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Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador busca dar refugio a personas LGBTQ

Comunidad Santa Marta es albergue

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Iglesia San Rafael ArcƔngel (Foto por Iglesia San Rafael ArcƔngel)

SAN SALVADOR, El Salvador – La Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador (IAES) siempre se ha caracterizado por ser una iglesia inclusiva y de puertas abiertas, desde la creación del Ministerio de Diversidad Sexual en el aƱo 2009, el cual es una pastoral que reĆŗne tanto a personas LGBTQ como tambiĆ©n aliados de la misma comunidad, volviĆ©ndose un espacio en el que todas y todos pueden vivir su fe, libres de discriminación. Ahora la IAES comienza una nueva Pastoral de la Solidaridad, llamada Comunidad Santa Marta, la cual tiene como objetivo brindar refugio, acompaƱamiento personal y pastoral, a personas LGBTQ que han sido expulsadas de sus hogares o se han visto forzadas a realizar migración interna.

En su experiencia pastoral, la IAES ha conocido las realidades que enfrentan las personas LGBTQ, que por motivo de su orientación sexual, identidad y expresión de género son discriminadas en todos los Ômbitos de su vida, dando inicio a una cadena de exclusión desde sus hogares y afectando su desarrollo pleno. Es así como desde la oficina diocesana Dignidad y Justicia, crean este proyecto; pues dicha oficina tiene como objetivo principal, generar condiciones de prevención de la exclusión social, para el acceso a los derechos humanos, disminuyendo la violencia social y migración de las familias en la creación de comunidades de fe con tejido social.

ā€œTrabajar en un proyecto como ‘Santa Marta o Pastoral de solidaridad’, es responder a las necesidades humanas, especialmente cuando hay tanta injusticia, pobreza y desigualdadā€, expresó al Washington Blade el obispo de la IAES, Rvdmo. Juan David Alvarado.

ā€œQueremos dar una respuesta a las personas LGBT que han sido expulsadas de sus hogares o que se encuentran en peligro, ofreciĆ©ndoles un espacio temporal, mientras ellas buscan solución o desarrollan un plan de respuesta personalā€, agrega el obispo. ā€œEl nombre de Comunidad Santa Marta es recordar en el Evangelio cuando JesĆŗs va en camino y llega a la casa de Marta y MarĆ­a, hermanas y amigas de JesĆŗs, quienes dan acogida y acompaƱamientoā€.

La IAES tiene muchas expectativas de este proyecto, pues siempre se han mostrado aliados de la sociedad civil y en sobre todo de las poblaciones históricamente excluidas y vulnerables, el coordinador de la oficina de Dignidad y Justicia dentro de la IAES, Edwin Guardado, expresa que la ā€œilusiónā€ con este proyecto es que la iglesia sea un modelo de atención y acompaƱamiento pastoral en el tema de refugios a personas LGBTQ en condiciones de vulneración de derechos humanos.

ā€œEl que la Iglesia cuente con la experiencia del Ministerio de Diversidad Sexual, es clave para el impulso de la Comunidad de acogida Santa Marta, que estarĆ” ubicada en el departamento de Santa Ana, en la Iglesia San Rafael ArcĆ”ngel, en donde el Rvdo. GermĆ”n López es su rectorā€, menciona al Blade Guardado.  

ā€œLa IAES, al acoger en su misión pastoral, el trabajo con población LGBTI, no solo cumple con el bĆ”sico de nuestras sociedades contemporĆ”neas que es no discriminar, sino cumple con el mandato de nuestro seƱor Jesucristoā€, expresó Guardado.

Se pretende que en este refugio, las personas se resguarden en las instalaciones hasta un mÔximo de 15 días, en los cuales se establecerÔ una rutina de vida para ellas y ellos, se les proveerÔ de alimentación y servicios bÔsicos durante ese tiempo. RecibirÔn el apoyo necesario para la búsqueda de reinstalación con sus redes de apoyo social o familiar.

ā€œSe espera a mediano plazo, con el seguimiento que se le pueda dar, poder apoyarles ya sea a terminar estudios con alguna modalidad flexible del Ministerio de Educación, tambiĆ©n a desarrollar habilidad en tĆ©rminos de emprendimiento en alianzas con diferentes instituciones u organizaciones LGBTIā€, declaró al Blade Cruz Torres, coordinador del Ministerio de Diversidad Sexual de la IAES.

Torres agrega que esperan que el Ministerio de Diversidad Sexual abra un capĆ­tulo con las personas que reciban en la Comunidad Santa Marta y ayudar tambiĆ©n con el acompaƱamiento pastoral de las mismas.  

La IAES en una alianza con Cristosal, organización para la defensa de los derechos humanos, buscarÔ la transferencia de conocimientos y experiencia en el tema de protocolos de atención psicosocial, jurídica, protocolos sobre estudio de casos, esto con el fin de capacitar al grupo diocesano que estarÔ a cargo de las gestiones y planificaciones para la ejecución de la pastoral.

Con este proyecto la IAES deja de manifiesto el cumplimiento de su misión.

ā€œNo comprendo a las iglesias que se llaman cristianas, con una posición muy cerrada sobre el tema de la población LGBTI, porque el Evangelio de JesĆŗs nos invita a anunciar la buena nueva, que es la instauración del Reino de JesĆŗs y ese Reino es justicia, paz, amor y verdadā€, expresó Alvarado. ā€œEn otras palabras el Evangelio es construir una humanidad mĆ”s justa, con equidad, donde los valores nos lleven a una paz integralā€.

Finalmente, Alvarado externa que las iglesias que condenan a las personas LGBTQ no estĆ”n construyendo el Reino de Dios, ā€œposiblemente estĆ”n construyendo su propio reinoā€. Por lo que hace un llamado a que todas y todos deben formarse o educarse en el tema, para comenzar a fomentar el amor en lugar del odio.

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Noticias en EspaƱol

Un terremoto tambiƩn se vive desde el exilio

Yonatan Matheus se nació en La Guaira, la zona venezolana mÔs afectada por los sismos

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(Imagen por Tindo/Bigstock)

El 24 de junio de 2026, dos terremotos sacudieron Venezuela y alteraron la vida de miles de personas en cuestión de segundos. Para gran parte del mundo fue una noticia que ocupó titulares durante algunos días. Para quienes nacimos allí, el tiempo pareció detenerse. Antes de pensar en la magnitud del sismo o en el número de viviendas afectadas, hubo una pregunta que desplazó cualquier otra: ¿estarÔn bien quienes amo?

Los desastres naturales no solo transforman los territorios; también modifican la manera en que quienes vivimos en el exilio nos relacionamos con el lugar al que seguimos llamando hogar. La distancia no reduce el dolor ni la preocupación por quienes permanecen allí. Cada llamada sin responder, cada fotografía y cada mensaje recuerdan que existen vínculos que sobreviven a las fronteras, al tiempo y a la propia migración.

Lo primero que hice fue llamar a mi familia en La Guaira. Durante esos minutos comprendƭ, una vez mƔs, que tambiƩn existen terremotos que se sienten desde el exilio. La incertidumbre crece con cada llamada que no entra y con cada mensaje que permanece sin respuesta.

Cuando finalmente logré comunicarme, confirmé que familiares y personas cercanas habían perdido sus hogares, que distintas zonas de La Guaira enfrentaban graves afectaciones y que comunidades como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado también sufrían las consecuencias de los terremotos. Aunque algunas de estas localidades registraron daños estructurales de menor magnitud que las zonas mÔs devastadas, sus habitantes también vieron alterada su vida cotidiana por la interrupción de servicios, las dificultades de acceso y la profunda interdependencia social, económica y comunitaria que caracteriza a La Guaira.

Algunos miembros de mi comunidad tambiĆ©n habĆ­an fallecido. Entre ellos estaban dos hombres gays a quienes conocĆ­a. Sus nombres me recordaron que detrĆ”s de cada cifra existen historias, afectos y proyectos de vida. TambiĆ©n me hicieron pensar en todas aquellas personas cuyas vidas y muertes difĆ­cilmente ocuparĆ”n un titular, especialmente quienes durante aƱos vivieron en los mĆ”rgenes, con escasa visibilidad y sin el pleno reconocimiento de su dignidad. Me recordaron, ademĆ”s, que las emergencias nunca afectan a todas las personas por igual y que quienes ya enfrentaban mayores condiciones de vulnerabilidad suelen soportar una carga aĆŗn mĆ”s pesada durante la recuperación. 

El paĆ­s del que uno sale nunca desaparece

Nací y crecí en La Guaira. Allí permanecen buena parte de mi historia, mi familia, mis amistades y una comunidad que sigue formando parte de quien soy. Hace diez años tuve que salir de Venezuela y solicitar asilo en Estados Unidos como consecuencia de la persecución que enfrenté por ser un hombre gay y defensor de derechos humanos. Con el tiempo comprendí que el exilio no consiste únicamente en cambiar de país. También significa aprender a vivir con la certeza de que una parte de nosotros permanecerÔ siempre en el lugar del que tuvimos que partir.

Cada celebración familiar, cada crisis y cada tragedia confirman que seguimos perteneciendo a ese territorio. Las personas refugiadas y migrantes no dejamos de vivir las emergencias de nuestros países de origen; simplemente las vivimos de otra manera. Mientras otras personas pueden desplazarse para abrazar a sus familias o participar directamente en las labores de ayuda, quienes estamos lejos intentamos acompañar desde la incertidumbre, con la impotencia de saber que el corazón permanece donde el cuerpo ya no puede estar.

QuizĆ” esa sea una de las dimensiones menos visibles del desplazamiento forzado. Vivimos las tragedias de nuestro paĆ­s a la distancia, con menos posibilidades de actuar fĆ­sicamente, pero con el mismo dolor y con un profundo sentido de responsabilidad hacia las personas y los lugares que siguen formando parte de nuestra historia.

Cuando una casa representa toda una vida

DespuĆ©s de una emergencia suele repetirse una frase bien intencionada: “Lo importante es que todos estĆ”n vivos; lo material se recupera.” Aunque busca transmitir esperanza, tambiĆ©n puede invisibilizar una realidad profundamente humana. En Venezuela, una vivienda rara vez representa Ćŗnicamente una construcción. Es el resultado de aƱos de trabajo, sacrificios compartidos y sueƱos familiares. En sus paredes tambiĆ©n habitan recuerdos, fotografĆ­as, documentos y la memoria de quienes la construyeron.

Cuando un terremoto destruye un hogar, también altera el proyecto de vida de una familia. Por eso no basta con volver a levantar edificios. Es necesario crear las condiciones para que las personas recuperen estabilidad, seguridad y la posibilidad de imaginar nuevamente un futuro. Como trabajador social, estoy convencido de que los territorios no vuelven a ponerse de pie únicamente con cemento. También necesitan confianza, organización, apoyo mutuo y espacios donde las personas puedan elaborar el duelo y fortalecer nuevamente sus redes de apoyo.

Ese proceso tampoco ocurre en igualdad de condiciones para todas las personas. Los desastres suelen profundizar desigualdades que ya existían antes de la emergencia. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas o con VIH y muchas personas LGBTQ, especialmente aquellas que enfrentan pobreza, discriminación o redes de apoyo limitadas, suelen encontrar mayores obstÔculos para acceder a servicios, restablecer sus medios de vida o volver a sentirse seguras. Una respuesta verdaderamente humanitaria no consiste únicamente en llegar primero; consiste en asegurar que nadie quede atrÔs cuando comienza el largo camino para reconstruir su vida. 

Cuando la emergencia deja de ser noticia

Las primeras horas después de un desastre suelen despertar lo mejor de una sociedad. Vecinas y vecinos organizan rescates, personas voluntarias distribuyen alimentos, equipos de salud trabajan sin descanso y miles de ciudadanos, dentro y fuera del país, buscan la manera de ayudar. Esa movilización espontÔnea representa uno de los recursos mÔs valiosos frente a cualquier crisis y demuestra que, incluso en contextos de profunda polarización, la vida humana sigue siendo capaz de convocar encuentros.

Sin embargo, para quienes sobrevivieron, el verdadero desafío apenas comienza cuando la emergencia deja de ocupar los titulares. Mientras los medios dirigen su atención hacia otras noticias y las donaciones disminuyen, miles de familias siguen intentando recuperar sus hogares, restablecer sus medios de vida y reorganizar una cotidianidad profundamente alterada. La crisis termina mucho antes para la opinión pública que para quienes continúan enfrentando sus consecuencias.

En la acción humanitaria suele describirse un fenómeno conocido como fatiga de la compasión. En términos generales, hace referencia a la disminución progresiva de la atención pública y de parte de la movilización solidaria conforme una crisis deja de ocupar el centro de la conversación. No significa que desaparezca la voluntad de ayudar, sino que nuevas urgencias desplazan rÔpidamente a las anteriores. El riesgo es que los territorios afectados queden solos precisamente cuando enfrentan la etapa mÔs compleja de volver a levantarse.

Las principales organizaciones humanitarias recuerdan que reparar edificios constituye sólo una parte del proceso. También es indispensable fortalecer la salud mental, ofrecer apoyo psicosocial, recuperar el tejido comunitario y garantizar que la población participe activamente en las decisiones sobre su propio futuro. Una vivienda puede reconstruirse en algunos meses; recuperar la sensación de seguridad, la confianza o el sentido de pertenencia suele requerir mucho mÔs tiempo.

Esta realidad resulta especialmente importante para quienes ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad antes del terremoto. Las personas adultas mayores, la niñez, las personas con discapacidad, quienes viven con VIH y muchas personas LGBTQ suelen encontrar mayores barreras para acceder a servicios, mantener sus tratamientos, recuperar sus ingresos o reconstruir sus redes de apoyo. Las emergencias no crean esas desigualdades, pero con frecuencia las hacen mÔs visibles y profundas. Por eso, una recuperación verdaderamente sostenible no consiste únicamente en volver al punto donde estÔbamos antes del desastre, sino en aprovechar ese proceso para reducir brechas históricas y fortalecer la inclusión.

Como trabajador social, prefiero hablar de una resiliencia consciente. No de una resiliencia que exige fortaleza permanente o invita a ocultar el dolor bajo la idea de que “hay que seguir adelante”, sino de aquella que reconoce las pĆ©rdidas, entiende que el duelo necesita tiempo y acepta que pedir ayuda tambiĆ©n forma parte del camino. Ninguna comunidad deberĆ­a sentirse obligada a reconstruirse sola, ni ninguna persona a demostrar que ya superó una tragedia antes de estar preparada para hacerlo.

Permanecer tambiƩn es una forma de ayudar

El exilio me impidió estar fĆ­sicamente en La Guaira durante los dĆ­as posteriores a los terremotos, pero no me impidió asumir la responsabilidad de acompaƱar desde donde hoy me encuentro. Durante esas semanas utilicĆ© mis plataformas para verificar información antes de compartirla, visibilizar localidades que históricamente han recibido menor atención —como Carayaca, El Junko y otros sectores del oeste del estado— y promover mensajes centrados en las necesidades de la población afectada.

Ese compromiso también dio origen a la serie documental La Guaira: Antes y Después, un esfuerzo por documentar cómo cambiaron distintos espacios y contribuir a que no desaparezcan de la memoria colectiva cuando termine la cobertura periodística. MÔs que registrar la destrucción, busca recordar que detrÔs de cada fotografía existen familias que seguirÔn necesitando apoyo mucho después de que las cÔmaras se hayan ido.

Creo profundamente que comunicar con responsabilidad también es una forma de acción humanitaria. Verificar antes de publicar, evitar la desinformación y mantener visibles a los territorios históricamente olvidados constituye una manera concreta de acompañar el proceso de recuperación y fortalecer el compromiso colectivo desde la distancia.

La solidaridad que decide quedarse

Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejarÔn cicatrices visibles en edificios, carreteras y viviendas. Otras permanecerÔn en silencio, acompañando a familias que deberÔn reconstruir no solo sus hogares, sino también su sensación de seguridad, sus proyectos de vida y la confianza en el futuro.

Como venezolano, guaireño, refugiado y defensor de derechos humanos, esta experiencia reforzó una convicción que ha guiado buena parte de mi trabajo: las personas deben permanecer en el centro de cualquier respuesta humanitaria. Ninguna diferencia política, institucional o ideológica debería ser mÔs importante que proteger la vida, aliviar el sufrimiento y garantizar que quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad reciban el acompañamiento que necesitan para volver a empezar con dignidad.

Los terremotos dejan de sentirse cuando la tierra deja de temblar. El olvido comienza cuando dejamos de mirar. Entre una cosa y otra existe un largo camino que exige memoria, compromiso sostenido y la decisión colectiva de no abandonar a quienes siguen intentando levantarse cuando el resto del mundo ya ha seguido adelante. Porque una sociedad no termina de recuperarse cuando reconstruye sus edificios; lo hace cuando todas las personas tienen la oportunidad de volver a vivir con seguridad, esperanza y la certeza de que nadie quedó atrÔs.

Yonatan Matheus (He/Him/Ɖl) es defensor de derechos humanos LGBTQ y trabajador social y activista. Trabaja en la intersección entre Migración, Justicia Social y respuesta al VIH.

Este comentario salió en el sitio web de Yonatan el 6 de julio.

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Centenares de personas participan en la Marcha del Orgullo en la capital salvadoreƱa

La población diversa volvió a ocupar el espacio público

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(Foto de Ernesto Valle por el Washington Blade)

SAN SALVADOR,Ā  El Salvador— Alrededor de las 2 de la tarde del 27 de junio, centenares de personas comenzaron a reunirse en el redondel Masferrer para participar en la tradicional Marcha del Orgullo LGBTQ de El Salvador, una movilización que aƱo con aƱo busca visibilizar las luchas, los avances y las demandas de la población diversa en el paĆ­s. MĆ”s que una celebración, la actividad volvió a convertirse en un espacio para reivindicar la existencia de miles de personas que, pese a los desafĆ­os sociales y polĆ­ticos, continĆŗan reclamando el respeto de sus derechos fundamentales.

Con banderas multicolores ondeando entre la multitud, música y una atmósfera cargada de emoción, la marcha inició su recorrido descendiendo por el Paseo General Escalón, atravesando las Fuentes Beethoven y la plaza El Salvador del Mundo hasta concluir en las inmediaciones del Parque CuscatlÔn, sobre la 25 Avenida Sur.

A medida que avanzaban las horas, el trƔnsito habitual de una de las principales arterias de la capital fue sustituido por un rƭo de colores, consignas y expresiones artƭsticas. Decenas personas voluntarias debidamente identificadas, acompaƱaron el recorrido para facilitar el paso de las personas participantes, detener el trƔfico y garantizar el desarrollo de la actividad mientras miles de curiosos observaban desde las aceras, restaurantes, centros comerciales y edificios ubicados a lo largo del trayecto.

Desde horas antes del inicio del recorrido, las calles comenzaron a llenarse de personas provenientes de distintos departamentos del país. Algunas viajaron desde la madrugada para participar en la actividad, mientras otras aprovecharon el fin de semana para reencontrarse con amistades y familiares que cada año convierten la marcha en un punto de reunión.

Muchas personas dedicaron semanas e incluso meses a preparar cuidadosamente sus vestuarios, maquillajes, accesorios y pancartas. Cada atuendo representaba una forma distinta de expresar identidad, creatividad y orgullo. Algunos optaron por elaborados trajes inspirados en la cultura drag; otros lucieron prendas confeccionadas con los colores de las distintas banderas que representan a la diversidad sexual y de gƩnero. No faltaron quienes eligieron vestirse de manera sencilla, convencidos de que su sola presencia ya representaba un acto de valentƭa.

Los colores del arcoíris se mezclaron con las banderas trans, bisexuales, lesbianas, pansexuales, no binarias y otras identidades que forman parte de la diversidad humana. Entre abrazos, fotografías, consignas, bailes y presentaciones improvisadas, el ambiente transmitía alegría, pero también una profunda carga simbólica para quienes consideran esta marcha un acto de existencia y resistencia.

Las expresiones de afecto entre parejas, amistades y familias se desarrollaban con naturalidad durante todo el recorrido. Para muchas personas asistentes, ese espacio representó uno de los pocos momentos del año donde podían mostrarse públicamente sin ocultar quiénes son o temer al rechazo inmediato de quienes les rodean.

Memoria, resistencia y un llamado a no olvidar

Previo al banderillazo de salida, representantes de la Federación Salvadoreña LGBTIQ+ ofrecieron un mensaje que invitó a recordar el camino recorrido por quienes lucharon décadas atrÔs en condiciones mucho mÔs adversas.

“Hoy caminamos pensando en quienes caminaron antes que nosotres, en quienes resistieron cuando nombrarse podĆ­a costar el trabajo, la familia, la libertad o la vida”, expresaron durante su intervención, provocando aplausos entre las personas asistentes.

El mensaje también recordó que muchas de las conquistas actuales son resultado de generaciones que enfrentaron discriminación, violencia institucional y exclusión social, abriendo camino para que nuevas juventudes puedan vivir su identidad con mayor libertad, aunque todavía persistan numerosos desafíos.

Las palabras pronunciadas antes del inicio de la marcha marcaron el tono del resto de la jornada. No se trataba únicamente de celebrar la diversidad, sino también de reconocer que detrÔs de cada bandera existe una historia marcada por la lucha contra la discriminación, la violencia y la invisibilización.

Sin embargo, el discurso también puso sobre la mesa una realidad poco discutida dentro del movimiento: la invisibilización de las personas adultas mayores LGBTQ. Según señalaron durante la actividad, la población diversa envejeciente continúa prÔcticamente ausente de los espacios públicos y de representación. No aparecen en las campañas del Mes del Orgullo, tampoco en las imÔgenes que suelen viralizarse en redes sociales ni en la publicidad que cada junio llena de colores distintos espacios comerciales.

Su ausencia también refleja las profundas desigualdades que históricamente ha enfrentado esta población. Muchas personas mayores crecieron en contextos donde expresar libremente su orientación sexual o identidad de género significaba perder el empleo, ser expulsadas de sus hogares o sufrir violencia física y psicológica.

La ausencia de referentes mayores refleja una deuda pendiente tanto de la sociedad como del propio movimiento, que enfrenta el desafío de reconocer las historias de quienes sobrevivieron a décadas de persecución y discriminación y que hoy continúan siendo parte fundamental de la memoria colectiva.

La edición 2026 de la marcha se desarrolló ademÔs en un contexto político que diversas organizaciones consideran especialmente complejo para la defensa de los derechos humanos.

Diversos sectores de la sociedad civil han manifestado preocupación por el cierre de espacios democrÔticos, el debilitamiento de organizaciones sociales y un ambiente que consideran cada vez mÔs hostil para las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas.

En medio de ese escenario, la movilización adquirió un significado que fue mucho mÔs allÔ de la celebración. Para muchas personas asistentes representó un acto de presencia política y una reafirmación de que la comunidad continúa existiendo pese a los retrocesos percibidos.

Uno de los aspectos mÔs visibles durante el recorrido fue la importante participación de jóvenes, muchos de ellos asistiendo por primera vez a una Marcha del Orgullo. Entre sonrisas y evidente emoción, varias personas compartían que habían esperado durante años la oportunidad de participar libremente en esta actividad.

Para algunos significaba encontrarse con otras personas que comparten experiencias similares; para otros era la primera ocasión en la que podían expresar públicamente su orientación sexual o identidad de género sin esconderse.

Durante la cobertura realizada por diversos medios internacionales, una persona entrevistada por el Washington Blade, quien solicitó permanecer en el anonimato, resumió el sentimiento que compartían muchas voces presentes.

“Yo apoyĆ© en su momento al presidente actual, pero no sabĆ­a que eso tendrĆ­a un precio que serĆ­a bajar mi categorĆ­a como ciudadane de un paĆ­s tan pequeƱo y con mente mĆ”s cerrada. Igual marcho para demostrar que aquĆ­ estamos resistiendo”, expresó.

El testimonio reflejó una percepción compartida por parte de algunos asistentes respecto al contexto político y social que vive actualmente la población LGBTQ en El Salvador.

(Foto de Ernesto Valle por el Washington Blade)

Entre el respaldo empresarial y el rechazo en redes sociales

A diferencia de años anteriores, otro elemento llamó la atención durante el recorrido: la limitada presencia de organizaciones sociales claramente identificadas mediante banners, mantas o bloques organizados.

Aunque sí participaron colectivos y activistas independientes, fueron los vehículos alegóricos patrocinados por establecimientos comerciales y empresas aliadas los que dominaron visualmente buena parte del recorrido.

Los carros decorados con música, animación y publicidad fueron algunos de los elementos mÔs llamativos de la jornada. Desde ellos se lanzaban banderas, camisetas y recuerdos promocionales mientras decenas de personas bailaban al ritmo de música pop y electrónica, generando entusiasmo entre quienes acompañaban la marcha.

No obstante, para algunas personas participantes, la menor presencia visible de organizaciones históricas también reflejó las dificultades que actualmente enfrentan muchas asociaciones dedicadas a la defensa de derechos humanos y de la población LGBTQ.

Mientras miles de personas recorrían las principales arterias de la capital, el debate también se trasladó a las redes sociales. Las publicaciones realizadas por distintos medios de comunicación rÔpidamente se llenaron de algunos comentarios favorables, pero también de numerosas expresiones de rechazo hacia la marcha y hacia la población diversa.

Las crĆ­ticas giraron principalmente alrededor de argumentos religiosos, posturas conservadoras y visiones tradicionales sobre la familia y la sexualidad. Muchas personas expresaron opiniones despectivas o mensajes de intolerancia, mientras otras defendieron el derecho constitucional de toda persona a manifestarse pacĆ­ficamente.

Para activistas consultados durante la jornada, estas reacciones evidencian que la discriminación continúa profundamente arraigada en distintos sectores de la sociedad salvadoreña y que la necesidad de generar espacios de diÔlogo y educación sigue siendo una tarea pendiente.

Pese a ello, el ambiente dentro de la marcha permaneció festivo durante todo el recorrido.

Las consignas por la igualdad se alternaban con música, coreografías improvisadas y expresiones artísticas que transformaron por varias horas las calles de San Salvador en un espacio de encuentro, celebración y reivindicación.

Una vez mÔs, por segundo año consecutivo, la jornada concluyó sin el tradicional concierto masivo que durante años marcó el cierre de la actividad. La ausencia de un evento artístico con celebridades y espectÔculos musicales no disminuyó el entusiasmo de quienes participaron hasta el final del recorrido. Conforme caía la tarde, muchas personas permanecieron en las inmediaciones del Parque CuscatlÔn compartiendo fotografías, conversando y despidiéndose con la satisfacción de haber formado parte de una nueva edición del Pride salvadoreño.

Las fotografías, abrazos colectivos y mensajes escritos en pancartas terminaron convirtiéndose en el cierre simbólico de una jornada cuyo principal objetivo fue ocupar el espacio público y reafirmar la existencia de una comunidad históricamente marginada.

Las consignas podían leerse en decenas de carteles: llamados al respeto, a la igualdad, al reconocimiento de derechos y al fin de la discriminación.

MÔs que una celebración aislada, la Marcha del Orgullo 2026 volvió a convertirse en un recordatorio de que la historia de la población LGBTQ salvadoreña ha estado marcada por un pasado de violencia, un presente de constantes desafíos y un futuro que continúa construyéndose desde la esperanza.

En cada paso, quienes caminaron este sÔbado recordaron que el orgullo no nace únicamente de la celebración de la diversidad, sino también de la capacidad de resistir frente a la exclusión, el prejuicio y el silencio.

Con cada bandera levantada, cada abrazo compartido y cada consigna pronunciada a lo largo del recorrido, las personas asistentes enviaron un mensaje claro tanto a la sociedad salvadoreña como a las instituciones del Estado: la diversidad continúa presente, organizada y decidida a defender su derecho a existir.

Porque, como repetían muchas de las pancartas que acompañaron la movilización, el principal reclamo no es un privilegio especial. Es algo mucho mÔs sencillo y, al mismo tiempo, profundamente humano: vivir con dignidad, sin miedo, con igualdad ante la ley y con el respeto que merece toda persona, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. La Marcha del Orgullo 2026 volvió a demostrar que, pese a las adversidades, la población LGBTQ salvadoreña continúa encontrando en las calles un espacio para hacer visible su historia, sus luchas y la convicción de que seguir existiendo también es una forma de resistencia.

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El Salvador

ā€˜Mani Fiesta tu Orgullo’: memoria, resistencia y celebración marcan inicio del Mes del Orgullo en El Salvador

Actividad reunió a cientos de personas en un espacio de encuentro, cultura y reivindicación

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(Foto cortesia de la Federación Salvadoreña LGBTI)

Entre los sonidos vibrantes de la batucada, las luces de colores, la mĆŗsica y los mensajes de reivindicación, el 5 de junio se llevó a cabo una nueva edición de ā€œMani Fiesta tu Orgulloā€, un evento que durante los Ćŗltimos cuatro aƱos se ha convertido en una de las actividades mĆ”s emblemĆ”ticas para dar inicio a las celebraciones y acciones de incidencia polĆ­tica, cultural y comunitaria del Mes del Orgullo en El Salvador.

La actividad, organizada por la Federación Salvadoreña LGBTI en conjunto con el Centro Cultural de España en El Salvador, congregó entre 200 y 300 personas que se dieron cita para compartir un espacio de encuentro, reflexión, memoria histórica y celebración de la diversidad.

Desde las 7 p.m. y hasta las 10 p.m., el recinto se transformó en un punto de reunión para activistas, artistas, organizaciones de la sociedad civil, personas de la comunidad LGBTQ y aliados que año con año encuentran en esta actividad una oportunidad para reafirmar su identidad y fortalecer los lazos comunitarios.

MĆ”s allĆ” de una fiesta, los organizadores destacan que ā€œMani Fiesta tu Orgulloā€ representa un acto polĆ­tico y social de gran importancia, pues marca oficialmente el inicio de las actividades que diversas organizaciones desarrollan durante junio y permite posicionar pĆŗblicamente las demandas, preocupaciones y aspiraciones de la comunidad LGBTQ salvadoreƱa.

Cuatro aƱos construyendo comunidad y visibilidad

La iniciativa nació hace cuatro años como una propuesta para abrir el Mes del Orgullo desde un espacio cultural, inclusivo y accesible para todas las personas. Desde entonces, la actividad ha evolucionado hasta convertirse en una referencia dentro de la agenda de junio, permitiendo que organizaciones, activistas y miembros de la comunidad encuentren un espacio para compartir experiencias, fortalecer alianzas y proyectar mensajes de incidencia.

Para la Federación Salvadoreña LGBTI, uno de los aspectos mÔs significativos ha sido el respaldo constante del Centro Cultural de España, institución que ha abierto sus puertas para albergar la actividad y contribuir a la promoción de los derechos humanos y la diversidad.

ā€œPara nosotras y nosotros es muy gratificante contar con el apoyo del Centro Cultural de EspaƱa, que ha sido un aliado importante para poder desarrollar este espacio y hacerlo crecer cada aƱoā€, destacaron integrantes de la Federación.

La continuidad del evento también refleja la capacidad de resistencia y organización de la comunidad LGBTQ en un contexto que continúa presentando desafíos relacionados con la igualdad, el reconocimiento y la garantía de derechos.

Durante estos cuatro aƱos, ā€œMani Fiesta tu Orgulloā€ ha servido como un espacio de expresión artĆ­stica, pero tambiĆ©n como una plataforma para visibilizar las realidades que enfrenta la población diversa en el paĆ­s.

Un hecho histórico: la participación activa de la Asamblea Feminista

Uno de los aspectos que marcó esta edición fue la participación activa de la Asamblea Feminista, organización que desde el año pasado se ha incorporado de manera mÔs directa a la coordinación y desarrollo de las actividades del Mes del Orgullo.

Aunque históricamente mujeres lesbianas y bisexuales han formado parte de las marchas y acciones impulsadas por la comunidad LGBTQ, su participación en los procesos organizativos había sido limitada. La incorporación de la Asamblea Feminista representa, según activistas, un paso importante hacia la construcción de un movimiento mÔs amplio, inclusivo y articulado.

Para Karla Guevara, secretaria general de la Federación SalvadoreƱa LGBTI, este acercamiento constituye un hecho sin precedentes dentro de la historia reciente del movimiento. 

ā€œCreo que esto es inĆ©dito, y a nosotras y nosotres como Federación nos llena de orgullo que las compaƱeras lesbianas y bisexuales se hayan podido sumar a estas actividades del Mes del Orgulloā€, expresó.

Karla Guevara, secretaria general de la Federación Salvadoreña LGBTI (Foto cortesía de la Federación Salvadoreña LGBTI)

La participación de organizaciones feministas también evidencia una creciente convergencia entre distintas luchas sociales que comparten principios relacionados con la igualdad, la dignidad humana y la defensa de los derechos fundamentales. Para muchas personas asistentes, esta articulación representa una oportunidad para fortalecer redes de apoyo y construir agendas comunes frente a desafíos que afectan a diversos sectores históricamente excluidos.

Arte, música y celebración como herramientas de resistencia

La jornada estuvo marcada por expresiones artísticas que aportaron energía y color a la celebración. La reconocida batucada Las Musas fue una de las agrupaciones encargadas de animar la noche, aportando ritmos vibrantes que acompañaron gran parte de la actividad.

Asimismo, la participación de la DJ Drag Alexa Evangelista contribuyó a crear un ambiente festivo y diverso, donde la música se convirtió en un lenguaje común para las personas asistentes.

MƔs allƔ del entretenimiento, las expresiones artƭsticas desempeƱan un papel fundamental dentro de los movimientos sociales, especialmente en aquellos relacionados con la diversidad sexual y de gƩnero.

El arte, la mĆŗsica, la danza y las expresiones culturales permiten construir comunidad, fortalecer identidades y generar espacios seguros donde las personas pueden expresarse libremente. En este sentido, ā€œMani Fiesta tu Orgulloā€ demuestra cómo la celebración tambiĆ©n puede convertirse en una forma de resistencia frente a la discriminación y la exclusión.

Un manifiesto dedicado a la memoria y la gratitud

Uno de los momentos mÔs significativos de la noche fue la lectura del manifiesto del orgullo correspondiente a este año. A diferencia de otros años, el documento estuvo enfocado principalmente en la memoria histórica y el reconocimiento de quienes construyeron los primeros espacios de organización y resistencia en condiciones mucho mÔs adversas.

El mensaje recordó a aquellas personas que, en décadas pasadas, comenzaron a construir comunidad desde la clandestinidad, cuando la discriminación social era aún mÔs intensa y los espacios seguros prÔcticamente inexistían. También rindió homenaje a quienes fallecieron durante la pandemia del VIH/Sida en las décadas de 1980 y 1990, una de las etapas mÔs dolorosas para la población LGBTQ a nivel mundial.

El manifiesto destacó ademÔs la importancia de recordar la primera Marcha del Orgullo realizada en El Salvador en 1997, un acontecimiento histórico que marcó un antes y un después en la visibilidad pública de la comunidad diversa. Asimismo, se hizo un reconocimiento especial a las personas adultas mayores de la comunidad, incluyendo mujeres lesbianas, hombres gays, personas bisexuales y mujeres trans, cuyas experiencias y luchas han contribuido a abrir camino para las nuevas generaciones.

Para muchas de las personas presentes, este enfoque representó una invitación a mirar hacia atrÔs con gratitud, reconociendo que los avances actuales son el resultado de décadas de trabajo, organización y valentía.

El orgullo como memoria, comunidad y esperanza

Aunque junio suele asociarse con celebraciones, desfiles y manifestaciones públicas, para muchas organizaciones LGBTQ el orgullo también implica memoria, reflexión y compromiso con las generaciones futuras.

Eventos como ā€œMani Fiesta tu Orgulloā€ permiten recordar que detrĆ”s de cada conquista existen historias de personas que enfrentaron discriminación, violencia y exclusión para abrir espacios de participación y reconocimiento. Al mismo tiempo, estas actividades fortalecen los vĆ­nculos comunitarios y generan oportunidades para que nuevas personas se integren a los movimientos de defensa de derechos humanos.

La edición de este aƱo dejó en evidencia que la comunidad LGBTQ salvadoreƱa continĆŗa apostando por la organización colectiva, la construcción de alianzas y la recuperación de la memoria histórica como herramientas fundamentales para avanzar. Con una asistencia que superó las expectativas de los organizadores y una creciente participación de distintos sectores sociales, ā€œMani Fiesta tu Orgulloā€ reafirmó su lugar como una de las actividades mĆ”s significativas del inicio del Mes del Orgullo en El Salvador.

MÔs que una celebración, fue un espacio para recordar, agradecer y reconocer que cada paso dado en la búsqueda de igualdad ha sido posible gracias a quienes, desde distintos momentos de la historia, decidieron levantar la voz y construir comunidad. Y precisamente allí radica la esencia de esta actividad: en recordar que el orgullo no solo se celebra, también se hereda, se construye y se comparte.

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