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‘Dinero rosa’ en la Isla roja

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Foto: Marcus Freeman

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esta nota salió originalmente en su sitio web el 13 de junio.

LA HABANA — Adentro, justo a la medianoche, varios chicos sentados alrededor de una mesa arquean las cejas y sonríen de medio lado a la cámara. “Este selfi no sirvió. Vamos a hacer otro”, dice uno y los demás retoman la misma pose. Afuera, justo a la medianoche, unos niños corren en un parque de Centro Habana, mientras sus padres toman algunas cervezas. Los niños juegan a saltar sobre las latas vacías hasta aplastarlas.

Adentro, en una pantalla, Madonna lame el pie de Maluma. Otro grupo llega y ocupa una mesa VIP: Los chicos compran whisky de etiqueta negra y celebran el regreso a La Habana de un amigo. Uno de ellos mira a la reina del pop y dice a los demás: “Es una perra”. En el fondo hay un cuadro de varios hombres fornidos que tienen sexo.

Dos mujeres que rondan los 40 años salen a fumar. Una tiene el pelo corto y usa una camisa azul y zapatos cerrados, la otra es una mulata de vestido blanco, tacones y prendas doradas. Ambas se besan, terminan sus cigarros y regresan adentro.  

Sobre la puerta parpadea un letrero que anuncia que se ha llegado a XY (o MYXTO, su nombre anterior), el primer bar gay de Cuba que sugiere el buscador de Google. Abierto desde 2015, en Jovellar y Marina, frente al malecón de La Habana, el bar se presenta como un espacio para las personas LGBTI+ en el centro de un barrio popular de la ciudad.

Desde hace algunos años, La Habana –aún siendo la capital de un país machista con un largo historial homofóbico– ha dado los primeros pasos para transformarse en una ciudad amistosa con la comunidad LGBTI+: por una década –hasta 2018– el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) convocó una “Conga contra la homofobia y la transfobia” para visibilizar a las personas no heterosexuales y no cisgénero.

Ahora mismo, sin descontar la cancelación de la Conga oficial contra la homofobia, la represión de la primera marcha LGBTI+ alternativa convocada por la sociedad civil, las vueltas de tuerca del Parlamento para incluir el matrimonio igualitario en la Constitución y las presuntas concesiones a grupos cristianos opuestos a los derechos LGBTI+, comienza a redactarse (a puerta cerrada aún) un nuevo Código de Familia que permitiría el matrimonio igualitario después de ser aprobado en referéndum popular, a más tardar en abril de 2021.

En ese contexto de tibios avances legales aparecen cada vez más emprendimientos privados destinados especialmente a las personas con diversas orientaciones e identidades sexuales.

Aun cuando se han denunciado casos de discriminación en bares habaneros supuestamente inclusivos, la apuesta hacia el mercado gay-friendly también ha alcanzado otros negocios privados como hostales, playas, productoras audiovisuales, fiestas y experiencias de Airbnb.

Sin embargo, algunos emprendimientos inclusivos como la tienda de diseño Clandestina (privada) y el taller de tatuajes La Marca (mixto), en La Habana, se han convertido en promotores de los derechos LGBTI+ más allá de las ganancias económicas que este sector de la población pueda generar. Sin fines de lucro, en los últimos años Clandestina ha convocado las Tortiolimpiadas y La Marca ha organizado conversatorios, debates y proyecciones de filmes relacionados con los derechos de las personas de género diverso, especialmente en el contexto de la reforma constitucional en Cuba.

El ‘mercado rosa’ se expande en la Isla

En los últimos años, la apertura del sector privado –hasta donde ha permitido el gobierno cubano– ha redirigido la mirada de los emprendedores hacia las utilidades que genera el «turismo rosa» y la comunidad LGBTI+ local.

En Cuba, el mismo país donde los homosexuales fueron relegados e incluso recluidos en campos de trabajo forzado en la década del 70 del pasado siglo, hoy existen negocios enfocados en la comunidad gay, como el bar XY en el corazón de La Habana. Sin embargo, no necesariamente todos los emprendimientos que se declaran como espacios libres de prejuicios exhiben la bandera del arcoíris.

Además del bar XY y del cabaret Las Vegas (un establecimiento administrado por el Estado), otros negocios se presentan como aliados de la comunidad LGBTI+ y dedican un día de la semana a ofrecer una programación distinta, que casi siempre incluye un show de transformistas.

La clave, según explica Ivette Rivero, titular de XY, es tener un personal capacitado, sensibilizado y listo para recibir a personas diversas.

“Nuestra premisa es ofrecer un espacio donde ninguna persona se sienta discriminada y a la vez todas puedan socializar”, dice Ivette –una joven delgada de 32 años– mientras camina de un lado a otro de su bar.  

Esta noche hay más de 100 personas dentro del local, ubicadas en los dos pisos. “No siempre es así. Como cualquier negocio tiene sus altas y bajas. Al pensar este espacio como un bar gay, perdemos una parte del público que no viene por prejuicios”, reconoce Ivette.

Sin embargo, a partir de su propia experiencia, la dueña de XY también asegura que un negocio enfocado en la comunidad LGBTI+ sigue siendo una buena apuesta para los pequeños empresarios nacionales.

Mundialmente, alrededor de los clientes homosexuales gravita el estereotipo que asegura que ellos gastan más en ocio porque no acostumbran a tener hijos (según el modelo Doble Income, No Kids). El consultor cubano para el sector privado Ruiry Rodríguez no descarta que esta variable también se aplique en el contexto nacional. A este panorama el especialista añade el grado de fidelidad del público.

“Desde la gestión de negocios, estar enfocados en los productos y servicios de un mercado específico, en este caso el LGBTI+, permite ofrecer una propuesta mucho más cercana al cliente”, considera. “Por lo tanto, convierten el negocio en un referente para ellos y su círculo de relaciones”. El público LGBTI+ podría, a juicio del economista, ser un mercado “interesante” en la Isla, debido a la insuficiencia actual de espacios para la recreación y el ocio.

En Cuba no existen estadísticas sobre el número de personas LGBTI+. Sin embargo, si aplicamos a la Isla los cálculos de Naciones Unidas (que aproximan la población mundial LGBTI+ al 10 por ciento del total de habitantes del planeta), la comunidad LGBTI+ del país rondaría el millón de personas. Acaso un millón de cubanos ávidos de espacios de socialización y otros servicios, donde no resulten discriminados.  

El otro pilar económico del “dinero rosa”, además del mercado nacional, son los viajeros. Según la Organización Mundial del Turismo, el colectivo LGBTI+ mueve más del 10 por ciento del volumen de visitantes a nivel mundial. Este grupo desembolsa durante los viajes más de 300 mil millones de dólares al año, una cifra que supera incluso al gasto de los viajeros chinos, el primer país emisor de turistas del mundo.

Casarse en Cuba

El 21 de marzo de 2019, la realizadora Patricia Santa Coloma filmó por segunda vez una boda simbólica entre dos hombres, aun cuando las uniones entre personas del mismo sexo no son legales en Cuba. La primera boda simbólica filmada por Producciones Almendares, la empresa que dirige Patricia, ocurrió dos años atrás, cuando dos ciudadanos estadounidenses de origen cubano viajaron hasta La Habana para “casarse”.

Jorge y Lázaro, dos ciudadanos estadounidenses de origen cubano, celebraron su boda simbólica en Cuba en 2017. (Foto: Aire de Fiesta)

Patricia aspira a sembrar un precedente en el mercado. Sabe que en el caso de legalizarse el matrimonio igualitario en Cuba, las bodas entre personas no heterosexuales serán un nicho rentable para los emprendedores.

“Nos interesa participar en estas ceremonias primeramente porque porque obligan a salir un poco de las historias de amor heterosexuales, y porque lo valoramos [al LGBTI+] como un mercado en crecimiento que puede generar muchas utilidades”.

Además de los servicios relacionados con las ceremonias, la oportunidad de que las parejas del mismo sexo puedan casarse beneficiaría económicamente al sector estatal (administrador de todos los hoteles nacionales).

Aunque en Cuba sí existen hostales promocionados en Airbnb que se denominan gay-friendly, la hotelería nacional no contaba con un establecimiento destinado a estos grupos hasta que el Cenesex confirmó la inauguración en Cayo Guillermo del Rainbow Muthu Hotel, el primer resort cubano especialmente abierto a la comunidad LGBTI+.

Si bien los destinos gay-friendly transmiten una poderosa imagen de tolerancia y respeto, también son criticados como la meca de una clase económica donde prevalecen los hombres gais, blancos, con mayores posibilidades adquisitivas. Las lesbianas, los homosexuales negros, pobres o habitantes del tercer mundo están lejos de formar parte del mercado turístico mundial.

No obstante, si la apertura de espacios o negocios enfocados en la comunidad no heterosexual y no cisgénero viene acompañada de mayores derechos, posibilidades de realización y goce, Cuba debería abrir todas sus puertas al turismo y los servicios LGBTI+.

Aun así, la llegada del “dinero rosa” a la Isla y la apertura de hoteles, hostales, bares y playas gay-friendly no serán suficientes para garantizar el bienestar de todas las personas hasta que las leyes aseguren los derechos humanos de las personas LGBTI+: que puedan salir libremente a la calle a manifestarse, y que puedan elegir si se casan o no, si adoptan o no, aunque carezcan del anhelado “dinero rosa”.

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Honduras

Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya

Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia

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(Captura de pantalla de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 19 de enero.

Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.

Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.

Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.

Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.

Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.

El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.

A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.


* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas

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Noticias en Español

El 2026 bajo presión

La realidad que enfrentan las organizaciones LGBTQ en EEUU

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(Foto de Michael Key por el Washington Blade)

El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.

Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.

La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.

A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.

El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.

Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.

Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.

Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.

Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.

El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.

La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.

El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.

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Colombia

Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad

Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre

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(Foto via Bigstock)

OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Esta nota salió en su sitio web.

Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.

Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.

El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.

Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.

Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.

En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.

Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.

Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.

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