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Anti-gay murder in Spain sparks global outrage

Samuel Luiz Muñiz killed in A Coruña on July 3

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Samuel Luiz Muñiz (Photo via Facebook)

Activists in Spain and around the world have condemned the murder of a 24-year-old man that has been categorized as an anti-gay hate crime.

Media reports indicate Samuel Luiz Muñiz, 24, was beaten to death early on July 3 after he and a group of friends left a nightclub in A Coruña, a city in northwestern Spain’s Galicia region.

The Associated Press cites Spanish media that say witnesses told police the group of people who attacked Luiz used anti-gay slurs against him. Authorities have reportedly detained two men and a woman in connection with Ruiz’s murder.

Fundación Triángulo, a Spanish LGBTQ rights group, organized a series of protests that took place in Madrid and in other cities throughout the country on Monday.

“We woke up on Saturday to the terrible news of the murder of Samuel, a young 24-year-old man from A Coruña, at the hands of a group of people who took his life by beating him while screaming ‘faggot’,” said Fundación Triángulo in a statement. “Terror, anguish, fear. This is what Samuel was able to feel before his death.”

Spanish Prime Minister Pedro Sánchez on Monday described Luiz’s murder as a “savage and depraved act.” The hashtag #JusticiaParaSamuel or #JusticeForSamuel has been trending on social media in Spain and around the world.

“Solidarity with Spain from Puerto Rico,” tweeted Pedro Julio Serrano, founder of Puerto Rico Para Tod@s, a Puerto Rican LGBTQ rights group, on Tuesday. “We join the global call (for) justice for Samuel.”

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Noticias en Español

Un terremoto también se vive desde el exilio

Yonatan Matheus se nació en La Guaira, la zona venezolana más afectada por los sismos

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(Imagen por Tindo/Bigstock)

El 24 de junio de 2026, dos terremotos sacudieron Venezuela y alteraron la vida de miles de personas en cuestión de segundos. Para gran parte del mundo fue una noticia que ocupó titulares durante algunos días. Para quienes nacimos allí, el tiempo pareció detenerse. Antes de pensar en la magnitud del sismo o en el número de viviendas afectadas, hubo una pregunta que desplazó cualquier otra: ¿estarán bien quienes amo?

Los desastres naturales no solo transforman los territorios; también modifican la manera en que quienes vivimos en el exilio nos relacionamos con el lugar al que seguimos llamando hogar. La distancia no reduce el dolor ni la preocupación por quienes permanecen allí. Cada llamada sin responder, cada fotografía y cada mensaje recuerdan que existen vínculos que sobreviven a las fronteras, al tiempo y a la propia migración.

Lo primero que hice fue llamar a mi familia en La Guaira. Durante esos minutos comprendí, una vez más, que también existen terremotos que se sienten desde el exilio. La incertidumbre crece con cada llamada que no entra y con cada mensaje que permanece sin respuesta.

Cuando finalmente logré comunicarme, confirmé que familiares y personas cercanas habían perdido sus hogares, que distintas zonas de La Guaira enfrentaban graves afectaciones y que comunidades como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado también sufrían las consecuencias de los terremotos. Aunque algunas de estas localidades registraron daños estructurales de menor magnitud que las zonas más devastadas, sus habitantes también vieron alterada su vida cotidiana por la interrupción de servicios, las dificultades de acceso y la profunda interdependencia social, económica y comunitaria que caracteriza a La Guaira.

Algunos miembros de mi comunidad también habían fallecido. Entre ellos estaban dos hombres gays a quienes conocía. Sus nombres me recordaron que detrás de cada cifra existen historias, afectos y proyectos de vida. También me hicieron pensar en todas aquellas personas cuyas vidas y muertes difícilmente ocuparán un titular, especialmente quienes durante años vivieron en los márgenes, con escasa visibilidad y sin el pleno reconocimiento de su dignidad. Me recordaron, además, que las emergencias nunca afectan a todas las personas por igual y que quienes ya enfrentaban mayores condiciones de vulnerabilidad suelen soportar una carga aún más pesada durante la recuperación. 

El país del que uno sale nunca desaparece

Nací y crecí en La Guaira. Allí permanecen buena parte de mi historia, mi familia, mis amistades y una comunidad que sigue formando parte de quien soy. Hace diez años tuve que salir de Venezuela y solicitar asilo en Estados Unidos como consecuencia de la persecución que enfrenté por ser un hombre gay y defensor de derechos humanos. Con el tiempo comprendí que el exilio no consiste únicamente en cambiar de país. También significa aprender a vivir con la certeza de que una parte de nosotros permanecerá siempre en el lugar del que tuvimos que partir.

Cada celebración familiar, cada crisis y cada tragedia confirman que seguimos perteneciendo a ese territorio. Las personas refugiadas y migrantes no dejamos de vivir las emergencias de nuestros países de origen; simplemente las vivimos de otra manera. Mientras otras personas pueden desplazarse para abrazar a sus familias o participar directamente en las labores de ayuda, quienes estamos lejos intentamos acompañar desde la incertidumbre, con la impotencia de saber que el corazón permanece donde el cuerpo ya no puede estar.

Quizá esa sea una de las dimensiones menos visibles del desplazamiento forzado. Vivimos las tragedias de nuestro país a la distancia, con menos posibilidades de actuar físicamente, pero con el mismo dolor y con un profundo sentido de responsabilidad hacia las personas y los lugares que siguen formando parte de nuestra historia.

Cuando una casa representa toda una vida

Después de una emergencia suele repetirse una frase bien intencionada: “Lo importante es que todos están vivos; lo material se recupera.” Aunque busca transmitir esperanza, también puede invisibilizar una realidad profundamente humana. En Venezuela, una vivienda rara vez representa únicamente una construcción. Es el resultado de años de trabajo, sacrificios compartidos y sueños familiares. En sus paredes también habitan recuerdos, fotografías, documentos y la memoria de quienes la construyeron.

Cuando un terremoto destruye un hogar, también altera el proyecto de vida de una familia. Por eso no basta con volver a levantar edificios. Es necesario crear las condiciones para que las personas recuperen estabilidad, seguridad y la posibilidad de imaginar nuevamente un futuro. Como trabajador social, estoy convencido de que los territorios no vuelven a ponerse de pie únicamente con cemento. También necesitan confianza, organización, apoyo mutuo y espacios donde las personas puedan elaborar el duelo y fortalecer nuevamente sus redes de apoyo.

Ese proceso tampoco ocurre en igualdad de condiciones para todas las personas. Los desastres suelen profundizar desigualdades que ya existían antes de la emergencia. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas o con VIH y muchas personas LGBTQ, especialmente aquellas que enfrentan pobreza, discriminación o redes de apoyo limitadas, suelen encontrar mayores obstáculos para acceder a servicios, restablecer sus medios de vida o volver a sentirse seguras. Una respuesta verdaderamente humanitaria no consiste únicamente en llegar primero; consiste en asegurar que nadie quede atrás cuando comienza el largo camino para reconstruir su vida. 

Cuando la emergencia deja de ser noticia

Las primeras horas después de un desastre suelen despertar lo mejor de una sociedad. Vecinas y vecinos organizan rescates, personas voluntarias distribuyen alimentos, equipos de salud trabajan sin descanso y miles de ciudadanos, dentro y fuera del país, buscan la manera de ayudar. Esa movilización espontánea representa uno de los recursos más valiosos frente a cualquier crisis y demuestra que, incluso en contextos de profunda polarización, la vida humana sigue siendo capaz de convocar encuentros.

Sin embargo, para quienes sobrevivieron, el verdadero desafío apenas comienza cuando la emergencia deja de ocupar los titulares. Mientras los medios dirigen su atención hacia otras noticias y las donaciones disminuyen, miles de familias siguen intentando recuperar sus hogares, restablecer sus medios de vida y reorganizar una cotidianidad profundamente alterada. La crisis termina mucho antes para la opinión pública que para quienes continúan enfrentando sus consecuencias.

En la acción humanitaria suele describirse un fenómeno conocido como fatiga de la compasión. En términos generales, hace referencia a la disminución progresiva de la atención pública y de parte de la movilización solidaria conforme una crisis deja de ocupar el centro de la conversación. No significa que desaparezca la voluntad de ayudar, sino que nuevas urgencias desplazan rápidamente a las anteriores. El riesgo es que los territorios afectados queden solos precisamente cuando enfrentan la etapa más compleja de volver a levantarse.

Las principales organizaciones humanitarias recuerdan que reparar edificios constituye sólo una parte del proceso. También es indispensable fortalecer la salud mental, ofrecer apoyo psicosocial, recuperar el tejido comunitario y garantizar que la población participe activamente en las decisiones sobre su propio futuro. Una vivienda puede reconstruirse en algunos meses; recuperar la sensación de seguridad, la confianza o el sentido de pertenencia suele requerir mucho más tiempo.

Esta realidad resulta especialmente importante para quienes ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad antes del terremoto. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con VIH y muchas personas LGBTQ suelen encontrar mayores barreras para acceder a servicios, mantener sus tratamientos, recuperar sus ingresos o reconstruir sus redes de apoyo. Las emergencias no crean esas desigualdades, pero con frecuencia las hacen más visibles y profundas. Por eso, una recuperación verdaderamente sostenible no consiste únicamente en volver al punto donde estábamos antes del desastre, sino en aprovechar ese proceso para reducir brechas históricas y fortalecer la inclusión.

Como trabajador social, prefiero hablar de una resiliencia consciente. No de una resiliencia que exige fortaleza permanente o invita a ocultar el dolor bajo la idea de que “hay que seguir adelante”, sino de aquella que reconoce las pérdidas, entiende que el duelo necesita tiempo y acepta que pedir ayuda también forma parte del camino. Ninguna comunidad debería sentirse obligada a reconstruirse sola, ni ninguna persona a demostrar que ya superó una tragedia antes de estar preparada para hacerlo.

Permanecer también es una forma de ayudar

El exilio me impidió estar físicamente en La Guaira durante los días posteriores a los terremotos, pero no me impidió asumir la responsabilidad de acompañar desde donde hoy me encuentro. Durante esas semanas utilicé mis plataformas para verificar información antes de compartirla, visibilizar localidades que históricamente han recibido menor atención —como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado— y promover mensajes centrados en las necesidades de la población afectada.

Ese compromiso también dio origen a la serie documental La Guaira: Antes y Después, un esfuerzo por documentar cómo cambiaron distintos espacios y contribuir a que no desaparezcan de la memoria colectiva cuando termine la cobertura periodística. Más que registrar la destrucción, busca recordar que detrás de cada fotografía existen familias que seguirán necesitando apoyo mucho después de que las cámaras se hayan ido.

Creo profundamente que comunicar con responsabilidad también es una forma de acción humanitaria. Verificar antes de publicar, evitar la desinformación y mantener visibles a los territorios históricamente olvidados constituye una manera concreta de acompañar el proceso de recuperación y fortalecer el compromiso colectivo desde la distancia.

La solidaridad que decide quedarse

Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejarán cicatrices visibles en edificios, carreteras y viviendas. Otras permanecerán en silencio, acompañando a familias que deberán reconstruir no solo sus hogares, sino también su sensación de seguridad, sus proyectos de vida y la confianza en el futuro.

Como venezolano, guaireño, refugiado y defensor de derechos humanos, esta experiencia reforzó una convicción que ha guiado buena parte de mi trabajo: las personas deben permanecer en el centro de cualquier respuesta humanitaria. Ninguna diferencia política, institucional o ideológica debería ser más importante que proteger la vida, aliviar el sufrimiento y garantizar que quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad reciban el acompañamiento que necesitan para volver a empezar con dignidad.

Los terremotos dejan de sentirse cuando la tierra deja de temblar. El olvido comienza cuando dejamos de mirar. Entre una cosa y otra existe un largo camino que exige memoria, compromiso sostenido y la decisión colectiva de no abandonar a quienes siguen intentando levantarse cuando el resto del mundo ya ha seguido adelante. Porque una sociedad no termina de recuperarse cuando reconstruye sus edificios; lo hace cuando todas las personas tienen la oportunidad de volver a vivir con seguridad, esperanza y la certeza de que nadie quedó atrás.

Yonatan Matheus (He/Him/Él) es defensor de derechos humanos LGBTQ y trabajador social y activista. Trabaja en la intersección entre Migración, Justicia Social y respuesta al VIH.

Este comentario salió en el sitio web de Yonatan el 6 de julio.

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Egypt

Egyptian authorities refuse to allow gay cruise to dock in country

Scarlet Lady earlier this week blocked from visiting Turkey

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Alexandria, Egypt (Photo by javarman/Bigstock)

Egyptian authorities have refused to allow a gay cruise to dock in the country.

The Scarlet Lady, a Virgin Voyages ship that Atlantis Events chartered, was to have docked in Alexandria, a port city on the Mediterranean Sea. The Washington Blade obtained a letter that Atlantis Events President Rich Campbell sent to passengers on Thursday, hours before the cruise was to have arrived.

“Early this morning, we were informed that Scarlet Lady has been denied entry into Egyptian waters and, as a result, will no longer be able to call in Alexandria today,” he wrote.

“I know how much this visit meant to so many of you,” added Campbell. “We successfully sailed a similar itinerary last year, so we were surprised by this unfortunate decision.”

Campbell noted “both the Atlantis and Virgin Voyages teams worked tirelessly to make this call in Alexandria a possibility.”

“This news came as a surprise to all of us, and we’re just as disappointed as you are,” he said.

The 10-day cruise left Athens on July 5. It is scheduled to end in Trieste, Italy, on July 15.

The ship had been scheduled to dock in Kusadasi, a Turkish resort town on the Aegean Sea, and Istanbul earlier this week. Turkish authorities refused to allow it in the country.

Former Tempe, Ariz., Mayor Neil Giuliano, who is an LGBTQ+ Victory Institute board member, is among those on the cruise.

“Just a few hours before arriving in Alexandria, Egypt — a city founded by and named for one of the ancient world’s best-known homosexuals — government authorities rescinded permission for our ship of 2,000 gay men to enter Egypt,” wrote Steve May, who is also on the ship, on Thursday in a Facebook post.

Alexander the Great founded Alexandria in 331 B.C.

“As with Turkey, we have been sent away not because of what we did, but because of who we said we are,” said May. “‘I am what I am’ is too much liberty for some to bear. So it was in the United States as well not long ago, where even I ended up as a convicted homosexual after a military trial in 2001 for saying ‘I am gay.’ This is just a reminder that for all the progress we have made, our freedom is never secure — for any of us, regardless of who or how we love. Back to Europe!”

Discrimination and persecution based on sexual orientation and gender identity is commonplace in Egypt. The Egyptian Football Association, along with the Football Federation Islamic Republic of Iran, objected to playing in the World Cup’s “Pride Match” that took place in Seattle on June 26.

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Netherlands

Dutch prime minister scheduled to open World Pride human rights conference

Rob Jetten is country’s first openly gay head of government

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Dutch Prime Minister Rob Jetten (Photo courtesy of the Dutch government)

Dutch Prime Minister Rob Jetten is scheduled to open this year’s World Pride Human Rights Conference in Amsterdam.

Organizers in a July 1 press release said Jetten will open the conference on Aug. 5. Amsterdam Mayor Femke Halsema; South African Deputy Minister for Women, Youth, and People with Disabilities Steve Letsike; former Venezuelan National Assemblywoman Tamara Adrián; and Graeme Reid, the independent U.N. expert on LGBTQ and intersex issues, are among those who are also expected to participate in the gathering that will end on Aug. 7.

Jetten, 39, in February became the Netherlands’s first openly gay prime minister.

His centrist D66 party won the country’s elections last October. Geert Wilders’s far-right Party for Freedom narrowly lost.

Jetten took office after he formed a coalition government that includes the center-right Christian Democrats and the center-right People’s Party for Freedom and Democracy.

World Pride will take place in Amsterdam from July 25-Aug. 8.

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