Connect with us

Noticias en Español

Organización mexicana lanza #EmprendiendoConOrgullo

Campaña es una iniciativa de Colmena 41

Published

on

(Captura de pantalla cortesía de Colmena 41)

México es uno de los países con más crímenes de odio en contra de la comunidad LGBTQ en latinoamérica, cerrando 2021 con 81 muertes. A pesar de que hay un alto porcentaje de ciudadanos mexicanos que permanecen en el closet, la idea de ser una población reducida se aleja cada vez más dado a que en la actualidad más emprendimientos han cobrado vida dentro de la diversidad.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) al menos cinco millones de personas mayores de 15 años en México se identifican como LGBTQ, sumando a esto las condiciones de emprendimiento apuntan a ser favorables para el 49 por ciento de la población general en el país, según el Global Entrepreneurship Monitor, sin embargo, no se contaba con estadísticas de la comunidad LGBTQ.

En 2022 México tomó las primera medidas en camino a un censo de población LGBTQ por medio de una encuesta para ayudar a determinar cuántas personas forman parte del espectro de diversidad. Sin embargo, hay un vacío de información, de datos duros. La realización de estudios de datos estadísticos se consideran necesarios para la comunidad y mejor comprensión de la misma.

Colmena 41 toma partida de esto y se propone a realizar un estudio que sirva de referente en la situación de emprendedurismo LGBTQ. Tomando como premisas el funcionamiento del ecosistema emprendedor para la comunidad LGBTQ, las oportunidades de negocio observadas bajo el contexto económico actual y la libertad con la que una persona puede mostrarse tal cual es, sin ocultar su orientación sexual, identidad o expresión de género al momento de levantar capital, presentar un proyecto y operarlo.

Así nace Emprender con Orgullo, un estudio con base en encuestas inicialmente respondidas por 161 personas LGBTQ en 32 diferentes entidades de la República Mexicana. 

Colmena 41

Colmena 41 nace en 2019 con los Lunes de Colmena 41 en los cuales miembros de la diversidad sexual se reunían para poder conocerse, hablar de diferentes temáticas y al mismo tiempo colaborar en los diferentes proyectos dentro del círculo de participantes. En ese momento, aunque el emprendimiento no es el único tema tratado por Colmena 41, se convierte en algo esencial dentro del desarrollo y crecimiento de la organización.

Es un emprendimiento enfocado en la formación de comunidad con redes profesionales en diferentes ámbitos, generación de información con realización de investigaciones, herramientas educativas comunicación con miras a incidencia en políticas públicas y creación de encuentros para visibilizar y fortalecer la comunidad LGBTQ por medio de talleres y asesorías.

Cofundada por Enrique Torre Molina, activista LGBTQ, y Federico Arellano, emprendedor social. 

Por otro lado, Arellano comentó que uno de los primeros hallazgos que se encontraron en este estudio es que para la mayoría de personas que no son LGBTQ emprender es una opción, mientras que para la comunidad pareciera ser mucho más una necesidad, lo cual refleja que la manera en que se da el acercamiento al fenómeno del emprendimiento es muy distinta para cada uno de los casos.

En parte el éxito de Colmena 41 se debe a que anteriormente no existían espacios, reuniones específicas para personas LGBTQ donde pudiera hacerse networking o encontrar a diferentes expertos dentro de la diversidad para colaborar entre proyectos de los mismos participantes.

Recientemente, Colmena 41 inauguró su rama de estudio con la investigación #EmprendiendoConOrgullo. La idea de producir data, información, estadísticas sobre la comunidad LGBTQ+, esta investigación nace, en primera instancia, porque hay poca información en general sobre distintos temas. 

Alianza con Meta

Actualmente la organización posee un plan de trabajo anual con Meta, luego de haber desarrollado una serie de capacitaciones de emprendimiento en las cuales se detectó la necesidad de hablar sobre emprendedurismo en la comunidad LGBTQ. La misma, esta dividida en tres líneas de trabajo:

  1. Enjambre41: Sesiones mensuales para hablar de las experiencias de empredimiento dentro de la comunidad. Anteriormente se desarrollaban en línea y planean retomarlas de manera presencial para mayor conexión entre participantes.
  2. DemoDay: Convocatoría para conocer emprendedoras y emprendedores junto a sus negocios en diferentes ubicaciones del territorio mexicano.
  3. #EmprenderConOrgullo: Su último trabajo, publicado a manera de estudio para la comprensión de la situación de emprendedurismo en materia de género y diversidad sexual del país.

#EmprenderConOrgullo

Tras encontrar la necesidad de tener más datos duros que reflejen la realidad cotidiana de las personas LGBTQ y encontrando una ventana de oportunidad en emprendedurismo, Colmena 41 hace uso de su alcance y su asociación con Meta para desarrollar actividades de diagnóstico dentro de su grupo de participantes.

Inicialmente se llevaron a cabo una serie de talleres organizados por Facebook en el año 2019 y 2020. Los mismos, eran dirigidos a emprendedores y emprendedoras LGBTQ pertenecientes a Colmena 41, esto con la finalidad de medir el interés en temas de emprendimiento dentro de los participantes de la comunidad, identificando la necesidad y oportunidad para el desarrollo del tema.

Así nace la curiosidad por ahondar en temas relacionados al emprendimiento y la oportunidad de realizar estudios para profundizar en la materia que no había sido explorada en México. Posteriormente, se establece una alianza con Facebook/Meta para el desarrollo de un programa anual en temas de emprendimiento el cual pretende dar capacitación y visibilizar a los emprendedores dado a que la discriminación laboral hacia la comunidad es un punto de inflección para que personas LGBTQ emprendan sus propios negocios.

Molina declaró que por medio de este estudio querían evidenciar si existía relación entre la discriminación cotidiana en contra de la comunidad LGBTQ y el emprendedurismo a lo que dijo “descubrimos que sí hay relación entre estas dos experiencias, no en todos los casos, pero muchas de las personas LGBT que emprenden y que contestaron esta encuenta hablan que el motor del emprendimiento fue que se topaban con una o varias experiencias de discriminación en el empleo por su orientación sexual, por su identidad o por su expresión de género”.

Según el estudio, la nulidad de conocimiento en cuanto a los productos financieros específicos para los emprendedores es otra de las debilidades de los emprendedores LGBTQ. La comunidad se financia fundamentalmente de sus ahorros, de sus proveedores de préstamos de instituciones cercanas pero no conocen muchas alternativas pensadas para emprendimientos como fondos de inversión, incubadoras, etcétera.

Arellano resaltó que Emprendiendo con Orgullo muestra cómo más del 80 por ciento de las personas que respondieron la encuesta se sienten entre “felices” a “muy felices” con sus negocios, “este mensaje me parece poderosísimo, porque sí es cierto que el emprendimiento salva vidas” expresó. 

El reto principal para Colmena 41 es con todas esas personas que todavía no se han animado a dar el paso, seguir inspirando a partir de resultados, formando comunidades que lleguen a ser más grandes y más representativas teniendo como ejemplo que el emprendimiento sí funciona y que es uno más de los lugares que puede brindar seguridad a la diversidad y todas las personas que se atreven a ser ellas mismas y a vivir su vida bajo sus propias reglas.

Hallazgos

El estudio arrojó hallazgos en diferentes ramas como estadística descriptiva, necesidades de los emprendimientos y experiencias personales. Cada uno de los apartados posee datos que explican la composición de cada porcentaje y la muestra de población estudiada. 

Según Molina, una de las cosas que más destacan es el caso de las personas trans dado a que con frecuencia deciden emprender luego de uno o más actos de discriminación en diferentes instancias, donde talvez el emprendimiento no es la primera opción, sin embargo, la falta de empleo les enfrenta a la necesidad de generar ingresos de manero autónoma.

Entre los datos que se muestran en el estudio se destacan que el mayor porcentaje de emprendedores tiene alrededor de 36 a 40 años de edad, en su mayoría siendo personas gay, del 100 por ciento de la población entrevistada el 68 por ciento posee un emprendimiento propio, el 11 por ciento trabaja para alguien más, el 9 por ciento es freelance y es resto son estudiantes o tienen otra manera de ingreso.

Aunque existe una enorme diversidad entre las industrias atendidas, 68.4 por ciento de la población encuestada se dedica a los alimentos, la salud, la educación, la industria textil y de artes diseño gráfico (marketing), la consultoría y la investigación.

Las iniciativas son relativamente nuevas ya que el 30 por ciento de los casos llevan entre cero a dos años de operación en el mercado. No obstante, se puede visualizar que hay otros casos en los cuales se tienen emprendimientos más longevos que han estado operando hasta por 20 años.

La mayoría trabaja en grupo, ha contratado servicios profesionales externos en su mayoría para el área digital, en presencia y estrategia de ventas en línea. Agregando a esto, en la mayoría de los casos se tiene aspiraciones de aumento de ventas en línea, estabilización, venta físicas, abrir más sucursales y expandir la oferta de productos.

Un hallazgo que vale resaltar es que según el estudio, la mayoría de las veces la financiación del emprendimiento se hace a base de ahorros personales, socios, inversionistas o créditos con otras instituciones, sin embargo, Arellano, cofundador del proyecto, resalta que es una área que planean fortalecer por medio de la capacitación pertinente sobre financiamiento con entidades bancarias, fondos semilla, incubadoras, etc.

No obstante, México tiene otras limitantes ya que a pesar que la ley de identidad de género para personas trangénero está vigente en varios estados de la República, los usuarios continúan sufriendo de discriminación y no logran reunir los requisitos que los bancos solicitan para ser beneficiarios de estos créditos o simplemente no cuentan con historial de crédito que les permita obtener un préstamo.

Otros de los hallazgos que cabe resaltar es que el 93.8 por ciento de las personas entrevistadas respondieron que las personas con las que trabajan y saben de su emprendimiento conocen que son miembros de la comunidad LGBTQ y el 72 por ciento respondió que sus clientes saben que son parte de la diversidad.

En la mayoría de los casos, los emprendedores expresan estar felices con sus negocios y viviendo sus sueños con un 24.8 por ciento mientras que el 61.5 por ciento reconoce que están felices pero que conocen que hay cosas que faltan para mejorar las condiciones y desarrollo de su proyecto.

Referentes de información

Es interesante ver como en América Latina se abren más temas de conversación en pro de la mejora de condiciones de vida de la comunidad LGBTQ, por ende, es importante seguir difundiendo historias y datos que reflejen las condiciones de desarrollo de la diversidad y que los mismos tengan impacto en las comunidades, industrias y nichos profesionales.

Estas iniciativas también contribuyen a la mejora de la economía del país, generación de empleos y nuevas propuestas de derechos humanos en las cuales las diferentes expresiones pueden llevarse a cabo sin represalias ni discriminacion que aislen a las personas LGBTQ. De igual manera, estudios como #EmprenderConOrgullo abre la conversación para que otros países puedan sumarse a realizar estudios especializados que sirven como referentes a nivel mundial.

Para leer el estudio completo pueden dirigirse al siguiente enlace: https://colmena41.com/emprenderconorgullo

Advertisement
FUND LGBTQ JOURNALISM
SIGN UP FOR E-BLAST

Ecuador

Caso Karlina: Una sentencia histórica contra las terapias de «conversión»

Karlina Quiroz, una mujer trans de Chone, fue internada contra su voluntad

Published

on

(Foto cortesía de Edición Cientonce)

Edición Cientonce es el socio mediático del Washington Blade en Ecuador. Esta nota salió en su sitio web el 17 de septiembre.

La última vez que Karlina Quiroz, una mujer trans de 57 años, salió sola a la calle en Chone, terminó encerrada contra su voluntad en un centro de rehabilitación donde intentaron “corregir” su identidad de género mediante humillaciones, amenazas y agresiones.

Han pasado cinco años desde ese episodio, ocurrido en 2021; y el 11 de septiembre de 2026 Karlina por fin obtuvo justicia. 

La Fiscalía informó, el 14 de septiembre, que el Tribunal de Garantías Penales de Chone sentenció a seis personas por actos de odio contra Karlina, al ser víctima de violencia basada en su identidad de género.

Entre los seis sentenciados están sus dos hermanos, que —según la denuncia de Karlina— ordenaron su encierro a este centro.

El caso de Karlina refleja el odio y la violencia hacia personas trans en Ecuador y vuelve a poner bajo la lupa la existencia de centros conocidos como clínicas de “deshomosexualización” o espacios de “terapias de conversión”.

De acuerdo con la denuncia presentada por Karlina, en julio de 2021 fue interceptada por varios hombres y trasladada contra su voluntad a un centro para el tratamiento de adicciones ubicado en Chone, Manabí, en la vía a Pedernales. Allí permaneció retenida y sometida a tratos degradantes, violencia psicológica y agresiones físicas.

Según su testimonio, durante el encierro recibió insultos relacionados con su identidad de género y amenazas orientadas a “modificarla”.

Karlina denunció, además, que esta no habría sido la primera vez. Según su relato, en 2019 permaneció aproximadamente tres meses internada de manera forzada en otro centro de rehabilitación, también ubicado en la vía a Pedernales, en Chone. Durante ese período habría sido sometida a dinámicas similares de aislamiento, control y presiones dirigidas a modificar su identidad y expresión de género.

Según información de la Fiscalía, en septiembre de 2021, como parte de las diligencias investigativas, se allanó el centro clandestino en Chone. Allí se recabaron indicios relacionados con el internamiento forzoso de Karlina durante tres meses.

Con esos y otros elementos de convicción obtenidos durante la investigación, la Fiscalía inició un proceso penal contra las seis personas, quienes fueron luego llamadas a juicio.

El proceso, explicó Karlina, incluyó los dos casos: el de 2019 y 2021. “El crimen se investigó desde que comenzó la primera gota de sangre”, señaló Karlina, en alusión a la violencia física que sufrió en su primer encierro.

De los seis sentenciados, tres fueron condenados como autores directos a cuatro años de pena privativa de libertad. Se trata de los dos hermanos de Karlina y un sobrino, por ordenar su encierro al centro de adicciones.

Los otros tres recibieron una pena de dos años, como cómplices.

De acuerdo con Karlina, uno de ellos es el director del primer centro al que fue ingresada contra su voluntad en 2019 por tres meses, y los otros dos son quienes la interceptaron la segunda ocasión, en julio de 2021, para llevarla al centro. Ella los señala como “capturadores” de las personas que son recluidas en los centros. 

“Cuando recibí la noticia (el viernes 11 de septiembre durante la audiencia de juzgamiento) no podía creerlo. Las piernas me temblaron y las lágrimas se me salieron. Estoy tranquila y satisfecha”, señaló Karlina en una llamada telefónica.

Para Pedro Gutiérrez, abogado especialista en derechos humanos, la sentencia es importante no solo por reconocer un delito de odio, sino también por las características de los hechos: el ingreso (por orden de sus hermanos) a un centro de “deshomosexualización” en el que se cometen actos de tortura y violencia física.

Durante la audiencia, constó el testimonio de Karlina. La Fiscalía también presentó el informe de reconocimiento del lugar de los hechos, la inspección ocular técnica, el levantamiento de evidencias y los testimonios de personas que confirmaron que los actos de violencia por perjuicio hacia su identidad de género fueron ejecutados de manera reiterada por los ahora sentenciados.

El caso volvió a poner la atención sobre las llamadas terapias de conversión en Ecuador, prácticas ampliamente cuestionadas por organismos internacionales de derechos humanos y señaladas como formas de tortura o violencia psicológica. Aunque el Estado ecuatoriano ha realizado operativos y clausuras de algunos centros en los últimos años, organizaciones sociales sostienen que estos espacios continúan funcionando de manera clandestina o bajo otras denominaciones.

La legislación ecuatoriana penaliza los actos de tortura con la intención de modificar la orientación sexual o identidad de género, pero no existe una sanción contra los centros que ofrecen las denominadas terapias de conversión. 

En 2020, la Asamblea aprobó el Código Orgánico de Salud y una de sus disposiciones fue prohibir expresamente este tipo de terapias, pero fue vetado totalmente por el expresidente Lenín Moreno en medio de una campaña de sectores antiderechos. 

La sentencia también dispuso, como reparación integral a favor de Karlina, tratamiento psicológico e indemnizaciones por daños materiales e inmateriales.

Gutiérrez considera que la reparación para Karlina es limitada, pues -por ejemplo- no hay llamados de atención al Ministerio de Salud o disculpas públicas a la víctima. 

“Mi nombre es Ariel Karlina Zambrano, soy una mujer trans de Chone, Manabí. Desde niña supe que quería ser mujer, quería ser bonita, libre. Pero mi familia nunca lo aceptó. Mis hermanos y mi padre, profundamente machistas, me maltrataban constantemente”, contó Karlina en un testimonio en 2025 que recogió el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH).

Para activistas y defensores de derechos humanos, el caso de Karlina evidencia además un patrón de violencia que suele permanecer oculto dentro de círculos familiares, religiosos y comunitarios. En muchos casos, explican, los internamientos forzados son promovidos bajo la idea de “corregir” orientaciones sexuales o identidades de género consideradas inaceptables.

Karlina intentó vivir en Chone, creyendo que con la denuncia y las medidas cautelares estaba a salvo, pero su hermano le pagaba a personas para que la acosaran, según su relato. Por ello, tuvo que esconderse por meses.

Las personas trans en Ecuador enfrentan altos niveles de discriminación, violencia y exclusión social, especialmente fuera de las grandes ciudades. Según la Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Vida de la Población LGBTI+ del INEC, el 53,5 por ciento de las personas LGBTQ mayores de 18 años en el país ha sufrido algún tipo de discriminación o violencia a lo largo de su vida, siendo el entorno familiar uno de los principales espacios de agresión.

En materia de violencia letal, organizaciones como Asociación Silueta X y el Observatorio Runa Sipiy documentaron 30 asesinatos de personas LGBTQ y transfemicidios en Ecuador durante 2025. De esos casos, alrededor del 70 por ciento corresponden a mujeres trans, lo que las posiciona como el grupo más expuesto a crímenes de odio y violencia extrema.

Diversas organizaciones de derechos humanos han advertido además sobre la persistencia de centros de “deshomosexualización” o internamientos forzosos, prácticas denunciadas desde hace más de una década en Ecuador pese a prohibiciones estatales y operativos de control insuficientes.

El caso de Karlina pone a prueba algo más grande que una sentencia individual: si Ecuador está dispuesto o no a reconocer que estas prácticas siguen existiendo y que la violencia contra personas LGBTQ continúa ocurriendo, muchas veces con la complicidad o el silencio de sus propios entornos familiares.

“Con mi caso, debe quedar un precedente. Debemos luchar contra el odio que podemos encontrarlo dentro de nuestras propias familias. Por nuestra libertad y derechos, debemos luchar”, indicó Karlina.

Continue Reading

El Salvador

Mujer trans salvadoreña es encontrada sin vida

La muerte de Yoisi Villalta vuelve a poner sobre la mesa la violencia

Published

on

Yoisi Villalta

SANTA ANA, El Salvador — La muerte de Yoisi Villalta, mujer trans y vendedora de tortas en Texistepeque, Santa Ana Norte, ha vuelto a colocar en el centro del debate una realidad que durante años ha acompañado a la población LGBTQ en El Salvador: la violencia no termina con una agresión o con una muerte. También puede manifestarse en la manera en que una persona es buscada, nombrada, registrada, despedida y recordada.

Villalta fue reportada como desaparecida por su familia a finales de agosto de 2026. Días después, medios de comunicación y plataformas digitales informaron sobre el hallazgo de su cuerpo sin vida. Un reporte publicado el 5 de septiembre señala que el cuerpo fue localizado en Tacuba, Ahuachapán, ocho días después de su desaparición, mientras que la Policía Nacional Civil no había confirmado hasta entonces la causa de muerte ni clasificado oficialmente el caso como homicidio intencionado. 

La precisión es importante; hasta el momento no debe afirmarse como un hecho que Yoisi haya sido víctima de un crimen de odio o de un homicidio motivado por su identidad de género, mientras no exista una investigación oficial que determine las circunstancias y causa de su muerte. Lo que sí existe es una profunda preocupación expresada por organizaciones de la sociedad civil y por personas de la comunidad LGBTQ, especialmente ante el contexto de violencia y discriminación que históricamente han enfrentado las mujeres trans en El Salvador.

Una mujer detrás de una noticia

Antes de convertirse en noticia, Villalta tenía una vida. Era una mujer trans que trabajaba como vendedora de tortas en Texistepeque. Desde su negocio desarrollaba una actividad cotidiana para ganarse la vida, pero también había convertido aquel espacio en una expresión de solidaridad con su comunidad.

De acuerdo con la información difundida por organizaciones LGBTQ, Villalta compartía alimentos con las brigadas de salud sexual que realizaban jornadas en la zona. Esa faceta de su vida permite verla más allá de las circunstancias de su muerte: como una mujer trabajadora, solidaria y vinculada a acciones comunitarias.

La Federación Salvadoreña LGBTI pidió precisamente que su memoria fuera abordada desde esa perspectiva. En el mensaje difundido tras conocerse su muerte, la organización llamó a recordarla por “su vida, su trabajo, su generosidad, y sobre todo desde su nombre”, y pidió que su historia no fuera reducida al morbo.

Ese llamado resulta especialmente importante en tiempos en que las redes sociales pueden convertir una tragedia humana en una sucesión de comentarios, fotografías, especulaciones y publicaciones hechas sin sensibilidad. Una persona fallecida no deja de tener dignidad.

Y una mujer trans no deja de ser mujer porque haya muerto.

El derecho a ser nombrada

Uno de los aspectos que más indignación ha provocado en torno al caso es el tratamiento de la identidad de Villalta durante la búsqueda. Organizaciones y personas cercanas han denunciado que durante el proceso de búsqueda se utilizó el nombre que aparece en su Documento Único de Identidad (DUI), en lugar del nombre con el que Villalta vivía y era reconocida socialmente.

Este aspecto no es meramente una cuestión semántica. Para las personas trans, el nombre puede representar una parte fundamental de su identidad y de la manera en que construyen su vida frente a la sociedad. Ser reconocidas por el nombre con el que se identifican constituye también una forma de respeto.

En el caso de Villalta, la Federación Salvadoreña LGBTI expresó que negar el nombre y la identidad de una persona trans también constituye una forma de violencia. La situación adquiere una dimensión todavía más compleja en El Salvador, donde continúa sin existir un mecanismo legal general que permita a las personas trans modificar su nombre y marcador de género en sus documentos de identidad conforme a su identidad de género.

Así, una persona puede construir durante años una vida social, familiar, laboral y comunitaria con un nombre determinado y, sin embargo, encontrarse ante instituciones que continúan identificándola exclusivamente mediante los datos registrales que no corresponden a la identidad con la que vive. El caso de Villalta vuelve a evidenciar esa tensión entre la identidad vivida y el reconocimiento institucional.

Un problema que va más allá de un solo caso

El caso de Villalta ocurre en un país donde las organizaciones de derechos humanos han advertido durante años sobre la violencia y discriminación que afectan a la población LGBTQ. La información disponible también muestra un problema relacionado con la documentación de estos hechos.

Organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado la ausencia o insuficiencia de registros públicos actualizados y desagregados que permitan conocer con precisión cuántos delitos violentos afectan a personas LGBTQ y cuántos de ellos tienen como posible motivación la orientación sexual, identidad o expresión de género. La falta de información no significa necesariamente ausencia de violencia. Por el contrario, puede hacerla más difícil de identificar.

Un crimen que no registra la identidad de género de la víctima, o que no investiga adecuadamente una posible motivación relacionada con prejuicios, termina incorporándose estadísticamente como un hecho aislado, sin permitir comprender patrones. Ese problema tampoco es exclusivo de El Salvador. Sin embargo, en el país constituye una preocupación recurrente para las organizaciones que documentan vulneraciones contra personas LGBTQ.

301 denuncias en 2025

Un indicador permite dimensionar que el problema trasciende los homicidios. El Informe 2025 sobre las vulneraciones de los derechos humanos de las personas LGBTQ en El Salvador, elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos LGBTIQ+ de ASPIDH con apoyo de Hivos y Arcus Foundation, registró 301 denuncias de vulneraciones de derechos entre el 1 de enero y el 22 de septiembre de 2025. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también recogió estos datos en su informe anual. 

Según esa información, las mujeres trans representaron el 53,5 por ciento de las víctimas registradas y los hombres gays el 26,6 por ciento. El informe también señaló como principales presuntos responsables a cuerpos uniformados, entre ellos la Policía Nacional Civil, los cuerpos de agentes municipales y militares desplegados bajo el régimen de excepción. 

Estos datos deben leerse con cautela: se trata de denuncias de vulneraciones de derechos, no de una cifra de homicidios ni de todos los casos ocurridos en el país.

Pero muestran algo importante: la violencia contra las personas LGBTQ no puede analizarse exclusivamente desde los asesinatos. También existe violencia en la discriminación, en el acceso a servicios, en el trato institucional, en la familia, en el trabajo, en los espacios públicos y en la imposibilidad de ejercer plenamente derechos fundamentales.

El precedente de Zashy Zuley

La historia reciente de El Salvador ofrece antecedentes que ayudan a comprender por qué el caso de Villalta genera preocupación. En abril de 2021 fue asesinada en San Miguel Zashy Zuley del Cid, una mujer trans y activista vinculada al trabajo comunitario de personas LGBTQ.

ACNUR condenó entonces su asesinato y señaló que Zuley había sido previamente desplazada de su hogar debido a amenazas. La agencia de Naciones Unidas explicó que trabajaba junto con COMCAVIS TRANS para apoyarla en un proceso de emprendimiento y medios de vida. 

Su muerte también puso en evidencia otra forma de violencia: después de morir, hubo dificultades para que su identidad de género fuera respetada durante sus honras fúnebres. Medios que documentaron el caso señalaron que fue sepultada con una expresión masculina y que existieron obstáculos para la participación de personas LGBTQ cercanas a ella. 

El caso de Zuley se convirtió así en un símbolo de una problemática que tiene dos dimensiones: la violencia contra el cuerpo y la violencia contra la identidad.

Más de cinco años después, la muerte de Villalta vuelve a colocar ambas preocupaciones en la conversación pública.

¿Dónde están los datos oficiales?

Una de las preguntas que surgen nuevamente es cuántos casos de violencia contra personas LGBTQ han ocurrido en los últimos años y cuántos han sido investigados considerando una posible motivación por prejuicio.

La ausencia de información pública reciente y desagregada dificulta responder.

Esta falta de datos no solo afecta a las organizaciones defensoras de derechos humanos. También afecta a las instituciones encargadas de diseñar políticas públicas, prevenir la violencia y garantizar justicia.

Si no sabemos cuántos casos existen, dónde ocurren, quiénes son las víctimas, qué tipos de violencia se presentan y qué resultados tienen las investigaciones, resulta mucho más difícil diseñar respuestas adecuadas. La documentación independiente adquiere entonces un papel fundamental, aunque nunca debería sustituir la obligación del Estado de generar estadísticas confiables y transparentes.

El desafío de no olvidar

El caso de Villalta vuelve a plantear una pregunta incómoda para El Salvador:

¿Qué ese está haciendo para que las personas LGBTQ puedan vivir y morir con dignidad? La respuesta no puede depender únicamente de las organizaciones LGBTQ, de las familias o de las comunidades.

Requiere instituciones que registren adecuadamente los hechos, investigaciones que determinen responsabilidades, y de acuerdo con activistas de sociedad civil, también “se necesita un Estado que cree y promueva políticas de prevención y que reconozca la identidad de las personas diversas, formación de funcionarios y una sociedad que comprenda que la diversidad no disminuye el valor de ninguna persona”. Por ahora, las circunstancias de la muerte de Yoisi dejan muchas dudas en lo sucedido y no corresponde afirmar que se trató de un crimen de odio sin una determinación oficial de una investigación que no existió.

Continue Reading

Honduras

Realidad LGBTQ en Honduras: fuga o muerte

Observatorio KAI+: 35 asesinatos anti-LGBTQ en 2026

Published

on

Tegucigalpa, Honduras, en 2022. Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. (Foto de Michael K. Lavers por el Washington Blade)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 21 de agosto.

TEGUCIGALPA, Honduras — Las cifras encienden todas las alarmas: 35 muertes violentas de personas LGBTQ, 195 casos de violencia generalizada y 11 personas asistidas para refugiarse en el extranjero. Las mujeres trans encabezan las víctimas mortales con 11 casos, seguidas de los hombres gay con 10.

Esa es la realidad de las poblaciones sexualmente diversas que pinta el boletín número 14 del Observatorio de Violencia hacia las Personas LGBTI+ de Honduras KAI+, correspondiente al período de enero al 8 de agosto de 2026.

Según el informe, los departamentos con mayor concentración de asesinatos son Francisco Morazán (12), Cortés (5) y Comayagua (4). Sin embargo, el dato más revelador de la impunidad es que los 35 casos permanecen en etapa de investigación preliminar, con apenas dos capturas reportadas.

«No queremos vivir con miedo»: defensores

Lucía Barrientos, de la Asociación Ixchel, resume el sentimiento colectivo. «Hoy las personas LGBTI en Honduras vivimos en estado de alerta. Muertes que, al hacer un análisis, tienen una conmoción de que muchas personas de nuestra población han sido torturadas, que han sido crímenes de odio», señala. 

Barrientos subraya que en el país no hay una ley que tipifique el crimen de odio, lo que deja a la población en un limbo legal y expuesta a la violencia sin protección efectiva.

Entretanto, Jennifer Córdoba, de la Colectiva de Mujeres Trans Muñecas de Arcoíris, lamenta que las autoridades no estén haciendo nada para defender los derechos humanos. 

«Ver ese tipo de violencias en el país que se incrementan, ver que las autoridades de nuestro país no están haciendo nada para la defensa de los derechos humanos, no crear una política pública que respete los derechos humanos de la población LGTBI», afirma Córdoba.

Violencia generalizada y discriminación sistemática

Los 195 casos de violencia generalizada incluyen amenazas (19), maltrato familiar (25), abuso de autoridad (14), discriminación por orientación sexual o identidad de género (14), lesiones (10) y agresiones sexuales. Las mujeres trans son nuevamente las más afectadas, con 32 casos registrados. 

Dany Montesinos, de la Asociación LGBTI Kukulcán, advierte: «Esta es una violencia general, estructurada. No tenemos un patrón determinado. La alerta que estamos poniendo es que, en comparación con otros años, esto está siendo más creciente».

Un elemento crítico señalado por el boletín es que casi el 70 por ciento de los casos de violencia generalizada (137 de 195) carecen de categorización desagregada sobre la orientación sexual o identidad de género de la víctima, lo que evidencia la ausencia de protocolos adecuados por parte de las instituciones estatales y una invisibilización sistemática.

Migración forzada, huir para vivir

Entre los hallazgos más dolorosos está la asistencia a 11 personas LGBTQ que han buscado refugio en el extranjero. Ocho se han ido a Estados Unidos, dos a España y una al Reino Unido. Los motivos incluyen amenazas, discriminación, abuso de autoridad, agresiones sexuales y físicas. 

Como señala un testimonio: «Tuvieron que irse, se vieron obligadas a huir por amenazas, por la discriminación, por el abuso de autoridad y agresiones sexuales. Estos datos nos muestran que la migración de las personas LGBTI no responde únicamente a razones económicas, sino a la necesidad urgente de proteger su vida y sus derechos».

Recomendaciones ante un Estado ausente

El boletín concluye con un llamado urgente al Estado hondureño. Exige fortalecer las investigaciones de muertes violentas e implementar políticas públicas de protección integral. Además, capacitar a funcionarios en diversidad sexual y derechos humanos y garantizar que los casos avancen más allá de la etapa preliminar.

Barrientos lo resume con claridad. «Exigimos al Estado respuestas inmediatas, justicia y protección real para nuestra población. No queremos retroceder, no queremos volver atrás, no queremos vivir con miedo, no queremos salir a la calle y saber que no puedo expresar mi amor hacia mi pareja o hacia otra persona porque puedo amar y ser muerta».

El Observatorio KAI+ recuerda que detrás de cada cifra hay seres humanos: madres, padres, hijos, hermanos y familias que dependen de ellos. La indiferencia institucional, advierten, no puede seguir siendo una puerta abierta a la impunidad.

Continue Reading

Popular