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13 mujeres lesbianas que están cambiando la historia de Honduras
El 26 de abril es el Día de la Visibilidad Lésbica
Ellas son la nueva generación de menores de 40 años en el país centroamericano, donde en los últimos 11 años han matado a 43 mujeres lesbianas.
En el Día de la Visibilidad Lésbica reconocemos su trabajo contra la violencia, en especial la violencia contra las personas LGBTIQ+. Son mujeres cisgénero que se enfrentan al sistema todos los días y luchan sin temor contra el odio y la lesbofobia
Atrevidas, valientes y sin duda transgresoras de la heteronormalidad, estas trece mujeres lesbianas trabajan, viven y luchan por hacer oír sus voces en Honduras, donde imperan la discriminación y el odio.
Son jóvenes. Sus edades van de los 22 a los 37 años. La mayoría de ellas trabajan en las artes o en organizaciones de defensa de los derechos humanos. Todas son mujeres que han luchado y siguen luchando por formarse y adquirir herramientas para enfrentarse al patriarcado.
Poco a poco, estas trece mujeres lesbianas hondureñas se han convertido en líderes. Encabezan desde diferentes plataformas una revolución que busca hacer historia en Honduras. Su trabajo sirve para dar más visibilidad a la población LGBTIQ+.
También se esfuerzan día a día por reducir la violencia que en Honduras, en los últimos 11 años, ya ha dejado 374 asesinatos de personas de la diversidad sexual, de las que 43 eran lesbianas, según el observatorio de muertes violentas de la Red Lésbica Cattrachas.
Hoy queremos hablarte de estas trece mujeres. Que conozcas mejor a algunas o te reencuentres con los nombres de otras. Esta es nuestra manera de celebrar hoy el Día de la Visibilidad Lésbica, un día para visibilizar, reivindicar y exigir derechos, mostrando las luchas y logros de esta nueva generación de mujeres decididas, fuertes y valientes.
KATE ORELLANA
Estudiante de Psicología y comunicadora social
Edad: 23 años Instagram: @kateo_06
Organización: Red Lésbica Cattrachas
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Es un reto. Si estás en el clóset, te llenas de emociones negativas al no poder mostrarte tal cual eres y tener que fingir ser aquello que la sociedad acepte. Pero si sales del clóset, te enfrentas a un mundo lleno de discriminación y odio, donde la mayoría de las opiniones y acciones del resto hacia ti las encamina el prejuicio de la sociedad. Ser una mujer en Honduras es difícil, ser una mujer lesbiana es un riesgo.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Al mostrar la realidad a la que estamos expuestas y enseñar que elevando la voz se logran grandes cosas. Es normal tener miedo de ser juzgada y señalada por no cumplir con la heteronorma, pero es gratificante que, a pesar de tanto odio y violencia, haya personas que se unan a mostrarse como son. Es enseñar, que aunque sea difícil, está bien ser quien eres y que luchar por tus derechos no es en vano porque, aunque el proceso sea largo, cada día avanzamos en el reconocimiento de nuestros derechos.
¿Qué nos quieres contar sobre ti para que nuestra audiencia te conozca?
Hacía videos sobre derechos LGBTI desde hace años. Debido a eso y a mi orientación sexual, me insultaron y amenazaron, entre muchas cosas más, pero no les di el gusto de detenerme. Y gracias a eso hoy trabajo en derechos humanos. También amo escribir novelas de ciencia ficción y cuentos cortos, entre otros. Y soy fiel creyente de que no importa si tienes diferentes ideales a los míos, mientras no me faltes el respeto, o a alguien más, está bien. No tenemos que ser iguales, lo que tenemos que hacer es abrazar la belleza que existe en la diversidad.
LAURA YANES
Teatrista y escritora
Edad: 24 años Instagram: @kateo_06
Organización: Teatro de las Tr3s
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Una constante revolución y cuestionamiento de todo lo que me fue inculcado, partiendo de algo tan personal como adónde dirigir el deseo.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
Entiendo mi vida como un constante movimiento y desde ahí me veo repensándome y desaprendiendo muchas practicas que me enseñaron una forma cerrada y estática de vincularme sexo-afectivamente, creo que asumirme lesbiana me da fuerza para leerme a contracorriente construyendo junto a otres que también quieren repensarse.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Creo que estoy parada sobre el esfuerzo de muchas otras, que yo pueda nombrarme abiertamente lesbiana es el resultado de una lucha histórica y eso lo agradezco profundamente. Por tanto, no sé cómo responder esta pregunta, mas que decir que contribuyo a esa lucha que han hecho las hermosas mujeres que estuvieron y están antes de mí.
GÉNESIS GONZALES
Artista
Edad: 22 años Instagram: @gfag22
Organización: Honduras Diversa
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Es un constante miedo a ser violentada por mi orientación sexual.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Pues mi ciberactivismo se ha hecho conocido alrededor de Honduras, al punto de que he dado talleres sobre diversidad sexual en universidades y colegios donde personas de generaciones más jóvenes que yo se me acercan por más información y querer educarse.
¿Qué nos quieres contar sobre ti para que nuestra audiencia te conozca?
Soy una persona que se relaciona demasiado con el arte. Desde muy pequeña me involucré en muchas cosas con respecto al arte, en teatro, baile, pintura y fotografía. Espero algún día poder dedicarme al dibujo y la fotografía para sacar más proyectos adelante. Estoy sacando una carrera en Google. Sé varios idiomas como inglés, japonés y coreano. Me gusta leer bastante. No tengo un género específico. Es bien variado. Me considero una persona extrovertida y con muchas ganas de aprender cada día sobre nuevas cosas.
NICOLE CERRATO
Especialista en monitoreo de medios
Edad: 28 años Instagram: @nicole_cerrato_
Organización: Red Lésbica Cattrachas
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Para mí ser lesbiana es demostrarle al resto de las personas que no debe existir limitación alguna solo por ser quien sos.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
Enfocarme en alcanzar lo que me propongo sin pensar en el qué dirán. Nunca limitarme porque pienso que los límites sólo existen en nuestra mente.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Porque vivo sin miedo. A pesar de la discriminación en este país, soy feliz siendo quien soy y me reto a mí misma cuando el resto dice que no puedo.
GABRIELA BLEN
Activista social y defensora de derechos humanos
Edad: 33 años Facebook y Twitter: @GabrielaBlen
Organización: Ayudamos Honduras
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Es un reto en el contexto de fanatismo, violencia e ignorancia en Honduras. Al mismo tiempo es una oportunidad de que la sociedad entienda que somos personas productivas, que luchamos por el bienestar de las mayorías y por el desarrollo del país.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
La paciencia, la tolerancia por las opiniones diferentes, incluso si están basadas en la ignorancia y el desconocimiento, son fundamentales. Comprendiendo los factores históricos que han sumido a nuestro país en la miseria y lo amarran al atraso educativo, constituye un reto y una inspiración, es parte del combustible que me mueve a seguir luchando por una Honduras mejor.
Y no podemos dejar de lado el amor. Si estamos rodeadas de amor, la carga es más ligera.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Mi trabajo es precisamente educar a las nuevas generaciones. Creo que un verdadero cambio sólo vendrá desde la educación, invertir nuestros esfuerzos en despertar la conciencia de las y los más jóvenes. Mi activismo anticorrupción y mi lucha por justicia, aún con todas las consecuencias que conlleva en un país secuestrado por el crimen organizado, podría motivar a otras personas, a otras mujeres jóvenes que piensan que su orientación sexual, sus orígenes humildes o su nivel educativo son obstáculos para lograr sus sueños.
GABRIELA FLORES
Máster en Demografía y Desarrollo
Edad: 37 años Instagram: @gabrielafloreshn
Organización: Trocaire y GOJoven Honduras
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Significa despertar cada día sintiéndome orgullosa de ser quien soy. Saber que amar es un derecho y que tengo la oportunidad de estar al lado de la persona que amo. También es una reivindicación política, ya que damos voz a nuestras historias y sentimientos cada día.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
Por una parte se vive como cualquier otra persona entre el trabajo, estudios, cuidado de la salud en tiempos de COVID-19. Pero es un reto, ya que socialmente aún existen muchos prejuicios y discriminación contra la comunidad LGTBIQ+. Por ejemplo, las muestras de afecto en espacios públicos aún siguen siendo mal vistas y conozco de otras chicas para las que “salir del clóset” con la familia aún es complicado por miedo al rechazo. Lo importante para mí ha sido fortalecer la confianza en mí misma y gracias a mi pareja (o mis ex) aprender cada día a amar en libertad y de la forma que me haga más feliz.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Considero que la lucha que hace cada generación es válida. En particular, ir visibilizándonos más en nuestras familias, trabajos o centros de estudio. Esto permite que, en la adolescencia o juventud, la búsqueda de su identidad u orientación sea más adecuada y saludable, a pesar de la falta de educación sexual integral en el país.
¿Qué nos quieres contar sobre ti para que nuestra audiencia te conozca?
Soy una persona tranquila. Me gusta leer, escuchar música, ver películas románticas, de acción o terror. Me apasiona mi trabajo en derechos humanos de las mujeres y la prevención de la violencia basada en género. Tengo una hermosa familia de abuela, mamá, hermanas/os y sobrinos/as de todas las edades. Los peques de la familia son dos sobrinos inquietos y una hermosa sobrina de un año. Tengo una perrita, Luna, que es muy apegada a mí. Me encanta viajar a pueblitos, la playa, montañas o la ciudad.
Actualmente tengo una pareja maravillosa que me acompaña cada día con su cariño y fuerza.
ITALIA PINTO
Ingeniera en Sistemas
Edad: 25 años Instagram: @Italiapn_17
Organización: Red Lésbica Cattrachas
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
En primer lugar, ser mujer en Honduras resulta ser algo complicado porque hay controversia sobre cómo tiene que ser una mujer según la sociedad y mi elección o pensamiento respecto a ello. Ya ser una mujer lesbiana es sumarle una discriminación más por mi orientación sexual.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Más que inspirar pienso que, es más demostrar, que no porque exista ya una línea trazada por la sociedad y hasta de nuestra misma familia debemos seguirla, depende de cada uno y que lo que verdaderamente importa es sentirse plena con cada decisión que se tome.
¿Qué nos quieres contar sobre ti para que nuestra audiencia te conozca?
Soy una persona sumamente alegre. Me encanta el fútbol, pasar tiempo con mi familia y amigos y disfrutar de cada día que Dios me regale.
GABRIELA VILLELA
Comediante y diseñadora gráfica
Edad: 30 años Instagram: @saokopapisaoko
Organización: Honduras Diversa
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Ser lesbiana en Honduras para mí es revolución. Sencillamente, vivir como una persona disidente dentro de este país es un acto de rebeldía.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
Me reafirma tener gente que me quiere y respeta, que me apoyan dentro de todo este viaje. Siempre hay miedo, pero al final es importante rodearse de gente que tenga las ganas de comprender. También a través de la comedia logro mucha catarsis de mis emociones.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Con el sencillo hecho de ser visible de estos temas de diversidad sexual, enseñándoles que las lesbianas pueden vivir buenas vidas llenas de amigos que las quieren, teniendo un trabajo y independizándose.
SINDY FUNES
Fotógrafa
Edad: 28 años
Organización: independiente
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Es una situación un poco difícil por el simple hecho de que no podemos demostrar quiénes somos tan fácilmente. No en todos los casos, pero suele pasar en el proceso a salir del “clóset”. Por eso digo que es importante trabajarlo desde una edad temprana. La mente es poderosa. Por lo mismo hay que cuidarla y hacer lo posible para que nada de lo que diga esta sociedad te afecte en lo absoluto.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
Realmente yo no siento tener ningún problema. Soy muy libre, me acepto tal cual soy y estoy orgullosa de en qué me he convertido como persona. No ha sido fácil, pero se trata de entrenar tu mente para ello.
¿Cómo crees que estás inspirando a las nuevas generaciones?
Trato de inspirar a los demás con mi historia por la valentía que se debe tener, pues no es fácil sea como sea. De igual manera trato de aconsejar lo mejor posible a los que pasan por momentos difíciles por el simple hecho de ser lesbianas en un entorno donde te discriminan sin piedad, en el cual solo se encargan de destruir tu autoestima, ya sea tu propia familia o amistades. Invito a todos a reforzar su mente por el bien de uno mismo. Tanto como para que no te afecten los comentarios de los demás y aprender a aceptarte como lo que eres desde una edad temprana. Aparte, quiérase o no, está bien educar a los demás que no son de la comunidad a pensar un poco diferente. Los tiempos van cambiando y nuestras mentes evolucionan. Solo es de adaptarse. O sea EDUCARSE.
LAURA BERMÚDEZ
Cineasta
Edad: 33 años Instagram: @laurabermudezm/
Organización: Tercer Cine
¿Qué significa para ti ser una mujer lesbiana en Honduras?
Lo más difícil fue cruzar el umbral del miedo interno. En ese mismo lugar encontré la libertad.
¿Cómo afrontar el diario vivir siendo tú misma?
Cuando acepté mi orientación sexual, ya no hay ninguna diferencia. El camino es más liviano y como a todos toca resolver los desafíos que constantemente se nos presentan en la vida.
¿Qué nos quieres contar sobre ti para que nuestra audiencia te conozca?
Todo cine que yo haga será diverso y decolonial. Serán historias y nuevas narrativas que contribuyan a despertar conciencias y avanzar en el camino de la transformación hacia una sociedad más igualitaria.
SEIDY IRÍAS
Defensora de derechos humanos y feminista
Edad: 35 años Instagram: @seydiirias
Organización: Red Lésbica Cattrachas
Realiza estudios de Ingeniería Informática, pero su fuerza, valentía y espíritu de superación la catapultan como una de las mujeres lesbianas más fuertes del país en la lucha contra las violencias y los prejuicios hacia las personas LGBTI. Ella es una de las líderes del Observatorio de Muertes Violentas de Cattrachas. En su tiempo libre, Seidy colecciona postales históricas y carritos de colección. Tiene dos gatas, Iris y Kira.
Su hermana Diana la define como una una persona muy respetuosa y amable, muy crítica con respecto a la situación de las personas LGBTI en Honduras. Su familia está orgullosa de su labor. “A ella le ha costado mucho, pero es mi ejemplo”, nos dice. Seidy ha enseñado a su familia, a sus hermanas a cultivar su mirada y no dejarse llevar por las primeras impresiones. También es una constante lectora y disfruta de la poesía. Dos de sus escritoras favoritas son la hondureña Blanca Guifarro y la colombiana Brigitte Baptiste.
Muy pronto, Seidy terminará sus estudios y continuará estudiando una maestría. Siempre sueña con sacar adelante a su familia. También es una apasionada de la astronomía.
CHARLOTTE MURRAY
Artista y cineasta
Edad: 27 años Instagram: @heycharlie_/
Artista gráfica, cineasta, activista lésbica feminista y afrodescendiente. Ha formado parte del diseño de diferentes campañas y colaboradora en diversos proyectos. Original, responsable, directa y empoderada, Murray es orgullosamente una de las catrachas que más resaltan en las artes visuales. Para ella, la palabra lésbica significa “resistencia”. Ella está totalmente fuera del clóset, pero en un país como Honduras, las personas LGBTIQ+ viven con miedo.
ANDREA FONSECA
Artista gráfica
Edad: 31 Instagram: @thevikingfly
Organización: independiente
Andrea Fonseca dibuja desde que tiene uso de razón. No deja de explorar cada día las artes gráficas desde un enfoque de género. Con sus obras aspira a romper con la heteronormalidad y colocarse como una persona disidente.
Comenzó estudiando Medicina, pero en 2009 se convirtió en diseñadora gráfica y cinco años después la invitaron al proyecto “Las paredes hablan”, donde comenzó a concienciarse y formarse en los temas relacionados con violencia de género.
Desde ese momento, Andrea se embarcó en un variedad de proyectos gráficos ambiciosos en publicaciones donde ha mostrado su talento como diseñadora y artista gráfica, con una conciencia clara sobre la defensa de los derechos de la población LGBTIQ+.
En sus trabajos, Andrea ha tocado temas delicados, como el uso de la pastilla anticonceptiva de emergencia, la censura y la invisibilización de las mujeres lesbianas en la sociedad hondureña. En su trayecto profesional ha laborado para Derechos Aquí y Ahora, Transparency, Centro de Estudios de la Mujer y Centro de Derechos de la Mujer.
El Salvador
Mujer trans salvadoreña es encontrada sin vida
La muerte de Yoisi Villalta vuelve a poner sobre la mesa la violencia
SANTA ANA, El Salvador — La muerte de Yoisi Villalta, mujer trans y vendedora de tortas en Texistepeque, Santa Ana Norte, ha vuelto a colocar en el centro del debate una realidad que durante años ha acompañado a la población LGBTQ en El Salvador: la violencia no termina con una agresión o con una muerte. También puede manifestarse en la manera en que una persona es buscada, nombrada, registrada, despedida y recordada.
Villalta fue reportada como desaparecida por su familia a finales de agosto de 2026. Días después, medios de comunicación y plataformas digitales informaron sobre el hallazgo de su cuerpo sin vida. Un reporte publicado el 5 de septiembre señala que el cuerpo fue localizado en Tacuba, Ahuachapán, ocho días después de su desaparición, mientras que la Policía Nacional Civil no había confirmado hasta entonces la causa de muerte ni clasificado oficialmente el caso como homicidio intencionado.
La precisión es importante; hasta el momento no debe afirmarse como un hecho que Yoisi haya sido víctima de un crimen de odio o de un homicidio motivado por su identidad de género, mientras no exista una investigación oficial que determine las circunstancias y causa de su muerte. Lo que sí existe es una profunda preocupación expresada por organizaciones de la sociedad civil y por personas de la comunidad LGBTQ, especialmente ante el contexto de violencia y discriminación que históricamente han enfrentado las mujeres trans en El Salvador.
Una mujer detrás de una noticia
Antes de convertirse en noticia, Villalta tenía una vida. Era una mujer trans que trabajaba como vendedora de tortas en Texistepeque. Desde su negocio desarrollaba una actividad cotidiana para ganarse la vida, pero también había convertido aquel espacio en una expresión de solidaridad con su comunidad.
De acuerdo con la información difundida por organizaciones LGBTQ, Villalta compartía alimentos con las brigadas de salud sexual que realizaban jornadas en la zona. Esa faceta de su vida permite verla más allá de las circunstancias de su muerte: como una mujer trabajadora, solidaria y vinculada a acciones comunitarias.
La Federación Salvadoreña LGBTI pidió precisamente que su memoria fuera abordada desde esa perspectiva. En el mensaje difundido tras conocerse su muerte, la organización llamó a recordarla por “su vida, su trabajo, su generosidad, y sobre todo desde su nombre”, y pidió que su historia no fuera reducida al morbo.
Ese llamado resulta especialmente importante en tiempos en que las redes sociales pueden convertir una tragedia humana en una sucesión de comentarios, fotografías, especulaciones y publicaciones hechas sin sensibilidad. Una persona fallecida no deja de tener dignidad.
Y una mujer trans no deja de ser mujer porque haya muerto.
El derecho a ser nombrada
Uno de los aspectos que más indignación ha provocado en torno al caso es el tratamiento de la identidad de Villalta durante la búsqueda. Organizaciones y personas cercanas han denunciado que durante el proceso de búsqueda se utilizó el nombre que aparece en su Documento Único de Identidad (DUI), en lugar del nombre con el que Villalta vivía y era reconocida socialmente.
Este aspecto no es meramente una cuestión semántica. Para las personas trans, el nombre puede representar una parte fundamental de su identidad y de la manera en que construyen su vida frente a la sociedad. Ser reconocidas por el nombre con el que se identifican constituye también una forma de respeto.
En el caso de Villalta, la Federación Salvadoreña LGBTI expresó que negar el nombre y la identidad de una persona trans también constituye una forma de violencia. La situación adquiere una dimensión todavía más compleja en El Salvador, donde continúa sin existir un mecanismo legal general que permita a las personas trans modificar su nombre y marcador de género en sus documentos de identidad conforme a su identidad de género.
Así, una persona puede construir durante años una vida social, familiar, laboral y comunitaria con un nombre determinado y, sin embargo, encontrarse ante instituciones que continúan identificándola exclusivamente mediante los datos registrales que no corresponden a la identidad con la que vive. El caso de Villalta vuelve a evidenciar esa tensión entre la identidad vivida y el reconocimiento institucional.
Un problema que va más allá de un solo caso
El caso de Villalta ocurre en un país donde las organizaciones de derechos humanos han advertido durante años sobre la violencia y discriminación que afectan a la población LGBTQ. La información disponible también muestra un problema relacionado con la documentación de estos hechos.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado la ausencia o insuficiencia de registros públicos actualizados y desagregados que permitan conocer con precisión cuántos delitos violentos afectan a personas LGBTQ y cuántos de ellos tienen como posible motivación la orientación sexual, identidad o expresión de género. La falta de información no significa necesariamente ausencia de violencia. Por el contrario, puede hacerla más difícil de identificar.
Un crimen que no registra la identidad de género de la víctima, o que no investiga adecuadamente una posible motivación relacionada con prejuicios, termina incorporándose estadísticamente como un hecho aislado, sin permitir comprender patrones. Ese problema tampoco es exclusivo de El Salvador. Sin embargo, en el país constituye una preocupación recurrente para las organizaciones que documentan vulneraciones contra personas LGBTQ.
301 denuncias en 2025
Un indicador permite dimensionar que el problema trasciende los homicidios. El Informe 2025 sobre las vulneraciones de los derechos humanos de las personas LGBTQ en El Salvador, elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos LGBTIQ+ de ASPIDH con apoyo de Hivos y Arcus Foundation, registró 301 denuncias de vulneraciones de derechos entre el 1 de enero y el 22 de septiembre de 2025. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también recogió estos datos en su informe anual.
Según esa información, las mujeres trans representaron el 53,5 por ciento de las víctimas registradas y los hombres gays el 26,6 por ciento. El informe también señaló como principales presuntos responsables a cuerpos uniformados, entre ellos la Policía Nacional Civil, los cuerpos de agentes municipales y militares desplegados bajo el régimen de excepción.
Estos datos deben leerse con cautela: se trata de denuncias de vulneraciones de derechos, no de una cifra de homicidios ni de todos los casos ocurridos en el país.
Pero muestran algo importante: la violencia contra las personas LGBTQ no puede analizarse exclusivamente desde los asesinatos. También existe violencia en la discriminación, en el acceso a servicios, en el trato institucional, en la familia, en el trabajo, en los espacios públicos y en la imposibilidad de ejercer plenamente derechos fundamentales.
El precedente de Zashy Zuley
La historia reciente de El Salvador ofrece antecedentes que ayudan a comprender por qué el caso de Villalta genera preocupación. En abril de 2021 fue asesinada en San Miguel Zashy Zuley del Cid, una mujer trans y activista vinculada al trabajo comunitario de personas LGBTQ.
ACNUR condenó entonces su asesinato y señaló que Zuley había sido previamente desplazada de su hogar debido a amenazas. La agencia de Naciones Unidas explicó que trabajaba junto con COMCAVIS TRANS para apoyarla en un proceso de emprendimiento y medios de vida.
Su muerte también puso en evidencia otra forma de violencia: después de morir, hubo dificultades para que su identidad de género fuera respetada durante sus honras fúnebres. Medios que documentaron el caso señalaron que fue sepultada con una expresión masculina y que existieron obstáculos para la participación de personas LGBTQ cercanas a ella.
El caso de Zuley se convirtió así en un símbolo de una problemática que tiene dos dimensiones: la violencia contra el cuerpo y la violencia contra la identidad.
Más de cinco años después, la muerte de Villalta vuelve a colocar ambas preocupaciones en la conversación pública.
¿Dónde están los datos oficiales?
Una de las preguntas que surgen nuevamente es cuántos casos de violencia contra personas LGBTQ han ocurrido en los últimos años y cuántos han sido investigados considerando una posible motivación por prejuicio.
La ausencia de información pública reciente y desagregada dificulta responder.
Esta falta de datos no solo afecta a las organizaciones defensoras de derechos humanos. También afecta a las instituciones encargadas de diseñar políticas públicas, prevenir la violencia y garantizar justicia.
Si no sabemos cuántos casos existen, dónde ocurren, quiénes son las víctimas, qué tipos de violencia se presentan y qué resultados tienen las investigaciones, resulta mucho más difícil diseñar respuestas adecuadas. La documentación independiente adquiere entonces un papel fundamental, aunque nunca debería sustituir la obligación del Estado de generar estadísticas confiables y transparentes.
El desafío de no olvidar
El caso de Villalta vuelve a plantear una pregunta incómoda para El Salvador:
¿Qué ese está haciendo para que las personas LGBTQ puedan vivir y morir con dignidad? La respuesta no puede depender únicamente de las organizaciones LGBTQ, de las familias o de las comunidades.
Requiere instituciones que registren adecuadamente los hechos, investigaciones que determinen responsabilidades, y de acuerdo con activistas de sociedad civil, también “se necesita un Estado que cree y promueva políticas de prevención y que reconozca la identidad de las personas diversas, formación de funcionarios y una sociedad que comprenda que la diversidad no disminuye el valor de ninguna persona”. Por ahora, las circunstancias de la muerte de Yoisi dejan muchas dudas en lo sucedido y no corresponde afirmar que se trató de un crimen de odio sin una determinación oficial de una investigación que no existió.
Honduras
Realidad LGBTQ en Honduras: fuga o muerte
Observatorio KAI+: 35 asesinatos anti-LGBTQ en 2026
TEGUCIGALPA, Honduras — Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. Las mujeres trans encabezan las víctimas mortales con 11 casos, seguidas de los hombres gay con 10.
Esa es la realidad de las poblaciones sexualmente diversas que pinta el boletín número 14 del Observatorio de Violencia hacia las Personas LGBTI+ de Honduras KAI+, correspondiente al período de enero al 8 de agosto de 2026.
Según el informe, los departamentos con mayor concentración de asesinatos son Francisco Morazán (12), Cortés (5) y Comayagua (4). Sin embargo, el dato más revelador de la impunidad es que los 35 casos permanecen en etapa de investigación preliminar, con apenas dos capturas reportadas.
«No queremos vivir con miedo»: defensores
Lucía Barrientos, de la Asociación Ixchel, resume el sentimiento colectivo. «Hoy las personas LGBTI en Honduras vivimos en estado de alerta. Muertes que, al hacer un análisis, tienen una conmoción de que muchas personas de nuestra población han sido torturadas, que han sido crímenes de odio», señala.
Barrientos subraya que en el país no hay una ley que tipifique el crimen de odio, lo que deja a la población en un limbo legal y expuesta a la violencia sin protección efectiva.
Entretanto, Jennifer Córdoba, de la Colectiva de Mujeres Trans Muñecas de Arcoíris, lamenta que las autoridades no estén haciendo nada para defender los derechos humanos.
«Ver ese tipo de violencias en el país que se incrementan, ver que las autoridades de nuestro país no están haciendo nada para la defensa de los derechos humanos, no crear una política pública que respete los derechos humanos de la población LGTBI», afirma Córdoba.
Violencia generalizada y discriminación sistemática
Los 195 casos de violencia generalizada incluyen amenazas (19), maltrato familiar (25), abuso de autoridad (14), discriminación por orientación sexual o identidad de género (14), lesiones (10) y agresiones sexuales. Las mujeres trans son nuevamente las más afectadas, con 32 casos registrados.
Dany Montesinos, de la Asociación LGBTI Kukulcán, advierte: «Esta es una violencia general, estructurada. No tenemos un patrón determinado. La alerta que estamos poniendo es que, en comparación con otros años, esto está siendo más creciente».
Un elemento crítico señalado por el boletín es que casi el 70 por ciento de los casos de violencia generalizada (137 de 195) carecen de categorización desagregada sobre la orientación sexual o identidad de género de la víctima, lo que evidencia la ausencia de protocolos adecuados por parte de las instituciones estatales y una invisibilización sistemática.
Migración forzada, huir para vivir
Entre los hallazgos más dolorosos está la asistencia a 11 personas LGBTQ que han buscado refugio en el extranjero. Ocho se han ido a Estados Unidos, dos a España y una al Reino Unido. Los motivos incluyen amenazas, discriminación, abuso de autoridad, agresiones sexuales y físicas.
Como señala un testimonio: «Tuvieron que irse, se vieron obligadas a huir por amenazas, por la discriminación, por el abuso de autoridad y agresiones sexuales. Estos datos nos muestran que la migración de las personas LGBTI no responde únicamente a razones económicas, sino a la necesidad urgente de proteger su vida y sus derechos».
Recomendaciones ante un Estado ausente
El boletín concluye con un llamado urgente al Estado hondureño. Exige fortalecer las investigaciones de muertes violentas e implementar políticas públicas de protección integral. Además, capacitar a funcionarios en diversidad sexual y derechos humanos y garantizar que los casos avancen más allá de la etapa preliminar.
Barrientos lo resume con claridad. «Exigimos al Estado respuestas inmediatas, justicia y protección real para nuestra población. No queremos retroceder, no queremos volver atrás, no queremos vivir con miedo, no queremos salir a la calle y saber que no puedo expresar mi amor hacia mi pareja o hacia otra persona porque puedo amar y ser muerta».
El Observatorio KAI+ recuerda que detrás de cada cifra hay seres humanos: madres, padres, hijos, hermanos y familias que dependen de ellos. La indiferencia institucional, advierten, no puede seguir siendo una puerta abierta a la impunidad.
Noticias en Español
Un terremoto también se vive desde el exilio
Yonatan Matheus se nació en La Guaira, la zona venezolana más afectada por los sismos
El 24 de junio de 2026, dos terremotos sacudieron Venezuela y alteraron la vida de miles de personas en cuestión de segundos. Para gran parte del mundo fue una noticia que ocupó titulares durante algunos días. Para quienes nacimos allí, el tiempo pareció detenerse. Antes de pensar en la magnitud del sismo o en el número de viviendas afectadas, hubo una pregunta que desplazó cualquier otra: ¿estarán bien quienes amo?
Los desastres naturales no solo transforman los territorios; también modifican la manera en que quienes vivimos en el exilio nos relacionamos con el lugar al que seguimos llamando hogar. La distancia no reduce el dolor ni la preocupación por quienes permanecen allí. Cada llamada sin responder, cada fotografía y cada mensaje recuerdan que existen vínculos que sobreviven a las fronteras, al tiempo y a la propia migración.
Lo primero que hice fue llamar a mi familia en La Guaira. Durante esos minutos comprendí, una vez más, que también existen terremotos que se sienten desde el exilio. La incertidumbre crece con cada llamada que no entra y con cada mensaje que permanece sin respuesta.
Cuando finalmente logré comunicarme, confirmé que familiares y personas cercanas habían perdido sus hogares, que distintas zonas de La Guaira enfrentaban graves afectaciones y que comunidades como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado también sufrían las consecuencias de los terremotos. Aunque algunas de estas localidades registraron daños estructurales de menor magnitud que las zonas más devastadas, sus habitantes también vieron alterada su vida cotidiana por la interrupción de servicios, las dificultades de acceso y la profunda interdependencia social, económica y comunitaria que caracteriza a La Guaira.
Algunos miembros de mi comunidad también habían fallecido. Entre ellos estaban dos hombres gays a quienes conocía. Sus nombres me recordaron que detrás de cada cifra existen historias, afectos y proyectos de vida. También me hicieron pensar en todas aquellas personas cuyas vidas y muertes difícilmente ocuparán un titular, especialmente quienes durante años vivieron en los márgenes, con escasa visibilidad y sin el pleno reconocimiento de su dignidad. Me recordaron, además, que las emergencias nunca afectan a todas las personas por igual y que quienes ya enfrentaban mayores condiciones de vulnerabilidad suelen soportar una carga aún más pesada durante la recuperación.
El país del que uno sale nunca desaparece
Nací y crecí en La Guaira. Allí permanecen buena parte de mi historia, mi familia, mis amistades y una comunidad que sigue formando parte de quien soy. Hace diez años tuve que salir de Venezuela y solicitar asilo en Estados Unidos como consecuencia de la persecución que enfrenté por ser un hombre gay y defensor de derechos humanos. Con el tiempo comprendí que el exilio no consiste únicamente en cambiar de país. También significa aprender a vivir con la certeza de que una parte de nosotros permanecerá siempre en el lugar del que tuvimos que partir.
Cada celebración familiar, cada crisis y cada tragedia confirman que seguimos perteneciendo a ese territorio. Las personas refugiadas y migrantes no dejamos de vivir las emergencias de nuestros países de origen; simplemente las vivimos de otra manera. Mientras otras personas pueden desplazarse para abrazar a sus familias o participar directamente en las labores de ayuda, quienes estamos lejos intentamos acompañar desde la incertidumbre, con la impotencia de saber que el corazón permanece donde el cuerpo ya no puede estar.
Quizá esa sea una de las dimensiones menos visibles del desplazamiento forzado. Vivimos las tragedias de nuestro país a la distancia, con menos posibilidades de actuar físicamente, pero con el mismo dolor y con un profundo sentido de responsabilidad hacia las personas y los lugares que siguen formando parte de nuestra historia.
Cuando una casa representa toda una vida
Después de una emergencia suele repetirse una frase bien intencionada: “Lo importante es que todos están vivos; lo material se recupera.” Aunque busca transmitir esperanza, también puede invisibilizar una realidad profundamente humana. En Venezuela, una vivienda rara vez representa únicamente una construcción. Es el resultado de años de trabajo, sacrificios compartidos y sueños familiares. En sus paredes también habitan recuerdos, fotografías, documentos y la memoria de quienes la construyeron.
Cuando un terremoto destruye un hogar, también altera el proyecto de vida de una familia. Por eso no basta con volver a levantar edificios. Es necesario crear las condiciones para que las personas recuperen estabilidad, seguridad y la posibilidad de imaginar nuevamente un futuro. Como trabajador social, estoy convencido de que los territorios no vuelven a ponerse de pie únicamente con cemento. También necesitan confianza, organización, apoyo mutuo y espacios donde las personas puedan elaborar el duelo y fortalecer nuevamente sus redes de apoyo.
Ese proceso tampoco ocurre en igualdad de condiciones para todas las personas. Los desastres suelen profundizar desigualdades que ya existían antes de la emergencia. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas o con VIH y muchas personas LGBTQ, especialmente aquellas que enfrentan pobreza, discriminación o redes de apoyo limitadas, suelen encontrar mayores obstáculos para acceder a servicios, restablecer sus medios de vida o volver a sentirse seguras. Una respuesta verdaderamente humanitaria no consiste únicamente en llegar primero; consiste en asegurar que nadie quede atrás cuando comienza el largo camino para reconstruir su vida.
Cuando la emergencia deja de ser noticia
Las primeras horas después de un desastre suelen despertar lo mejor de una sociedad. Vecinas y vecinos organizan rescates, personas voluntarias distribuyen alimentos, equipos de salud trabajan sin descanso y miles de ciudadanos, dentro y fuera del país, buscan la manera de ayudar. Esa movilización espontánea representa uno de los recursos más valiosos frente a cualquier crisis y demuestra que, incluso en contextos de profunda polarización, la vida humana sigue siendo capaz de convocar encuentros.
Sin embargo, para quienes sobrevivieron, el verdadero desafío apenas comienza cuando la emergencia deja de ocupar los titulares. Mientras los medios dirigen su atención hacia otras noticias y las donaciones disminuyen, miles de familias siguen intentando recuperar sus hogares, restablecer sus medios de vida y reorganizar una cotidianidad profundamente alterada. La crisis termina mucho antes para la opinión pública que para quienes continúan enfrentando sus consecuencias.
En la acción humanitaria suele describirse un fenómeno conocido como fatiga de la compasión. En términos generales, hace referencia a la disminución progresiva de la atención pública y de parte de la movilización solidaria conforme una crisis deja de ocupar el centro de la conversación. No significa que desaparezca la voluntad de ayudar, sino que nuevas urgencias desplazan rápidamente a las anteriores. El riesgo es que los territorios afectados queden solos precisamente cuando enfrentan la etapa más compleja de volver a levantarse.
Las principales organizaciones humanitarias recuerdan que reparar edificios constituye sólo una parte del proceso. También es indispensable fortalecer la salud mental, ofrecer apoyo psicosocial, recuperar el tejido comunitario y garantizar que la población participe activamente en las decisiones sobre su propio futuro. Una vivienda puede reconstruirse en algunos meses; recuperar la sensación de seguridad, la confianza o el sentido de pertenencia suele requerir mucho más tiempo.
Esta realidad resulta especialmente importante para quienes ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad antes del terremoto. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con VIH y muchas personas LGBTQ suelen encontrar mayores barreras para acceder a servicios, mantener sus tratamientos, recuperar sus ingresos o reconstruir sus redes de apoyo. Las emergencias no crean esas desigualdades, pero con frecuencia las hacen más visibles y profundas. Por eso, una recuperación verdaderamente sostenible no consiste únicamente en volver al punto donde estábamos antes del desastre, sino en aprovechar ese proceso para reducir brechas históricas y fortalecer la inclusión.
Como trabajador social, prefiero hablar de una resiliencia consciente. No de una resiliencia que exige fortaleza permanente o invita a ocultar el dolor bajo la idea de que “hay que seguir adelante”, sino de aquella que reconoce las pérdidas, entiende que el duelo necesita tiempo y acepta que pedir ayuda también forma parte del camino. Ninguna comunidad debería sentirse obligada a reconstruirse sola, ni ninguna persona a demostrar que ya superó una tragedia antes de estar preparada para hacerlo.
Permanecer también es una forma de ayudar
El exilio me impidió estar físicamente en La Guaira durante los días posteriores a los terremotos, pero no me impidió asumir la responsabilidad de acompañar desde donde hoy me encuentro. Durante esas semanas utilicé mis plataformas para verificar información antes de compartirla, visibilizar localidades que históricamente han recibido menor atención —como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado— y promover mensajes centrados en las necesidades de la población afectada.
Ese compromiso también dio origen a la serie documental La Guaira: Antes y Después, un esfuerzo por documentar cómo cambiaron distintos espacios y contribuir a que no desaparezcan de la memoria colectiva cuando termine la cobertura periodística. Más que registrar la destrucción, busca recordar que detrás de cada fotografía existen familias que seguirán necesitando apoyo mucho después de que las cámaras se hayan ido.
Creo profundamente que comunicar con responsabilidad también es una forma de acción humanitaria. Verificar antes de publicar, evitar la desinformación y mantener visibles a los territorios históricamente olvidados constituye una manera concreta de acompañar el proceso de recuperación y fortalecer el compromiso colectivo desde la distancia.
La solidaridad que decide quedarse
Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejarán cicatrices visibles en edificios, carreteras y viviendas. Otras permanecerán en silencio, acompañando a familias que deberán reconstruir no solo sus hogares, sino también su sensación de seguridad, sus proyectos de vida y la confianza en el futuro.
Como venezolano, guaireño, refugiado y defensor de derechos humanos, esta experiencia reforzó una convicción que ha guiado buena parte de mi trabajo: las personas deben permanecer en el centro de cualquier respuesta humanitaria. Ninguna diferencia política, institucional o ideológica debería ser más importante que proteger la vida, aliviar el sufrimiento y garantizar que quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad reciban el acompañamiento que necesitan para volver a empezar con dignidad.
Los terremotos dejan de sentirse cuando la tierra deja de temblar. El olvido comienza cuando dejamos de mirar. Entre una cosa y otra existe un largo camino que exige memoria, compromiso sostenido y la decisión colectiva de no abandonar a quienes siguen intentando levantarse cuando el resto del mundo ya ha seguido adelante. Porque una sociedad no termina de recuperarse cuando reconstruye sus edificios; lo hace cuando todas las personas tienen la oportunidad de volver a vivir con seguridad, esperanza y la certeza de que nadie quedó atrás.
Yonatan Matheus (He/Him/Él) es defensor de derechos humanos LGBTQ y trabajador social y activista. Trabaja en la intersección entre Migración, Justicia Social y respuesta al VIH.
Este comentario salió en el sitio web de Yonatan el 6 de julio.
