January 6, 2018 at 8:00 am EST | by Rafael Gordo Núñez
El deporte nacional cubano: ¿Fútbol, béisbol o sexo?

La falta de privacidad en sus hogares incita a parejas en Cuba de tener sexo en viejos moteles y otros espacios públicos. (Photo by Rafael Gordo Núñez/Tremenda Nota)

Nota del editor: Tremenda Nota es una revista electrónica independiente en Cuba que documenta las comunidades LGBT y minoritarias del país y los jóvenes. Es la pareja de contenido más nueva del Washington Blade en América Latina.

Tremenda Nota originalmente publicó esa nota en su sitio web.

LA HABANA — En Cuba hay un debate sobre el cambio en la afición deportiva de los cubanos del béisbol al fútbol. La polémica es visible. En medio de la discusión, lo mismo en un parque o a bordo de una guagua, alguien siempre recuerda que Messi la debe tener corta, que Ronaldo apunta tanto como banquea y que Neymar no es tan buen palo como el beisbolista Yuliesky Gurriel, a quien Laura, una joven estudiante de ingeniería química de Camagüey, solo lo veía jugar porque — confiesa — “se le mostraba tremendo paquete.”

El sexo es el tema nacional aunque a veces se reduzca el tema a una leyenda urbana y se diga que “aquí no se hace ni más ni mejor que en otro sitio.” Cuba es particular: En no muchos países la pornografía aparece en la misma casilla de prohibiciones de la aduana junto a la droga o las armas de fuego, como ocurre en la isla. En el mundo no debe ser muy frecuente encontrar, todas las mañanas, la escalera de un edificio repleta de condones usados.

¿Por qué la gente hace el amor al aire libre?

Algunos para experimentar con más adrenalina. Otros para cambiar de pareja. Pero sobre todo porque las personas no tienen acceso a sitios más confortables para practicar el coito. El hecho es que la isla está repleta de áreas donde la gente tiene sexo al aire libre.

Cuba figura entre las naciones con menos nacimientos en todo el mundo, según la oficial Revista de Salud Pública: Cada año nace menos gente. Entre otros factores, las condiciones para procrear no son las mejores. En 2015, el Centro de Estudios de la Juventud y la Niñez descubrió que más de la mitad de los jóvenes de entre 10 y 19 años debutan sexualmente a los 14 o 15 abriles. Sin embargo, es más probable que esa vida sexual activa se desarrolle en sitios más parecidos a un estadio de béisbol o un campo de fútbol que en una cama.

Casarse no parece una solución: Cuba es el décimo país del mundo con más divorcios. Lo más común es que familias de varias edades convivan en un mismo espacio físico y eso, digamos, sofoca un poco.

Para el antropólogo de la Universidad La Habana, Avelino Crucero Rodríguez, dialogar sobre sexualidad es común, pero el discurso público lo suele juzgar mal: “Hay instituciones para comer, para bailar pero no para hacer el amor.”

Osvel es un veinteañero de Holguín antes vivía en dos cuartos junto a su mamá y su hermana, ahora alquila por 120 dólares un cuarto en Cerro, uno de los municipios más antiguos de la Habana, al oeste del Vedado. Osvel está seguro que el problema es la ilegalidad: “No es como en otros países donde existe un contrato, aquí si el dueño quiere te saca y también si te agarra la policía te deporta para tu provincia.”

Cuba es un archipiélago en el Caribe pero ha tenido más legislaciones migratorias que cualquier nación con frontera. Osvel teme al Decreto Ley 217 del 22 de abril de 1997: regula las migraciones internas hacia La Habana y permite multar y encarcelar a los ciudadanos sin residencia legal en la capital.

¿Dónde están las camas?

Yoandra Garvei, una guantanamera radicada en Santiago de las Vegas, al sur de La Habana, tiene un cuarto independiente en la casa de su madre pero en varias ocasiones ha hecho el amor al aire libre porque “es cuestión de sentirse bien y no entrar en la monotonía.” Yoandra, además, se siente mirada con ojos machistas, asegura que “la gente no ve bien si una mujer lleva muchos hombres a casa pero aprueban que un hombre entre con muchas mujeres.”

La cifra no es oficial pero medios de prensa nacionales como Trabajadores y Juventud Rebelde han contabilizado en 2016 más de 450 casas particulares de citas en moneda nacional tan solo en la capital aunque asistir es un lujo local. Sergio, por ejemplo, un joven enfermero que lleva un año y medio de novio con Aldo, un estudiante de medicina, muy pocas veces ha disfrutado de una cama con su pareja. Sergio reflexiona mientras se desnuda en la Playa del Chivo, un tramo de costa a la salida del túnel de la bahía de La Habana, donde frecuentemente se reúne a merced de la policía la comunidad gay: “Ninguno de los dos vivimos solos y una casa de renta cuesta al menos 5 CUC ($5) por dos horas, una quinta parte de mi salario.”

En Cuba la construcción hotelera cobró fuerza luego del colapso socialista mundial, entonces el Gobierno empezó a impulsar el turismo, algo que se profundizó en el siglo XXI con la construcción de más plantas hoteleras de cuatro y cinco estrellas. Sergio ve imposible pagar una habitación en uno de esos lugares: “son casi exclusivamente para los turistas.”

Posadas de amor y discordia

Alejandro Castañeda, del municipio Playa, un recordado y querido miembro del colectivo LGBTI+, creador del proyecto Afro +, aseguraba que además de económicos los problemas son morales: “sufrimos el rechazo de la propia familia y casi ninguna de las casas de renta aceptan dos hombres, antes del Periodo Especial los hombres, aunque a escondidas, podían entrar a un hotel con otro hombre, hoy ya no.” Por eso Alejandro iba a costas, bosques, parques y edificios abandonados.



En el periodo revolucionario que transcurrió en Cuba desde 1959 hasta 1990 habían florecido las denominadas posadas: Habitaciones destinadas únicamente al placer carnal, centros medianamente apartados de la ciudad, nada limpios. Entre las más mentadas se encontraban la de 11 y 24 en el Vedado; la de Acosta y Carmen en Lawton; la de Ayestarán y Pedro Pérez, en el Cerro; o la de la Avenida Monumental. Había por toda Cuba, las más famosas estaban en La Habana aunque quizás la más importante haya estado al lado del aeropuerto internacional de Camagüey. En junio de 2017 la Empresa Provincial de Alojamiento de La Habana anunció que la apertura de nuevas posadas es inminente. Para el antropólogo Avelino Crucero eso es válido y necesario “pero no pueden convertirse en focos de discriminación: Que entren las personas que quieran y necesiten ¿por qué no una relación de tres?”

Cruising gay: Corre o te atrapan

Ernesto Betancourt, estudiante de la Universidad de La Habana, prefiere zonas menos “peligrosas,” más céntricas como la calle 25, próxima al Hotel Habana Libre. “Allí a veces se hace algo si está oscuro sino uno cuadra y se sube a la potajera de atrás del Calixto pero no me gusta mucho porque siempre alguien quiere sumarse . . . la gente va a hacer tríos o cuartetos.”

La Playa del Chivo, la fortaleza militar colonial Batería No. 1, Bosque Metropolitano; las áreas exteriores de la Ciudad Deportiva; y los alrededores del Hospital Calixto García, constituyen algunas de las zonas más emblemáticas de la capital cubana, también denominadas potajeras: donde se práctica sexo al aire libre.

El cruising, según Wikipedia “la práctica de buscar una pareja sexual caminando o conduciendo por un lugar público, por lo general de manera anónima, ocasional y para una sola vez” — es una opción ampliamente escogida por el colectivo gay pero la policía los molesta valiéndose del recurso penal de “impudicia pública.”



Para Avelino Cruzero los agentes policiales reaccionan así por la orientación sexual de los implicados: “Los heteros siempre son aceptados pero yo he visto a la policía sacar a dos mujeres del agua en la llamada playa gay por darse un beso, en lo hondo, en el fondo del mar.”



Además del delito de “impudicia pública,” el Código Penal estipula en el artículo 303 el de “ultraje sexual” que sanciona con “privación de libertad de tres meses a un año o multas de cien a trescientas cuotas al que acose a otro con requerimientos sexuales, ofenda el pudor o las buenas costumbres con exhibiciones o actos obscenos.”



Cuestiones legales apartes, en temáticas sexuales Cuba es un caso sui géneris. El debate sobre el fútbol o el béisbol queda en un segundo plano: puede que Ronaldo guste más que Contreras o Neymar menos que Gurriel, pero nadie lo dude, con o sin casa, con o sin policía, la gente prefiere gozar la papeleta en Cuba. Ni fútbol ni béisbol: El sexo al aire libre es el deporte nacional cubano.

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