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Generación HT El Salvador lanza primera investigación sobre hombres trans en el país
La organización se celebró su 10º aniversario este mes
SAN SALVADOR, El Salvador — En una histórica presentación y celebrando sus 10 años de fundación, Generación HT El Salvador, una organización de hombres trans salvadoreños, comprometidos con la defensa de los derechos humanos de la población LGBTQ en El Salvador, presentó el 13 de enero los resultados de su investigación “Estudio de condiciones de vida de los hombres trans en El Salvador”.
Esta organización se ha caracterizado desde su fundación en generar espacio de sana competencia entre la población LGBTQ con torneos deportivos en el mes de junio desde 2014. Además de formar parte de la Mesa Permanente por una Ley de Identidad de Género y la Federación Salvadoreña LGBTIQ, también han acercado jornadas médicas a su población, empoderando a sus pares y sensibilizando a familiares y diversas instituciones, hace dos años abrieron el primer gimnasio inclusivo en sus instalaciones y ahora en su décimo aniversario presentan los resultados de la primera investigación enfocada en hombres trans de El Salvador.
Su obetivo principal con dicha investigación, era conocer las condiciones de vida de los hombres trans salvadoreños a través de diferentes áreas, como la zona geográfica, situación familiar, formación académica, condiciones laborales, atención sanitaria, autocuido, discriminación, necesidades, entre otras.
Esta misma tuvo una muestra de 55 hombres trans, mismos que forman parte de una base de datos de 200, pero fueron los únicos que respondieron al instrumento de la investigación que se realizó a finales del año 2023. De esta muestra el 85 por ciento pertenece al área metropolitana y el resto en otros departamentos del área occidental y oriental del país. Cabe mencionar que la edad promedio de la muestra fue de 18 a 35 años, únicamente el dos por ciento eran mayores de ese rango.
Los datos revelan una realidad de la que poco se habla de este sector de la población LGBTQ, destacando los desafíos enfrentados tanto en la recolección de datos, como los arrojados por la muestra en sus realidades.
Es importante destacar que un 55 por ciento expresó ser solteros, pero de estos un 73 por ciento tienen a una persona o más que depende económicamente de ellos, dejando en claro que la responsabilidad económica y de cuido de una u otra manera siempre tiende a recaer en la persona de la población LGBTQ de una familia.
Por esto mismo también seis de cada 10 aún viven con su familia, por el tema de la dificultad de obtener recursos para poder independizarse y las responsabilidades económicas que recaen en ellos.
“De los hombres trans entrevistados, cinco de cada 10 tiene un empleo formal, en su mayoría expresaron que al buscar empleo se les dificultaba por su identidad de género”, expresó Boris Iraheta, consultor para la investigación.
Otro de los aspectos importantes revelados en la investigación es el desconocimiento de los protocolos en atención a población LGBTQ que existen gracias al Consejo Superior de Salud Pública de El Salvador y la falta de implementación de estos, pero en su mayoría los entrevistados han sentido más discriminación por parte de otros pacientes que se encuentran en los centros de salud.
La discriminación sigue siendo un factor latente y de preocupación, pues cuatro de cada 10 hombres trans entrevistados, son respetados con su identidad de género en su entorno.
Aunque expresen cómo se deben referir a ellos, son pocas las personas que lo cumplen. Lo que lleva al dato que cinco de cada 10 hombres trans han sido violentados en las calles, ya sea en auto buses o al caminar en vía pública, entre esto también se suma el maltrato emocional tanto en redes sociales como en círculos de “confianza”, llegando a que 85 por ciento de los entrevistados han recibido violencia y discriminación, pero no han denunciado.
Descubriendo así un importante punto en el que HT debe enfocarse para trabajar con sus bases.
En cuanto al tema académico nueve de cada 10 han realizado estudios, pero no los han terminado, tanto por la falta de recursos económicos, la discriminación en los centros educativos, por ello la mayoría solo han terminado su bachillerato.
Esto mismo les ha llevado a tener cuadros de depresión, por lo que es importante fortalecer los programas de acompañamiento psicológico dentre de la organización y seguir el trabajo en creación de políticas que hagan respetar los derechos de este sector de la población.
“El compromiso también es llenar estos vacíos que hemos logrado identificar”, Joshua Navas, director de HT El Salvador.
Generación HT no solo pone de manifiesto los problemas, sino que también destacan las fortaleza y la resiliencia de la comunidad trans masculina en El Salvador. La investigación sirve como un llamado de atención para la sociedad y las autoridades, instándolos a adoptar medidas que fomenten la inclusión y el respeto hacia esta comunidad.
De igual manera, para la organización hay un llamado claro, “nos queda trabajar la descentralización del trabajo de HT en El Salvador, ese el reto para este año y lograr el empoderamiento e interés sobre sus derechos, de nuestra población”, mencionó Villy Rivera, fundador y dirigente de HT El Salvador.
La presentación de estos resultados marca un hito crucial en la lucha por los derechos de la población LGBTQ en El Salvador, alzando la voz de los hombres trans y abriendo un diálogo esencial sobre la necesidad de un cambio positivo y duradero para este sector de la población.
Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
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