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Activistas: Los derechos LGBTQ en Uruguay están en peligro
El nuevo presidente asumirá el cargo el 1 de marzo

El movimiento LGBTQ en Uruguay está en alerta.
El próximo 1 de marzo asume el nuevo presidente de ese país latinoamericano, Luis Alberto Lacalle Pou, y tras él una futura coalición de gobierno mayoritariamente anti-LGBTQ que interrumpió la era del Frente Amplio, un conglomerado político de izquierda que estuvo en poder por cerca de 15 años.
Uruguay es considerado un líder global para los derechos de la diversidad sexual y de género y corre con mayor ventaja en relación a otros países de la región. Además de ser el principal destino turístico preferido por las personas LGBTQ en América Latina y el Caribe.
“Creo que Uruguay ha avanzado, pero no se puede afirmar que llegó a la meta, de ninguna manera”, asegura Martín Couto, el primer congresista uruguayo en declararse abiertamente gay, al Washington Blade, quién el 1 de marzo de este año dejará su cargo en el Congreso.

Uruguay fue uno de los primeros del continente en aprobar el matrimonio igualitario y permitir la adopción homoparental, en reconocer el derecho a la identidad de género, facilitar el acceso a la reproducción humana asistida y recientemente en aprobar la Ley Integral Trans, una pionera acción legislativa a favor de las personas trans.
Estos y otros avances están peligro advierten los activistas y políticos LGBTQ uruguayos, aunque el presidente electo prometió públicamente que no se derogará ninguna iniciativa aprobada en el gobierno anterior.
Cuando Lacalle Pou era congresista fue un férreo opositor al proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario votando en contra y también se negó a otras iniciativas de la “agenda de derechos”, como le llaman en ese país a las demandas sociales.
Sin embargo, Lacalle Pou mientras era candidato presidencial declaró en un programa de televisión que “si volviera atrás, votaría (a favor) la ley de matrimonio igualitario”, pese a que meses antes no aprobó en su totalidad la Ley Integral Trans.
El futuro jefe de Estado rechazó que las personas trans tuvieran el derecho a reasignar corporalmente su cuerpo para adecuarlo a su identidad de género, si así lo deciden. Lacalle Pou tampoco apoyo la reparación económica para parte de la población trans que sufrió discriminación durante la dictadura en ese país.
Diego Puntigliano, miembro del Colectivo Ovejas Negras, una organización LGBTQ de Uruguay, advirtió al Blade que “sabemos que hay personas en el nuevo gobierno que están posicionadas en contra de la agenda de derechos”.
“Los retrocesos ya los estamos viendo. Ya sabemos que probablemente no se avance, va a ver poca capacidad de cooperación”, agregó Puntigliano.
La opinión del activista se centra en el nombramiento de dos personas anti-LGBTQ en carteras ministeriales importantes para la población diversa de ese país; el Ministerio de Desarrollo Social y el de Salud. Ambas secretarias de Estado quedarán “en manos de dos políticos de ultraderecha que públicamente se han pronunciado contra la igualdad de derechos”.
“Estamos expectante, hay varias cosas que preocupan más de allá de que la coalición de derecha que va asumir el gobierno se comprometió a no retroceder en las leyes aprobadas”, afirma al Blade el politólogo, Andrés Scagliola, un histórico activista LGBTQ de Uruguay.

Según Scagliola “tenemos un compromiso (de Lacalle Pou) de no retroceder, pero por un lado tenemos estas designaciones que aventuran discursos políticos que no están identificados con el avance en derecho y la preocupación también tiene que ver con que nuestros derechos no serán prioritarios para el nuevo gobierno”.
“Tan importante como la aprobación de leyes, tienen que ser los recursos humanos y económicos destinados a los derechos reconocidos. El escenario que nos estamos imaginando es un escenario donde no se modifican las leyes, pero donde la política pública vinculada al ejercicio efectivo de los derechos reconocidos en esas leyes, sin lugar a duda van a perder fuerza”, sentencia.
Similar opinión tiene Couto.
“Creo que estos años van a ser de una gran disputa, porque la coalición anunció que no iba a tocar ninguna de las leyes de la agenda derechos. Y creo que en ese sentido, no hay porque esperar que eso no se cumpla”, sinceró al Blade.
“Pero eso no quiere decir que no vayan a ver retrocesos porque obviamente una ley necesita ser implementada con presupuesto. Si no tiene el presupuesto necesario, es una ley que estará botada, pasará a ser letra muerta”, advierte Couto.
Una anomalía: Escasa representación política y pública LGBTQ
En el poder legislativo, actualmente hay dos personas abiertamente gais, en el nuevo congreso no habrá ninguno.
“Es curioso para un país que tanto ha avanzado que sin embargo todavía la representación de personas abiertamente LGBTQ sea escasa”, dice Scagliola.
“En otros parlamentos de América Latina hay personas LGBTQ que están llegando al poder”, agrega al experto en política. “Esto me hace reflexionar por que en Uruguay las personas abiertamente LGBTQ no ocupan los principales cargos de elección popular. Me parece que es una cierta anomalía en todo lo que ha avanzado el Uruguay”.
“Aquella representación escasísima que había de personas abiertamente LGBTQ, no va a existir en la próxima legislatura”, aporta Couto. “El nuevo congreso será más conservador”.
Según Couto “la discriminación sigue siendo muy fuerte. De hecho es sorprendente como en un país como Uruguay no hay ministros o ministras abierta LGBTQ y tampoco van a ver legisladores, ninguno en 130, tampoco hay deportistas. Eso da la pauta de que sigue siendo un problema de discriminación; un tabú”.
“Uno lee en las noticias internacionales sobre Uruguay como un destino LGBT-friendly y eso es una equivocación”, explica al congresista. “En esos lugares, donde van los turistas, no hay discriminación, porque entre otras cosas conspira contra el negocio, pero en otros espacios y en otros ámbitos de la sociedad uruguaya todavía hay una enorme discriminación”.
“Por ejemplo tenemos problemas vinculados a la mejora de la educación sexual en el sistema educativo, enormes resistencias por partes de los conservadores, incluyendo a los partidos que ganaron el gobierno y por tanto en términos de la educación hay cambios que todavía vienen muy lentos y frente a esto necesitamos un impulso”, sentenció Couto.

Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
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