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‘Me recordarán por mi legado’: así fue el último adiós a Thalía Rodríguez en Honduras 

Líder trans fue asesinada el lunes en Tegucigalpa

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(Foto cortesía de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 12 de enero.

TEGUCIGALPA, Honduras — Bajo el cielo nublado de Tegucigalpa, la tumba de la líder trans Thalía Rodríguez en el cementerio Santa Cruz Memorial está a unos pocos metros de la de su madre, Reina. Las dos murieron con una semana de diferencia. Pero, mientras la muerte de su progenitora fue natural, la de Thalía se debió a un horrendo asesinato cometido a sangre fría el 10 de enero por hombres que no han sido capturados.

Thalía tenía una semana de haber visto a su madre morir en la colonia Smith, en Tegucigalpa, cuando, el 10 de enero de 2022, dos asesinos entraron a su casa en las faldas del cerro Juana Laínez y la mataron de un tiro en la cabeza.

“La pérdida de Thalía no solo es la primera LGBTI del 2022. Thalía estaba sufriendo por la muerte de la mamá”, dijo a Reportar sin Miedo la integrante de la Red Lésbica Cattrachas, Seidy Irías. 

Irónicamente, solo unas semanas antes, Thalía había dicho en una de sus últimas entrevistas para Reportar sin Miedo: “Soy una de las pocas que han sobrevivido. He perdido a la mayoría de mis amigos en el camino, y he tenido que enterrarlos”.

“El día que tú faltes van a hablar de ti porque dejaste un legado. Y esa es una de las cosas más lindas que todos buscamos en esta vida”, había dicho Thalía en un reportaje financiado por la Fundación Internacional de las Mujeres en los Medios (IWMF por sus siglas en inglés) y publicado en Reportar Sin MiedoEn Altavoz y Reporteros de Investigación. 

Como Seidy, al Santa Cruz Memorial, en la salida de Tegucigalpa, llegaron desde las tres de la tarde docenas de miembrxs de la comunidad diversa hondureña en diversos medios de transporte para acompañar en su dolor a lxs familiares y amigxs de Thalía.

“Pasó año nuevo en la casa de mamá y la vio fallecer. Se nos fue una persona muy querida, una gran persona”, agregó Seidy ante el ataúd con los restos de Thalía Rodríguez. 

Alrededor de Seidy se reunieron miembrxs de reconocidas asociaciones LGBTIQ+ (Muñecas de Arcoíris, Arcoiris, Kulkulcán, Colectivo Violeta, Cozumel Trans y Movimiento Diversidad en Resistencia, entre otras) para despedirse de Thalía, originaria de Olancho, en el oriente del país, y residente desde los dos años de edad en Tegucigalpa. 

La amiga de Thalía desde hace 23 años, Safiro, viajó desde el sur de Honduras para asistir al sepelio. “Me fastidia”, dijo. “Jamás pensé que moriría así porque Thalía era motivación pura. Luchó por casi 20 años con el VIH y nunca se derrumbó y quitarle la vida de esta forma es injusto”. 

Mientras hermanas, hermanos y sobrinas de Thalía llegaron al Santa Cruz a despedirse de ella por última vez, las y los integrantes de los colectivos diversos de Honduras manifestaron su dolor por la pérdida de Thalía, a quien recordaron como una “persona querida”, “una gran persona” y una mujer “llena de alegría”. 

Aunque a su familia les costaba entender la identidad de género, la querían como era y sus familiares alzaron la voz durante el sepelio para exigir justicia por el asesinato de la reconocida activista trans hondureña. “No queremos impunidad”, afirmaron. 

Una mujer elevaba oraciones en voz alta bajo el calor de la tarde mientras los y las familiares de Thalía no se despegaban del ataúd. Sin dejar de llorar, corearon la canción No llores por mí, del grupo musical Tercer Cielo. 

Tras entonar los versos de la canción que hablan del deseo de estar en un mejor lugar para descansar, lxs silenciosxs asistentes al sepelio, con los rostros tristes, cubrieron el ataúd de Thalía con la bandera de la comunidad trans.

En sus intervenciones, lxs intregrantes de los colectivos diversos presentes en el entierro destacaron la lucha y trayectoria en derechos humanos de Thalía Rodríguez y alabaron su lucha en favor de la igualdad de derechos de la comunidad LGBTIQ+.

“No tengo palabras, me siento quebrada”, dijo Seidy Irías. “Thalía era alegría. Era conocida por la colonia. Como mi amiga, me duele verla”. Por su parte, JLo Córdova de Muñecas de Arcoíris, manifestó que Thalía será recordada por su calidad humana y hacer la diferencia en los colectivos LGBTIQ+.

Una de las pocas sobrevivientes de la generación de Thalía habló de la activista trans asesinada y de otras de sus amigas que corren constante peligro y a pesar de todo mantienen arriba la bandera de lucha. “Perdimos una generación”, dijo Safiro. 

Junto con Carola, Thalía, Celia y Biby, Safiro formaba lo que ella llama “el clan de las cinco entre los 45 y 55 años”. Pero, tras la muerte de Thalía, “solo quedan cuatro”, agregó Safiro, quien es profesora de inglés en el sur de Honduras.

Para Safiro, Thalía “lo supera todo, ella era un personaje”. Era una mujer que regalaba motivación y alegría, “era una explosión de autoestima elevada”. 

No quieren otro crimen impune

Safiro y sus amigas son una excepción en Honduras, donde la mayoría de las mujeres trans mueren a los 35 años de edad. Thalía había vivido diez años más que el promedio, pero la lucha de los colectivos LGBTIQ+ es que ese promedio sea parte del pasado.

Pero para que eso suceda es necesario que la impunidad no siga siendo de más del 90% en los asesinatos contra la población diversa de Honduras. Los colectivos piden a gritos la captura de los asesinos de las 402 personas diversas muertas violentamente desde 2009, año del asesinato de la activista trans Vicky Hernández.

“Esperamos la investigación de la DPI [Dirección Policial de Investigación]”, dijo la integrante de Cattrachas, Seidy Irías, respecto al caso de Thalía Rodríguez. “Estamos esperando que protejan a las personas que fueron testigas y testigos del crimen”, agregó.

Cattrachas ha identificado un preocupante patrón en los asesinatos de mujeres trans cometidos en Honduras desde 2017. Esas muertes violentas, dijo, suceden desde ese año en la casa de las víctimas. 

Una de las causas de ese patrón es el empeoramiento de la violencia desde el 2009, año del golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya, esposo de la actual presidenta Xiomara Castro, para imponer un gobierno de facto.

“Después del 2009, cualquiera podía matarnos”, afirmó Cattrachas. “El mensaje que dejó el golpe de Estado es que los cuerpos de las personas LGBTIQ+ no valían nada, que nadie los investigaba”.

De ese modo, después de 2009, la población diversa en Honduras quedó desprotegida, asegura Seidy. “Las mujeres trans también sufren violencia en sus hogares”, como le sucedió a Thalía.

Aunque la condena contra el Estado de Honduras por la activista trans Vicky Hernández exige reparos y creación de leyes que protejan a la población diversa, hasta ahora el gobierno de Juan Orlando Hernández no se ha preocupado por cumplir la sentencia. 

Por el contrario, el propio presidente Hernández calificó como “enemigos de la independencia” a los colectivos LGBTIQ+ del país. La elección de Xiomara Castro como presidenta en las elecciones de noviembre de 2021 dejó un sabor de esperanza en los grupos de la diversidad sexual hondureña. Con ella se acaban 12 años de gobierno nacionalista opacado por escándalos y discriminación. 

Por eso, las organizaciones esperan que Castro ayude a que el crimen contra Thalía  no quede impune como casi todos los 402 cometidos desde 2009. 

“Thalía salió de la calle, venció la pobreza y sobrevivía a diario con VIH”, dijo Seidy. “Aún así, el Estado no la protegió. Lo que pedimos es justicia”.

A este llamado se unieron organizaciones nacionales e internacionales, así como los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, Unión Europea, Oacnudh, Robert F. Kennedy Human Rights, Human Rights Watch y USAID, entre muchos más.

“Me horrorizan los asesinatos de destacados defensores de #DDHH en Honduras: Thalía Rodríguez, defensora del colectivo LGBTQI+ y Pablo Hernández, líder indígena lenca. Pedimos justicia pronta e imparcial. Por el bien de los hondureños, estos ataques contra activistas deben parar», dijo la administradora de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Samantha Power. 

Por su parte, la Oficina en Honduras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), expresó en un comunicado: “El Estado hondureño debe garantizar la verdad, justicia y reparación por este crimen y adoptar las medidas necesarias para propiciar entornos seguros para la defensa y promoción de los derechos humanos, en especial de las personas en mayor situación de vulnerabilidad”.

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Diputado salvadoreño habla públicamente su homosexualidad

Vídeo de Johnny Wright Sol con su pareja circuló en redes sociales

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El diputado salvadoreño Johnny Wright Sol (Foto cortesía de su cuenta de Facebook)

SAN SALVADOR, El Salvador — Circuló en redes sociales el 13 de mayo un vídeo de una entrevista con el diseñador mexicano Kris Goyri, en donde se dieron a conocer unas fotografías con su pareja, el diputado salvadoreño Johnny Wright Sol del partido Nuestro Tiempo, imágenes que al parecer tomaron por sorpresa al diseñador, pues fueron mostradas sin su consentimiento. 

En una entrevista del podcast La Tribu en radio Fuego 107.7 mientras el locutor Pencho Duque hablaba con el diputado salvadoreño, trajo el tema a la palestra con mucho respeto, a lo que el político no tuvo problema con hacer unos comentarios al respecto.

Aseguró que hay dos conclusiones primordiales que le surgieron de esta situación, en donde se abordaba el tema de su orientación sexual y de su pareja.

La primera conclusión es que “como sociedad nos distraemos bien fácil, porque pese a la crisis económica y climática que atraviesa el mundo, una crisis social, una sociedad muy violenta y a pesar de todas estas cosas que nos impactan en el día a día, mi orientación sexual era trending topic”, expresó Wright.

Hizo hincapié en que debemos reflexionar sobre las prioridades que tenemos como sociedad, dado a toda la situación que se vive como país, es importante tener un ojo realmente crítico con los temas que deben ser fiscalizados.

La segunda conclusión que comentó es que, “hay mucho trabajo por hacer para convertirnos en una sociedad verdaderamente democrática y pacífica en donde se logren los mínimos estándares de convivencia”, además mencionó que como partido promueven la tolerancia, pero más que eso, las personas merecen ser aceptadas, “ese es el ideal”, agregó el diputado.

Con una sonrisa en el rostro Wright menciona que la pregunta sobre su orientación sexual “nunca había surgido, en el contexto mediático de mi prensa”, agregando que no era algo que fuera un secreto o algo que ocultara, “en las imágenes me veo muy feliz con mi pareja”, detalla el diputado.

También menciona que la entrevista que le hicieron a su pareja fue “una emboscada”, dado que las imágenes presentadas tuvieron que haberlas obtenido del teléfono de alguno de los dos. A esta hipótesis le suma el hecho de haber recibido correo de la compañía Apple, en los cuales se le alertaba que su teléfono había sido intervenido, no descarta la posibilidad que fuera por el spyware Pegasus.

Pero el punto que dejó muy claro es que desde que fue nombrado diputado en mayo del 2021, no ha tenido ningún inconveniente con reconocer o admitir que es un hombre gay, aunque sí reconoce que los temas de su vida personal habían decidido mantenerlo en lo privado junto con su pareja.  

Esta decisión fue tomada, dado que ambos son figuras públicas en sus respectivos países, en el caso de Goyri es un diseñador reconocido con 12 años de carrera.

El diputado mencionó sentirse privilegiado en tener una familia que lo quiere muchísimo, tal cual es, como también de tener unas amistades, que en sus palabras les describió como “super cachimbones”.

“A mi me tiene sin cuidado toda esa plática en redes”, agregó el diputado, pero que lo único que en verdad preocupa es que lo sucedido ha sido un recordatorio para ver lo mal que está El Salvador como sociedad, por lo que esto es un reto de lo mucho que falta por construir.

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Un amor de las cárceles cubanas: La Yalorde y el Faña

Hombre gay y persona no binaria se enamoraron tras las rejas

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La Yalorde y el Faña (Foto de María Lucía Expósito/Tremenda Nota)

Tremenda Nota es el socio mediático del Washington Blade en Cuba. Esta nota escrito por Manuel de la Cruz salió en su sitio web el 19 de mayo.

LA HABANA — El 18 de marzo de 2022 a las 5 de la tarde, Yasniel vuelve en sí y Samuel le da la noticia: “Padrino, muy linda Oshún hoy. Mandó que te dijera que iba a traerte algo de tu pasado que ya dabas por perdido”.

Yasniel no tiene idea de si el mensaje que dio la Ocha a través de su cuerpo en aquel tambor, se refería a un proyecto de vida abandonado o a una gloria disoluta, pero los designios de la diosa que viste de amarillo prometían a su hijo otra gracia. La orisha nunca olvidaría una pequeña luz en los años oscuros que su omoddé pasó en la prisión del Manto.

Mientras, en Lawton, Oshún posee gradualmente a Yasniel al son del elerí efá que golpean los tamboreros, a más de 19 kilómetros de allí, Ignacio camina por todo Cuatro Caminos de Bejucal buscando la casa de su amigo Yoelito. Allí inmortalizaría, en su espalda y con las mayúsculas indiscretas de Monotipe Cursive, el nombre de su esposa Marieli.

Minutos después, en La Habana, Oshún detiene el sonido del añá pronunciando el clásico baba koyugba con que se presenta a los invitados, mientras en Bejucal una aguja esterilizada afinca las siete letras del nombre de la mujer que abandonó a Ignacio el pasado marzo, víctima de un fulminante cáncer de riñón. Una hora después, ocho dígitos unen la Habana y Bejucal en una sola llamada.

“Yasniel, soy yo, Ignacio. ¡Yasniel, Yasniel!” La Yalorde arroja el celular abruptamente. “¿Qué pasó, niña?”, le pregunta Irene. Yasniel no responde. La Yalorde está en blanco. Recoge el teléfono del piso, pero no acierta a contestar, solo oye: “Soy yo, Ignacio”. “¿Qué Ignacio?”, responde Yasniel. “Ignacio mija, el Faña. ¡Ven pa’ acá pa’ Bejucal!”

Yasniel deja que se queme el picadillo de pollo en el fogón, y durante los siguientes minutos balbucea turbadamente todo el cariño añejo que le lleva guardado al Faña. Hace más de un año que no saben el uno del otro y Yasniel ahora solo oye insistente una orden: “Te dije que en la calle iba a ir por ti ¡Ven pa’ acá pa’ Bejucal, ya!”

Ignacio, el Faña

A Ignacio Grandía Terrero no lo conocen en Bejucal por el Faña, a pesar de ser notorio que es fañoso. Ese alias se lo puso la Gorda en la Prisión de Menores de La Lima.

Disturbios públicos, episodios de violencia y robos periódicos, entre muchas otras conductas, lo llevaron a la cárcel por primera vez con casi 17 años. Es el segundo de tres hijos, el único varón. Hoy trabaja en el campo, sembrando y recogiendo papas o cualquier otra hortaliza, según la estación del año. La menor de las hembras, de ocho años, le dice a la madre: “Yo no voy a ser como Ignacio, yo si voy a estudiar”.

Desde los 10 años, Ignacio conoció el alcohol, los carnavales de Bejucal, las putas, los ansiolíticos y todo tipo de calmantes y opiáceos que lo fueron llevando lo mismo a innumerables trifulcas sin motivo, que a periódicas y placenteras siestas en los parques del pueblo o al pie de un árbol cualquiera.

Ama los caballos y las rústicas “arañas”, artefactos de hierro y madera donde suelen alcanzar velocidades vertiginosas los guajiros como él, expertos en esa disciplina.

Antes de caer en prisión, llevaba el pelo de múltiples colores y formas siempre extrovertidas. Short sin calzoncillos, pulóver o más más frecuentemente camisetas. Unas botas de agua en los pies, lo mismo en las ciénagas que en las plazas. También servían para esconder un cuchillo no desestimable en tamaño, filo y experiencia.

En la familia de Ignacio los hombres toman ron y las mujeres atienden a los hombres. Los machos salen al alba y regresan al mediodía con dinero, con mucho dinero. Sabrá solo Dios de dónde lo sacan. Regresan también con todo lo que se lleva a la boca, pero no lo cocinan. Ese es el trabajo de las mujeres. Duermen la siesta y en la tarde noche salen a beber e incluso a pelear. Ignacio ha encarnado a su padre, de quien solo recibió un beso cuando estuvo a punto de caer en un coma etílico.

El Faña atesora y comparte, mientras se eriza visiblemente, relatos sobre güijes, cagüeiros, brujas, ñáñigos. Un espíritu indio se le aparece para mostrarle el lugar exacto donde le guarda una fortuna. Ignacio le pide al buen ser, quien solo asoma cuando lo ve en extrema embriaguez, que lo deje en paz y se aleje. Teme que le pida a cambio su hermana pequeña o un hijo que tendrá en el futuro.

Al menos dos de sus tíos siguieron las instrucciones de sus respectivos indios, que al parecer asisten a los machos de los Grandía a razón de un espíritu indio por cada hombre de la familia. Cada uno de ellos encontró, en el mismo lugar que les fue indicado, valijas con joyas, lingotes de oro, monedas y todo tipo de objetos valiosísimos del siglo XIX. Los tíos abandonaron Cuba hace más de 10 años, tras haberse podido costear junto a sus esposas e hijos, lanchas rápidas hasta Miami.

“A uno de mis tíos el muerto le dio eso, pero le dijo que se iba a llevar lo primero que él viera al llegar a la casa. Estaba adaptado a que cuando iba llegando le salía corriendo el perro chiquito y por eso le dijo al muerto que sí. Pero cuando llegó a la casa, chifló y su niño de 2 años salió por la puerta pa’ afuera. No dio tiempo ni a que mi tío lo cogiera en las manos. Ahí mismo cayó muerto”, dice el Faña.

“Para qué enamorarme de la vida, si mi destino es casarme con la muerte”, reza uno de sus tatuajes. La irresuelta rutina de a quien no aprendió a pensar en el futuro, lo hizo caer públicamente en los hoyos de la delincuencia. Así llegó al Manto en agosto de 2018. 

Cumplió su condena en los centros penitenciarios y campamentos del Manto, la Lima y la Oca. Su cuerpo tupido de tinta es un resumen de la sabiduría del sobreviviente. El Faña fue decorando su piel con rosarios, flores espinosas, relojes, mujeres desnudas y un Cristo redentor, a medida que luchaba por ganarse el respeto entre los menores con quien compartía la cárcel, y así se redimió de las blandenguerías y los miedos que no son de hombre.

La Gorda es uno de los muchos maricones con los que el Faña compartió prisión. Sonríe al recordar a Jicotea, a Mamota, a la Denis, a la Pinareña y a muchas más. A los maricones en las cárceles los llaman comúnmente “madrinas”, así como los hombres, bugarrones o no, se convierten en los “ahijados”.

Las madrinas, para reafirmar su poder, suelen malcriar a sus ahijados de vez en cuando. Por eso, aquel día, cuando el Faña le pidió un cigarro a la Yalorde, la Yalorde no se lo negó.

La Yalorde y el Faña (Foto de María Lucía Expósito/Tremenda Nota)

De Coco a la Yalorde

Yasniel Arencibia Oliver pasó sus primeros cuatro meses de prisión en el depósito del Vivac, a la espera de su juicio. Allí le apodaron Yalorde, en alusión a la Ocha que había coronado en su elerí. En la familia le apodaban Coco, y solo otras de sus amigas, Jicotea entre ellas, le decían habitualmente Negra. Nació de Martica el 15 de septiembre del año 2000. A su padre lo ha visto en menos de cinco ocasiones en sus 21 años.

Yasniel lleva en su cuerpo al menos seis cicatrices de diferentes formas y tamaños. Su tez negra oculta el rastro de los planazos que recibió de sus tíos cuando, a temprana edad, comenzó a mostrar sus maneras femeninas. Solo su abuela y su madre intercedían. Por eso cuando quedó huérfano, a los 11 años, primero de su madre y ocho meses después de su abuela, la vida de Yasniel pasó a ser un registro de violencia doméstica y desabrigo.

Fue confinado a un corral de puercos, a comer y dormir con ellos hasta que se le quitara la mariconería. Tras plantarse allí, recibió innumerables golpizas. Vivió también en un terreno abandonado a más de 100 metros de su casa, donde amigas como la Yoel le llevaban un poco de arroz y potaje.

Sus hermanas mayores y tíos se enteraron de su “desviación” por boca de la misma abuela, uno de sus únicos amores y de las pocas en la familia que le celebró la gracia. En una casa de negros paleros, santeros y abacuás, a Coco lo imaginaron como el depósito del legado lucumí de la familia y, ante la frustración, salió a la luz todo el rechazo homofóbico que encuentra hogar en las religiones afrocubanas y, por ende, en sus sacerdotes y profesantes. 

Antes de sus 11 años, Coco ya había validado su predestinación para los cultos yorubas. Como bastón y heredero de su abuelo negro, uno de los últimos cagüeiros que conoció Matanzas, le enseñaron el padrenuestro a la temprana edad de 4 años en castellano y en lengua ngangulera.

Desde esa edad sus ojos conocieron todo tipo de fenómenos legendarios. Visiones, sueños lúcidos, premoniciones cumplidas, brujas sin rostro que viven en chozas rústicas y se escurren a las 3 de la mañana, ñocas que te saludan al pararte delante de una nganga, tatas poseídos por espíritus que hacen escupir sangre y caminar sobre carbones encendidos.

Su abuelo lo llevaba al monte y le enseñaba cada término en palo y su significado. Le entregó, como única y buena sabiduría, la tradición ngangulera. Así pudo deducir que, como mismo “perro que come perro es comido por otro perro”, hombre no come hombre y, si lo hace, cualquier hombre igualmente se puede hacer cargo de él.

Cuenta la familia que a la temprana edad de siete años, Coco fue poseído por un espíritu de prenda, quien profetizó acertadamente numerosos episodios. El abuelo falleció años antes que la abuela y que Martica. Yasniel recuerda que horas después de haber muerto, sentado al pie de su prenda, según la tradición de los paleros ñáñigos, se le vio dejando entrar por última vez a Ta José para que se lo llevara definitivamente al reino de ará onú.

Cuando su abuela partió al “mundo de la verdad”, Coco tuvo que aprender las mañas para sobrevivir en el mundo de la materia. Su camino se debatió entre machos homofóbicos y violentos. Vivió en la calle despoblada donde un bugarrón podía ofrecer 250 pesos para meterle el rabo y en el parque oscuro donde una billetera borracha debía terminar en sus manos.

Los tíos y él transaron, al pasar de los años, luego de llevarle a fiestas públicas para que diera punzonazos y se hiciera de un nombre. “Querían que, si iba a ser maricón, fuera guapo”, recuerda.

Hoy reconoce que irremediablemente iba a caer preso alguna vez. La inestabilidad del desamparo daba poco oxígeno a su libertad: “Si no me hubieran cogido presa dándole el escándalo a aquel policía, hubiera sido en una fajazón en la calle”. Cuando quedó absuelto en el juicio, y todos sus amigos fueron condenados, regresó a golpear violentamente al policía que lo detuvo, solo para cumplir condena junto a sus colegas.

De iyawó visitó la cárcel. Oshún y sus espíritus le avisaron que se quedara en casa durante 3 días, pues Ochosi lo llevaría a su ilé. En septiembre de 2019, con tres intentos de suicidio en su haber y un tratamiento permanente para la epilepsia y su trastorno limítrofe de la personalidad, Yasniel Arencibia Oliver entró a las rejas del depósito del Vivac. Allí, además de convertirse en una madrina más, cambiaría definitivamente el alias de Coco por otro más adecuado: Yalorde.

El idioma del Manto

Cuando la Yalorde llegó al Centro Penitenciario Jóvenes de Occidente, se sentía como una experimentada en prisiones de menores. Ya había pasado cuatro meses en el agitado Vivac y todavía no le cortaban el pelo. Se las ingenió para seguir medicándose con cipresta y lucía unos senos pequeños. Con una peluca corta y apretadas hizo su entrada al Manto.

Por las ventanas de los dormitorios los presos asoman sus rabos hambrientos de hembra y los masturban frenéticamente. Una silueta femenina se presentaba para su deleite. Luego se enterarán de que la leche se desparramó en nombre de un pájaro. En realidad eso no trascendería mucho, pues en el Manto los adolescentes le tiran a cualquier cosa. Las oficiales también lo saben y no ponen reparos: “Tira pero no me embarres” es la única condición que ponen.

La Yalorde pasa al dormitorio y no sabe que aquí no es bien visto que los homosexuales se desvistan públicamente. Debió cambiarse en el baño. Minutos después del error, le roban la ropa. La Denis ha empatizado con ella y le da un consejo: “Mami, aquí se roban todo, lo que tienes que hacer es dar un espectáculo”. Yasniel pregunta: “¿Pero un espectáculo a la forma de la calle?” La Denis le dice que “más grande todavía”.

Coge la seña la Yalorde y en medio del dormitorio de la Compañía 3, arma un bullicio estridente que reclama atención y sus pertenencias. Ya se ha desvestido completamente de su ropa de presa. Los reclusos la miran y hacen silencio. El Consejo, formado por cinco presos que se encargan de mantener “el orden” en cada compañía, sabe quiénes han tomado la ropa, pues nadie hace nada en esta prisión de menores sin que el Consejo lo sepa. A pesar de saberlo, nadie se inmuta. El espectáculo comienza.

Yasniel regresa del baño, desnuda con un cubo. En un solo movimiento arroja al piso sus heces fecales y los presos suben alarmados a sus literas. La Yalorde muestra cada vez más furia por el robo irrespetuoso.

Cuando promete cortarse, el Consejo la analiza desde sus camas. Su siguiente paso es decisivo, por tanto, lo cumple. Con un espejo se abre cinco centímetros de piel en el antebrazo izquierdo. Ya es suficiente para todos. Cuando el maricón se autolesiona ha demostrado pertenecer a ese grupo que vivirá en la prisión. El resto de cobardes solo podrá sobrevivir. A mayor locura, mayor peligrosidad. A mayor peligrosidad, mayor respeto y rango.

Entonces el Consejo le devuelve sus pertenencias, e incluso dos blúmeres que no eran suyos, como gesto de rendición. Una bienvenida calurosa le dio etiqueta a su madrinaje. La validó como guapa. Cuando Ignacio regrese del pase, al día siguiente, se enterará de quién es la nueva y el calibre que ostenta.

El Faña ha cumplido casi dos años de condena y el día anterior a su libertad, le anuncian que le ha salido una causa nueva.  Se frustra y lo golpea todo a su alrededor. Ahora debe mirar de nuevo el Campamento de la Oca por los siguientes dos años y seis meses.

Habla con “el Puro”, que es como se le dice al guardia, y le pide que lo retire del campamento. Allí ha estado junto a otros presos no homosexuales, que son los únicos con derecho a componer estas brigadas, realizando trabajos de pintura, albañilería o chapea.

“Si no me suben pa’ la prisión cerrada, me voy a fugar pa’ la pinga o me voy a cortar to’”, amenaza. El guardia le ofrece un pase, junto a la promesa de enviarlo al Manto tras su regreso.

En la segunda noche de la Yalorde en la Compañía 3 del Manto, el Faña se ha enamorado de sus labios prominentes, de su mirada indescifrable. Le pide un cigarro a Yoel y este le indica que se lo pida a la madrina. Después del regalo, continúan las miradas.

Es el único lenguaje en que usará el Faña para dar su primer amor a la Yalorde, pues en una prisión de menores los maricones son aceptados, pero los bugarrones no. Es como si existiera una doctrina que dictaminara que los primeros nacieron para ser mujeres, mientras los otros se debilitaron en el camino y deben pagar un precio.

Si un bugarrón le hace señas a un maricón indicándole el baño, pueden suceder varias cosas y en ninguna de las variantes sale perdiendo el homosexual. Primero, puede suceder que el maricón asista a la cita y disfruten sin riesgo alguno. Segundo, que el maricón le cuente la faena al Consejo, haciéndole una seña a uno de ellos para que le acompañe al baño a ver, y este, al sorprender al bugarrón en el lugar de la espera, arremeta contra él a golpes desenfrenados.

A esta posibilidad se suma la violencia de todo el Consejo y de cuanto preso guapo quiera aterrizar al descubierto. Pero la opción de los más sagaces, es la tercera: el maricón decide hacer cómplice a algún otro preso de la jugarreta, y así tener un testigo ocular, para un permanente chantaje. A esto se le llama “hechizar”.

Si el bugarrón ha sido “hechizado”, le debe al maricón lo que él pida a costa de su silencio. A veces le exige pelear con otros presos para no embarrarse las manos. Le ordena reclamarle al “buquete”, que es quien sirve la comida, más alimentos para el “hechicero”. Peleas incesantes, recados peligrosos y, más usualmente, el contenido del “saco” que le traen sus familiares.

Otras formas de “hechizo” consisten en golpear a un preso cada rato, encimarse en su temor para ordenarle favores, y cuando el dominado se mete en alguna reyerta por cualquier causa no ordenada por su amo, el amo mismo sale a defenderlo.  Así crea un vínculo de dominación basado en la confusión, siempre para mayor comodidad de quien “hechiza”.

A veces el mismo amo orquesta un conflicto externo para demostrarle protección a su “hechizo”. Las madrinas siempre tienen cigarros para regalar, no porque el poder adquisitivo de sus familiares sea mayor, sino porque ellas suelen ser las que “hechizan” a más de un preso durante su condena.

El Faña ha sobrevivido a estos y otros entramados, y no pretende vendimiar para sí el calificativo de bugarrón, pero el cruce incesante de miradas y el roce de las manos en el intercambio de cigarros con la Yalorde se ha ido volviendo periódico e intenso. A este tipo de romance irresuelto que no ha desembocado en sexo, en la cárcel le llaman “sodomia”.  

El Faña sale en las mañanas para su brigada, y desde la formación voltea el cuello hacia la ventana. Desde allí la Yalorde lo embelesa como ningún otro maricón había logrado hacerlo.

Por razones administrativas, aquel día los jefes cambiaron al Faña para la Compañía 1. Cuando la Yalorde se enteró, comenzó a vaciarse. La Denis sospecha que la negra ayuna por desamor y la apoya trayéndole la comida. Al Faña le duele también la lejanía, pero solicitar un cambio para la compañía anterior lo delataría ante los presos.

Uno de ellos le dice a la Yalorde que el Faña le contó todo sobre ellos. Ella envía un papel con el mensajero, donde le pide al Faña que se defina. Ignacio jamás había contado nada y entendió que el mensajero lo estaba probando. Salió ileso, pues ambos eran bugarrones. Para borrar rastros, el Faña se comió el papel íntegramente.

La Yalorde entiende el riesgo que han corrido y decide confirmar el romance por otra, más sutil. No puede pedir traslado, porque no se lo otorgarán sin motivo. Debe ser regañada. Usa una justificación barata, mientras estaba de “buquete”.

“Coño, mana, ¿por qué me das un solo pan? Yo soy maricón igual que tú y estamos pa’ ayudarnos”, le reclama Adriana. “A mí nadie ni pinga me habla así”, contesta la negra y se lanza contra ella. Adriana “le echa a la policía”. Es decir, la acusa ante los superiores. La medida que se dictamina es la deseada. Al otro día, la Yalorde duerme a medio metro del Faña. “Ahora sí me compliqué”, pensó Ignacio.

Si lo vivido hasta el momento fue profundo y nuevo, las madrugadas siguientes marcarán sus años para siempre. La raíz crecía a pesar de que en el exterior solo florecían las miradas e el intercambio de cigarros.

La Yalorde y el Faña (Foto de María Lucía Expósito/Tremenda Nota)

Algún que otro preso oyó al Faña cantar, pero jamás supo que, aunque cantaba mirando al techo, la letra se la estaba dedicando a la Yalorde. La Yalorde le respondía en la misma clave y les daban las 3 de la mañana en este repentismo romántico. En los pocos momentos de posible privacidad, el Faña le prometió firmemente a la Yalorde: “Cuando salga de la prisión voy por ti”.

Escribió los ocho dígitos del celular de Yasniel en la Biblia, en el techo, en la cama y en la memoria. Yasniel le sostuvo la mirada durante horas una noche, hasta que una lágrima de amor engavetado protestó. El silencio protector de estas bocas que jamás se besaron, los inmortalizó como amantes en un lugar donde no se podía amar sin temor a morir. Pero las condenas, como los temores, sorprenden en sus finales.

Cada tres meses bajaban los análisis de los casos propuestos para libertad condicional. Cada vez que llamaban al Faña y otros colegas presos para formar y esperar el milagro, la Yalorde se enfriaba. Al Faña y sus amigos al menos tres veces les entregaron la carta donde se afirmaba que no estaban listos para la reinserción social. Ellos, a modo de protesta, ripiaron la carta y se la comieron. La carta que no pudo comerse el Faña fue aquella que dejó libre a la Yalorde.

“Te la ganaste, hermana”, le dijo Jicotea llorando. Yasniel solo piensa en el Faña, en que al salir lo más probable es que la historia que han vivido desaparezca. Piensa también en que afuera no tiene una madre o una abuela que la espere, ni un hombre que haya sufrido por ella todo este tiempo. La alegría de salir al exterior le exige extinguir el amor más lindo que ha vivido.

La Yalorde saca sus cuentas. Si comete alguna indisciplina grave será revocada, pero como solo le quedan ocho meses, no será enviada a otro lugar, sino a la misma compañía. Solo así puede vivir junto al Faña el tiempo que a le quede a él.

Como parte de las ceremonias usuales cuando a un preso le otorgan la libertad, un recluso le lleva una colcha a la Yalorde. Es la última de sus noches aquí, y obviamente no va a dormir, pero Yasniel ve en este inocente un medio para llegar a su fin. La agresión es el camino para ser revocada.

“Hoy yo te voy a regalar a ti mi libertad”, le dice. Va en busca de un objeto para agredirlo, pero Jicotea y otras amigas entienden mucho de presidio como para dejarla complicarse así. La detienen, la aguantan, la apaciguan. La Yalorde llora por el vacío que dejará la prisión en ella.

El Faña no puede siquiera mirar a los ojos de la negra. En la madrugada, cuando les quitaron un instante la luz, tomó la mano de Yasniel y la metió en su pantalón. La Yalorde jamás le había tocado la pinga al Faña. Nadie lo había hecho. Este símbolo le dejó entender a Yasniel que aquello fue más que “sodomia”.

“Cuando salga voy por ti, negra”, le repitió en el baño por la mañana. Con esa esperanza, y para conservar al Faña en su recuerdo, Yasniel llevó a casa la almohada de su hombre.

A las 8 de la mañana hay lágrimas confusas en la Compañía 3 de la prisión de menores del Manto. Jicotea y la Yalorde se abrazan como si jamás fueran a verse, cosa que fácilmente les puede pasar.

Al Faña le quedan meses dentro y no puede despedirse como quiere, pues representaría para él una escandalosa salida de clóset. Va al baño y llora. Desde la ventana ve irse a su negra linda y se seca las lágrimas para que nadie se entere. A este niño que solo ha conocido el infortunio, el rechazo y la violencia, nadie jamás lo ha amado tal cual es. Solo su negra, la Yalorde. Y ahora la vida la arranca de su lado.

El reencuentro

La Yalorde decidió olvidar. No le hacía bien desearlo en la distancia. Olerlo tampoco, y guardó la almohada. El Faña la llamó por teléfono un día.

El único modo que tienen para verse es que Yasniel visite a otro maricón, a Jicotea por ejemplo, o que ella misma le cuadre desde fuera una pretendiente que venga a visitarlo. La Yalorde usa ambas estrategias.

En una de las visitas encubiertas que hace, le envía una carta con Jicotea. El Faña la lee, la siente, y luego, como de costumbre, se la come.

En la última visita que recibe, la Yalorde se emperifolla y es de nuevo aquella mujer que entró al Manto un día. El Faña la azora y la despide, celoso porque provocaba las miradas bugarronas de la prisión.

Unos meses después, Ignacio recibe el único papel que no se va a comer. Lo celebra por todo lo alto. Marca los ocho dígitos de su negra, le pide que venga a buscarlo. Yasniel alquila un carro, pero al llegar se entera de que el hombre se ha ido por sus propios medios. Ambos lloran. Lo más probable es que, si no se vieron ese día, no se verán jamás.

En casa, al Faña le espera su mujer, a quien le cuenta que se ha enamorado de un maricón. Marieli, más que su esposa, es su amiga. Le ha pagado putas, alguna vez lo ha bañado en total embriaguez. Se entera del romance y lo aprueba.

Ignacio le promete amarla hasta el último de sus días, hasta que el cáncer o Dios se la lleve a su regazo. Por eso le cuenta también que cuando ella no esté, entregará su vida a la que lo hizo feliz en el Manto. Marieli sonríe y le pide que cuide a la Yalorde como si fuera ella misma.

El 18 de marzo de 2022, Yasniel tiene que bailar un tambor. Como subidor de santo le han puesto un plato con dos velas, dos cocos, y 2.500 pesos a su Oshún, pidiéndole licencia para que baje en el añá. Mientras Yasniel, en La Habana, se baña y se acicala, la realidad en Bejucal es de todo menos festiva.

El Faña no ha descansado. Toda la madrugada estuvo en el policlínico con su esposa. Llegando el amanecer, Marieli le dijo que lo amaría siempre, donde sea que estuviera. Tomó su mano y partió al mundo de la verdad. El Faña colapsó y quiso arremeter contra médicos y enfermeras. Quiso tener delante a Dios o al Diablo para golpearlo. Lloró hasta el sueño, se empastilló y se hizo algunas cortadas.

Mientras Yasniel se baña, el Faña duerme. Mientras Oshún está tomando el cuerpo de la Yalorde, el Faña está marcando un teléfono. Le piden que llame más tarde.

Luego de la conversación telefónica de la tarde, la Yalorde coge una A9 hasta Santiago de Las Vegas, y le paga 300 pesos a un chofer para que la adelante hasta Bejucal. Yasniel jamás ha ido allí, pero sabe que está destinado a encontrar al Faña.

Llega de madrugada y un maricón del pueblo le hace “la pala” en el parque para que los hombres que la están mirando sepan que no está sola. Una hora más tarde, siente que le tiran besos a lo lejos. Su corazón se acelera. El Faña tiene tatuado en el cuello una boca que besa, probablemente la de su negra. En la prisión, las pocas veces que le hacía una seña, nunca chifló o la llamó por su nombre, siempre le repetía ese sonido.

A lo lejos la negra distingue el cuerpo de Ignacio y siente que es lo suficientemente mujer como para que su hombre no la haya olvidado. Se acercan y no hablan, no saben manejar el momento.

“Camina, es pa’ allá”, dice el Faña. Y van en total silencio hasta la casa, recordando los intensos tres meses del Centro Penitenciario Jóvenes de Occidente. La Yalorde no habla nada. El Faña sí: “Te dije que iba a ir por ti cuando saliera en libertad”.

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La homosexualidad no es una enfermedad

Activistas en Honduras conmemoran el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia

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(Foto cortesía de Leonela Paz/Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 16 de mayo.

SAN PEDRO SULA, Honduras — El comité LGBTIQ+ del Valle de Sula conmemora el trigésimo segundo aniversario de la eliminación de la homosexualidad como enfermedad mental en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS consideró que la homosexualidad debía de salir del apartado de enfermedades mentales, una lucha de años para las personas diversas. Una vergonzosa historia de patologización, institucionalización, “conversión” y esterilización finalmente se cerró.

Durante 22 años, este comité conformado por 13 organizaciones de sociedad civil ha promovido el reconocimiento y respeto de los derechos humanos de las personas de la diversidad sexual del Valle de Sula y Honduras.

Según el observatorio de la Red Lésbica Cattrachas, desde el 2009 hasta la fecha se contabilizan 410 muertes violentas de personas LGTBIQ+, con un índice de impunidad del 87 por ciento. Es por esta razón y teniendo en cuenta el marco del 17 de mayo, Día Internacional de la Lucha en contra de la Homolesbobitransfobia, que se llevarán a cabo algunas actividades en lugares estratégicos de la ciudad de San Pedro Sula para hacer visible esta causa.

“Esto nos ha asesinado”, dijo el presidente del comité LGTBIQ+, Osman Lara, haciendo referencia a todo el odio en contra de las personas de la diversidad sexual. 

Como principal actividad, izarán las banderas LGTBIQ+ y trans en la Plaza José Cecilio del Valle, localizada en la Ciudad de los Zorzales. Seguidamente, habrá una caminata por la primera calle de la capital industrial de Honduras, finalizando en el parque central, enfrente de la alcaldía sampedrana.

Las actividades contarán con la participación de líderes de la región, organizaciones defensoras de los derechos humanos, organismos internacionales, representantes de gobierno y corporación municipal. Todo esto con la finalidad de conseguir respuesta por todas las muertes violentas y para seguir luchando en contra de la homolesbobitransfobia en Honduras.

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