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Diputado de ARENA en El Salvador exige respeto a la población LGBTI
Josué Godoy es miembro del partido de derecha

SAN SALVADOR, El Salvador — Josué Godoy, diputado del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), por el departamento de Santa Ana, generó mucho comentarios en redes sociales luego de sus declaraciones tomadas de una entrevista dada a un periódico digital del país, donde rompía el silencio sobre el incumplimiento de derechos humanos que se da en el país hacia la población LGBTI.
“Creo que El Salvador ha vivido en una cultura adulto centrista y conservadora en donde a nuestros papás les enseñaron a ser calladitos, a ser bien portadito, lo que significaba aguantar injusticias y el tener a una sociedad tan tímida ha permito que se den estos abusos, en donde se utilizan temas como discriminar a las mujeres, a las personas LGBTI o a las personas con discapacidad como cortinas de humo para tapar la corrupción y que los partidos políticos están perdiendo la credibilidad”, comentó Godoy al Washington Blade.
La derecha en El Salvador siempre se ha mostrado muy conservadora en temas de inclusión, tales como la población LGBTI, han sido pocos los que se han salido de ese discurso, entre ellos Johnny Wright y ahora Godoy, “muchas veces pasa que cuando llegas a los cargos de poder, te da miedo o te olvidas de las poblaciones excluidas, entonces siendo coherente con mi discurso de renovación y de una nueva generación de diputados, no voy a tener miedo”, menciona.
“Aquí ha habido diputados que han sido LGBTI y por miedo al rechazo lo han tenido en silencio; hay concejales, alcaldes, líderes en los partidos políticos que lo son”, agrega el diputado, “entonces yo creo que tenes que tener el valor de defender lo que crees y el valor de defender a los demás y sobre todo si estás en un cargo, ser la voz de las personas que no pueden ser escuchadas”.
“Las declaraciones del diputado Godoy, han puesto de manifiesto la necesidad de que los partidos políticos como institutos, como mecanismos y vehículos de la democracia, den un salto cualitativo en materia de inclusión de la población LGBTI y visibilidad de la población LGBTI”, declaró al Blade, Cruz Torres, coordinador del Ministerio de Diversidad Sexual de la Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador.
Por su parte Amalia Leiva, coordinadora de programas de COMCAVIS TRANS, le comentó al Blade, “en ARENA se respira doble moral, ya que expulsan a las personas de pensamiento progresista. La iniciativa del diputado es buena, pero no tendrá el apoyo de su partido.”
Godoy es un joven diputado propietario de la derecha, que ya contaba con experiencia como diputado suplente y sus ideas de renovación e inclusión, están marcando precedentes, “mi postura en primer lugar es exigir el respeto a la población LGBTI, exigir que no se discrimine y exigir que se respete como cada quien va a vivir su vida”, menciona al Blade. “Lo que si hay que aclarar que el diputado no está hablando en nombre de ARENA, solo pone de manifiesto que el partido debe evolucionar, pero el voto de confianza que se le puede dar al diputado, no es un voto de confianza al partido”.
Al hablar sobre la posibilidad de apoyar el matrimonio igualitario en el país, “yo creo que el matrimonio es una figura muy resguardada por la parte religiosa y tradicionalmente es entre un hombre y una mujer, yo respeto eso y también estoy de acuerdo, pero creo que también existen uniones entre personas del mismo sexo y tiene que buscarse un título como una unión civil o una sociedad de convivencia, para garantizar derechos patrimoniales”, agrega Godoy.
Aclaró que en temas de política está de acuerdo que puede haber en temas ideológicos izquierdas y derechas en partido político, pero en temas de derechos humanos, las personas pueden ser pro derechos humanos o sino anti derechos, “a los conservadores no les llamó así, sino anti derechos, porque las personas conservadoras tienen conciencia de derechos humanos; pero hay personas que se hacen llamar conservadoras pero solo están llenas de odio e intolerancia y en realidad lo que son es anti derechos”, menciona el diputado de ARENA.
“El diputado abre el debate en su partido, no creo que lo gane. En ARENA como en todos los partidos políticos siempre la regla ha sido que si sos gay o lesbiana, selo en tu vida privada y no a la vista pública. Y con las declaraciones que da el diputado Godoy rompe ese paradigma”, comenta al Blade Bessy Rios, directora de la Fundación de Familiares y Amigos por la Diversidad Sexual de la Mano Contigo.
Pese a recibir fuertes críticas y ataques a través de redes sociales al ser públicas sus declaraciones progresistas en apoyo a la población LGBTI, los mensajes de apoyo y aliento vía mensajes privados son el triple de los negativos, “eso aún te dice que la gente tiene miedo y no es fácil porque desde que te amenacen, te ataquen o dañen a tu familia, por eso es comprensibles que las personas tengan miedo. Por ello tenes que tener seguras tus convicciones para poder lidiar con los pro y los contra”, comenta.
Respecto al mensaje principal que intentó transmitir en sus pasadas declaraciones aclara que su punto principal era que no exista discriminación, no exista violencia y tampoco crímenes por odio hacia la población LGBTI, “estoy trabajando una iniciativa de ley anti discriminación contra las mujeres, personas con discapacidad, personas LGBTI y también anti acoso estudiantil”, comenta de manera de primicia al Blade Godoy.
A pesar que su partido se ha reconocido por su conservadurismo el diputado está dispuesto a seguir luchando por sus convicciones y compromisos con la población salvadoreña, “espero que la nueva dirigencia del partido sepa administrar que hay personas conservadoras, personas progresistas, personas líderes con mucha experiencia pero que también hay liderazgos nuevos y que todos le suman al partido; solo tienen que aprender a respetar a las personas que piensan diferente”.
“El respeto es básico para sumar en un partido político”, finaliza el diputado.
Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
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