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Casa Ruby trae su misión a El Salvador

Ruby Corado se huyó de la guerra civil salvadoreña

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Ruby Corado en las oficinas administrativas de Casa Ruby El Salvador en San Salvador, El Salvador. (Photo cortesía de Casa Ruby)

SAN SALVADOR, El Salvador — Una salvadoreña que salió huyendo de la guerra civil llegó a Washington llena de sueños y retos, con mucho esfuerzo fundó junto a unos amigos Casa Ruby con el fin de brinda servicios y programas sociales a las personas LGBTQ en condición de vulnerabilidad. Esa es parte de la historia de Ruby Corado, una mujer trans defensora de derechos humanos de la población LGBTQ, quién casi 30 años después emprende el reto de traer Casa Ruby al país que la vio nacer.

En palabras de Corado es “una salvadoreña que migró, pero una parte de ella se quedó acá”, por ello, al escuchar historias de muchas personas LGBTQ que migraron y otras que ha conocido que aún viven en el país, sintió el deseo de luchar por traer ese sueño y reto a su propio país.

“Nuestro trabajo en Casa Ruby es evitar el sufrimiento y apoyar a través de alianza, por eso tenemos como objetivo compartir los programas que funcionan en Washington para migrantes, porque hemos visto que funcionan”, comenta en entrevista al Washington Blade Corado, directora y fundadora de Casa Ruby, el 18 de marzo. “Acá en El Salvador haremos un poco más de trabajo para que la población LGBTQ tenga mayor acceso a estas oportunidades”.

El compromiso solidario que ha demostrado a través de los años es la mejor carta de presentación de Corado, este mismo le ha llevado a apoyar movimientos LGBTQ globales, como es el caso de la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (REDLACTRANS), por medio de ella también se ha dado cuenta de la necesidad que tiene la población LGBTQ de una plataforma que impulse programas que ayuden a solventar las necesidades existentes.

“Quiero procurar que esta nueva administración en Estados Unidos exista un vínculo directo de Washington al movimiento LGBT global y como mujer trans, migrante, que vive con VIH y que vivió en vulnerabilidad, quiero ser esa voz con esos organismos internacionales que están desconectados de esta realidad”, asegura Corado, refiriéndose a organismos internacionales que tienen cede en El Salvador.

La principal insignia de Casa Ruby es que llega a El Salvador a trabajar para la población LGBTQ y también para apoyar a líderes y lideresas LGBTQ, no impondrán a nadie su manera de trabajar, sus proyectos tendrán como objetivo subsanar necesidades latentes.

“Mi gran proyecto en El Salvador es un hogar, para apoyar a las personas desplazadas; será un espacio para 15 personas para comenzar”, menciona al Blade Corado mientras sonríe.

Este proyecto no solo beneficiará a personas LGBTQ en condición de vulneración, sino también a todas aquellas personas LGBTQ de otros países que necesiten la ayuda.

De igual manera contaran con el “Proyecto Oportunidad”, con el cual pretenden beneficiar a 25 personas LGBTQ en alta vulnerabilidad, estas personas tendrán acceso a una beca por dos años, un estipendio y también el acceso a recursos que les ayudaran a construir herramientas para poder construir un futuro mejor.

“Algo muy importante que quiero mencionar, es que mi papá me facilitó la casa para comenzar Casa Ruby en El Salvador”, expresa Corado, agregando que agradece esta oportunidad de poder abrir esa casa a la comunidad que necesita ayuda y a través de este proyecto espera que no se vean en la necesidad de huir de El Salvador, tal como en el pasado lo tuvo que hacer ella. 

Corado como directora y fundadora de Casa Ruby ha empoderado a todo un movimiento LGBTQ en Washington, equipo que estará a cargo del funcionamiento de la cede en EEUU, ella estará al pendiente de ambos proyectos, pero viajando entre Estados Unidos y El Salvador; también contará con el apoyo de un buen equipo en El Salvador que estará conformado por una coordinadora de comunicaciones que prefiere mantenerse anónima, Saul Palacios como director de operaciones y Ámbar Alfaro como directora de programas y encargada del alcance comunitario.

“Algo que tenemos en común con Ruby es que compartimos esa manera de soñar y querer trabajar desde la parte comunitaria, es algo que en El Salvador no se ha dado por diferentes circunstancias”, comenta al Blade Alfaro.

“El que esté ahora Casa Ruby en El Salvador, con ese modelo de trabajar con la gente y por la gente, para mi es super importante y me pone muy contenta de poder continuar acá el legado que Ruby a construido y ahora ha traído a su país”, asegura Alfaro, además expresó que Corado sabe la realidad que pasa la comunidad en el país, pues también la vivió en su momento.

“Tenemos que trabajar para nuestra población de una manera ordenada y con recursos, con ganas y convicción que esto sobre todo es lo que siempre nos moverá”, sostiene Alfaro al Blade. “Para trabajar en casa Ruby debes tener corazón y amar a tu comunidad LGBTQ y eso vi en ella”.

La casa abrió oficialmente el 15 de marzo.

Como equipo, Casa Ruby ya ha comenzado las reuniones tanto con sociedad civil como con el gobierno, “ya nos reunimos con el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE), para coordinar posibles proyectos en conjunto, me dieron la bienvenida al país y eso me alegra mucho”, contaba Corado entusiasmada.

“Como salvadoreños y salvadoreñas podemos construir juntos y juntas, no espero que todo mundo me reciba con los brazos abiertos, pero les garantizo que sus voces estarán presentes en las plataformas que yo estoy”, asegura Corado.

Ruby Corado junto al equipo del Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE), con quienes se ha reunido por parte del Gobierno de El Salvador. (Foto cortesía de Casa Ruby)

Con lagrimas en los ojos Corado asegura que estar con este proyecto en El Salvador es el cierre de un círculo.

“31 años que salí huyendo de mi país y estar aquí ahora para brindar mi cariño y apoyo a toda mi comunidad que lo necesita”, finaliza Corado.

El equipo de Casa Ruby tiene planificado comenzar a funcionar en un máximo de 90 días, en los cuales arrancaran con el trabajo como proyecto comunidad que entregará becas a 10 organizaciones LGBTQ salvadoreñas, proyecto oportunidad que beneficiará a personas en alta vulnerabilidad a tener una manera de subsistir, proyecto contra la violencia infantil LGBTQ, el albergue a personas LGBTQ que necesitan apoyo que es el proyecto bandera de Casa Ruby y en un futuro también un proyecto para apoyar a personas adultas mayores LGBTQ en condición de vulnerabilidad.

Ruby Corado junto a Brenda Rosales, encargada de la unidad de género y diversidad en el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE).
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Celebran el segundo aniversario de la marcha LGBTQ del 11 de mayo de 2019 en La Habana

Cientos de personas participaron en el evento

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Marcha LGBTI+ del 11 de mayo de 2019 (Foto cortesía de Pedro Luis García)

Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esta nota salió en su sitio web el 10 de mayo. 

LA HABANA — La Plataforma 11M presentó este domingo un programa de eventos diseñados para celebrar el segundo aniversario de la marcha LGBTI+ del 11 de mayo de 2019 y el primer año transcurrido desde la fundación de ese grupo de activistas.

Para el 11 de mayo de 2021, convocaron a un “tuitazo”, además de un encuentro con el activista trans y realizador audiovisual Liam Durán Cardona como parte de la serie de entrevistas públicas realizadas en Telegram con el título de “Historias que cuentan”.

Para ese día también anunciaron, en la misma red social, el debate “Derecho de Familia en la Cuba de hoy”, conducido por Jennifer García. Finalmente, para cerrar la jornada, invitan a un “chat de voz” sobre el activismo digital.

El 14 de mayo tienen previsto un “viernes de poesía”. Al día siguiente, en el último día del programa, estarán posteando sobre “la diversidad familiar” y en la noche tendrán otro “chat de voz”, titulado en esta ocasión “El Código de las Familias que soñamos”.

La marcha del 11 de mayo de 2019 que conmemora esta semana el activismo, reunió a cientos de personas en La Habana y terminó disuelta por la policía.

Los participantes, entre ellos decenas de aliados, decidieron marchar por su cuenta después que el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) cancelara el principal desfile LGBTI+ del país, sin ofrecer una razón convincente.

Mariela Castro, la directora del Cenesex, conocida por su activismo en defensa de la comunidad LGBTI+, calificó la marcha de “show” y dijo que fue «respaldado por funcionarios de la embajada de Estados Unidos. Sin embargo, el incidente se convirtió en un hito histórico del movimiento LGBTI+ cubano.

 

La Plataforma 11M, fundada un año después como grupo de activismo independiente, ha sido reconocida de hecho por el Cenesex. En agosto de 2020, Mariela Castro respondió con una carta oficial a la queja presentada por los activistas, a raíz de filtrarse una grabación que revelaba las políticas homofóbicas y transfóbicas de la radio cubana.

Pocos meses antes, en mayo de 2019, Mariela llamó «garrapatillas» a los activistas que trabajan fuera del Cenesex y manifiestan opiniones críticas sobre el trabajo de la institución.

11M, mientras tanto, ha mantenido un diálogo respetuoso con el activismo oficial.

A la vez que el grupo independiente conmemora su primer aniversario, el Cenesex desarrolla la XIV edición de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia con otro programa en las redes sociales.

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A 11 años del asesinato de Vicky Hernández, su madre reclama justicia

Se espera una decisión del CIDH en el caso

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(Foto cortesía de Rosa Hernández)

 

Reportar Sin Miedo es el medio socio del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 4 de mayo.

TEGUCIGALPA, Honduras — La asesinaron hace 11 años, pero Vicky Hernández sigue presente en la mente de su madre. Desde su lecho de enferma, Rosa Hernández, de 65 años, habló con Reportar Sin Miedo y la Agencia Presentes sobre la activista trans muerta de un balazo en la cabeza entre el 28 y el 29 de junio de 2009 en la ciudad de San Pedro Sula, norte de Honduras, en pleno golpe de Estado contra el entonces presidente Manuel Zelaya.

Solo la enfermedad de los últimos años le ha hecho difícil seguir en pie de lucha por hacer justicia para Vicky. Sus hijas le pagan las radioterapias para tratar el cáncer, pero se han quedado sin dinero. “Conseguí que una institución me pagara seis quimios. Pero uno tiene que pagar mil lempiras diarios [40 dólares] por la radioterapia”, relata Rosa.

En medio de todo, Rosa recibe ayuda del equipo de abogadas liderado por Robert F. Kennedy Human Rights y la Red Lésbica Cattrachas. Ambas organizaciones, con apoyo de la familia de Vicky, han emprendido un trabajo arduo.

La labor de once años culminó con dos audiencias virtuales en noviembre de 2020 ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En ambas audiencias participaron testigas hondureñas y expertxs de toda América que dieron su punto de vista sobre el caso.

La sentencia en el caso “Vicky Hernández y otros contra Honduras” será publicada muy pronto, anunció el 6 de abril la Red Lésbica Cattrachas en Twitter. El 5 de abril, la Corte IDH publicó en redes sociales que en marzo tuvo lugar la deliberación sobre la sentencia en el caso de la trans hondureña.

Las abogadas de Vicky Hernández sostienen que los responsables de su muerte son elementos de seguridad estatal hondureña, ya que durante el toque de queda eran los únicos que podían moverse libremente por las calles de San Pedro Sula. Además argumentan que el Estado no le hizo autopsia al cadáver o la ocultó con la excusa de que Vicky padecía VIH.

Si la sentencia favorece a la familia de la activista trans, sería un logro sin precedentes para la población LGBTI en América y en especial para las mujeres trans que siguen muriendo violentamente en Honduras.

“Tiene que haber justicia para todos”, exige Rosa. “Tienen que respetar los derechos de ellos por ser trans y de ellas por ser lesbianas. Porque son humanos. ¿Por qué discriminarlos? No puede haber discriminación”.

Datos recopilados por organizaciones de derechos humanos muestran que Honduras tiene la tasa más alta de asesinatos de personas transgénero y otras personas con diversidad de género en el mundo.

Una vida en medio del peligro

“Vicky fue todo para mí”, cuenta Rosa, quien se incorpora un poco en la cama con ayuda de Tatiana, una de sus siete hijas e hijos a quienes crio vendiendo dulces en las calles.

“Me traía dinero para la comida”, dice Rosa, de pelo canoso y ojos que ven con amabilidad detrás de los anteojos de marco negro. Para disipar el calor que hace en el cuarto de paredes verdes, Tatiana enciende un ventilador y arregla un poco la ropa de su madre.

Vicky ejercía el comercio sexual para dar dinero a su familia. Como a otras trans, la sociedad hondureña le cerró los caminos: no le dio un trabajo normal, la despreció, no le ofreció los servicios de salud, educación y empleo que da a lxs demás ciudadanxs. Tuvo que viajar a Guatemala a los 16 años de edad para empezar su transición. A Rosa le costó aceptar que Vicky era distinta, pero terminó aceptándola y sintiéndose orgullosa con ella.

Su forma de ganarse la vida fue también su forma de perderla. La madre de Vicky todas las noches espera que ella regresara con vida cuando se iba a trabajar.

Una noche, pocos meses antes de morir, Vicky llegó malherida. “Vino herida de un filazo que me le pegó un guardia de seguridad. Vino sangrando. Otra trans me ayudó a llevarla al hospital”. Los policías la insultaron. “Dijeron ‘por mí morite, hijo de la gran…’”, cuenta Rosa.

Esa fue una de tantas señales del peligro letal que acecha a las trans hondureñas como Vicky. Las que ejercen el comercio sexual corren mayor riesgo de morir, pero en realidad ninguna está a salvo en una sociedad machista como la hondureña.

Aunque su hija caminaba sobre el filo de la navaja, Rosa jamás la rechazó. “Para una madre, siempre la hija es hija. No sé cómo hay madres que rechazan a sus hijxs cuando son homosexuales o trans cuando a un hijx es doloroso parirlx”.

Mataron a todas las testigas

Hasta el día en que se le acabó la suerte. Si se puede llamar suerte a vivir como Vicky vivía.

Ese día, Vicky y Rosa no sabían que había toque de queda. “Al otro día me pareció raro que no hubiera venido Vicky”. La cena de su hija se había enfriado sobre la mesa. “Entonces, una de las muchachas me dijo: ‘¿No sabe que los policías mataron a Vicky en la madrugada?’”.

El mundo de Rosa se derrumbó. No, no lo sabía. “‘Vicky está en la morgue’, me dijo. Para mí no había palabras”.

La noche en que mataron a Vicky, sus compañeras de trabajo salieron corriendo para escapar de la muerte. Una de las testigas fue una de las afortunadas que lograron huir. “La mataron”, le contó a Rosa. “Yo todavía le dije a Vicky ‘corre, corre, corre’. Cuando volteamos a ver, no miramos a Vicky, sólo oímos los disparos”.

Escaparon, pero no por mucho tiempo. “A Lisa la mataron y a la otra también la mataron”, recuerda Rosa, quien con ayuda de Tatiana se traslada a la salita adornada con peluches y modestos adornos de cerámica. “No quedaron testigos, pero me aseguraron que la policía había matado a Vicky”.

Con miedo, pero sin echarse para atrás

La mamá de Vicky junto con su otra hija, Tatiana.

“Cuando estábamos en la audiencia en la Corte IDH recibí una llamada de la DPI”, cuenta Rosa con voz quebrada. DPI es la sigla de la Dirección Policial de Investigación de Honduras y la llamada, según Rosa, fue para amedrentarla y hacer que abandonara su deseo de buscar justicia en las audiencias de la Corte IDH.

“Me dio miedo porque matan a la gente y no saben ni quién [lo hace]. Por eso he estado en zozobra. Me da miedo porque tal vez uno tiene demandado el Estado y vayan a querer fregarlo porque para ellos la vida de uno no vale nada”.

Pero con la ayuda de Cattrachas y las demás organizaciones que lxs respaldan, Rosa y su familia han agarrado el valor necesario para contar su historia y mantenerse en pie de lucha durante más de una década.

“Me dijeron que luchara y luchara para que la muerte de Vicky no quede impune”, dice Rosa. “Pero es duro perder una hija que me daba el sostén y quedar a la deriva”.

 

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Salvadoreños LGBTQ marchan en el Día Internacional del Trabajo

Demandan de nuevo protecciones por la comunidad

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(Foto de Ernesto Valle por el Washington Blade)

 

SAN SALVADOR, El Salvador Como cada año el primero del mes de mayo se conmemora el Día Internacional del Trabajo, y El Salvador no es la excepción.

Todos los años grupos sindicales de diferentes instituciones salen de diversos puntos de la capital para exigir entre pancartas y consignas que se respeten siempre los derechos laborales; desde el año 2016 un grupo de diversas organizaciones de la población LGBTQ salvadoreña, se ha sumado a esta iniciativa de tomarse las calles y manifestarse en favor del cumplimiento de los derechos de la clase trabajadora a la cual también pertenecen.

“En el 2016 hicimos un plantón frente al Castillo Venturoso bajo la idea, que sigue siendo la misma hasta ahora, de visibilizar las reivindicaciones de la clase trabajadora LGBTI”, expresa al Washington Blade, Roberto Zapata, secretario de finanzas de Amate El Salvador.

“En comparación de años anterior la afluencia va aumentando un poco más”, expresa al Blade, Karla Guevara, directora del Colectivo Alejandría. “Creemos que es importante como personas LGBTI reivindicar el derecho laboral, porque también somos parte de la clase trabajadora”.

En meses anteriores, amparados en el Art. 3 de la Constitución de la República de El Salvador, el cual establece que “todas las personas son iguales ante la ley. Para el goce de los derechos civiles no podrán establecerse restricciones que se basen en diferencias de nacionalidad, raza, sexo o religión”. La Federación Salvadoreña LGBTI que aglutina a diversas organizaciones del país, junto a organizaciones de sociedad civil, exigieron a la Asamblea Legislativa que recién salió del poder, que discutieran en ante proyecto de Ley Especial Contra la Discriminación que presentaron al congreso nacional.

En dicho proyecto se incluye el tema laboral según comenta Guevara al Blade, “dentro de la La Ley Especial Contra la Discriminación, se incluye el tema de no discriminar por ninguna condición al momento de contratar, no solamente por orientación sexual o identidad de género que es lo que realmente la población LGBTI demandamos”.

“Al momento de contratar en empresas públicas o privadas no se debe discriminar por orientación sexual o identidad de género”, alega Guevara.

Hace tres años, específicamente el 22 de marzo del 2018, la Mesa Permanente por una Ley de Identidad de Género en El Salvador, presentó la propuesta de Ley de Identidad de Género; la cual tiene como objetivo garantizar el derecho fundamental de las personas trans al nombre propio, protegido por el artículo 36 inciso 3° de la Constitución de la República, causa por la cual tanto hombres como mujeres trans tienen más dificultades al buscar un empleo.

“Necesitamos que hayan puestos de trabajo para personas trans que son las que enfrentan más barreras para poder acceder a empleos dignos”, menciona Zapata al Blade. “En el ámbito laboral las personas trans son las más afectadas de la población LGBT, esto es porque no existe aún una Ley de Identidad de Género”.

La Asamblea Legislativa saliente no se pronunció al respecto, vulnerando de esta manera el derecho al nombre de las personas trans; recordemos las palabras de la Corte Interamericana de Derechos Humanos puede constituir en “discriminación oficial”, de acuerdo con la Opinión Consultiva OC-24/17, negando el acceso a leyes y/o políticas a la población LGBTQ.

“También necesitamos que a las personas que ya tienen trabajo no se les discrimine, que no haya acoso laboral de parte de compañeros y compañeras de trabajo, ni tampoco de los empleadores y que puedan desempeñarse como cualquier trabajador o trabajadora dentro de su respectivo cargo”, comenta Zapata entre las demandas que exigen en la marcha.

En El Salvador hay muchas personas LGBTQ que están preparadas para trabajar y son discriminadas por su orientación sexual o identidad de género.

“Queremos que vean las capacidades de la población tiene; porque lejos de toda situación somos personas que pagamos impuestos y realmente contribuimos al desarrollo de la economía a través del empleo”, finaliza diciendo al Blade, Guevara.

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