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Brenda Rosales es la primera funcionaria trans del gobierno de Bukele

Ella trabaja en el Ministerio de Cultura de El Salvador

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Brenda Rosales (Foto cortesía de Brenda Rosales)

SAN SALVADOR, El Salvador Brenda Oriana Rosales Navarro, licenciada en Artes Plásticas de la Universidad de El Salvador (UES), de 44 años, ha trabajado como diseñadora, escultora y pintora bajo el seudónimo BORN desde mucho antes de graduarse. Actualmente trabaja en el Ministerio de Cultura en la Dirección General de Género y Diversidad, articulado con el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE).

“Mi trabajo de incidencia para tener un cargo público inició cuando comenzó todo esto de un nuevo partido con una nueva visión de darle un enfoque diferente a lo que es política”, así expresó al Washington Blade Rosales al recordar cómo es que ha logrado cumplir algunas metas, agregó además que al ver el trabajo del aquel entonces alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, estaba realizando en el Centro Histórico e igual al que había hecho en Nuevo Cuscatlán, fueron razones que le ayudaron a decidir que quería seguir ese patrón de trabajar para la población.

Lo principal que llamó su atención fue ser parte de un cambio, compartiendo su conocimiento desde su experticia.

“Comencé a trabajar en servicios sociales en mi comunidad con el partido que se estaba formando, Nuevas Ideas, así me fui dando a conocer y de alguna manera mi trabajo en territorio”, comenta Rosales, sobre todo al recordar su trabajo en las comunidades, pues asegura que esto le dio la visibilidad y el reconocimiento.

Estos trabajos en comunidades no eran remunerados, pero en sus palabras le sirvieron para adquirir experiencia.

“La política es trabajar para la población”, agrega.

Cuando comenzaron a llamar a las personas que estarían en el gabinete de Bukele y en diferentes instituciones autónomas del Estado, fue el momento en que le ofrecieron aplicar al puesto de una jefatura, dada su hoja de vida y experiencia, cumplía con los requisitos; en ese momento aplicó al puesto de subdirectora de inclusión social, ambiental y cultural, en el INJUVE y afortunadamente quedó.

“Al principio no lo podía creer porque eran tres temas muy diferentes y de bastante compromiso”,  mencionó Rosales, pues tenía que trabajar el tema del medio ambiente, la cultura con el arte que tanto le apasiona y la inclusión social de poblaciones históricamente excluidas, entre ellas la población LGBTQ. “Cuando me presenté a la entrevista me llamaban con el nombre tal y como me identifico”, este fue un detalle importante para Rosales, pues en todo el proceso de selección jamás se sintió discriminada.

Cuando trabajó con la primera directora del INJUVE para el actual gobierno, Marcela Pineda, todo fue muy bien para ella, pues nunca tuvo ningún problema; al momento que Pineda optó en postularse para diputación y también quedó en las elecciones internas, se realizó una reestructuraron en las jefaturas del instituto. De acuerdo con Rosales, con las nuevas jefaturas del INJUVE, se dieron una serie de situaciones complejas para bastante personal de la institución.

“Por mi parte recibí discriminación y acoso laboral, a tal grado que me pidieron dejar el cargo”, recuerda Rosales al hablar con el Blade, además aseguró que al tener tanta insistencia terminó aceptando la solicitud, hoy en día trabaja como enlace interinstitucional como técnico especialista con el Ministerio de Cultura.

Tanto en su cargo anterior como en el actual, Rosales debe mantener contacto con las organizaciones LGBTQ del país y comenta que a pesar de haber tenido temas de desacuerdo por el actuar del gobierno, el trabajo se lleva muy bien.

“Pienso los gobiernos anteriores nunca tuvieron a una persona trans en un cargo tan visible porque a la gente le genera choque”, Rosales hace mención a ello pues asegura que las personas trans son la cara de la población LGBTQ, pues ellas y ellos no pueden ocultarse como a veces hacen las personas gays, lesbianas y bisexuales. Pese a los cambios que se dieron en términos de puestos laborales, Rosales valora el hecho que aún se encuentra trabajando en el área pública.

Rosales es la primera funcionaria trans con este gobierno, y asegura que se ha destacado por trabajar con las comunidades, las alcaldías y con las organizaciones juveniles. Entre las articulaciones que ha realizado, fue fomentar trabajos culturales que involucraran en su momento al INJUVE y la UES desde la Escuela de Artes.

“La licenciada Sandra Lorena Benavides de Serrano, vicedecana de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador, me abrió las puertas para hablar de los proyectos en favor de las juventudes”, lamentablemente con la pandemia y luego con los cambios de dirección tuvieron que pausarse los proyectos plateados con esta institución de educación superior. 

Pese a todo lo sucedido la UES ya conocían el trabajo hecho y el que estaba realizando Rosales, en ese contexto la universidad estaba preparando una mención honorífica para estudiantes sobresalientes que ese había graduado en diferentes años y que han puesto en alto el nombre de la institución educativa.

“Tuve el honor de haber sido tomada en cuenta para ello gracias a la promoción de la vicedecana Benavides de Serrano”, agrega que le mencionó, al momento de proponerla, ninguna de las personas involucradas se opuso.

Al ponerse en contacto con Rosales, la universidad le consultó el nombre con el que quería saliera su diploma, a lo que ella expresó que el nombre según DUI no la representaba y que Rosales sería el indicado. Llegado el día del evento, el 24 de noviembre del 2021, se le otorgó el reconocimiento por su trayectoria profesional. 

“Todo el tiempo fui llamada por el nombre con el que me identifico”, expresa con alegría.

La noticia fue de mucho impacto, tanto medios nacionales como internacionales quisieron saber su reacción ante lo sucedido, “eso fue un paso trascendental hacia temas de inclusión”, de acuerdo con Rosales, estos acontecimientos ayudan a quitar la idea de ver a las personas LGBTQ también como personas profesionales y dejar a un lado los prejuicios.

“Estoy muy orgullosa y agradecida, porque mi alma mater me haya reconocido de acuerdo a mi identidad, reconocen mi esfuerzo y dejaron a un lado el estigma”, comenta Rosales al recordar el evento.

Pero eso no acaba con un reconocimiento, la misma universidad, abrió el espacio para que Rosales pueda impartir horas clases a estudiantes de nuevo ingreso, en la Escuela de Artes, para la materia de dibujo.

“Me voy abriendo más espacios en donde puedo compartir lo que he aprendido, esto me da satisfacción y orgullo”, expresa Rosales.

Muchas personas trans no logran culminar sus estudios, porque de acuerdo con Rosales, al comenzar el proceso de transición a temprana edad, hace que se “comiencen a cerrar puertas”, todo por la transfobia que causa el acoso escolar.

“Yo hice mi transición después que me gradué, pero creo en el destino”, expresa Rosales al referirse de los logros y reconocimientos obtenidos.

Uno de los sueños de Rosales desde que se graduó en la universidad, fue dar clases y esa meta se ha cumplido recientemente, a inicios de este año 2022 recibió el llamado para cubrir una clase de nuevo ingreso, a lo cual ella sin dudarlo aceptó.

“Creí que los alumnos no iban a aceptar tener a una persona trans como docente, porque yo desde que llegué y me presenté, dije que soy una mujer trans”, comenta Rosales en admiración a la reacción de sus alumnos, que comenzaron siendo 30 estudiantes y ahora son 45, esto ya que algunos optaron por cursar la materia con ella.

Brenda también participó en las elecciones internas del partido Nuevas Ideas para optar ser candidata a diputada, lamentablemente estas no fueron favorables para ellas, pero con el trabajo realizado hasta el momento, está entre sus planes volver a competir en las elecciones internas de su partido para lograr ser candidata a diputada. Como tampoco descarta la posibilidad de que, si se presenta una oportunidad mayor dentro de la docencia, puede optar por trabajar de lleno en ello, para generar cambios con el arte.

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The university that refuses to let go

Joanna Cifredo is a trans woman participating in University of Puerto Rico strike

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Joanna Cifredo outside the University of Puerto Rico campus in Mayagüez, Puerto Rico. (Washington Blade photo by Ignacio Estrada Cepero)

Over the past days, I have been walking with a question that refuses to leave me. Not the kind of question you answer from a desk or from a distance, but one that grows out of what you witness in real time, at the gates, in the faces of those who remain there without knowing how any of this will end. What is truly happening inside the University of Puerto Rico, and why have so many students decided to risk everything at a moment when they can least afford to lose anything.

I write as someone who lives just steps away from the Río Piedras campus. These days, the silence has replaced the constant movement that once defined this space. The absence is felt in every corner where students used to pass at all hours. Since arriving in Puerto Rico three years ago, I have come to know firsthand stories that rarely make it into reports or official statements. One of the reasons I chose to stay was precisely this, to serve the university community, to help create a space where students could find something as basic as a safe meal at night and, in some way, ease burdens that are often carried in silence.

I have listened, asked questions, and tried to understand without imposing answers. What I have found is not a collective outburst or a generational whim. What exists is a fracture, a deep break between those making decisions and those living with their consequences every single day.

There has been an effort to reduce this strike to an issue of order, scheduling, or academic disruption. Conversations revolve around missed classes, delayed semesters, and students supposedly unaware of the consequences of their actions. What is rarely addressed are the conditions that lead an entire student body to pause its own future to sustain a protest that offers no guarantees.

Because that is the reality. These are students who fully understand what they are risking, and yet they remain. When someone reaches that point, the least they deserve is not judgment, but to be heard.

From the outside, there have also been attempts to discredit what is happening. Familiar narratives are repeated, legitimacy is questioned, and doubt is cast over intentions. It is easier to do that than to acknowledge that this did not begin at the gates, but long before, in decisions made without building trust.

And something must be said clearly. This is not limited to the gates of Río Piedras. What we are witnessing extends across every unit of the University of Puerto Rico system. Mayagüez, Ponce, Arecibo, Bayamón, Cayey, Humacao, Carolina, Aguadilla, Utuado, and the Medical Sciences Campus. This is not an isolated reaction. It is a movement that runs through the entire institution. Río Piedras may be more visible, but it is not alone. What is happening there reflects a broader unrest felt across the system.

Within that context, one demand has grown increasingly present, the call for the resignation of University of Puerto Rico President Zayira Jordán Conde. This is not the voice of a small group. It reflects a deeper level of mistrust that has spread across multiple campuses.

The Puerto Rican Association of University Professors has also made it clear that this is not solely a student issue. There is real concern among faculty, and a shared recognition of the conditions currently shaping the university. When students and professors arrive at the same conclusion, the problem can no longer be minimized.

Meanwhile, the administration continues to speak in the language of dialogue. But dialogue is not a word, it is a practice. And when trust has been broken, it cannot be restored through statements alone, but through decisions that prove a willingness to truly listen.

In the midst of all of this, there are voices that cannot be ignored. Voices grounded not in theory, but in lived experience. One of them is Joanna Cifredo, a student at the Mayagüez campus, a young Puerto Rican trans woman, and someone widely recognized for her advocacy.

I spoke with her in recent days. What follows is her voice, exactly as it is.

How would you describe what is happening inside the University of Puerto Rico right now, beyond what people see from the outside?

Estamos viviendo momentos muy difíciles, en el sentido de que hay mucha incertidumbre y una presión constante por parte de la administración para reabrir el recinto, pero, entre todo el caos e inestabilidad provocado por las decisiones de esta administración, también hemos vivido momentos muy poderosos. Esta lucha ha sacado lo mejor de nuestra comunidad.

Lo vimos en las asambleas y plenos, donde 1,500, 1,700, hasta 1,800 estudiantes llegaron —bajo lluvia, bajo advertencias de inundaciones— y aun así se quedaron, participaron y votaron a favor de una manifestación indefinida hasta que se atiendan nuestros reclamos.

He conocido a tantas personas en los diferentes portones, estudiantes graduados, aletas, estudiantes de intercambio, estudiantes de todo tipo de concentraciones y se unieron para apoyar el movimiento estudiantil. Estudiantes que vienen a los portones después del trabajo o antes de trabajar. Estudiantes que vienen a dejar agua y suministros entre turnos de trabajo. Viejitos que vienen a los portones con desayuno, almuerzo o cena.

Más allá de lo que se ve desde afuera, lo que estamos viviendo es una mezcla de tensión y resistencia, pero también de comunidad, solidaridad y compromiso colectivo.

Much of what is discussed remains at the level of headlines or social media. From your direct experience, what specific decisions or actions from the administration have led to this level of mobilization?

Desde el inicio, la designación de la Dra. Zayira Jordán Conde careció de respaldo dentro de la comunidad universitaria. No contaba con experiencia administrativa en la UPR ni con un conocimiento básico de nuestros procesos, cultura y reglamentos. Por eso, en asamblea, el estudiantado votó para solicitarle a la Junta de Gobierno que no considerara su candidatura, y múltiples organizaciones docentes hicieron lo mismo. Existía un consenso amplio de que no tenía la experiencia necesaria para liderar una institución como la nuestra.

A pesar de ese rechazo claro, la Junta de Gobierno decidió ignorar los reclamos de la comunidad universitaria e imponer su nombramiento.

Una vez en el cargo, su estilo de gobernanza ha sido poco transparente y poco colaborativo. Sin embargo, el detonante principal de la movilización en el Recinto Universitario de Mayagüez fue su decisión de destituir, de manera unilateral y en medio del semestre, a cinco rectores, incluyendo al nuestro, el Dr. Agustín Rullán Toro, para reemplazarlo por un rector interino, el Dr. Miguel Muñoz Muñoz.

Esta acción, tomada de forma abrupta, provocó de inmediato un clima de caos e inestabilidad dentro de la institución. Y deja una pregunta inevitable: ¿no anticipó el impacto de esa decisión, lo que evidenciaría una falta de experiencia? ¿O lo anticipó y aun así decidió proceder? No está claro cuál de las dos es más preocupante.

Además, esta decisión tuvo consecuencias concretas para el estudiantado, incluyendo el retiro de becas educativas para nuevos integrantes del RUM por parte de la Fundación Ceiba, que calificó la movida como “sorprendente” y “preocupante”. Decisiones impulsivas como la que tomó la presidenta ponen en peligro la estabilidad de nuestra institución y la acreditación de la universidad.

As a trans woman within this movement, how does your identity intersect with what is happening, and why does this also shape the future of people like you?

Soy una de varias chicas trans que formamos parte activa de este movimiento estudiantil.

For those outside the UPR who believe this does not affect them, what are the real consequences of this crisis?

La Universidad de Puerto Rico se fundó para servir al pueblo.

It is impossible to overstate the role the University of Puerto Rico and its students have played in shaping the social, cultural, and economic life of this country. Its impact extends into science, medicine, and every profession that has sustained Puerto Rico over time. No other educational institution has contributed more.

After listening to her, one thing becomes undeniable. This is not just another protest, but a generation refusing to let go of what little remains within its reach. And when a generation reaches that point, the issue is no longer the strike, the issue becomes the country itself.

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La X vuelve al tribunal

Primer Circuito examina caso del reconocimiento de personas no binarias en Puerto Rico

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(Foto de Sergei Gnatuk via Bigstock)

Hace ocho meses escribí sobre este tema cuando todavía no había llegado al nivel judicial en el que se encuentra hoy. En ese momento, la discusión se movía entre decisiones administrativas, debates públicos y resistencias políticas. No era un asunto cerrado, pero tampoco había alcanzado el punto actual.

Hoy el escenario es distinto.

La organización Lambda Legal compareció ante el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito en Boston para solicitar que se confirme una decisión que obliga al gobierno de Puerto Rico a emitir certificados de nacimiento que reflejen la identidad de las personas no binarias. La apelación se produce luego de que un tribunal de distrito concluyera que negar esa posibilidad constituye una violación a la Constitución de Estados Unidos.

Este elemento marca la diferencia. Ya no se trata de una discusión conceptual. Existe una determinación judicial que identificó un trato desigual.

El planteamiento de la parte demandante se sostiene en el propio marco legal vigente en Puerto Rico. Los certificados de nacimiento de identidad no son registros históricos inmutables. Son documentos utilizados para fines actuales y esenciales. Permiten acceder a empleo, educación y servicios, y son requeridos en múltiples gestiones ante el Estado. Su función es operativa.

En ese contexto, la exclusión de las personas no binarias no responde a una limitación jurídica. Puerto Rico permite la corrección de marcadores de género en certificados de nacimiento para personas trans binarias desde el caso Arroyo González v. Rosselló Nevares. Además, el Código Civil reconoce la existencia de certificados que reflejan la identidad de la persona más allá del registro original.

La diferencia radica en la aplicación.

El reconocimiento se concede dentro de categorías específicas, mientras que se excluye a quienes no se identifican dentro de ese esquema. Esa exclusión es el eje de la controversia actual.

El argumento presentado por Lambda Legal es preciso. Obligar a una persona a utilizar documentos que no reflejan su identidad implica someterla a una representación incorrecta en procesos fundamentales de la vida cotidiana. Esto puede generar dificultades prácticas, exposición innecesaria y situaciones de vulnerabilidad.

Las personas demandantes, nacidas en Puerto Rico, han planteado que el acceso a documentos precisos no es una cuestión simbólica, sino una necesidad básica para poder desenvolverse sin contradicciones impuestas por el propio Estado.

El hecho de que este caso se encuentre en el sistema federal introduce una dimensión adicional. No se trata de un proyecto legislativo ni de una política pública en discusión. Es una controversia constitucional. El análisis gira en torno a derechos y a la aplicación equitativa de las leyes.

Este proceso tampoco ocurre en aislamiento.

Se desarrolla en un contexto donde los debates sobre identidad y derechos han estado marcados por una mayor presencia de posturas conservadoras en la esfera pública, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. En el ámbito local, esa influencia ha sido visible en discusiones legislativas recientes, donde argumentos de carácter religioso han comenzado a formar parte del debate sobre política pública. Esa intersección introduce tensiones en torno a la separación entre iglesia y Estado y tiene efectos concretos en el acceso a derechos.

Señalar este contexto no implica cuestionar la fe ni la práctica religiosa. Implica reconocer que, cuando determinados argumentos se trasladan al ejercicio del poder público, pueden incidir en decisiones que afectan a sectores específicos de la población.

Desde Puerto Rico, esta situación no se observa a distancia. Se experimenta en la práctica diaria. En la necesidad de presentar documentos que no corresponden con la identidad de quien los porta. En las implicaciones que esto tiene en espacios laborales, educativos y administrativos.

El avance de este caso abre una posibilidad de cambio en el marco legal aplicable. No porque resuelva de inmediato todas las tensiones en torno al tema, sino porque establece un punto de análisis jurídico sobre una práctica que hasta ahora ha operado bajo criterios restrictivos.

A diferencia de hace ocho meses, el escenario actual incluye una determinación judicial que ya identificó una violación de derechos. Lo que corresponde ahora es evaluar si esa determinación se sostiene en una instancia superior.

Ese proceso no define un resultado inmediato, pero sí establece un nuevo punto de referencia.

El debate ya no es teórico.

Ahora es judicial. 

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Cuba

Cuba bajo presión y sin respuestas

Cubanos no hablan en términos geopolíticos. Hablan de sobrevivir

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La Habana en 2017. (Foto de Michael Key por el Washington Blade)

Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a subir de tono. No es algo nuevo, pero este momento se siente distinto. Las medidas más recientes desde Washington buscan cerrar aún más los espacios financieros del gobierno cubano, limitar sus fuentes de ingreso y presionar sectores clave de la economía. No es simbólico. Es una política directa.

Desde Estados Unidos, el mensaje es claro. Se busca provocar cambios que no han ocurrido en más de seis décadas. También hay un componente interno, una presión política que responde a sectores del exilio que llevan años exigiendo una postura más dura. Todo eso forma parte del escenario.

Pero esa es solo una parte.

Del lado cubano, la respuesta sigue un patrón conocido. El gobierno habla de agresión externa, de guerra económica, de un embargo que se endurece. Cada medida se convierte en argumento para reforzar su narrativa y cerrar filas. No hay espacio para reconocer errores propios. Todo apunta hacia afuera.

Mientras tanto, la vida en la isla va por otro camino.

La crisis energética que hoy vive Cuba no empezó con estas medidas. Lleva años acumulándose. El sistema eléctrico está deteriorado, sin mantenimiento suficiente, con fallas constantes. Los apagones no son nuevos. Lo que ha cambiado es la frecuencia y la duración.

Durante años entró petróleo a Cuba, especialmente desde Venezuela. Hubo acuerdos. Hubo suministro. Y aun así, la vida del cubano no mejoró. La electricidad seguía fallando, el combustible seguía racionado, el transporte seguía siendo un problema diario.

Entonces la pregunta sigue siendo la misma.

Si el petróleo estaba entrando, ¿por qué nada cambiaba?

¿Dónde fue a parar ese recurso?

¿Dónde está el dinero que generó?

Hoy se habla de restricciones al petróleo como si fueran la causa principal de la crisis. No lo son. Empeoran una situación ya frágil, pero no la explican completamente.

Hay una historia más larga que no se puede ignorar.

Lo mismo ocurre con las brigadas médicas.

Durante años se presentaron como un gesto de solidaridad internacional. Y en muchos casos lo fueron. Médicos cubanos trabajaron en condiciones difíciles, salvaron vidas, sostuvieron sistemas de salud en otros países. Eso es real.

Pero también funcionaron como una de las principales fuentes de ingreso del Estado cubano.

Muchos de esos profesionales no recibían el salario completo por su trabajo. Una parte significativa quedaba en manos del gobierno. En algunos casos, ni siquiera tenían control sobre el dinero que generaban.

Y hay algo más duro.

Si uno de esos médicos decidía no regresar a Cuba, ese dinero no llegaba a su familia. Se quedaba retenido.

Hoy varios países están revisando o cancelando esos acuerdos. Y otra vez, la respuesta oficial es señalar hacia afuera. Pero la pregunta sigue siendo inevitable.

¿Se está perdiendo un modelo de cooperación o un sistema que dependía del control sobre sus propios profesionales?

Dentro de Cuba, la conversación suena diferente.

La gente no habla en términos geopolíticos. Habla de sobrevivir. De cómo llegar al final del día. De los apagones, de la comida que no alcanza, del transporte que no aparece, de una vida que cada vez se hace más difícil.

Hay quienes miran las medidas de Estados Unidos con cierta expectativa. No porque quieran más escasez, sino porque sienten que el sistema no cambia por sí solo. Hay una sensación de estancamiento que pesa.

Pero esa expectativa convive con una realidad concreta.

Las sanciones no golpean primero a quienes toman decisiones. Golpean al ciudadano común. Al que hace la fila. Al que pierde la comida por falta de electricidad. Al que no tiene cómo moverse.

Esa es la contradicción.

El gobierno cubano pide solidaridad internacional. Y la recibe. Países que envían ayuda, organizaciones que se movilizan, voces que defienden a la isla.

Pero hay otra pregunta que también está ahí.

¿Esa ayuda llega realmente al pueblo?

La falta de transparencia en la distribución de recursos es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que entra, sino de lo que realmente llega a quienes lo necesitan.

Reducir lo que pasa en Cuba a un conflicto entre dos gobiernos es no querer ver el cuadro completo.

Aquí hay responsabilidades compartidas, pero no iguales.

Estados Unidos ejerce presión con efectos reales sobre la economía cubana. Eso no se puede negar. Pero dentro de la isla hay un sistema que ha tenido décadas para corregir, para abrir, para responder a su gente, y no lo ha hecho.

Esa parte no se puede seguir esquivando.

Yo escribo esto como cubano. Desde lo que vi, desde lo que viví y desde la gente que sigue allá tratando de resolver el día.

Porque al final, más allá de lo que se diga entre gobiernos, la realidad es otra.

Cuba hoy está más apretada, sí. Pero también lleva años arrastrando problemas que nadie ha querido enfrentar de verdad.

Y mientras eso siga así, da igual lo que venga de afuera. El problema sigue estando adentro.

Nota del editor: Una versión de este comentario en inglés salió en el sitio web del Washington Blade el 7 de abril.

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