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El primer diputado hondureño abiertamente gay reflexiona sobre la histórica elección

Víctor Grajeda espera ampliar las oportunidades para los hondureños LGBTQ

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Víctor Grajeda (Foto de Michael K. Lavers/Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Publicó esta traducción de la nota del Blade en su sitio web el 10 de febrero.

La versión de esta nota en inglés está aquí.

SAN PEDRO SULA, Honduras — El primer hombre abiertamente gay elegido al Congreso de Honduras describió el lunes su elección como un hito “muy importante” para la comunidad LGBTQ del país.

“Es algo que ha marcado un antes y un después; una gran responsabilidad cayó sobre mis hombros”, dijo Víctor Grajeda al Washington Blade durante una entrevista en San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande del país.

Grajeda, de 31 años, es de San Pedro Sula y trabaja en una tienda de artículos de belleza. Vive con su pareja desde hace 13 años y sus dos gatos.

La diputada Silvia Ayala, del izquierdista Partido Libre, antes de las elecciones al Congreso de Honduras, que tuvieron lugar el 28 de noviembre, designó a Grajeda como su “suplente”, que es un suplente. Él representará a Ayala en el Congreso si ella no puede asistir a las sesiones en persona.

Grajeda, que es uno de los cinco candidatos abiertamente LGBTQ que se presentaron al Congreso, recibió más de 100,000 votos. Él y Ayala representan al departamento de Cortés en el que se encuentra San Pedro Sula.

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Alcaldía de San Pedro Sula. (Foto de Michael K. Lavers/Washington Blade)

Grajeda habló con el Blade menos de dos semanas después de que la presidenta Xiomara Castro, que también es miembro del Partido Libre, asumiera el cargo.

Castro derrotó a Nasry Asfura, miembro del Partido Nacional del expresidente Juan Orlando Hernández y exalcalde de Tegucigalpa, la capital hondureña, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales que también se celebraron el 28 de noviembre. Un golpe de Estado en 2009 derrocó al marido de Castro, el expresidente Manuel Zelaya.

La vicepresidenta Kamala Harris, la administradora de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Samantha Power, y la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se encuentran entre los dignatarios que asistieron a la toma de posesión de Castro, que tuvo lugar en el estadio Nacional de Honduras, en Tegucigalpa, el 27 de enero.

La toma de posesión tuvo lugar en medio de una agria disputa entre los miembros del Partido Libre sobre quién sería el próximo presidente del Congreso. Grajeda, que asistió a la toma de posesión de Castro, describió sin embargo el acontecimiento como “un retorno de la esperanza”.

“Será un poco difícil que las cosas cambien de la noche a la mañana y que (Honduras) sea otro país donde todo es felicidad”, dijo Grajeda al Blade. “Pero (la toma de posesión de Castro) marca un cambio, una nueva esperanza, una nueva oportunidad, un aire fresco”.

Grajeda describió a Hernández, cuyo hermano, el excongresista Juan Antonio “Tony” Hernández, cumple cadena perpetua en Estados Unidos después de que un jurado federal lo condenara por el tráfico de toneladas de cocaína al país, como un “narcopresidente”. The Blade habló con Grajeda horas después de que el secretario de Estado Antony Blinken anunciara que Estados Unidos había sancionado oficialmente al expresidente hondureño por corrupción.

“Era sólo cuestión de tiempo”, dijo Grajeda.

Tres asesinatos en menos de 24 horas

La discriminación y la violencia basadas en la orientación sexual y la identidad de género siguen siendo habituales en Honduras.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en una sentencia histórica que emitió el pasado mes de junio, afirmó que el Estado hondureño era responsable del asesinato de Vicky Hernández, una activista transgénero que fue asesinada en San Pedro Sula horas después del golpe de Estado de 2009.

Cattrachas, un grupo feminista de derechos humanos de Tegucigalpa, señala que Vicky Hernández y más de 400 personas LGBTQ han sido asesinadas en Honduras desde 2009.

Thalía Rodríguez, destacada activista trans, fue asesinada frente a su casa de Tegucigalpa el 11 de enero. El 2 de febrero se informó del asesinato de tres personas LGBTQ en Honduras, entre ellas una pareja gay de San Pedro Sula.

Thalía Rodríguez en su casa de Tegucigalpa. Fue asesinada el 11 de enero de 2022. (Foto de Amílcar Cárcamo/Reportar sin Miedo.)

Castro no ha comentado públicamente el fallo de Vicky Hernández, pero ha expresado su apoyo a los derechos de matrimonio para las parejas del mismo sexo. Grajeda señaló al Blade que Castro también ha pedido el reconocimiento legal de los hondureños trans y apoya los “espacios seguros” para las personas LGBTQ.

“El tema de la violencia, el tema de los espacios es grave”, dijo Grajeda. “Hemos tenido tres asesinatos en menos de 24 horas”.

Harris y otros funcionarios de la administración Biden han reconocido que la violencia anti-LGBTQ es una de las “causas fundamentales” de la migración desde Honduras y los países vecinos.

Grajeda dijo al Blade que ampliar el acceso a la educación es una “cuestión clave con respecto a las oportunidades para la comunidad LGBT”. Grajeda también dijo que los hondureños trans, en particular, necesitan más acceso al empleo formal.

“Las únicas oportunidades disponibles para las personas trans son trabajar como prostitutas, como trabajadoras sexuales”, dijo.

“El mismo estigma que las discrimina las deja sin acceso a la educación”, añadió Grajeda. “Hay personas (en la comunidad trans) que son muy inteligentes, muy capaces”.

Los comentarios de Harris sobre los migrantes son ‘comprensibles’

Muchas de las caravanas de migrantes que esperan llegar a Estados Unidos salen de la principal estación de autobuses de San Pedro Sula.

La principal estación de autobuses de San Pedro Sula, Honduras, de donde parten muchas caravanas de migrantes. (Foto de Michael K. Lavers/Washington Blade.)

Los grupos de derechos de los inmigrantes en Estados Unidos criticaron el pasado mes de junio a Harris cuando dijo a los migrantes de Centroamérica que no viajaran a la frontera entre Estados Unidos y México. Grajeda describió los comentarios de Harris como “comprensibles”.

“Es una posición que ella tiene porque es su país”, dijo Grajeda. “No podemos cerrar los ojos al hecho de que un número realmente grande de personas que van (a la frontera) no son del todo legales, y eso crea una carga”.

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Honduras

Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya

Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia

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(Captura de pantalla de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 19 de enero.

Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.

Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.

Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.

Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.

Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.

El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.

A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.


* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas

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Noticias en Español

El 2026 bajo presión

La realidad que enfrentan las organizaciones LGBTQ en EEUU

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(Foto de Michael Key por el Washington Blade)

El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.

Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.

La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.

A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.

El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.

Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.

Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.

Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.

Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.

El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.

La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.

El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.

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Colombia

Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad

Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre

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(Foto via Bigstock)

OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Esta nota salió en su sitio web.

Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.

Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.

El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.

Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.

Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.

En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.

Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.

Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.

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