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¿Cómo los acuerdos de Amapala protegen los derechos LGBTQ?

Organizaciones participaron en el lanzamiento en Tegucigalpa el 28 de julio

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El público presente durante la discusión de los acuerdos. (Fotos cortesía de la Embajada de EEUU en Honduras)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Se publicó esta nota en su sitio web el 1 de agosto.

TEGUCIGALPA, Honduras — Representantes de organizaciones y defensores de la población LGTBIQ+ en Honduras se dieron cita en la ciudad capital para celebrar los acuerdos alcanzados en pro del bienestar de las poblaciones diversas en el país.

El Comité de la Diversidad Sexual de Honduras (CDSH) realizó un programa para analizar las oportunidades y desafíos en relación con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Asimismo, la iniciativa abarcó los derechos civiles y políticos de las personas de orientaciones, identidades, expresiones sexuales y de género diverso en Honduras.

La embajadora de EEUU, Laura Dogu, se dirige al auditorio durante el desarrollo del programa. (Foto cortesía de la Embajada de EEUU en Honduras)

El programa considera además los elementos fundamentales como el derecho a la autodeterminación de la persona LGBTIQ+. También incluye la búsqueda de acciones que contribuyan al respeto de los derechos humanos de este grupo poblacional que día con día vive bajo amenazas y discursos de odio de grupos fundamentalistas religiosos. 

Más de once organizaciones aglutinadas celebraron en un hotel capitalino los avances y el lanzamiento de la Declaración de Amapala sobre los Derechos Humanos de la población LGTBIQ+ en Honduras el 28 de julio de 2023.

Dichos acuerdos nacen a raíz de la violencia que azota a esta población de la cual las autoridades y medios tradicionales muy poco hablan o reconocen, tomando en cuenta que los hechos violentos también surgen de estos sectores.

El documento del Comité expone sobre el análisis realizado en el contexto nacional y su impacto en las personas LGBTIQ+. Por otra parte, el estudio muestra las constantes violaciones de derechos humanos derivadas de una multicrisis que afecta principalmente a las personas LGBTIQ+ y su interseccionalidad por la falta de medios de vida y la incertidumbre imperante a causa de la inseguridad ciudadana e impunidad. 

Los números de la impunidad

Desde el año 2004 hasta diciembre de 2022 se han registrado 468 muertes violentas de personas LGBTIQ+, según datos recopilados por la Unidad de Vigilancia KAI. El 90 por ciento de los crímenes se encuentran en impunidad. En el año 2020, en el contexto de pandemia del COVID-19 y la emergencia climática por los huracanes Eta y Iota, según el informe de muertes violentas emitido por la Asociación Colectivo Violeta se registraron 20 muertes violentas de personas LGBTIQ+. 

Por otro lado, en 2022, según KAI, se registran 43 muertes violentas y dos personas desaparecidas de la población LGBTIQ+. Este fue el año más violento para esta población, en contraste con las expectativas generadas por la política de protección de los derechos humanos declarada por la presidenta Xiomara Castro en su discurso de toma de posesión del 27 de enero de 2022. Asimismo, en su plan de gobierno expresó que estaba dispuesta a defender los derechos de las mujeres y minorías sexuales en un país con una de las más altas tasas de muertes violentas de mujeres en América Latina y donde los crímenes contra las personas LGBTIQ+ han ido en aumento de forma sistemática.

Danny Montecinos, representante de Kukulcán, aseveró que Honduras no debe seguir registrando altas cifras de violencia. “No podemos quedarnos callados ante tanta violencia generalizada en nuestro país. La salud mental también afecta a nuestra población LGBTI joven. Con los acuerdos de Amapala esperamos que esta problemática cese”, añadió el también defensor de derechos humanos LGBTI.

Al mismo tiempo llamó a todos los y las presentes a sentirse orgullosos y orgullosas de portar la bandera multicolor y caminar con dignidad la orientación sexual que representa cada persona. “En un país donde prima el odio, lo que toca es empoderarse”, dijo el líder.

Entretanto, Gabriela Redondo, del Colectivo Unidad Color Rosa, manifestó que las mujeres y los hombres trans no cuentan con espacios seguros en el país. “Exigimos que se nos den más oportunidades. Urgen nuevas posibilidades para la población LGBTI para que no tengamos que salir huyendo en busca de mejorar nuestras condiciones de vida. Evitemos la migración que se extiende cada año en nuestro país”, llamó.

Entre los acuerdos alcanzados en la revisión del documento se exponen el derecho a la vida, salud, educación y trabajo, respeto a la libertad de religión y libertad de expresión. Asimismo se incluyen acuerdos relativos al desplazamiento interno, la migración y el retorno de la población LGBTIQ+, entre otras iniciativas importantes que protegen y garantizan la vida y los derechos de las poblaciones diversas en el país.

Algunos de las y los expositores presentes en el análisis de los acuerdos de Amapala. (Foto cortesía de la Embajada de EEUU en Honduras)

Al mismo tiempo llamó a todos los y las presentes a sentirse orgullosos y orgullosas de portar la bandera multicolor y caminar con dignidad la orientación sexual que representa cada persona. “En un país donde prima el odio, lo que toca es empoderarse”, dijo el líder.

Entretanto, Gabriela Redondo, del Colectivo Unidad Color Rosa, manifestó que las mujeres y los hombres trans no cuentan con espacios seguros en el país. “Exigimos que se nos den más oportunidades. Urgen nuevas posibilidades para la población LGBTI para que no tengamos que salir huyendo en busca de mejorar nuestras condiciones de vida. Evitemos la migración que se extiende cada año en nuestro país”, llamó.

Entre los acuerdos alcanzados en la revisión del documento se exponen el derecho a la vida, salud, educación y trabajo, respeto a la libertad de religión y libertad de expresión. Asimismo se incluyen acuerdos relativos al desplazamiento interno, la migración y el retorno de la población LGBTIQ+, entre otras iniciativas importantes que protegen y garantizan la vida y los derechos de las poblaciones diversas en el país.

Al evento asistió el director en funciones de Usaid en Honduras, Kenneth MacLean, quien aseveró que con dichos logros se pretende tener una sociedad más inclusiva donde las personas, sin importar su orientación sexual o género, puedan ejercer todos sus derechos.

“Creemos que los acuerdos de Amapala son un paso que nos lleva a la dirección correcta. La única manera de alcanzar los objetivos en común es trabajando unidos. Este es el momento para demostrarle a Honduras y al mundo entero que la comunidad LGTBIQ+ puede hacer a un lado sus diferencias y trabajar unidos por un mismo objetivo”, añadió.

Al mismo tiempo solicitó a los representantes de las organizaciones que estos logros no se queden plasmados en papel, sino que sean traídos a la realidad. Lo fácil es llegar y lo difícil es mantenerse, manifestó. Asimismo aseguró que desde la organización que representa ven con buenos ojos dichos logros para crear y fomentar una Honduras libre de estigmas y discriminacion.

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Honduras

Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya

Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia

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(Captura de pantalla de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 19 de enero.

Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.

Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.

Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.

Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.

Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.

El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.

A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.


* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas

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Noticias en Español

El 2026 bajo presión

La realidad que enfrentan las organizaciones LGBTQ en EEUU

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(Foto de Michael Key por el Washington Blade)

El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.

Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.

La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.

A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.

El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.

Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.

Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.

Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.

Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.

El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.

La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.

El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.

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Colombia

Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad

Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre

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(Foto via Bigstock)

OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Esta nota salió en su sitio web.

Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.

Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.

El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.

Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.

Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.

En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.

Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.

Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.

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