Connect with us

Noticias en Español

Viviendo una ‘pesadilla americana’

Colaborador del Blade describe el centro de detención en Luisiana como infierno

Published

on

Yariel Valdés González, un colaborador del Washington Blade que ha pedido asilo en Estados Unidos, habla con Michael K. Lavers, el editor de los temas internacionales del Blade, desde Bossier Parish Medium Security Facility en Plain Dealing, Louisiana, el 1 de julio de 2019. Valdés ha descrito las condiciones en el centro de detención como una violación de derechos humanos.

Nota del editor: Yariel Valdés González es colaborador del Washington Blade, que solicita asilo político en Estados Unidos.

Valdés ha descrito las condiciones en el Bossier Parish Medium Security Facility en Plain Dealing, Luisiana, donde permanece bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), como una violación de derechos humanos. Una portavoz de ICE en respuesta de las acusaciones anteriores de Valdés dijo que su agencia “está comprometida a defender un sistema de detención de inmigrantes que prioriza la salud, la seguridad y el bienestar a todos que están bajo nuestra custodia, incluyendo lesbianas, gays, bisexuales, trans y personas intersex”.

El Blade recibió la nota de opinión de Valdés el 29 de junio.

PLAIN DEALING, Luisiana —  El sueño americano de vivir en absoluta libertad, a salvo de las amenazas, persecución, violencia, tortura psicológica y hasta la muerte que me ha impuesto la dictadura de Cuba por mis labores periodísticas se me deshizo entre las manos apenas arribí a Luisiana. Los cubanos que aquí también solicitan la protección del gobierno estadounidense me recibieron en Bossier Parish Medium Security Facility con una irónica sorpresa. Abrieron los brazos y me dijeron: ¡”Bienvenido al Infierno”!

Apenas podía creer que acumulaban nueve, 10 y hasta 11 meses pidiéndose, a la espera de una respuesta positiva de sus casos por parte de las autoridades migratorias.

Yo, llegaba borracho de ilusión, pues una oficial de asilo que me había entrevista en el Tallahatchie County Correctional Facility en Tutwiler, Misisipí, el 28 de marzo había determinado que sufría de un “miedo creíble de persecución o tortura” en Cuba y solo bastaba una primera audiencia con un juez de inmigración para obtener mi libertad condicional y continuar mi proceso en libertad, tal como lo establece la ley estadounidense, pero estaba equivocado. Otra vez las voces de los coterráneos se encargaron de apagar la esperanza: “¡De Luisiana no sale nadie”!

Bastaron unos minutos para que mi sueño, como el de muchos otros, se tornara pesadilla. Fue así que los más de 30 migrantes que llegamos la tarde del 3 de mayo a Luisiana, procedentes de Misisipí luego de más de un mes recluidos en Tallahatchie, nos sumergimos en una profunda depresión, que aún hoy continúa. Solo las lágrimas debajo de la cobija, cuando nadie se ve, logran limpiar por unos minutos mi desesperación y luego, si instala otra vez en mi pecho al pensar en mi familia, que aún recibe en Cuba amenazas de cárcel y muerte por parte de la dictadura cubana por mi trabajo con “los medios del enemigo”. De regreso, solo eso me espera. Observo entonces el panorama en Luisiana y temo cada vez más. No logro divisar una salida. Preso aquí, preso si retorno. Me siento acorralado.

Violación de sus propias leyes

A los pocos días de estar en Luisiana me di cuenta que aquí es la subjetividad de quien toma las decisiones la que decide, no la objetividad ni el apego a la legislado. Luisiana viene siendo un perdido paraje de la geografía “gringa” al cual nadie parece mirar, o al contrario, es una estrategia fríamente calculada pero que triunfe el autoritarismo, el abuso de poder o la intransigencia. No sé que pensar.

No pocos aquí han llegado a la conclusión de que Estados Unidos ha hecho de los migrantes su nuevo negocio, pues mantener por tanto tiempo a miles de migrantes asegura el trabajo de cientos de empleados y abogados, así como deja jugosas ganancias para las prisiones que el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) contrata.

Lo que si está claro es que el gobierno prefiere despilfarrar más de 60 dólares diarios por migrante que ponenos en libertad bajo su propia supuesición.

“Luisiana es un estado antiinmigrante”, así me dice Arnaldo Hernández Cobas, un cubano de 55 años que acumula 11 meses en su proceso de asilo. “No es posible que de los miles de personas que pasan por el proceso nadie salga victorioso”. Hernández me cuenta que durante su encierro ni un solo día ha sido supervisado por agentes del ICE y jamás ha visto al oficial deportador.

“No sé si ha permitido desecho a fianza”, dice Arnaldo. “El juez Grady A. Crooks afirma que no clasificamos para eso y los que clasifican no se las otorga porque pueden fugarse. Esto solo sucede en este estado porque en otros lugares salen a los migrantes pelear sus casos afuera después de pagar una cuota”.

Otra de las vías para obtener la libertad condicional es a través del parole, un beneficio que el Estado brinda a los solicitantes que ingresaron legalmente al país y fueron encontrados creíbles de sufrir, persecución o tortura en sus países de origen. “Para concederlo, el ICE pide una serie de documentos que los familiares deben enviarles, pero lo que está sucediendo es que no dan tiempo suficiente para hacerlo”, sostiene Arnaldo.

Exactamente así sucedió conmigo.

Mi familia logró enviar los documentos al otro día de recibir mi parole para mi entrevista, programada para el día siguiente. Sin embargo, ICE denegó mi parole por “no probar que no soy un peligro para la sociedad”. Seguro estoy que ni siquiera valoraron mi caso.

Dentro del parole hay historias que rozan lo absurdo, pues muchos migrantes han recibido su propuesta de parole el mismo día que debían entregar los documentos. Y entonces uno siente cómo ICE se burla en tu cara y se te disparan los niveles de impotencia al máximo. La concesión del parole resulta un nuevo trámite que ICE debe completar, pero no pasa de ahí. Utilizan esta y otras mañosas estrategias para “quedar bien” ante los ojos de la ley y de paso retienen por meses a las solicitantes de asilo, los introducen a juicios que no ganarán, empujando a la deportación a aquellos que no desistan la presión del encierro, sin valorar apropiadamente el riesgo que implicaría para sus vidas el retorno a sus países natales.

Lo que sucede es que si ICE concede el parole, está en la obligación de liberarnos a los pocos días, y ya sabemos que ellos no quieren eso. Su propósito es mantenernos encerrados a toda costa.

“La cruel ironía es que la mayoría de los solicitantes de asilo que siguen la ley y se presentan en los puestos de entrada oficiales, no tienen dependo a pedirle a un juez de inmigración su liberación de custodia”, declaró Laura Rivera, una abogada del Southern Poverty Law Center, una institución que provee de asistencia legal a los inmigrantes, en un artículo se titula “Atrapados en el ‘Infierno’: Solicitantes de asilo cubanos perecen en cárceles de inmigración de Luisiana”. “Al contrario, su única avenida para su liberación es pedir a la misma agencia que los detuvo, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés)”.

Pero el DHS -detalla Rivera en una nota publicada el Southern Poverty Law Center- está ignorando su mandato de considerar detalladamente las solicitudes de liberación y al contrario niega la libertad condicional sin justificación.

“A los hombres se les encierra escondidos del mundo exterior encarcelados y castigados por defender sus derechos y forzaros a llevar sus casos antes jueces de inmigración que los niegan con índices de hasta el cien por ciento”, afirmó Rivera.

Otra de las violaciones del proceso cabra vida en la historia de Arnaldo, pues en el primer centro donde estuvo recluido le aseguraron que podía vencer su caso con el de su esposa, pero “cuando llegó” a Luisiana, el juez “me afirmó que no permite eso, que cada caso es diferente”. Sin embargo, la vida de Arnaldo no puede diferir de la de su esposa, pues han estado unidos por 37 años. Su esposa hace nueve meses que está libre y él continúa entre rejas. Y así sucede con madres y hijos, hermanos y personas que tienen casos identificados. Otra vez la subjetividad de quien decide marea el destino.

Durante la audiencia con Crooks, Arnaldo declaró sentirse “bien incómodo”, pues lo considera un extremista. “Plantea que solo reconoce a casos extremos”, dice Arnaldo. “Para él las puertas no significan nada. Él mismo dice que es un juez de deportación, no de asilo. En todo el tiempo que he estado aquí nadie ha logrado ganar un asilo, ni siquiera una finanza, solo deportaciones”.

La puerta concluyente del extremismo del juez arribó un día en que las audiencias fueron comandadas por otro juez y los migrantes que se presentaron esa mañana obtuvieron sus asilos. El ejemplo no puede ser más ilustrativo.

Douglas Puche Moxeno, un venezolano de 23 años que lleva nueve meses en Luisiana, se gruja además que los detenidos “no recibimos más información de cómo debe seguir el proceso y lo que uno debe hacer. No sé nos explicaron las medidas para obtener una libertad condicional”.

En relación a sus audiencias, “el juez me dijo que conocía la actual situación de Venezuela, pero no me concedió el asilo porque no soy un caso extremo. Él está esperando que uno venga a Estados Unidos sin un brazo o una pierna para ser aceptado”.

Los migrantes en Luisiana están agotando todas las vías para ser puestos en libertad. Han realizado estas denuncias en canales de televisión y hasta acudieron al senador cubanoamericano Marco Rubio.

“Hemos llegado al punto de presentar una querella al ICE”, explica Douglas. “Un equipo de abogados del SPLC (Southern Poverty Law Center) han interpuesto una demanda solicitando una reconsideración del Parole. Esta es una de las vías más esperanzadoras que tenemos para obtener la libertad. Si logramos triunfar los beneficios serán para todos”.

“También se han organizado varías manifestaciones para presionar a las autoridades y reclamar nuestros derechos como inmigrantes”, agrega Douglas. “Familiares, abogados y varias instituciones se han unido en Miami, Washington y en la propia Luisiana para llamar la atención del ICE sobre las injusticias que se están cometiendo con nosotros hace más de un año”.

‘Este no es tu país’

Bossier es una cárcel enterrada en lo profundo de Luisiana, como escondida entre los bosques que la rodean. Cada día dentro de ella es un constante entrenamiento de supervivencia, que pone en máxima tensión mis capacidades físicas, psicológicas y, sobre todo, emocionales. En cuatro dormos convivimos más de 300 migrantes en condiciones de hacinamiento, frío intenso y cero privacidad.

Mi estancia aquí es un déjà vu de los albergues escolares en Cuba, donde, obligados, compartíamos olores, sabores y necesidades primarias. Aquí compartimos además las creencias, culturas y modos de vida de migrantes hindúes, africanos, chinos, nepalíes, sirilanqueños y centroamericanos.

Mi espacio personal se reduce a una estrecha cama al hierro, atornillada al suelo, una gaveta para guardar mis artículos y un delgado colchón que apenas logra separar mi columna del metal, que me ha provocado unos pocos dolores de espalda. Sin embargo, a veces, lo que más liere es el trato que recibimos por parte de los oficiales. Como “bien malo”, pues se siente como un preso federal. “Según ICE nosotros estamos ‘detenidos’, no presos, pero aún así hemos recibido maltratos físicos y psicológicos”, continua Arnaldo. “Recuerdo una vez que un oficial arrastró hasta el hallo por tres días a un salvadoreño por el simple hecho de comer en su cama. No ofrenden y no nos hablan, nos gritan. Te despiertan a patadas en la cama”.

“El más mínimo pretexto es utilizado para desconectar el microwave, el televisor o privarnos del hielo, afirmando que eso es un lujo y no una necesidad”.

“Cuando nos hemos quejado de estas situaciones nos dicen, ‘Este no es tu país”, alega Arnaldo.

Dormo adentro no son comunes las sonrisas. Predominan las caras de afiliación y tristeza. Las buenas noticias son casi siempre falsas y retorna entonces la frustración y el estrés que nos provoca este encierro.

“Aquí dentro me siento muy triste, afligido, como si hubiera asesinado a alguien por el maltrato que recibimos, las condiciones del lugar”, declara Damián Álvarez Arteaga, un joven de 31 años que acumula 11 meses preso en Estados Unidos.

“La libertad es lo más preciado que tiene el ser humano”, añade Damián. “Espero que al pasar tanto tiempo recluido reciba una respuesta positiva de mi caso. Le hemos demostrado a Estados Unidos que de verdad tenemos miedo de sufrir persecución o tortura en Cuba”.

Las horas aquí dentro parecen no tener fin: Se estiran, se multiplican, pero nunca se acortan o se apresuran. Nuestro único contacto con el mundo exterior son las comunicaciones telefónicas o video llamadas (a elevados precios) con familiares, amigos o abogados y las esporádicas salidas al patio a saludar al sol y tomar aire puro.

“En todo el tiempo que he estado aquí he visto el sol pocas veces y solo por 15 minutos y esto porque nos hemos quejado”, rememora Arnaldo. La yarda, como también le llamarnos, es un pequeño rectángulo de cercas y cámaras de vigilancia con una superficie de cemento al centro, donde algunos juegan fútbol cuando nos proveen de una pelota. Yo elevo el pantalón de mi uniforme amarillo hasta las rodillas para que el sol caliente un poco mis extremidades mientras pierdo la mirada en el frondoso bosque que tengo a pocos metros. Admiro el cielo, los pocos vehículos que transitan por una carretera cercana y tome gigantescas inhalaciones de oxigeno como sé acabara de salir de las profundidades marinas y necesitara desesperadamente el aire para mantenerme con vida.

“Aquí todos los días son iguales”, comenta Douglas. “Desde la misma comida hasta las mismas actividades. Esta prisión no cuenta con espacios suficientes para obtener por tanto tiempo a tantas personas. No tenemos biblioteca ni visitas familiares”.

Yariel Valdés González entrevista a una migrante mexicana a un albergue de migrantes dirigida por una lesbiana en Mexicali, México, el 27 de enero de 2019. Valdés, que nació en Cuba, ha pedido asilo en Estados Unidos. Permanece bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Luisiana. (Foto de Michael K. Lavers por el Washington Blade)

Sopa es ‘la moneda de cambio’

Mi día en Bossier comienza poco antes de las 5 am, cuando el grito de “línea”, recibo una bandeja plástica con mi desayuno. Hoy es día de cereal, leche baja en grasas, pan y una pequeña porción de jalea. El menú se repite en cualquier día de la semana. Casi siempre guardo una parte, pues hasta el mediodía no hay más nada que comer.

“La alimentación no es la correcta”, opina Damián. “Ya mi estómago está resignado a esa pequeña porción. Un pan con salsa picante y algunos vegetales o con mortadela no puede sostener a un hombre adulto, ni puede mantenerte en forma para resistir un proceso tan estresante, de casi un año”.

La última comida es a las 4 pm., por lo que este a la cama a las 11 pm con el estómago lleno es una quimera. Engaño el hambre con una sopa instantánea, que complemento con algunas zanahorias y un perro caliente que me robo a mi mismo del esto de las comidas del día.

Como aún dispongo de algo de dinero, puedo comprar las sopas y suplementos para apuntalar la endeble alimentación de Bossier. Sin embargo, quieres no cuentan con apoyo económico familiar, Bossier los clasifica como “indigentes” y se ven obligados a hacer la limpieza de sus compañeros a cambio de una sopa Maruchan. Aquí la moneda de cambio es la sopa. Todo carge empieza y termina con ella, la salvadora de las noches hambrientas.

“Estos y otros artículos debemos comprarlos a elevados precios en la Comisaria, la única tienda a la que tenemos acceso y de la cual dependemos por completo”, expone Damián.

Por otra parte, los servicios médicos en Bossier son tan primarios que no existe ni siquiera un médico o enfermera de guardia, como tampoco una sala para la observación de los pacientes y las atenciones solo ocurren de lunes a viernes. “El que se enferma lo meten en celdas de castigo, aislados y solos, lo que psicológicamente nos afecta”, apunta Arnaldo. “Las personas a veces no dicen que se sienten mal por temor a que los lleven al ‘pozo’. En casos extremos te llevan a un hospital, en cadenada de pies, manos y cintura y así te mantienen amarrado a la cama, aún estando custodiado. Yo prefiero aguantar antes de ser hospitalizado así”.

Yuni Pérez López, un cubano de 33 años, vivió en carne propia esta lamentable situación. Estuvo en el hoyo por seis días porque tenía fiebre. “Yo sentía que estaba castigado por estar enfermo y aún cuando al médico me dio el alta, me retuvieron allí”, dice. “Es como estar en una hielera: Cuatro paredes, una cama, el inodoro y una luz que nunca se apaga. Para salir de allí tuve que dejar de comer un día entero para llamar la atención de los oficiales y me regresaron al dormitorio”.

“Otros de los maltratos de Bossier te deja con los huesos helados, pues desde las 7 am y hasta las 4 pm no podemos utilizar las cobijas o las sábanas para taparnos. No es una cuestión de estética o disciplina, a los oficiales poco les interesa si la cama está bien tendida, solo les molesta cuando nos cubrimos del intenso frío del dormo.

Los migrantes entrevistados por el Blade son los más veteranos en Bossier. Todos están apelando la decisión de Crooks, quien no les concedió el asilo político. Yo aún no presento mi caso, por lo que todavía consuegro un poco la esperanza de obtener la protección de Estados Unidos. Al igual que ellos, intento adoptarme a esta dura realidad y ser fuerte, aunque la mayoría de las ocasiones la tristeza me consuma y me borre los pensamientos positivos.

Estados Unidos no representa para mi -como para muchos- una vida acomodada, un carro del año o una McDonald’s. Nada de eso podrá jamás llenar la ausencia de mi familia, los amigos o del amor apasionado que dejé atrás. Estados Unidos representa la oportunidad de VIVIR, así que me aferro a ella hasta el final.

Continue Reading
Advertisement

Noticias en Español

Pareja gay en Cuba tuvo que encargarse de dos niños en medio de la epidemia y ahora quiere adoptar

José Carlos y Samy se hicieron padres sin desearlo

Published

on

José Carlos y Samy (Foto de Nelson Julio Álvarez Mairata)

Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esta nota salió en su sitio web el 1 de junio.

LA HABANA — José Carlos Peñalver y Samy Bermúdez son una pareja gay con dos niños. Se hicieron padres sin desearlo. Por el camino descubrieron que cuidar y educar a sus “hijos”, además de una responsabilidad de primer orden, era un placer. 

“La madre de los niños necesitaba salir del país, empezó a indagar quién podía hacerse cargo de los niños y contactó conmigo porque es mi prima hermana”, contó Samy a Tremenda Nota.

“Como pareja lo hablamos y llegamos a la conclusión de que sí podíamos asumir la responsabilidad, porque era una tarea muy compleja”, añadió Samy.

Ninguno de los dos tenía experiencia en el cuidado de niños. Dylan, el más pequeño, tiene 3 años actualmente. Anyi, la mayor, va a la escuela primaria. Ambos les dicen “tío” a José Carlos y a Samy.

“Comenzamos en esto el año pasado justo antes de comenzar la covid. Y llevamos más de un año en esto”, cuenta Samy.

La epidemia significó un desafío mayor. Los niños han tenido que pasar más tiempo en casa. Los meses sin ver a su mamá se han alargado.

“Al principio el niño era totalmente dependiente y eso para mí fue un momento traumático, en lo personal, porque eran llantos, se hacía ‘pipi’, diversas situaciones de un niño de un año que estresan”, observa Samy.

Entre tantas novedades que vivieron, José Carlos recuerda su participación en una reunión de padres de la primaria donde estudia Anyi.

“Llegué a la escuela, pregunté dónde estaba el aula, porque nunca había ido al aula de la niña. Me senté como un padre más, pasaron la hoja y anoté mi nombre. Cuando empezó la reunión, todos los padres protestando porque sus hijos estaban indisciplinados. Me tuve que parar y poner orden. La maestra me propuso ser el jefe de los padres”, relata.

“Siempre tuvimos la duda en ser padres. Yo siempre quise, pero Samy es quien tiene dudas. Y hace algunos días empezó a pensar en un nombre para nuestros hijos. Significa que esto nos sirvió de mucha experiencia”, afirma José Carlos.

“Los prejuicios los crean las mismas personas, porque estos niños no tienen esa mentalidad, ni ese prejuicio, ni esa mala opinión”, dice Samy sobre el argumento conservador de que las parejas LGBTI+ no son un ejemplo apropiado.

“Yo sólo preguntaría a las personas que no están de acuerdo con el nuevo Código que debe aprobarse, si usted tiene un hijo y fallece, ¿que preferiría? ¿Que su hijo pase a manos de dos personas que le van a dar amor, como nosotros, o a una casa de amparo filial?”, reflexiona José Carlos.

El Código de las Familias será presentado al parlamento en julio próximo. Aunque el texto todavía no es público, algunas iglesias fundamentalistas han publicado declaraciones contra la legalización de las uniones LGBTI+ y la educación sexual en las escuelas cubanas.

José Carlos y Samy prevén que la madre de Dylan y Anyi podrá volver a La Habana para fin de año, a más tardar. Faltan meses para ese momento, pero ya se lo imaginan.

“Cuando llegue la hora de separarme de los niños voy a sufrir mucho. De ambos, porque quiero a los dos por igual, pero más del pequeño porque lo cogí desde bien chiquito”, dice José Carlos.

“Las primeras palabras que dijo, además de ‘mamá’ y ‘papá’, fue ‘borracha’, una palabra que nosotros le enseñamos, por una canción. Y muchas cosas que te marcan de por vida. Sé que los voy a extrañar cuando no estén”, añade.

José Carlos se imagina con hijos en el futuro: “No quisiera adopción temporal. Una adopción permanente y de forma legal”.

Continue Reading

Noticias en Español

Odio en Guatemala: Parte III

Testimonios de las personas LGBTQ guatemaltecos

Published

on

(Imagen cortesía de Astrid Morales)

Nota del editor: Esta investigación se realizó con el apoyo de la iniciativa ¡Exprésate! de la International Women’s Media Foundation. El Washington Blade el pasado mes publicó la primera y la segunda parte de esta serie de tres partes.

Un grupo de personas en Guatemala dan testimonios audios sobre sus experiencias como personas LGBTQ y no binarias en el país.

Ángel (hombre gay)

Ángela (mujer lesbiana)

Brandon (no binario)

Carlos (hombre gay)

Débora (mujer trans)

Erick (hombre bisexual)

Erick (hombre gay)

Jolie (mujer lesbiana)

Kenya (mujer trans)

Lou (no binario)

Manuel (hombre gay)

María (pansexual)

Mario (hombre gay)

Mercedes (mujer lesbiana)

Misael (no binario)

Mónica (mujer trans)

Owen (hombre trans)

Raisa (mujer lesbiana)

Tatiana (hombre gay/transformista)

Thalía (mujer trans)

Tod (no binario)

Vivi (mujer bisexual)

Continue Reading

Noticias en Español

Claudia Spellman huyó de la violencia en Honduras y ahora aspira a un reinado de belleza

Activista LGBTQ ha liderado el Colectivo Unidad Color Rosa

Published

on

Claudia Spellman (Foto cortesía de Reportar Sin Miedo)

Reportar Sin Miedo es el medio socio del Washington Blade. Esta nota salió en su sitio web el 27 de mayo.

NUEVA YORKLa violencia la hizo huir de Honduras y ahora se prepara para competir en agosto de 2021 en República Dominicana en el certamen de belleza Miss Hispanoamérica International. Sin embargo, no olvida la persecución que padecen otras mujeres trans hondureñas. Además de participar en concursos de belleza, es testiga en casos de alcance internacional, como la acusación contra el Estado de Honduras por el asesinato de la activista LGBTIQ+ Vicky Hernández.

La historia de Claudia Spellman rebosa de situaciones inesperadas y logros ganados a pulso con mucho esfuerzo y sufrimiento, pero también con esperanza y optimismo. En Honduras jamás tuvo la oportunidad de desarrollar sus aptitudes para el modelaje porque pasaba más ocupada en escapar de la persecución policial debido a su identidad de género.

Lo que le ocurrió a Spellman les ha pasado también a muchas mujeres trans hondureñas que, en lugar de recibir ayuda, sufren el hostigamiento y el maltrato de la policía. No obstante, ella ha sido capaz de vencer las adversidades. Logró terminar el Bachillerato en Administración de Empresas y ahora sigue tomando lecciones para perfeccionar su inglés.

La sociedad machista hondureña persiguió y trató con prejuicio a Spellman, nacida en Danlí, El Paraíso, hace 43 años, pero “cien por ciento sampedrana”. A pesar de todo, trabajó durante más de 20 años en Honduras a favor de los derechos de las personas LGBTIQ+ al frente del Colectivo Unidad Color Rosa, en San Pedro Sula, en el norte de Honduras.

Fue en el colectivo donde conoció a la activista trans Vicky Hernández, cuyo asesinato fue una consecuencia directa del golpe de Estado que derrocó al entonces mandatario Manuel Zelaya Rosales.

Entre la aceptación y el rechazo

“Estuve hasta mis cinco años en Danlí y después nos trasladamos para San Pedro Sula con mi familia, emigrando por la pobreza”, relata Claudia. “Soy cien por ciento sampedrana. Toda la cultura y las costumbres que tengo es de sampedrano porque allí crecí y estudié”.

Como les sucede a casi todas las personas que quieren convertirse en mujeres trans, Claudia no recibió apoyo de casi nadie cercano a ella. Por eso tuvo que sacrificarse para obtener el dinero necesario para comprar hormonas y tratamientos que la ayudaran a tener una transición menos problemática.

Las, los y les hondureñxs que hacen la transición en Honduras tampoco reciben apoyo estatal en forma de medicamentos, hormonas y auxilio médico. Claudia no se salvó de pasar por esas dificultades comunes para las mujeres trans. Muchas de ellas hacen su proceso a ciegas y algunas incluso ponen en peligro su vida al usar procedimientos peligrosos para hormonizarse o modificar su cuerpo.

Es “un proceso sin conocimiento, sin apoyo emocional, médico”, dice Claudia sobre su transición. “Nuestros padres no nos van ayudar a hacer el proceso de transición porque no van estar a favor. Al final tienen la aceptación o el rechazo”.

Claudia y otras mujeres trans en Honduras no solo afrontan la falta de apoyo médico y de oportunidades. También sobreviven en un entorno de violencia social e institucional. Claudia huyó de un país donde, desde 2009, han sido asesinadas 380 personas de la diversidad sexual, de las que 43 eran lesbianas y 119 eran trans, según el observatorio de muertes violentas de la Red Lésbica Cattrachas.

Los casos tienen un 91 por ciento de impunidad. A pesar de haber logrado la inclusión en el nuevo Código Penal del agravante de violencias basadas en orientación sexual, expresión e identidad de género, ninguna sentencia de este país lo ha tenido en cuenta.

“Las personas LGBTI no somos vulnerables, nos hicieron vulnerables, somos esa cuota ‘permitida’ de cuerpos desechables y desechados por el Estado de Honduras”, dice al respecto la coordinadora de Cattrachas, Indyra Mendoza.

Recuerdos y huida de Honduras

“Por supuesto que recuerdo [a la activista trans Vicky Hernández]”, dice Claudia. “De hecho, la recuerdo más ahora porque su juicio está por llegar. Ella y yo ya éramos amigas, más que compañeras”.

Claudia rememora así a Vicky, a quien conoció cuando ambas eran miembras del Colectivo Unidad Color Rosa, con sede en San Pedro Sula. Su amistad con la hoy fallecida defensora de los derechos LGBTIQ+ la llevó a participar en noviembre de 2020 en la primera audiencia para decidir la sentencia en el caso “Vicky Hernández y otros contra el Estado de Honduras”.

“La mayoría de las personas trans que se quedan en Honduras mueren”, dijo Spellman ese día en videoconferencia desde Estados Unidos. El testimonio de Spellman fue “uno de los momentos más dramáticos del primer día de la audiencia del caso”, según la crónica de Reportar sin Miedo.

“Imagínate estar en la noche estudiando para el caso en la noche o el día”, dice Claudia mientras recuerda ese día de la audiencia en noviembre. “No ha sido una vez, ha sido un par de veces que se me han salido las lágrimas. Igual que yo ahora estoy cumpliendo mi sueño, [Vicky] también quería cumplirlos”.

Para la activista residente en Estados Unidos, el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor de Vicky será su “mayor satisfacción porque no me quedé callada y era para mí una obligación por ser directora del colectivo y amiga de ella y porque la comunidad transexual de Honduras debe ya garantizar con leyes su identidad”.

Claudia Spellman nunca ha dejado de reinventarse. En 2012 se lanzó a la carrera política al presentarse como precandidata a diputada por el partido Libertad y Refundación (Libre). “Me llena de orgullo porque aquí soy pionera. Yo abrí ese espacio”, dice Claudia al recordar su aventura política de hace nueve años. “Soy la tercera más votada de los 80 candidatos”.

Cuatro años después de la muerte de Vicky y uno después de lanzarse como precandidata, en 2013, Claudia tuvo que escapar de la violencia que amenazaba con acabar también con su vida. Atrás dejó la tierra donde nació, pero no su vida de activismo en la que se ha comprometido de lleno con la población a la que representa.

Sueños sin límite

De la política al modelaje. Después de dos años de estudiar para ser modelo en Estados Unidos, Claudia está lista para participar en agosto de 2021 en un certamen internacional de belleza que considera importante para la población de la que es miembra. “Es un logro más para para la comunidad, para las mujeres transexuales”, asegura.

“Muchas personas podrán decir que es algo superficial y hay cosas mejores por las que debemos de luchar. Sí, es verdad, pero eso también es importante, la inclusión que podamos tener en estos espacios que también nos merecemos”, agrega respecto a su participación en el concurso de belleza Miss Hispanoamérica International.

Para Claudia, la historia de lucha de las mujeres trans “tiene altos y bajos, entre los bajos, muchas chicas por la lucha de la inclusión han muerto”. Sin embargo, considera positivo que las mujeres trans como ella pueden ahora “estar en diferentes espacios, incursionando en la actuación y el modelaje”.

El panorama para Claudia ha cambiado radicalmente desde que escapó del miedo y la persecución en Honduras. Ahora sus sueños no tienen límites. “Soy maestra de modelaje”; cuenta. “Estoy por abrir la primera escuela para mujeres transexuales en Nueva York de modelaje para continuar este legado”.

Para Cattrachas estas son las cosas más difíciles que viven las mujeres y personas LGBTI en Honduras:
1. No hay derechos a la píldora de anticoncepción de emergencia
2. No hay derecho al aborto
3. No hay derecho a cambio de sexo y nombre cuando son personas trans
4. No hay derecho al matrimonio igualitario
5. No hay derecho a registrar los matrimonios del mismo sexo

Continue Reading
Advertisement
Advertisement

Follow Us @washblade

Sign Up for Blade eBlasts

Popular