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El Título 42 finaliza el jueves
Activistas critican duramente las nuevas normas de asilo de EEUU
Una norma que cerró la frontera sur a la mayoría de las personas solicitantes de asilo y migrantes debido a la pandemia de COVID-19 expirará el jueves a las 11:59 p.m. ET.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades aplicaron en marzo de 2020 el Título 42.
La administración Biden-Harris anunció en abril de 2022 que pondría fin a la anterior política de la Casa Blanca, pero los fiscales generales republicanos de Texas y más de una docena de otros estados presentaron una demanda federal.
El Tribunal Supremo de EE.UU. dictaminó el pasado diciembre que el Título 42 debe seguir en vigor. Pocas semanas después, la administración Biden-Harris anunció que la emergencia de salud pública COVID-19 -y el Título 42- finalizarían el jueves.
“El Título 42 exacerbó situaciones ya peligrosas y a menudo mortales para las personas LGBTQI que buscan asilo”, declaró el martes al Washington Blade el director ejecutivo de San Diego Pride, Fernando Z. López. “Su tenencia causó una tensión adicional en los servicios directos, la asistencia jurídica y los recursos de organización comunitaria que se sintieron en ambos lados de nuestra región transfronteriza”.
Abdiel Echevarría-Caban, un abogado de inmigración con sede en el sur de Texas que el Colegio de Abogados LGBTQ+ en 2021 reconoció como uno de sus 40 mejores abogados LGBTQ menores de 40 años, dijo el martes que el Título 42 “necesitaba terminar hace mucho tiempo, dado que el país estaba abierto para aceptar viajeros a través de todos nuestros aeropuertos.”
“No tenía sentido seguir aplicando la política cuando ya contamos con protocolos de seguridad de salud pública”, dijo. “El uso de un mecanismo de salud pública para disuadir a los solicitantes de asilo en la frontera suroeste en buscar protección fue bárbaro, erróneo y un mal uso de la política pública”.
Echevarría-Caban detalló además el impacto que el Título 42 tuvo sobre las personas LGBTQ e intersexuales y otros solicitantes de asilo de grupos vulnerables a los que él y otros abogados representaban.
“Aquí, en la frontera suroeste, tuvimos que solicitar exenciones para personas, especialmente mujeres, niños y personas LGBTQIA, que fueron devueltas a México, y quedaron expuestas a más peligros en las calles de México, expuestas a la violencia de los cárteles, extorsiones, secuestros y violaciones”, dijo. “Aquí, en Estados Unidos, tenemos obligaciones en virtud de la Convención contra la Tortura. Estados Unidos fue parte activa en el desarrollo de nuestro actual sistema internacional de derechos humanos y refugiados.”
Associated Press señala que Estados Unidos empezará el jueves a denegar el asilo a personas inmigrantes que no pidan protección en un país por el que hayan viajado o lo soliciten por internet antes de llegar a la frontera sur.
El Departamento de Seguridad Nacional creó el pasado otoño un programa de libertad condicional humanitaria para venezolanos que amplió a cubanos, haitianos y nicaragüenses en enero.
Un alto funcionario de la administración dijo el martes que la administración Biden-Harris planea “ampliar los programas de reunificación familiar en libertad condicional” a los países centroamericanos que incluyen a Guatemala, El Salvador y Honduras y a Colombia.
El Secretario de Estado Antony Blinken y el Secretario de Seguridad Nacional Alejandro Mayorkas, nacido en Cuba, anunciaron el 27 de abril que Estados Unidos abrirá más de 100 “centros regionales de procesamiento” en todo el continente americano. Un alto funcionario de la administración dijo el martes que “facilitarán una amplia gama de vías legales a Estados Unidos y eventualmente a Canadá y España también.”
“Una vez más, nuestro objetivo es añadir estos centros al conjunto de vías legales que ya existen y que la administración ha puesto en marcha en los últimos dos años”, dijo el funcionario.
Otro alto funcionario de la administración dijo que EE.UU. tiene “un sólido conjunto de consecuencias para los no ciudadanos que, a pesar de tener estas opciones a su disposición, continúan cruzando ilegalmente por la frontera.”
Según informaron, Estados Unidos comenzará el jueves a devolverlos a México en virtud del Título 8 tras llegar a un acuerdo con el gobierno del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. (La fiscalía mexicana ha anunciado que presentará cargos contra el director del Instituto Nacional de Migración del país después de que un incendio en un centro de detención de inmigrantes en Ciudad Juárez, ciudad fronteriza que se encuentra al otro lado del Río Grande desde El Paso, Texas, matara a 40 migrantes el 27 de marzo. Associated Press informó de que una cámara de seguridad del interior del centro grabó a dos guardias que no intentaron ayudar a los migrantes que se encontraban dentro de la celda en la que se inició el incendio. Los guardias, según Associated Press, acabaron alejándose).
“También incluye la regla de elusión de vías legales que publicaremos para inspección pública mañana (jueves) por la mañana, y esa regla impondrá condiciones significativas sobre la elegibilidad de asilo para las personas que no aprovechen estas sólidas vías legales que hemos establecido, que no programen su presentación segura y ordenada en la frontera utilizando nuestra aplicación móvil CBP One, y a quienes no soliciten asilo en uno de los países que atraviesan”, dijo el funcionario.
El funcionario señaló además que Estados Unidos comenzará a “ampliar significativamente … nuestro uso de la expulsión acelerada en la frontera.”
“Esta es nuestra consecuencia tradicional del Título 8 para las personas que se encuentran entre los puertos de entrada”, dijo el funcionario.
El presidente de la Coalición TransLatin@, Bamby Salcedo, dijo el miércoles al Blade que es “desafortunado que en lugar de avanzar, sigamos retrocediendo.”
“La eliminación del Título 42 nos impactará a todos, pero específicamente a las personas solicitantes de asilo que son LGBTQ”, dijo Salcedo. “Es incomprensible que esta administración dé este paso. Se trata de avanzar y mejorar la vida de las personas, no de quitarnos los logros que nos hemos ganado con trabajo duro, sangre y lágrimas.”
La directora jurídica de Immigration Equality, Bridget Crawford, también criticó duramente en un comunicado a la administración Biden-Harris por sus nuevas normas para los solicitantes de asilo y los inmigrantes una vez que finalice el Título 42.
“Estamos asombrados por el desprecio insensible de la administración de los peligros que la prohibición de asilo del presidente Biden impone a los refugiados LGBTQ. En la norma final -programada para entrar en vigor una vez que se levante la política del Título 42- la administración no aborda ni soluciona de manera significativa los problemas de la prohibición que identificamos en el proceso de notificación y comentarios. En su lugar, utilizando la lógica circular, la administración desestima nuestras preocupaciones y redobla la aplicación ilegal de la prohibición”, dijo Crawford.
“Esta prohibición es una parodia que hará que las personas refugiadas LGBTQ (y otras) con solicitudes de asilo sólidas y meritorias sean devueltos a países donde serán perseguidos o asesinados”, añadió Crawford. “Al aplicar esta prohibición, en lugar de soluciones humanas que gestionen la frontera de forma eficaz y compasiva, el presidente Biden ha incumplido su promesa de proteger a los solicitantes de asilo LGBTQ”.
La Organización para el Refugio, el Asilo y la Migración trabaja con Jardín de las Mariposas, un albergue para personas migrantes LGBTQ e intersexuales en la ciudad fronteriza mexicana de Tijuana.
El director ejecutivo de ORAM, Steve Roth, dijo el miércoles que aunque su organización “está contenta de ver el fin del Título 42, una política ilegal de la era Trump, estamos profundamente preocupados por las nuevas barreras al asilo presentadas por la administración Biden. ”
“Las restricciones de asilo del presidente Biden tendrán consecuencias especialmente dañinas y peligrosas para las personas refugiadas y solicitantes de asilo LGBTIQ vulnerables, dejándolos en lugares donde su seguridad estará en riesgo”, dijo Roth. “Las nuevas políticas fronterizas de la administración continuarán negando a muchos refugiados LGBTIQ su derecho legal a buscar asilo en la frontera entre Estados Unidos y México”.
Echevarría-Caban dijo que las nuevas políticas “plantearán más obstáculos y, contrario a lo que se espera, aumentarán los retrasos en los tribunales de inmigración”.
“Nuestro gobierno debe entender que no podemos usar la ley nacional para armar los procedimientos de inmigración para evitar el cumplimiento de nuestras obligaciones internacionales o el debido proceso”, dijo al Blade. “El debido proceso es el núcleo de nuestro sistema legal, sin él, ¿quiénes somos como nación?”
La vicepresidenta Kamala Harris se encuentra entre los funcionarios de la administración que han reconocido públicamente que la violencia basada en la identidad de género y la orientación sexual es uno de los factores que impulsan a las personas LGBTQ e intersexuales a abandonar Guatemala y otros países centroamericanos.
Fuentes en Tijuana, Ciudad Juárez y otras ciudades fronterizas mexicanas han declarado esta semana al Blade que decenas de miles de migrantes han llegado a sus respectivas ciudades antes de que finalice el Título 42. No está claro cuántos de ellos se identifican como LGBTQ o intersexuales, pero la violencia en estas ciudades sigue siendo habitual. (El Departamento de Estado aconseja actualmente a los ciudadanos estadounidenses que no viajen al estado mexicano de Tamaulipas, en el que se encuentran las ciudades fronterizas de Matamoros y Reynosa, debido a “la delincuencia y los secuestros”. El Departamento de Estado también aconseja a los ciudadanos estadounidenses que reconsideren viajar a los estados mexicanos de Baja California, Sonora y Chihuahua -que limitan con California, Arizona, Nuevo México y Texas, respectivamente- debido a la “delincuencia y los secuestros”).
Paloma de los Ángeles Villegas Pacheco, directora de Trans Igualdad, una organización de derechos de los transexuales en Ciudad Juárez, dijo el martes al Blade que “hay desinformación” entre las personas migrantes LGBTQ e intersexuales que se encuentran en la ciudad.
“Piensan que van a poder acceder al proceso de asilo legal”, dijo Villegas. “Será más difícil para esas personas entrar (a EE.UU.) una vez que el Título 42 termine. El impacto será peor para ellas”.
Altagracia Tamayo es presidenta del Centro Comunitario de Bienestar Social (COBINA), un grupo que trabaja con personas LGBTQ e intersexuales y otros grupos vulnerables en Mexicali, una ciudad fronteriza mexicana que limita con Calexico, California, en el Valle Imperial de California.
Tamayo afirmó que aproximadamente una cuarta parte de los 600 migrantes que viven actualmente en los dos refugios que gestiona COBINA son LGBTQ. Tamayo, al igual que Villegas, dijo al Blade que hay “incertidumbre” en torno al fin del Título 42.
“El problema es que piensan que van a abrir las fronteras… piensan que los van a recibir”, dijo Tamayo. “El Título 8 va a imponer muchísimas restricciones”.
Un incendio destruyó un refugio COBINA en julio de 2021. Tamayo dijo al Blade que su organización lucha para mantener a los migrantes que viven en los dos refugios restantes del COBINA.
“El calor se acerca”, dijo. “No tenemos suficiente comida para darles tres comidas al día. Es uno de los problemas de tanta espera, durante tantos meses. Definitivamente es muy complicado”.
“Se acerca el calor”, dijo. (Las temperaturas de verano en Mexicali frecuentemente superan los 43°C) “No tenemos suficiente comida para darles tres comidas al día. Es uno de los problemas de tanta espera, de tantos meses. Definitivamente es muy complicado”.
Mayorkas: ‘lúcido’ ante los retos posteriores al Título 42
El miércoles, durante una conferencia de prensa en Washington, Mayorkas dijo que su agencia tiene “los ojos bien abiertos ante los retos a los que probablemente nos enfrentaremos en los próximos días y semanas, que tienen el potencial de ser muy difíciles.”
“Incluso después de casi dos años de preparación, esperamos ver un gran número de encuentros en nuestra frontera sur en los días y semanas posteriores al 11 de mayo”, dijo.
Mayorkas, no obstante, subrayó que el fin del Título 42 “no significa que nuestra frontera esté abierta”. También reiteró la política de inmigración de la administración Biden-Harris.
“Volveremos a procesar a las personas en nuestra frontera sur utilizando nuestras autoridades de inmigración en virtud del Título 8 del código de Estados Unidos”, dijo Mayorkas. “Nuestro enfoque general es construir vías legales para que la gente venga a Estados Unidos e imponer consecuencias más duras a quienes decidan no utilizar esas vías”.
“Estamos adoptando este enfoque dentro de las limitaciones de un sistema de inmigración roto que el Congreso no ha arreglado durante más de dos décadas y sin los recursos que necesitamos, personal, instalaciones, transporte y otros que hemos solicitado al Congreso y que no se nos han dado”, añadió.
Ecuador
Caso Karlina: Una sentencia histórica contra las terapias de «conversión»
Karlina Quiroz, una mujer trans de Chone, fue internada contra su voluntad
La última vez que Karlina Quiroz, una mujer trans de 57 años, salió sola a la calle en Chone, terminó encerrada contra su voluntad en un centro de rehabilitación donde intentaron “corregir” su identidad de género mediante humillaciones, amenazas y agresiones.
Han pasado cinco años desde ese episodio, ocurrido en 2021; y el 11 de septiembre de 2026 Karlina por fin obtuvo justicia.
La Fiscalía informó, el 14 de septiembre, que el Tribunal de Garantías Penales de Chone sentenció a seis personas por actos de odio contra Karlina, al ser víctima de violencia basada en su identidad de género.
Entre los seis sentenciados están sus dos hermanos, que —según la denuncia de Karlina— ordenaron su encierro a este centro.
El caso de Karlina refleja el odio y la violencia hacia personas trans en Ecuador y vuelve a poner bajo la lupa la existencia de centros conocidos como clínicas de “deshomosexualización” o espacios de “terapias de conversión”.
De acuerdo con la denuncia presentada por Karlina, en julio de 2021 fue interceptada por varios hombres y trasladada contra su voluntad a un centro para el tratamiento de adicciones ubicado en Chone, Manabí, en la vía a Pedernales. Allí permaneció retenida y sometida a tratos degradantes, violencia psicológica y agresiones físicas.
Según su testimonio, durante el encierro recibió insultos relacionados con su identidad de género y amenazas orientadas a “modificarla”.
Karlina denunció, además, que esta no habría sido la primera vez. Según su relato, en 2019 permaneció aproximadamente tres meses internada de manera forzada en otro centro de rehabilitación, también ubicado en la vía a Pedernales, en Chone. Durante ese período habría sido sometida a dinámicas similares de aislamiento, control y presiones dirigidas a modificar su identidad y expresión de género.
Según información de la Fiscalía, en septiembre de 2021, como parte de las diligencias investigativas, se allanó el centro clandestino en Chone. Allí se recabaron indicios relacionados con el internamiento forzoso de Karlina durante tres meses.
Con esos y otros elementos de convicción obtenidos durante la investigación, la Fiscalía inició un proceso penal contra las seis personas, quienes fueron luego llamadas a juicio.
El proceso, explicó Karlina, incluyó los dos casos: el de 2019 y 2021. “El crimen se investigó desde que comenzó la primera gota de sangre”, señaló Karlina, en alusión a la violencia física que sufrió en su primer encierro.
De los seis sentenciados, tres fueron condenados como autores directos a cuatro años de pena privativa de libertad. Se trata de los dos hermanos de Karlina y un sobrino, por ordenar su encierro al centro de adicciones.
Los otros tres recibieron una pena de dos años, como cómplices.
De acuerdo con Karlina, uno de ellos es el director del primer centro al que fue ingresada contra su voluntad en 2019 por tres meses, y los otros dos son quienes la interceptaron la segunda ocasión, en julio de 2021, para llevarla al centro. Ella los señala como “capturadores” de las personas que son recluidas en los centros.
“Cuando recibí la noticia (el viernes 11 de septiembre durante la audiencia de juzgamiento) no podía creerlo. Las piernas me temblaron y las lágrimas se me salieron. Estoy tranquila y satisfecha”, señaló Karlina en una llamada telefónica.
Para Pedro Gutiérrez, abogado especialista en derechos humanos, la sentencia es importante no solo por reconocer un delito de odio, sino también por las características de los hechos: el ingreso (por orden de sus hermanos) a un centro de “deshomosexualización” en el que se cometen actos de tortura y violencia física.
Durante la audiencia, constó el testimonio de Karlina. La Fiscalía también presentó el informe de reconocimiento del lugar de los hechos, la inspección ocular técnica, el levantamiento de evidencias y los testimonios de personas que confirmaron que los actos de violencia por perjuicio hacia su identidad de género fueron ejecutados de manera reiterada por los ahora sentenciados.
El caso volvió a poner la atención sobre las llamadas terapias de conversión en Ecuador, prácticas ampliamente cuestionadas por organismos internacionales de derechos humanos y señaladas como formas de tortura o violencia psicológica. Aunque el Estado ecuatoriano ha realizado operativos y clausuras de algunos centros en los últimos años, organizaciones sociales sostienen que estos espacios continúan funcionando de manera clandestina o bajo otras denominaciones.
La legislación ecuatoriana penaliza los actos de tortura con la intención de modificar la orientación sexual o identidad de género, pero no existe una sanción contra los centros que ofrecen las denominadas terapias de conversión.
En 2020, la Asamblea aprobó el Código Orgánico de Salud y una de sus disposiciones fue prohibir expresamente este tipo de terapias, pero fue vetado totalmente por el expresidente Lenín Moreno en medio de una campaña de sectores antiderechos.
La sentencia también dispuso, como reparación integral a favor de Karlina, tratamiento psicológico e indemnizaciones por daños materiales e inmateriales.
Gutiérrez considera que la reparación para Karlina es limitada, pues -por ejemplo- no hay llamados de atención al Ministerio de Salud o disculpas públicas a la víctima.
“Mi nombre es Ariel Karlina Zambrano, soy una mujer trans de Chone, Manabí. Desde niña supe que quería ser mujer, quería ser bonita, libre. Pero mi familia nunca lo aceptó. Mis hermanos y mi padre, profundamente machistas, me maltrataban constantemente”, contó Karlina en un testimonio en 2025 que recogió el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH).
Para activistas y defensores de derechos humanos, el caso de Karlina evidencia además un patrón de violencia que suele permanecer oculto dentro de círculos familiares, religiosos y comunitarios. En muchos casos, explican, los internamientos forzados son promovidos bajo la idea de “corregir” orientaciones sexuales o identidades de género consideradas inaceptables.
Karlina intentó vivir en Chone, creyendo que con la denuncia y las medidas cautelares estaba a salvo, pero su hermano le pagaba a personas para que la acosaran, según su relato. Por ello, tuvo que esconderse por meses.
Las personas trans en Ecuador enfrentan altos niveles de discriminación, violencia y exclusión social, especialmente fuera de las grandes ciudades. Según la Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Vida de la Población LGBTI+ del INEC, el 53,5 por ciento de las personas LGBTQ mayores de 18 años en el país ha sufrido algún tipo de discriminación o violencia a lo largo de su vida, siendo el entorno familiar uno de los principales espacios de agresión.
En materia de violencia letal, organizaciones como Asociación Silueta X y el Observatorio Runa Sipiy documentaron 30 asesinatos de personas LGBTQ y transfemicidios en Ecuador durante 2025. De esos casos, alrededor del 70 por ciento corresponden a mujeres trans, lo que las posiciona como el grupo más expuesto a crímenes de odio y violencia extrema.
Diversas organizaciones de derechos humanos han advertido además sobre la persistencia de centros de “deshomosexualización” o internamientos forzosos, prácticas denunciadas desde hace más de una década en Ecuador pese a prohibiciones estatales y operativos de control insuficientes.
El caso de Karlina pone a prueba algo más grande que una sentencia individual: si Ecuador está dispuesto o no a reconocer que estas prácticas siguen existiendo y que la violencia contra personas LGBTQ continúa ocurriendo, muchas veces con la complicidad o el silencio de sus propios entornos familiares.
“Con mi caso, debe quedar un precedente. Debemos luchar contra el odio que podemos encontrarlo dentro de nuestras propias familias. Por nuestra libertad y derechos, debemos luchar”, indicó Karlina.
El Salvador
Mujer trans salvadoreña es encontrada sin vida
La muerte de Yoisi Villalta vuelve a poner sobre la mesa la violencia
SANTA ANA, El Salvador — La muerte de Yoisi Villalta, mujer trans y vendedora de tortas en Texistepeque, Santa Ana Norte, ha vuelto a colocar en el centro del debate una realidad que durante años ha acompañado a la población LGBTQ en El Salvador: la violencia no termina con una agresión o con una muerte. También puede manifestarse en la manera en que una persona es buscada, nombrada, registrada, despedida y recordada.
Villalta fue reportada como desaparecida por su familia a finales de agosto de 2026. Días después, medios de comunicación y plataformas digitales informaron sobre el hallazgo de su cuerpo sin vida. Un reporte publicado el 5 de septiembre señala que el cuerpo fue localizado en Tacuba, Ahuachapán, ocho días después de su desaparición, mientras que la Policía Nacional Civil no había confirmado hasta entonces la causa de muerte ni clasificado oficialmente el caso como homicidio intencionado.
La precisión es importante; hasta el momento no debe afirmarse como un hecho que Yoisi haya sido víctima de un crimen de odio o de un homicidio motivado por su identidad de género, mientras no exista una investigación oficial que determine las circunstancias y causa de su muerte. Lo que sí existe es una profunda preocupación expresada por organizaciones de la sociedad civil y por personas de la comunidad LGBTQ, especialmente ante el contexto de violencia y discriminación que históricamente han enfrentado las mujeres trans en El Salvador.
Una mujer detrás de una noticia
Antes de convertirse en noticia, Villalta tenía una vida. Era una mujer trans que trabajaba como vendedora de tortas en Texistepeque. Desde su negocio desarrollaba una actividad cotidiana para ganarse la vida, pero también había convertido aquel espacio en una expresión de solidaridad con su comunidad.
De acuerdo con la información difundida por organizaciones LGBTQ, Villalta compartía alimentos con las brigadas de salud sexual que realizaban jornadas en la zona. Esa faceta de su vida permite verla más allá de las circunstancias de su muerte: como una mujer trabajadora, solidaria y vinculada a acciones comunitarias.
La Federación Salvadoreña LGBTI pidió precisamente que su memoria fuera abordada desde esa perspectiva. En el mensaje difundido tras conocerse su muerte, la organización llamó a recordarla por “su vida, su trabajo, su generosidad, y sobre todo desde su nombre”, y pidió que su historia no fuera reducida al morbo.
Ese llamado resulta especialmente importante en tiempos en que las redes sociales pueden convertir una tragedia humana en una sucesión de comentarios, fotografías, especulaciones y publicaciones hechas sin sensibilidad. Una persona fallecida no deja de tener dignidad.
Y una mujer trans no deja de ser mujer porque haya muerto.
El derecho a ser nombrada
Uno de los aspectos que más indignación ha provocado en torno al caso es el tratamiento de la identidad de Villalta durante la búsqueda. Organizaciones y personas cercanas han denunciado que durante el proceso de búsqueda se utilizó el nombre que aparece en su Documento Único de Identidad (DUI), en lugar del nombre con el que Villalta vivía y era reconocida socialmente.
Este aspecto no es meramente una cuestión semántica. Para las personas trans, el nombre puede representar una parte fundamental de su identidad y de la manera en que construyen su vida frente a la sociedad. Ser reconocidas por el nombre con el que se identifican constituye también una forma de respeto.
En el caso de Villalta, la Federación Salvadoreña LGBTI expresó que negar el nombre y la identidad de una persona trans también constituye una forma de violencia. La situación adquiere una dimensión todavía más compleja en El Salvador, donde continúa sin existir un mecanismo legal general que permita a las personas trans modificar su nombre y marcador de género en sus documentos de identidad conforme a su identidad de género.
Así, una persona puede construir durante años una vida social, familiar, laboral y comunitaria con un nombre determinado y, sin embargo, encontrarse ante instituciones que continúan identificándola exclusivamente mediante los datos registrales que no corresponden a la identidad con la que vive. El caso de Villalta vuelve a evidenciar esa tensión entre la identidad vivida y el reconocimiento institucional.
Un problema que va más allá de un solo caso
El caso de Villalta ocurre en un país donde las organizaciones de derechos humanos han advertido durante años sobre la violencia y discriminación que afectan a la población LGBTQ. La información disponible también muestra un problema relacionado con la documentación de estos hechos.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado la ausencia o insuficiencia de registros públicos actualizados y desagregados que permitan conocer con precisión cuántos delitos violentos afectan a personas LGBTQ y cuántos de ellos tienen como posible motivación la orientación sexual, identidad o expresión de género. La falta de información no significa necesariamente ausencia de violencia. Por el contrario, puede hacerla más difícil de identificar.
Un crimen que no registra la identidad de género de la víctima, o que no investiga adecuadamente una posible motivación relacionada con prejuicios, termina incorporándose estadísticamente como un hecho aislado, sin permitir comprender patrones. Ese problema tampoco es exclusivo de El Salvador. Sin embargo, en el país constituye una preocupación recurrente para las organizaciones que documentan vulneraciones contra personas LGBTQ.
301 denuncias en 2025
Un indicador permite dimensionar que el problema trasciende los homicidios. El Informe 2025 sobre las vulneraciones de los derechos humanos de las personas LGBTQ en El Salvador, elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos LGBTIQ+ de ASPIDH con apoyo de Hivos y Arcus Foundation, registró 301 denuncias de vulneraciones de derechos entre el 1 de enero y el 22 de septiembre de 2025. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también recogió estos datos en su informe anual.
Según esa información, las mujeres trans representaron el 53,5 por ciento de las víctimas registradas y los hombres gays el 26,6 por ciento. El informe también señaló como principales presuntos responsables a cuerpos uniformados, entre ellos la Policía Nacional Civil, los cuerpos de agentes municipales y militares desplegados bajo el régimen de excepción.
Estos datos deben leerse con cautela: se trata de denuncias de vulneraciones de derechos, no de una cifra de homicidios ni de todos los casos ocurridos en el país.
Pero muestran algo importante: la violencia contra las personas LGBTQ no puede analizarse exclusivamente desde los asesinatos. También existe violencia en la discriminación, en el acceso a servicios, en el trato institucional, en la familia, en el trabajo, en los espacios públicos y en la imposibilidad de ejercer plenamente derechos fundamentales.
El precedente de Zashy Zuley
La historia reciente de El Salvador ofrece antecedentes que ayudan a comprender por qué el caso de Villalta genera preocupación. En abril de 2021 fue asesinada en San Miguel Zashy Zuley del Cid, una mujer trans y activista vinculada al trabajo comunitario de personas LGBTQ.
ACNUR condenó entonces su asesinato y señaló que Zuley había sido previamente desplazada de su hogar debido a amenazas. La agencia de Naciones Unidas explicó que trabajaba junto con COMCAVIS TRANS para apoyarla en un proceso de emprendimiento y medios de vida.
Su muerte también puso en evidencia otra forma de violencia: después de morir, hubo dificultades para que su identidad de género fuera respetada durante sus honras fúnebres. Medios que documentaron el caso señalaron que fue sepultada con una expresión masculina y que existieron obstáculos para la participación de personas LGBTQ cercanas a ella.
El caso de Zuley se convirtió así en un símbolo de una problemática que tiene dos dimensiones: la violencia contra el cuerpo y la violencia contra la identidad.
Más de cinco años después, la muerte de Villalta vuelve a colocar ambas preocupaciones en la conversación pública.
¿Dónde están los datos oficiales?
Una de las preguntas que surgen nuevamente es cuántos casos de violencia contra personas LGBTQ han ocurrido en los últimos años y cuántos han sido investigados considerando una posible motivación por prejuicio.
La ausencia de información pública reciente y desagregada dificulta responder.
Esta falta de datos no solo afecta a las organizaciones defensoras de derechos humanos. También afecta a las instituciones encargadas de diseñar políticas públicas, prevenir la violencia y garantizar justicia.
Si no sabemos cuántos casos existen, dónde ocurren, quiénes son las víctimas, qué tipos de violencia se presentan y qué resultados tienen las investigaciones, resulta mucho más difícil diseñar respuestas adecuadas. La documentación independiente adquiere entonces un papel fundamental, aunque nunca debería sustituir la obligación del Estado de generar estadísticas confiables y transparentes.
El desafío de no olvidar
El caso de Villalta vuelve a plantear una pregunta incómoda para El Salvador:
¿Qué ese está haciendo para que las personas LGBTQ puedan vivir y morir con dignidad? La respuesta no puede depender únicamente de las organizaciones LGBTQ, de las familias o de las comunidades.
Requiere instituciones que registren adecuadamente los hechos, investigaciones que determinen responsabilidades, y de acuerdo con activistas de sociedad civil, también “se necesita un Estado que cree y promueva políticas de prevención y que reconozca la identidad de las personas diversas, formación de funcionarios y una sociedad que comprenda que la diversidad no disminuye el valor de ninguna persona”. Por ahora, las circunstancias de la muerte de Yoisi dejan muchas dudas en lo sucedido y no corresponde afirmar que se trató de un crimen de odio sin una determinación oficial de una investigación que no existió.
Honduras
Realidad LGBTQ en Honduras: fuga o muerte
Observatorio KAI+: 35 asesinatos anti-LGBTQ en 2026
TEGUCIGALPA, Honduras — Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. Las mujeres trans encabezan las víctimas mortales con 11 casos, seguidas de los hombres gay con 10.
Esa es la realidad de las poblaciones sexualmente diversas que pinta el boletín número 14 del Observatorio de Violencia hacia las Personas LGBTI+ de Honduras KAI+, correspondiente al período de enero al 8 de agosto de 2026.
Según el informe, los departamentos con mayor concentración de asesinatos son Francisco Morazán (12), Cortés (5) y Comayagua (4). Sin embargo, el dato más revelador de la impunidad es que los 35 casos permanecen en etapa de investigación preliminar, con apenas dos capturas reportadas.
«No queremos vivir con miedo»: defensores
Lucía Barrientos, de la Asociación Ixchel, resume el sentimiento colectivo. «Hoy las personas LGBTI en Honduras vivimos en estado de alerta. Muertes que, al hacer un análisis, tienen una conmoción de que muchas personas de nuestra población han sido torturadas, que han sido crímenes de odio», señala.
Barrientos subraya que en el país no hay una ley que tipifique el crimen de odio, lo que deja a la población en un limbo legal y expuesta a la violencia sin protección efectiva.
Entretanto, Jennifer Córdoba, de la Colectiva de Mujeres Trans Muñecas de Arcoíris, lamenta que las autoridades no estén haciendo nada para defender los derechos humanos.
«Ver ese tipo de violencias en el país que se incrementan, ver que las autoridades de nuestro país no están haciendo nada para la defensa de los derechos humanos, no crear una política pública que respete los derechos humanos de la población LGTBI», afirma Córdoba.
Violencia generalizada y discriminación sistemática
Los 195 casos de violencia generalizada incluyen amenazas (19), maltrato familiar (25), abuso de autoridad (14), discriminación por orientación sexual o identidad de género (14), lesiones (10) y agresiones sexuales. Las mujeres trans son nuevamente las más afectadas, con 32 casos registrados.
Dany Montesinos, de la Asociación LGBTI Kukulcán, advierte: «Esta es una violencia general, estructurada. No tenemos un patrón determinado. La alerta que estamos poniendo es que, en comparación con otros años, esto está siendo más creciente».
Un elemento crítico señalado por el boletín es que casi el 70 por ciento de los casos de violencia generalizada (137 de 195) carecen de categorización desagregada sobre la orientación sexual o identidad de género de la víctima, lo que evidencia la ausencia de protocolos adecuados por parte de las instituciones estatales y una invisibilización sistemática.
Migración forzada, huir para vivir
Entre los hallazgos más dolorosos está la asistencia a 11 personas LGBTQ que han buscado refugio en el extranjero. Ocho se han ido a Estados Unidos, dos a España y una al Reino Unido. Los motivos incluyen amenazas, discriminación, abuso de autoridad, agresiones sexuales y físicas.
Como señala un testimonio: «Tuvieron que irse, se vieron obligadas a huir por amenazas, por la discriminación, por el abuso de autoridad y agresiones sexuales. Estos datos nos muestran que la migración de las personas LGBTI no responde únicamente a razones económicas, sino a la necesidad urgente de proteger su vida y sus derechos».
Recomendaciones ante un Estado ausente
El boletín concluye con un llamado urgente al Estado hondureño. Exige fortalecer las investigaciones de muertes violentas e implementar políticas públicas de protección integral. Además, capacitar a funcionarios en diversidad sexual y derechos humanos y garantizar que los casos avancen más allá de la etapa preliminar.
Barrientos lo resume con claridad. «Exigimos al Estado respuestas inmediatas, justicia y protección real para nuestra población. No queremos retroceder, no queremos volver atrás, no queremos vivir con miedo, no queremos salir a la calle y saber que no puedo expresar mi amor hacia mi pareja o hacia otra persona porque puedo amar y ser muerta».
El Observatorio KAI+ recuerda que detrás de cada cifra hay seres humanos: madres, padres, hijos, hermanos y familias que dependen de ellos. La indiferencia institucional, advierten, no puede seguir siendo una puerta abierta a la impunidad.
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