Noticias en Español
Un segundo hogar para la comunidad LGBTQ en Ciudad de México
Casa Frida ha cobijado a 74 personas

El 14 de febrero de 2020 Juan Antonio Carmona no llegó a casa del colegio.
Luego de asistir a sus clases, decidió celebrar San Valentín con su novio, otro adolescente de 17 años que había conocido nueve meses atrás. Sus padres, enfermos de homofobia, ya le habían prohibido salir en esa fecha, pero Carmona incumplió gustoso la orden y se fue al cine con su chico.
Al regresar, chocó una vez más con la incomprensión de su familia, que le prohibía mostrarse gay en la calle y mucho menos tras la puerta familiar. Como nunca cedió, lo expulsaron de la casa y las calles de la Ciudad de México fueron su hogar por tres semanas.
“Fue algo difícil pero necesario”, cuenta Carmona en una entrevista con el Washington Blade. “Me quedaba en las entradas de algún metro y me alimentaba con lo que encontraba en la calle”.
El número de jóvenes expulsados de sus residencias por pertenecer a la comunidad gay, muchos de los cuales se han visto obligados a vivir en las calles se ha incrementado recientemente, según el reporte de It Gets Better México, una organización sin fines de lucro con la misión de elevar, empoderar y conectar a jóvenes LGBTQ.
Asimismo, el confinamiento por la pandemia del coronavirus provocó que muchos jóvenes salieran del clóset con sus familiares, exponiéndolos a disímiles formas de discriminación. Durante la cuarentena, las niñas, niños y adolescentes LGBTQ figuraron entre los grupos más vulnerables, pues se encuentran bajo la vigilancia constante de adultos con los que pasaron el tiempo de aislamiento.
Iván Tagle, director de Yaaj México, una organización sin fines de lucro encargada de promover, proteger y garantizar los derechos humanos de la población gay, aseguró que ha recibido hasta cinco veces más casos de jóvenes en peligro de quedarse en la calle por el coronavirus.
“Es alarmante que no denuncien por miedo a delatar a uno de sus familiares, desafortunadamente no saben que existen instituciones que apoyan durante esta emergencia, y siempre de la mano de organismos gubernamentales”, detalló Alex Orué, director de It Gets Better México al medio mexicano Milenio.
Precisamente, una de esas organizaciones que tienden la mano a la comunidad LGBTQ sacó de las calles a Carmona. Un amigo lo condujo hasta Casa Frida, un refugio de reciente creación en la capital mexicana donde son bienvenidos todos aquellas personas en condiciones de vulnerabilidad.
Un lugar que cambia vidas
Casa Frida nació el 13 de mayo del 2020 en el marco de las medidas de contingencia tomadas ante la crisis pandémica de coronavirus, con el objetivo de brindar asistencia y refugio a la comunidad LGBTQ, explica al Blade Raúl Caporal Montes, codirector del refugio.
Caporal Montes define al lugar como un espacio seguro, de contención y acompañamiento psicosocial para personas de la comunidad. El nacimiento de Casa Frida fue impulsado por las “diversas barreras socio-estructurales a las que nos seguimos enfrentando las personas LGBTIQ, agudizadas por la crisis económica que acompañaba la pandemia por COVID-19”.
Este refugio brinda especial atención a jóvenes gays de entre 16 y 34 años de edad que han sido expulsados de sus hogares a razón de su orientación sexual o identidad de género, personas LGBTQ que han perdido sus fuentes de ingresos a partir el paro de actividades económicas, migrantes que pertenecen a la comunidad y/o personas con VIH.
De acuerdo con Caporal Montes, Casa Frida apoya a los más necesitados desde tres pilares fundamentales: hogar a través de un programa de alojamiento, alimentación y servicios básicos, así como la garantía de seguridad y protección; apoyo psicosocial dirigido a atender la salud mental de quienes reciben así como forman y capacitan a sus residentes para fortalecer habilidades técnicas y sociales, que les permitirán tener mayores oportunidades para la reintegración social.
Para las personas transgénero, Casa Frida brinda acompañamiento jurídico para el cambio a su identidad de género así como vinculación a servicios de salud para terapia de reemplazo hormonal. Casa Frida también tiene un equipo multidisciplinario, conformado por psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, una consulta de psiquiatría y varios voluntarios que apoyan las actividades que allí se desarrollan.
Desde su surgimiento, Casa Frida ha acogido a 74 personas, principalmente entre 18-35 años de edad. El refugio tiene una capacidad de 20 camas, aunque se espera ampliar a 34 próximamente.
A la hora de redactar esta nota, vivían en sus instalaciones 17 personas. Actualmente cuentan con un espacio residencial de tres niveles con ocho habitaciones, un área común y una terraza para el esparcimiento.

Allí, Carmona residió aproximadamente siete meses, donde siempre se sintió en un clima familiar, como no había experimentado desde hacía años, reveló. Aprendió cómo cuidarse, cómo ser él mismo, a disfrutar de las diferencias y vio crecer su autoestima, al punto de que ya no le incomodan las opiniones ajenas sobre su homosexualidad.
Durante su estancia, lo ayudaron a confeccionar su currículum; asistió a varios cursos; continuaba sus estudios y, como en cualquier casa, colaboraba con las tareas hogareñas.
Carmona recibió además asistencia psicológica para completar su proceso de autoaceptación, como también su familia mediante contactos y pláticas en busca de una reconciliación, que finalmente fue efectiva. Caporal Montes explicó al Blade que en el caso particular de Carmona se hizo una labor de acompañamiento y asistencia psicoterapéutica durante su residencia en Casa Frida.
“Se alcanzó una mediación exitosa al lograr la reintegración familiar. Para esto fue necesario un espacio integral de formación y capacitación en terminologías adecuadas, introducción a la diversidad y el género en conjunto con la familia”, contó Caporal Montes. “Luego de un tiempo comenzaron convivencias de los familiares dentro de actividades comunitarias en la casa. Esto es un ejemplo de que es posible la reintegración familiar”.
Hoy día, Carmona está de regreso con su familia, que poco a poco aprendió a aceptar su orientación sexual y desterró esas burlas incómodas que tanto daño le hacían.
“En Casa Frida me subieron la autoestima. Me hicieron salir adelante, pues ya estoy trabajando y pensando en mi independencia económica. Ellos cambiaron demasiado mi vida”, declaró.
Todo esto es posible gracias a las donaciones realizadas por la propia comunidad LGBTIQ y organizaciones civiles, pues actualmente no cuentan con subsidios gubernamentales. Han sobrevivido a la actual pandemia gracias a “la solidaridad, amor y apoyo de la propia comunidad LGBTIQ, organizaciones, vecinos y ciudadanos”, destacó Caporal Montes.
El codirector hizo además un llamado a todas aquellas personas que pudieran hacer donaciones a través de su sitio web para mantener su promesa de ayuda a quienes enfrentan situaciones complejas por su orientación sexual o identidad de género.
https://www.refugiocasafrida.com/donar
Quienes necesiten el apoyo de este refugio existen múltiples vías para contactarlos: a través de su página web, al correo electrónico: [email protected], llamando al teléfono 5563796215 o mensajería de Whatsapp al 5618028637 así como presentarse en su sede, sita en Calle Sur 105 #434, Colonia Heroes de Churubusco, Iztapalapa, Ciudad de México.

Noticias en Español
La X vuelve al tribunal
Primer Circuito examina caso del reconocimiento de personas no binarias en Puerto Rico
Hace ocho meses escribí sobre este tema cuando todavía no había llegado al nivel judicial en el que se encuentra hoy. En ese momento, la discusión se movía entre decisiones administrativas, debates públicos y resistencias políticas. No era un asunto cerrado, pero tampoco había alcanzado el punto actual.
Hoy el escenario es distinto.
La organización Lambda Legal compareció ante el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito en Boston para solicitar que se confirme una decisión que obliga al gobierno de Puerto Rico a emitir certificados de nacimiento que reflejen la identidad de las personas no binarias. La apelación se produce luego de que un tribunal de distrito concluyera que negar esa posibilidad constituye una violación a la Constitución de Estados Unidos.
Este elemento marca la diferencia. Ya no se trata de una discusión conceptual. Existe una determinación judicial que identificó un trato desigual.
El planteamiento de la parte demandante se sostiene en el propio marco legal vigente en Puerto Rico. Los certificados de nacimiento de identidad no son registros históricos inmutables. Son documentos utilizados para fines actuales y esenciales. Permiten acceder a empleo, educación y servicios, y son requeridos en múltiples gestiones ante el Estado. Su función es operativa.
En ese contexto, la exclusión de las personas no binarias no responde a una limitación jurídica. Puerto Rico permite la corrección de marcadores de género en certificados de nacimiento para personas trans binarias desde el caso Arroyo González v. Rosselló Nevares. Además, el Código Civil reconoce la existencia de certificados que reflejan la identidad de la persona más allá del registro original.
La diferencia radica en la aplicación.
El reconocimiento se concede dentro de categorías específicas, mientras que se excluye a quienes no se identifican dentro de ese esquema. Esa exclusión es el eje de la controversia actual.
El argumento presentado por Lambda Legal es preciso. Obligar a una persona a utilizar documentos que no reflejan su identidad implica someterla a una representación incorrecta en procesos fundamentales de la vida cotidiana. Esto puede generar dificultades prácticas, exposición innecesaria y situaciones de vulnerabilidad.
Las personas demandantes, nacidas en Puerto Rico, han planteado que el acceso a documentos precisos no es una cuestión simbólica, sino una necesidad básica para poder desenvolverse sin contradicciones impuestas por el propio Estado.
El hecho de que este caso se encuentre en el sistema federal introduce una dimensión adicional. No se trata de un proyecto legislativo ni de una política pública en discusión. Es una controversia constitucional. El análisis gira en torno a derechos y a la aplicación equitativa de las leyes.
Este proceso tampoco ocurre en aislamiento.
Se desarrolla en un contexto donde los debates sobre identidad y derechos han estado marcados por una mayor presencia de posturas conservadoras en la esfera pública, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. En el ámbito local, esa influencia ha sido visible en discusiones legislativas recientes, donde argumentos de carácter religioso han comenzado a formar parte del debate sobre política pública. Esa intersección introduce tensiones en torno a la separación entre iglesia y Estado y tiene efectos concretos en el acceso a derechos.
Señalar este contexto no implica cuestionar la fe ni la práctica religiosa. Implica reconocer que, cuando determinados argumentos se trasladan al ejercicio del poder público, pueden incidir en decisiones que afectan a sectores específicos de la población.
Desde Puerto Rico, esta situación no se observa a distancia. Se experimenta en la práctica diaria. En la necesidad de presentar documentos que no corresponden con la identidad de quien los porta. En las implicaciones que esto tiene en espacios laborales, educativos y administrativos.
El avance de este caso abre una posibilidad de cambio en el marco legal aplicable. No porque resuelva de inmediato todas las tensiones en torno al tema, sino porque establece un punto de análisis jurídico sobre una práctica que hasta ahora ha operado bajo criterios restrictivos.
A diferencia de hace ocho meses, el escenario actual incluye una determinación judicial que ya identificó una violación de derechos. Lo que corresponde ahora es evaluar si esa determinación se sostiene en una instancia superior.
Ese proceso no define un resultado inmediato, pero sí establece un nuevo punto de referencia.
El debate ya no es teórico.
Ahora es judicial.
Cuba
Cuba bajo presión y sin respuestas
Cubanos no hablan en términos geopolíticos. Hablan de sobrevivir
Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a subir de tono. No es algo nuevo, pero este momento se siente distinto. Las medidas más recientes desde Washington buscan cerrar aún más los espacios financieros del gobierno cubano, limitar sus fuentes de ingreso y presionar sectores clave de la economía. No es simbólico. Es una política directa.
Desde Estados Unidos, el mensaje es claro. Se busca provocar cambios que no han ocurrido en más de seis décadas. También hay un componente interno, una presión política que responde a sectores del exilio que llevan años exigiendo una postura más dura. Todo eso forma parte del escenario.
Pero esa es solo una parte.
Del lado cubano, la respuesta sigue un patrón conocido. El gobierno habla de agresión externa, de guerra económica, de un embargo que se endurece. Cada medida se convierte en argumento para reforzar su narrativa y cerrar filas. No hay espacio para reconocer errores propios. Todo apunta hacia afuera.
Mientras tanto, la vida en la isla va por otro camino.
La crisis energética que hoy vive Cuba no empezó con estas medidas. Lleva años acumulándose. El sistema eléctrico está deteriorado, sin mantenimiento suficiente, con fallas constantes. Los apagones no son nuevos. Lo que ha cambiado es la frecuencia y la duración.
Durante años entró petróleo a Cuba, especialmente desde Venezuela. Hubo acuerdos. Hubo suministro. Y aun así, la vida del cubano no mejoró. La electricidad seguía fallando, el combustible seguía racionado, el transporte seguía siendo un problema diario.
Entonces la pregunta sigue siendo la misma.
Si el petróleo estaba entrando, ¿por qué nada cambiaba?
¿Dónde fue a parar ese recurso?
¿Dónde está el dinero que generó?
Hoy se habla de restricciones al petróleo como si fueran la causa principal de la crisis. No lo son. Empeoran una situación ya frágil, pero no la explican completamente.
Hay una historia más larga que no se puede ignorar.
Lo mismo ocurre con las brigadas médicas.
Durante años se presentaron como un gesto de solidaridad internacional. Y en muchos casos lo fueron. Médicos cubanos trabajaron en condiciones difíciles, salvaron vidas, sostuvieron sistemas de salud en otros países. Eso es real.
Pero también funcionaron como una de las principales fuentes de ingreso del Estado cubano.
Muchos de esos profesionales no recibían el salario completo por su trabajo. Una parte significativa quedaba en manos del gobierno. En algunos casos, ni siquiera tenían control sobre el dinero que generaban.
Y hay algo más duro.
Si uno de esos médicos decidía no regresar a Cuba, ese dinero no llegaba a su familia. Se quedaba retenido.
Hoy varios países están revisando o cancelando esos acuerdos. Y otra vez, la respuesta oficial es señalar hacia afuera. Pero la pregunta sigue siendo inevitable.
¿Se está perdiendo un modelo de cooperación o un sistema que dependía del control sobre sus propios profesionales?
Dentro de Cuba, la conversación suena diferente.
La gente no habla en términos geopolíticos. Habla de sobrevivir. De cómo llegar al final del día. De los apagones, de la comida que no alcanza, del transporte que no aparece, de una vida que cada vez se hace más difícil.
Hay quienes miran las medidas de Estados Unidos con cierta expectativa. No porque quieran más escasez, sino porque sienten que el sistema no cambia por sí solo. Hay una sensación de estancamiento que pesa.
Pero esa expectativa convive con una realidad concreta.
Las sanciones no golpean primero a quienes toman decisiones. Golpean al ciudadano común. Al que hace la fila. Al que pierde la comida por falta de electricidad. Al que no tiene cómo moverse.
Esa es la contradicción.
El gobierno cubano pide solidaridad internacional. Y la recibe. Países que envían ayuda, organizaciones que se movilizan, voces que defienden a la isla.
Pero hay otra pregunta que también está ahí.
¿Esa ayuda llega realmente al pueblo?
La falta de transparencia en la distribución de recursos es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que entra, sino de lo que realmente llega a quienes lo necesitan.
Reducir lo que pasa en Cuba a un conflicto entre dos gobiernos es no querer ver el cuadro completo.
Aquí hay responsabilidades compartidas, pero no iguales.
Estados Unidos ejerce presión con efectos reales sobre la economía cubana. Eso no se puede negar. Pero dentro de la isla hay un sistema que ha tenido décadas para corregir, para abrir, para responder a su gente, y no lo ha hecho.
Esa parte no se puede seguir esquivando.
Yo escribo esto como cubano. Desde lo que vi, desde lo que viví y desde la gente que sigue allá tratando de resolver el día.
Porque al final, más allá de lo que se diga entre gobiernos, la realidad es otra.
Cuba hoy está más apretada, sí. Pero también lleva años arrastrando problemas que nadie ha querido enfrentar de verdad.
Y mientras eso siga así, da igual lo que venga de afuera. El problema sigue estando adentro.
Ecuador
Adolescentes trans en Ecuador podrán cambiar datos en su cédula, pero con condicionamientos
Pueden modificar el campo de género en su documento de identidad con requisitos
Por VICTOR H. CARREÑO | En una sentencia del 5 de febrero de 2026, la Corte Constitucional declaró inconstitucional el requisito legal de mayoría de edad para modificar el campo de sexo o género en la cédula de identidad y fija lineamientos para que adolescentes trans puedan cambiar estos datos.
El máximo organismo de control e interpretación constitucional incorpora dos requerimientos: que la persona adolescente se presente al procedimiento administrativo con sus padres y que informes psicosociales acrediten un grado de madurez.
El fallo resuelve una consulta de constitucionalidad de una unidad judicial que lleva una acción de protección contra el Registro Civil presentada por la familia de un adolescente trans que solicitó, en junio de 2023, modificar el campo de género en la cédula.
La institución se negó porque la Ley Orgánica de Gestión de la Identidad y Datos Civiles establece que la rectificación de sexo o género es un procedimiento para personas mayores de 18 años.
El adolescente, cuya identidad se protege en la sentencia, cuenta con el apoyo de sus padres en su transición, que inició en 2020. En una audiencia, su madre expuso que si bien en el ámbito familiar y en el sistema educativo se respeta la identidad de su hijo, fuera de estos hay situaciones, como en consultas médicas en el Seguro Social, en que debe presentar la cédula de él y quienes la reciben preguntan si es el documento equivocado.
En el desarrollo de la sentencia, la Corte expone por qué el requisito de tener mayoría de edad para acceder a la modificación de datos en la cédula es inconstitucional.
Entre varios motivos, explica que restringe los derechos al libre desarrollo de la personalidad e identidad, que la edad no puede exigirse como “criterio determinante y único” para determinar la madurez de un adolescente, y que la medida puede generar impactos negativos en el bienestar psicológico y emocional.
Por ello, indica que existen mecanismos alternativos como la evaluación individualizada, el acompañamiento técnico y la consideración del contexto familiar.
En ese sentido, la Corte dispone al Registro Civil que debe proceder al cambio de los datos de adolescentes trans cuando acudan acompañades de sus representantes legales y con el respaldo de informes psicosociales.
Estos informes, agrega la sentencia, deben ser de profesionales acreditados o de órganos técnicos públicos competentes que sean considerados por el Registro Civil.
El fallo tiene efectos para este caso y otros similares. A diferencia de otras sentencias, la Corte no ordena una reforma a la legislación.
La organización Silueta X, que difundió el caso en un comunicado el 11 de marzo, calificó el fallo como histórico y explicó que este crea jurisprudencia de cumplimiento obligatorio.
🏳️⚧️🌈Un chico trans de 15 años le dijo al Estado ecuatoriano “yo sé quién soy”. Y la Corte Constitucional le dio la razón. 🏛️✊
Este fallo es nuestro. Es tuyo.
🔗 Lee la comunicado completa en nuestra bio.#DerechosTransEcuador #SiluetaX #CorteConstitucional #AdolescentesTrans pic.twitter.com/aXE4FU9VeS
— Asociación SILUETA 'X' (@SiluetaX) March 11, 2026
Sin embargo, otras organizaciones cuestionan los requisitos. Fundación Pakta indica que si bien la sentencia derriba la barrera etaria de la mayoría de edad, la inclusión de informes psicosociales contradice la tendencia global y regional hacia la despatologización.
Pakta menciona, por ejemplo, la Opinión Consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, instrumento que reconoce la identidad autopercebida de las personas y los derechos patrimoniales de parejas del mismo sexo.
El documento, recuerda Pakta en un comunicado, establece que para el reconocimiento de la identidad de género no se debe exigir certificados médicos ni psicológicos. Además, que la Organización Mundial de la Salud reconoció que la identidad trans no es una patología psiquiátrica.
Mientras que la activista Nua Fuentes, de Proyecto Transgénero, considera que los requisitos impuestos por la Corte pueden ser problemáticos. Menciona que frente al desconocimiento y prejuicios, profesionales de salud patologizan la identidad trans.
La Sentencia 4-24-CN/26 sobre la inconstitucionalidad de negar a adolescentes trans cambio de su sexo o género en la cédula es un acto que entreabre la puerta para los derechos, pero también sostiene algunas barreras y es problemático para adolescentes trans #Ecuador
Abro hilo🧵 pic.twitter.com/aKBUlmnU1A— Nua Elizabeth Fuentes Aguirre (@NuaEliz) March 11, 2026
Además, señala que puede haber casos de que la familia y psicólogos expresen rechazo a la identidad trans y limiten los derechos de adolescentes trans. O también menciona casos de abandono de niñes y adolescentes trans y pregunta cómo reconocer su identidad si no cumplen con el requisito de acudir sin representantes legales.
Los condicionamientos para el cambio del campo de sexo o género en la cédula para adolescentes trans marcan también una diferencia con el procedimiento en personas trans de más de 18 años, pues estas —desde las reformas vigentes en 2024— no deben presentar requisitos. Solo su declaración expresa de ser una persona trans que desea que los datos de su cédula estén conformes a su identidad de género.
La madurez de niñeces y adolescencias ha sido un tema abordado en convenciones o instrumentos internacionales. La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU del 2009 es contundente al reconocerles como seres autónomos y capaces de formar sus propias opiniones a través de la experiencia, el entorno, las expectativas sociales y culturales.
Esta convención es mencionada en una sentencia de la Corte Constitucional en que reconoció la identidad de infancias y adolescencias trans en el sistema educativo.
En las Observaciones Generales del Comité de los Derechos del Niño, documentos de interpretación para los alcances de la mencionada Convención, se explica que la madurez es “la capacidad de comprender y evaluar las consecuencias de un asunto determinado”, lo cual debe considerarse en relación con su capacidad individual, contextos, entornos, experiencias de vida y familiar, desarrollo psicológico y no únicamente con su edad biológica.
Además, que la edad cronológica no determina la evolución de las capacidades de las niñeces y adolescencias porque estas crecen a lo largo del tiempo.
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