June 16, 2019 at 7:40 pm EDT | by Claudia Padrón Cueto
‘Dinero rosa’ en la Isla roja

Foto: Marcus Freeman

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Esta nota salió originalmente en su sitio web el 13 de junio.

LA HABANA — Adentro, justo a la medianoche, varios chicos sentados alrededor de una mesa arquean las cejas y sonríen de medio lado a la cámara. “Este selfi no sirvió. Vamos a hacer otro”, dice uno y los demás retoman la misma pose. Afuera, justo a la medianoche, unos niños corren en un parque de Centro Habana, mientras sus padres toman algunas cervezas. Los niños juegan a saltar sobre las latas vacías hasta aplastarlas.

Adentro, en una pantalla, Madonna lame el pie de Maluma. Otro grupo llega y ocupa una mesa VIP: Los chicos compran whisky de etiqueta negra y celebran el regreso a La Habana de un amigo. Uno de ellos mira a la reina del pop y dice a los demás: “Es una perra”. En el fondo hay un cuadro de varios hombres fornidos que tienen sexo.

Dos mujeres que rondan los 40 años salen a fumar. Una tiene el pelo corto y usa una camisa azul y zapatos cerrados, la otra es una mulata de vestido blanco, tacones y prendas doradas. Ambas se besan, terminan sus cigarros y regresan adentro.  

Sobre la puerta parpadea un letrero que anuncia que se ha llegado a XY (o MYXTO, su nombre anterior), el primer bar gay de Cuba que sugiere el buscador de Google. Abierto desde 2015, en Jovellar y Marina, frente al malecón de La Habana, el bar se presenta como un espacio para las personas LGBTI+ en el centro de un barrio popular de la ciudad.

Desde hace algunos años, La Habana –aún siendo la capital de un país machista con un largo historial homofóbico– ha dado los primeros pasos para transformarse en una ciudad amistosa con la comunidad LGBTI+: por una década –hasta 2018– el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) convocó una “Conga contra la homofobia y la transfobia” para visibilizar a las personas no heterosexuales y no cisgénero.

Ahora mismo, sin descontar la cancelación de la Conga oficial contra la homofobia, la represión de la primera marcha LGBTI+ alternativa convocada por la sociedad civil, las vueltas de tuerca del Parlamento para incluir el matrimonio igualitario en la Constitución y las presuntas concesiones a grupos cristianos opuestos a los derechos LGBTI+, comienza a redactarse (a puerta cerrada aún) un nuevo Código de Familia que permitiría el matrimonio igualitario después de ser aprobado en referéndum popular, a más tardar en abril de 2021.

En ese contexto de tibios avances legales aparecen cada vez más emprendimientos privados destinados especialmente a las personas con diversas orientaciones e identidades sexuales.

Aun cuando se han denunciado casos de discriminación en bares habaneros supuestamente inclusivos, la apuesta hacia el mercado gay-friendly también ha alcanzado otros negocios privados como hostales, playas, productoras audiovisuales, fiestas y experiencias de Airbnb.

Sin embargo, algunos emprendimientos inclusivos como la tienda de diseño Clandestina (privada) y el taller de tatuajes La Marca (mixto), en La Habana, se han convertido en promotores de los derechos LGBTI+ más allá de las ganancias económicas que este sector de la población pueda generar. Sin fines de lucro, en los últimos años Clandestina ha convocado las Tortiolimpiadas y La Marca ha organizado conversatorios, debates y proyecciones de filmes relacionados con los derechos de las personas de género diverso, especialmente en el contexto de la reforma constitucional en Cuba.

El ‘mercado rosa’ se expande en la Isla

En los últimos años, la apertura del sector privado –hasta donde ha permitido el gobierno cubano– ha redirigido la mirada de los emprendedores hacia las utilidades que genera el «turismo rosa» y la comunidad LGBTI+ local.

En Cuba, el mismo país donde los homosexuales fueron relegados e incluso recluidos en campos de trabajo forzado en la década del 70 del pasado siglo, hoy existen negocios enfocados en la comunidad gay, como el bar XY en el corazón de La Habana. Sin embargo, no necesariamente todos los emprendimientos que se declaran como espacios libres de prejuicios exhiben la bandera del arcoíris.

Además del bar XY y del cabaret Las Vegas (un establecimiento administrado por el Estado), otros negocios se presentan como aliados de la comunidad LGBTI+ y dedican un día de la semana a ofrecer una programación distinta, que casi siempre incluye un show de transformistas.

La clave, según explica Ivette Rivero, titular de XY, es tener un personal capacitado, sensibilizado y listo para recibir a personas diversas.

“Nuestra premisa es ofrecer un espacio donde ninguna persona se sienta discriminada y a la vez todas puedan socializar”, dice Ivette –una joven delgada de 32 años– mientras camina de un lado a otro de su bar.  

Esta noche hay más de 100 personas dentro del local, ubicadas en los dos pisos. “No siempre es así. Como cualquier negocio tiene sus altas y bajas. Al pensar este espacio como un bar gay, perdemos una parte del público que no viene por prejuicios”, reconoce Ivette.

Sin embargo, a partir de su propia experiencia, la dueña de XY también asegura que un negocio enfocado en la comunidad LGBTI+ sigue siendo una buena apuesta para los pequeños empresarios nacionales.

Mundialmente, alrededor de los clientes homosexuales gravita el estereotipo que asegura que ellos gastan más en ocio porque no acostumbran a tener hijos (según el modelo Doble Income, No Kids). El consultor cubano para el sector privado Ruiry Rodríguez no descarta que esta variable también se aplique en el contexto nacional. A este panorama el especialista añade el grado de fidelidad del público.

“Desde la gestión de negocios, estar enfocados en los productos y servicios de un mercado específico, en este caso el LGBTI+, permite ofrecer una propuesta mucho más cercana al cliente”, considera. “Por lo tanto, convierten el negocio en un referente para ellos y su círculo de relaciones”. El público LGBTI+ podría, a juicio del economista, ser un mercado “interesante” en la Isla, debido a la insuficiencia actual de espacios para la recreación y el ocio.

En Cuba no existen estadísticas sobre el número de personas LGBTI+. Sin embargo, si aplicamos a la Isla los cálculos de Naciones Unidas (que aproximan la población mundial LGBTI+ al 10 por ciento del total de habitantes del planeta), la comunidad LGBTI+ del país rondaría el millón de personas. Acaso un millón de cubanos ávidos de espacios de socialización y otros servicios, donde no resulten discriminados.  

El otro pilar económico del “dinero rosa”, además del mercado nacional, son los viajeros. Según la Organización Mundial del Turismo, el colectivo LGBTI+ mueve más del 10 por ciento del volumen de visitantes a nivel mundial. Este grupo desembolsa durante los viajes más de 300 mil millones de dólares al año, una cifra que supera incluso al gasto de los viajeros chinos, el primer país emisor de turistas del mundo.

Casarse en Cuba

El 21 de marzo de 2019, la realizadora Patricia Santa Coloma filmó por segunda vez una boda simbólica entre dos hombres, aun cuando las uniones entre personas del mismo sexo no son legales en Cuba. La primera boda simbólica filmada por Producciones Almendares, la empresa que dirige Patricia, ocurrió dos años atrás, cuando dos ciudadanos estadounidenses de origen cubano viajaron hasta La Habana para “casarse”.

Jorge y Lázaro, dos ciudadanos estadounidenses de origen cubano, celebraron su boda simbólica en Cuba en 2017. (Foto: Aire de Fiesta)

Patricia aspira a sembrar un precedente en el mercado. Sabe que en el caso de legalizarse el matrimonio igualitario en Cuba, las bodas entre personas no heterosexuales serán un nicho rentable para los emprendedores.

“Nos interesa participar en estas ceremonias primeramente porque porque obligan a salir un poco de las historias de amor heterosexuales, y porque lo valoramos [al LGBTI+] como un mercado en crecimiento que puede generar muchas utilidades”.

Además de los servicios relacionados con las ceremonias, la oportunidad de que las parejas del mismo sexo puedan casarse beneficiaría económicamente al sector estatal (administrador de todos los hoteles nacionales).

Aunque en Cuba sí existen hostales promocionados en Airbnb que se denominan gay-friendly, la hotelería nacional no contaba con un establecimiento destinado a estos grupos hasta que el Cenesex confirmó la inauguración en Cayo Guillermo del Rainbow Muthu Hotel, el primer resort cubano especialmente abierto a la comunidad LGBTI+.

Si bien los destinos gay-friendly transmiten una poderosa imagen de tolerancia y respeto, también son criticados como la meca de una clase económica donde prevalecen los hombres gais, blancos, con mayores posibilidades adquisitivas. Las lesbianas, los homosexuales negros, pobres o habitantes del tercer mundo están lejos de formar parte del mercado turístico mundial.

No obstante, si la apertura de espacios o negocios enfocados en la comunidad no heterosexual y no cisgénero viene acompañada de mayores derechos, posibilidades de realización y goce, Cuba debería abrir todas sus puertas al turismo y los servicios LGBTI+.

Aun así, la llegada del “dinero rosa” a la Isla y la apertura de hoteles, hostales, bares y playas gay-friendly no serán suficientes para garantizar el bienestar de todas las personas hasta que las leyes aseguren los derechos humanos de las personas LGBTI+: que puedan salir libremente a la calle a manifestarse, y que puedan elegir si se casan o no, si adoptan o no, aunque carezcan del anhelado “dinero rosa”.

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