómo sería?

PEREA: Considero que mi vida, mi verdadera vida, ha comenzado ahora, lo de antes no lo era. Para los efectos yo nací el 19 de Marzo de 2019, cuando puse un pie en España. Todo el pasado quedó atrás. Quiero imaginar que el pasado fue un mal sueño. Mi proyecto “Maricón Tropical Living in Madrid”, es una obra donde de algún modo se refleja ese pasado, que por desgracia es imposible olvidar y es bueno también que la gente sepa cómo fue esa otra vida, pero me centro más en el presente, mis problemáticas actuales como persona que se enfrenta a una nueva vida siendo un adulto que se siente recién nacido. Solo puedo decirte que la obra de mi vida está en proceso.

Parte de la serie “Maricón Tropical: Living in Madrid” de Nonardo Perea. (Foto cortesía de Nonardo Perea)
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The university that refuses to let go

Joanna Cifredo is a trans woman participating in University of Puerto Rico strike

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Joanna Cifredo outside the University of Puerto Rico campus in Mayagüez, Puerto Rico. (Washington Blade photo by Ignacio Estrada Cepero)

Over the past days, I have been walking with a question that refuses to leave me. Not the kind of question you answer from a desk or from a distance, but one that grows out of what you witness in real time, at the gates, in the faces of those who remain there without knowing how any of this will end. What is truly happening inside the University of Puerto Rico, and why have so many students decided to risk everything at a moment when they can least afford to lose anything.

I write as someone who lives just steps away from the Río Piedras campus. These days, the silence has replaced the constant movement that once defined this space. The absence is felt in every corner where students used to pass at all hours. Since arriving in Puerto Rico three years ago, I have come to know firsthand stories that rarely make it into reports or official statements. One of the reasons I chose to stay was precisely this, to serve the university community, to help create a space where students could find something as basic as a safe meal at night and, in some way, ease burdens that are often carried in silence.

I have listened, asked questions, and tried to understand without imposing answers. What I have found is not a collective outburst or a generational whim. What exists is a fracture, a deep break between those making decisions and those living with their consequences every single day.

There has been an effort to reduce this strike to an issue of order, scheduling, or academic disruption. Conversations revolve around missed classes, delayed semesters, and students supposedly unaware of the consequences of their actions. What is rarely addressed are the conditions that lead an entire student body to pause its own future to sustain a protest that offers no guarantees.

Because that is the reality. These are students who fully understand what they are risking, and yet they remain. When someone reaches that point, the least they deserve is not judgment, but to be heard.

From the outside, there have also been attempts to discredit what is happening. Familiar narratives are repeated, legitimacy is questioned, and doubt is cast over intentions. It is easier to do that than to acknowledge that this did not begin at the gates, but long before, in decisions made without building trust.

And something must be said clearly. This is not limited to the gates of Río Piedras. What we are witnessing extends across every unit of the University of Puerto Rico system. Mayagüez, Ponce, Arecibo, Bayamón, Cayey, Humacao, Carolina, Aguadilla, Utuado, and the Medical Sciences Campus. This is not an isolated reaction. It is a movement that runs through the entire institution. Río Piedras may be more visible, but it is not alone. What is happening there reflects a broader unrest felt across the system.

Within that context, one demand has grown increasingly present, the call for the resignation of University of Puerto Rico President Zayira Jordán Conde. This is not the voice of a small group. It reflects a deeper level of mistrust that has spread across multiple campuses.

The Puerto Rican Association of University Professors has also made it clear that this is not solely a student issue. There is real concern among faculty, and a shared recognition of the conditions currently shaping the university. When students and professors arrive at the same conclusion, the problem can no longer be minimized.

Meanwhile, the administration continues to speak in the language of dialogue. But dialogue is not a word, it is a practice. And when trust has been broken, it cannot be restored through statements alone, but through decisions that prove a willingness to truly listen.

In the midst of all of this, there are voices that cannot be ignored. Voices grounded not in theory, but in lived experience. One of them is Joanna Cifredo, a student at the Mayagüez campus, a young Puerto Rican trans woman, and someone widely recognized for her advocacy.

I spoke with her in recent days. What follows is her voice, exactly as it is.

How would you describe what is happening inside the University of Puerto Rico right now, beyond what people see from the outside?

Estamos viviendo momentos muy difíciles, en el sentido de que hay mucha incertidumbre y una presión constante por parte de la administración para reabrir el recinto, pero, entre todo el caos e inestabilidad provocado por las decisiones de esta administración, también hemos vivido momentos muy poderosos. Esta lucha ha sacado lo mejor de nuestra comunidad.

Lo vimos en las asambleas y plenos, donde 1,500, 1,700, hasta 1,800 estudiantes llegaron —bajo lluvia, bajo advertencias de inundaciones— y aun así se quedaron, participaron y votaron a favor de una manifestación indefinida hasta que se atiendan nuestros reclamos.

He conocido a tantas personas en los diferentes portones, estudiantes graduados, aletas, estudiantes de intercambio, estudiantes de todo tipo de concentraciones y se unieron para apoyar el movimiento estudiantil. Estudiantes que vienen a los portones después del trabajo o antes de trabajar. Estudiantes que vienen a dejar agua y suministros entre turnos de trabajo. Viejitos que vienen a los portones con desayuno, almuerzo o cena.

Más allá de lo que se ve desde afuera, lo que estamos viviendo es una mezcla de tensión y resistencia, pero también de comunidad, solidaridad y compromiso colectivo.

Much of what is discussed remains at the level of headlines or social media. From your direct experience, what specific decisions or actions from the administration have led to this level of mobilization?

Desde el inicio, la designación de la Dra. Zayira Jordán Conde careció de respaldo dentro de la comunidad universitaria. No contaba con experiencia administrativa en la UPR ni con un conocimiento básico de nuestros procesos, cultura y reglamentos. Por eso, en asamblea, el estudiantado votó para solicitarle a la Junta de Gobierno que no considerara su candidatura, y múltiples organizaciones docentes hicieron lo mismo. Existía un consenso amplio de que no tenía la experiencia necesaria para liderar una institución como la nuestra.

A pesar de ese rechazo claro, la Junta de Gobierno decidió ignorar los reclamos de la comunidad universitaria e imponer su nombramiento.

Una vez en el cargo, su estilo de gobernanza ha sido poco transparente y poco colaborativo. Sin embargo, el detonante principal de la movilización en el Recinto Universitario de Mayagüez fue su decisión de destituir, de manera unilateral y en medio del semestre, a cinco rectores, incluyendo al nuestro, el Dr. Agustín Rullán Toro, para reemplazarlo por un rector interino, el Dr. Miguel Muñoz Muñoz.

Esta acción, tomada de forma abrupta, provocó de inmediato un clima de caos e inestabilidad dentro de la institución. Y deja una pregunta inevitable: ¿no anticipó el impacto de esa decisión, lo que evidenciaría una falta de experiencia? ¿O lo anticipó y aun así decidió proceder? No está claro cuál de las dos es más preocupante.

Además, esta decisión tuvo consecuencias concretas para el estudiantado, incluyendo el retiro de becas educativas para nuevos integrantes del RUM por parte de la Fundación Ceiba, que calificó la movida como “sorprendente” y “preocupante”. Decisiones impulsivas como la que tomó la presidenta ponen en peligro la estabilidad de nuestra institución y la acreditación de la universidad.

As a trans woman within this movement, how does your identity intersect with what is happening, and why does this also shape the future of people like you?

Soy una de varias chicas trans que formamos parte activa de este movimiento estudiantil.

For those outside the UPR who believe this does not affect them, what are the real consequences of this crisis?

La Universidad de Puerto Rico se fundó para servir al pueblo.

It is impossible to overstate the role the University of Puerto Rico and its students have played in shaping the social, cultural, and economic life of this country. Its impact extends into science, medicine, and every profession that has sustained Puerto Rico over time. No other educational institution has contributed more.

After listening to her, one thing becomes undeniable. This is not just another protest, but a generation refusing to let go of what little remains within its reach. And when a generation reaches that point, the issue is no longer the strike, the issue becomes the country itself.

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La X vuelve al tribunal

Primer Circuito examina caso del reconocimiento de personas no binarias en Puerto Rico

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(Foto de Sergei Gnatuk via Bigstock)

Hace ocho meses escribí sobre este tema cuando todavía no había llegado al nivel judicial en el que se encuentra hoy. En ese momento, la discusión se movía entre decisiones administrativas, debates públicos y resistencias políticas. No era un asunto cerrado, pero tampoco había alcanzado el punto actual.

Hoy el escenario es distinto.

La organización Lambda Legal compareció ante el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito en Boston para solicitar que se confirme una decisión que obliga al gobierno de Puerto Rico a emitir certificados de nacimiento que reflejen la identidad de las personas no binarias. La apelación se produce luego de que un tribunal de distrito concluyera que negar esa posibilidad constituye una violación a la Constitución de Estados Unidos.

Este elemento marca la diferencia. Ya no se trata de una discusión conceptual. Existe una determinación judicial que identificó un trato desigual.

El planteamiento de la parte demandante se sostiene en el propio marco legal vigente en Puerto Rico. Los certificados de nacimiento de identidad no son registros históricos inmutables. Son documentos utilizados para fines actuales y esenciales. Permiten acceder a empleo, educación y servicios, y son requeridos en múltiples gestiones ante el Estado. Su función es operativa.

En ese contexto, la exclusión de las personas no binarias no responde a una limitación jurídica. Puerto Rico permite la corrección de marcadores de género en certificados de nacimiento para personas trans binarias desde el caso Arroyo González v. Rosselló Nevares. Además, el Código Civil reconoce la existencia de certificados que reflejan la identidad de la persona más allá del registro original.

La diferencia radica en la aplicación.

El reconocimiento se concede dentro de categorías específicas, mientras que se excluye a quienes no se identifican dentro de ese esquema. Esa exclusión es el eje de la controversia actual.

El argumento presentado por Lambda Legal es preciso. Obligar a una persona a utilizar documentos que no reflejan su identidad implica someterla a una representación incorrecta en procesos fundamentales de la vida cotidiana. Esto puede generar dificultades prácticas, exposición innecesaria y situaciones de vulnerabilidad.

Las personas demandantes, nacidas en Puerto Rico, han planteado que el acceso a documentos precisos no es una cuestión simbólica, sino una necesidad básica para poder desenvolverse sin contradicciones impuestas por el propio Estado.

El hecho de que este caso se encuentre en el sistema federal introduce una dimensión adicional. No se trata de un proyecto legislativo ni de una política pública en discusión. Es una controversia constitucional. El análisis gira en torno a derechos y a la aplicación equitativa de las leyes.

Este proceso tampoco ocurre en aislamiento.

Se desarrolla en un contexto donde los debates sobre identidad y derechos han estado marcados por una mayor presencia de posturas conservadoras en la esfera pública, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. En el ámbito local, esa influencia ha sido visible en discusiones legislativas recientes, donde argumentos de carácter religioso han comenzado a formar parte del debate sobre política pública. Esa intersección introduce tensiones en torno a la separación entre iglesia y Estado y tiene efectos concretos en el acceso a derechos.

Señalar este contexto no implica cuestionar la fe ni la práctica religiosa. Implica reconocer que, cuando determinados argumentos se trasladan al ejercicio del poder público, pueden incidir en decisiones que afectan a sectores específicos de la población.

Desde Puerto Rico, esta situación no se observa a distancia. Se experimenta en la práctica diaria. En la necesidad de presentar documentos que no corresponden con la identidad de quien los porta. En las implicaciones que esto tiene en espacios laborales, educativos y administrativos.

El avance de este caso abre una posibilidad de cambio en el marco legal aplicable. No porque resuelva de inmediato todas las tensiones en torno al tema, sino porque establece un punto de análisis jurídico sobre una práctica que hasta ahora ha operado bajo criterios restrictivos.

A diferencia de hace ocho meses, el escenario actual incluye una determinación judicial que ya identificó una violación de derechos. Lo que corresponde ahora es evaluar si esa determinación se sostiene en una instancia superior.

Ese proceso no define un resultado inmediato, pero sí establece un nuevo punto de referencia.

El debate ya no es teórico.

Ahora es judicial. 

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Cuba

Cuba bajo presión y sin respuestas

Cubanos no hablan en términos geopolíticos. Hablan de sobrevivir

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La Habana en 2017. (Foto de Michael Key por el Washington Blade)

Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a subir de tono. No es algo nuevo, pero este momento se siente distinto. Las medidas más recientes desde Washington buscan cerrar aún más los espacios financieros del gobierno cubano, limitar sus fuentes de ingreso y presionar sectores clave de la economía. No es simbólico. Es una política directa.

Desde Estados Unidos, el mensaje es claro. Se busca provocar cambios que no han ocurrido en más de seis décadas. También hay un componente interno, una presión política que responde a sectores del exilio que llevan años exigiendo una postura más dura. Todo eso forma parte del escenario.

Pero esa es solo una parte.

Del lado cubano, la respuesta sigue un patrón conocido. El gobierno habla de agresión externa, de guerra económica, de un embargo que se endurece. Cada medida se convierte en argumento para reforzar su narrativa y cerrar filas. No hay espacio para reconocer errores propios. Todo apunta hacia afuera.

Mientras tanto, la vida en la isla va por otro camino.

La crisis energética que hoy vive Cuba no empezó con estas medidas. Lleva años acumulándose. El sistema eléctrico está deteriorado, sin mantenimiento suficiente, con fallas constantes. Los apagones no son nuevos. Lo que ha cambiado es la frecuencia y la duración.

Durante años entró petróleo a Cuba, especialmente desde Venezuela. Hubo acuerdos. Hubo suministro. Y aun así, la vida del cubano no mejoró. La electricidad seguía fallando, el combustible seguía racionado, el transporte seguía siendo un problema diario.

Entonces la pregunta sigue siendo la misma.

Si el petróleo estaba entrando, ¿por qué nada cambiaba?

¿Dónde fue a parar ese recurso?

¿Dónde está el dinero que generó?

Hoy se habla de restricciones al petróleo como si fueran la causa principal de la crisis. No lo son. Empeoran una situación ya frágil, pero no la explican completamente.

Hay una historia más larga que no se puede ignorar.

Lo mismo ocurre con las brigadas médicas.

Durante años se presentaron como un gesto de solidaridad internacional. Y en muchos casos lo fueron. Médicos cubanos trabajaron en condiciones difíciles, salvaron vidas, sostuvieron sistemas de salud en otros países. Eso es real.

Pero también funcionaron como una de las principales fuentes de ingreso del Estado cubano.

Muchos de esos profesionales no recibían el salario completo por su trabajo. Una parte significativa quedaba en manos del gobierno. En algunos casos, ni siquiera tenían control sobre el dinero que generaban.

Y hay algo más duro.

Si uno de esos médicos decidía no regresar a Cuba, ese dinero no llegaba a su familia. Se quedaba retenido.

Hoy varios países están revisando o cancelando esos acuerdos. Y otra vez, la respuesta oficial es señalar hacia afuera. Pero la pregunta sigue siendo inevitable.

¿Se está perdiendo un modelo de cooperación o un sistema que dependía del control sobre sus propios profesionales?

Dentro de Cuba, la conversación suena diferente.

La gente no habla en términos geopolíticos. Habla de sobrevivir. De cómo llegar al final del día. De los apagones, de la comida que no alcanza, del transporte que no aparece, de una vida que cada vez se hace más difícil.

Hay quienes miran las medidas de Estados Unidos con cierta expectativa. No porque quieran más escasez, sino porque sienten que el sistema no cambia por sí solo. Hay una sensación de estancamiento que pesa.

Pero esa expectativa convive con una realidad concreta.

Las sanciones no golpean primero a quienes toman decisiones. Golpean al ciudadano común. Al que hace la fila. Al que pierde la comida por falta de electricidad. Al que no tiene cómo moverse.

Esa es la contradicción.

El gobierno cubano pide solidaridad internacional. Y la recibe. Países que envían ayuda, organizaciones que se movilizan, voces que defienden a la isla.

Pero hay otra pregunta que también está ahí.

¿Esa ayuda llega realmente al pueblo?

La falta de transparencia en la distribución de recursos es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que entra, sino de lo que realmente llega a quienes lo necesitan.

Reducir lo que pasa en Cuba a un conflicto entre dos gobiernos es no querer ver el cuadro completo.

Aquí hay responsabilidades compartidas, pero no iguales.

Estados Unidos ejerce presión con efectos reales sobre la economía cubana. Eso no se puede negar. Pero dentro de la isla hay un sistema que ha tenido décadas para corregir, para abrir, para responder a su gente, y no lo ha hecho.

Esa parte no se puede seguir esquivando.

Yo escribo esto como cubano. Desde lo que vi, desde lo que viví y desde la gente que sigue allá tratando de resolver el día.

Porque al final, más allá de lo que se diga entre gobiernos, la realidad es otra.

Cuba hoy está más apretada, sí. Pero también lleva años arrastrando problemas que nadie ha querido enfrentar de verdad.

Y mientras eso siga así, da igual lo que venga de afuera. El problema sigue estando adentro.

Nota del editor: Una versión de este comentario en inglés salió en el sitio web del Washington Blade el 7 de abril.

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