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Elecciones colombianas 2022: Candidatas abiertamente LGBTQ al Congreso
13 personas pertenecientes a la comunidad están en la papeleta
OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Estas notas salieron en su sitio web.
El próximo 13 de marzo de 2022 Colombia acudirá a las urnas para elegir un nuevo Congreso de la República que represente a la nación para el período 2022 – 2026, al cierre de las modificaciones de las listas al Senado y la Cámara de Representantes registramos el siguiente listado de 13 personas pertenecientes a los sectores de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros de los diversos territorios de Colombia en varios de los partidos, coaliciones y movimientos políticos.
A LA CÁMARA DE REPRESENTANTES ASPIRAN:
La Cámara de Representantes esta conformada por 166 representantes electos por circunscripción departamental, dos representantes electos de grupos de comunidades negras, afro, palenqueras o raizales, un representante por colombianos en el exterior y cinco curules por el Acuerdo de Paz.
BOGOTÁ DC
POR COALICIÓN ALIANZA VERDE CENTRO ESPERANZA
MAURICIO ANDRÉS TORO ORJUELA

Cámara Bogotá # 105 lista preferente
Coalición Alianza Verde Centro Esperanza
Twitter: @MauroToroO
Es representante actual. Politólogo de la Universidad Javeriana, especializado en innovación y desarrollo de negocios de la Universidad Externado, y Magister en Administración de Empresas del ISEAD Business School, asociado a la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesor universitario, Director de Mentalidad y Cultura de Innovación y Gerente General de iNNpulsa Colombia, ha creado empresas de consultoría y tecnología. Ganador del Premio de Innovación en desarrollo de producto en 2011 en la semana global del emprendimiento. Seleccionado por la Cámara Junior Internacional en el año 2016, como uno de los 10 jóvenes sobresalientes de Colombia.
BOGOTÁ DC
POR PARTIDO UNIÓN POR LA GENTE
ANDERSSEN DAVID MORALES F.

Cámara Bogotá # 107 lista preferente
Partido de la U
Twitter: @AnderssenDavid
Líder LGBT, su eslogan es “Víctimas unidas, sí podemos!”.
VALLE DEL CAUCA
POR PARTIDO CENTRO DEMOCRÁTICO
JULIÁN BEDOYA

Cámara Valle # 104 lista preferente
Centro Democrático
Twitter: @DoctorBedoya
Es médico de profesión y fue electo como alcalde en el municipio de Toro, Valle del Cauca, convirtiéndose en el primer alcalde abiertamente gay de Colombia.
NARIÑO
POR PARTIDO LIBERAL COLOMBIANO
HILARY AGREDA

Cámara Nariño # 103 lista preferente
Partido Liberal
Twitter: @AgredaHilary
Se define como una mujer que trasciende en el género. Auténtica, determinada y muy crítica. Tranquila y pacíficadora, pero al mismo tiempo irreverente y revolucionaria.
BOYACÁ
POR COALICIÓN PACTO HISTÓRICO
MARYORY ORTÍZ

Cámara Boyacá (Lista Cerrada)
Coalición Pacto Histórico
Twitter: @maryoryortiz_UP
Es dirigente social y popular. Defensora de los derechos de la mujer y la diversidad sexual y de géneros.
PUTUMAYO
POR COALICIÓN PACTO HISTÓRICO
ANDRÉS CANCIMANCE L.

Cámara Putumayo (Lista Cerrada)
Coalición Pacto Histórico
Twitter: @CancimanceL
Ex diputado de Putumayo por el Estatuto de la Oposición. PhD en antropología y trabajador social de la Unal, magíster en ciencia política.
RISARALDA
POR COALICIÓN ALIANZA VERDE CENTRO ESPERANZA
CAROLINA GIRALDO BOTERO

Cámara Bogotá # 101 lista preferente
Coalición Alianza Verde Centro Esperanza
Twitter: @CaroGiraB
Fue la primera mujer abiertamente LGBT electa al Concejo de Pereira.
AL SENADO DE LA REPÚBLICA ASPIRAN:
El Congreso de la República esta conformado por 100 senadores electos por circunscripción nacional, dos senadores electos de grupos indígenas, un senador que sería el candidato presidencial con la segunda votación y cinco curules por el Acuerdo de Paz con la extinta guerrilla de las FARC.
POR COALICIÓN ALIANZA VERDE CENTRO ESPERANZA
ANGÉLICA LOZANO CORREA

Senado # 10 lista preferente
Coalición Alianza Verde Centro Esperanza
Twitter: @AngelicaLozanoC
Es senadora actual, ha sido representante a la Cámara, concejal de Bogotá y alcaldesa de Chapinero.
POR “ESTAMOS LISTAS” COLECTIVO POLÍTICO FEMINISTA
LIZA GARCÍA REYES

Fue directora de Diversidad Sexual de Bogotá así como la primera secretaria de la Mujer de Cundinamarca es psicóloga de la Universidad Santo Tomas, especialista en Teorías, Técnicas y Métodos de Investigación Social de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia; así mismo, es magister en Género, Identidad y Ciudadanía de la Universidad de Cádiz y Universidad de Huelva en España; actualmente adelanta estudios de doctorado en Ciencias Sociales y Jurídicas en la Universidad de Cádiz – España.
MIYU ALARCÓN

Senado (Lista Cerrada 8vo renglón)
Estamos Listas
Twitter: @AlarconMiyu
Activista trans feminista, (elle, ella) psicólogue, acompaña a personas con discapacidad y sus familias.
POR PARTIDO UNIÓN POR LA GENTE
CAROLINA FRANCO CUELLAR

Senado # 96 lista preferente
Partido de la U
Twitter: @CarolinaFrancoC
POR MOVIMIENTO FUERZA CIUDADANA
EDITH DAYANARA SALAS MORELO

Senado # 12 lista preferente
Movimiento Fuerza Ciudadana
Twitter: @edith_morelo
Mujer trans, exreina de belleza, ex precandidata al Concejo de Bogotá por Partido Verde, modelo, presentadora y activista por los derechos de las personas LGBTI
JUAN HERRERA

Senado # 47 lista preferente
Movimiento Fuerza Ciudadana
Twitter: @JuanHerrera122
Líder activista, político y defensor de derechos humanos.
NEMÍAS GÓMEZ

Senado lista cerrada
Pacto Histórico
Líder activista, Político y Defensor de Derechos Humanos.
Magister – Lic. NEMIAS GÓMEZ PÉREZ, Lic. Ciencias Sociales. Magíster Investigación Social e Interdisciplinaria. Candidato a Doctor en Estudios Sociales- Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Investigaciones: Memoria histórica para la recuperación del tejido social Ciudad Bolívar, Construcción de una noción de Barras Bravas y su relación Subjetividad – Marketing, Valoración de modelos de marketing interno para la satisfacción del cliente interno de la Facultad de Ciencias Economices y Administrativas de la UCC y Subjetividades femeninas a barrismo local en la ciudad de Bogotá. Subjetividad femenina emergentes en los grupos sociales del barrismo de la ciudad de Bogotá.
Los escritos publicados son; 1. Libro “Partir de lo que somos: Ciudad Bolívar, Tierra, Aguas y Luchas” 2014. Editado por la Alcaldía Mayor De Bogotá – ISBN: 978-958-99408-2-2 con coautoría; 2. Estudios de las políticas públicas culturales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y estado del arte de los proyectos adelantados por Bienestar Institucional año 2001/2005; 3. Barras Bravas, un suceso visto desde la construcción de subjetividades y las identidades emergentes o alternativa; 4. Acercamientos conceptuales a las teorías de participación de mujeres en el fútbol; 5. Caminando el territorio desde la diversidad social, poblacional, territorial y cultural; 6. Como se elaboran planes de desarrollo con enfoques de derechos- coautoría y Lineamiento de políticas culturales en el ámbito universitario para la revisión de programas de bienestar de la Universidad Distrital de Bogotá.
Docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas y Universidad Cooperativa de Colombia. En cuanto a los reconocimientos, se han obtenidos algunos como: 1. reconcomiendo a la labor investigativa y académica. 2. Reconocimiento a la labor docente Universidad Cooperativa de Colombia, 3. Reconocimiento a la experiencia significativa Universidad Cooperativa de Colombia. 5. Reconocimiento a la labor docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
En lo social: Coordinador de la mesa de trabajo LGBTI de Bogotá 2011 – 2014. Consejero consultivo LGBTI 2012 – 2015. Consejero Distrital de planeación de Bogotá 2013 – 2015. Vicepresidente del Consejero Distrital de Planeación de Bogotá 2015. Candidato al Concejo de Bogotá 2016. Integrante de la junta nacional del partido político Unión Patriótica. Integrante de la mesa nacional interpartidista. Vocero del Colecto León Zuleta. Ex consejo del Consejo nacional de Paz, en la actualidad lidera la mesa interpartidista de los sectores LGBTI.
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
El Salvador
El Salvador: el costo del silencio oficial ante la violencia contra la comunidad LGBTQ
Entidades estatales son los agresores principales
En El Salvador, la violencia contra la población LGBTQ no ha disminuido: ha mutado. Lo que antes se expresaba en crímenes de odio, hoy se manifiesta en discriminación institucional, abandono y silencio estatal. Mientras el discurso oficial evita cualquier referencia a inclusión o diversidad, las cifras muestran un panorama alarmante.
Según el Informe 2025 sobre las vulneraciones de los derechos humanos de las personas LGBTQ en El Salvador, elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos LGBTIQ+ de ASPIDH, con el apoyo de Hivos y Arcus Foundation, desde el 1 de enero al 22 de septiembre de 2025 se registraron 301 denuncias de vulneraciones de derechos.
El departamento de San Salvador concentra 155 de esas denuncias, reflejando la magnitud del problema en la capital.
Violencia institucionalizada: el Estado como principal agresor
El informe revela que las formas más recurrentes de violencia son la discriminación (57 por ciento), seguida de intimidaciones y amenazas (13 por ciento), y agresiones físicas (10 por ciento). Pero el dato más inquietante está en quiénes ejercen esa violencia.
Los cuerpos uniformados, encargados de proteger a la población, son los principales perpetradores:
- 31.1 por ciento corresponde a la Policía Nacional Civil (PNC),
- 26.67 por ciento al Cuerpo de Agentes Municipales (CAM),
- 12.22 por ciento a militares desplegados en las calles bajo el régimen de excepción.
A ello se suma un 21.11 por ciento de agresiones cometidas por personal de salud pública, especialmente por enfermeras, lo que demuestra que la discriminación alcanza incluso los espacios que deberían garantizar la vida y la dignidad.
Loidi Guardado, representante de ASPIDH, comparte con Washington Blade un caso que retrata la cotidianidad de estas violencias:
“Una enfermera en la clínica VICITS de San Miguel, en la primera visita me reconoció que la persona era hijo de un promotor de salud y fue amable. Pero luego de realizarle un hisopado cambió su actitud a algo despectiva y discriminativa. Esto le sucedió a un hombre gay.”
Este tipo de episodios reflejan un deterioro en la atención pública, impulsado por una postura gubernamental que rechaza abiertamente cualquier enfoque de inclusión, y tacha la educación de género como una “ideología” a combatir.
El discurso del Ejecutivo, que se opone a toda iniciativa con perspectiva de diversidad, ha tenido consecuencias directas: el retroceso en derechos humanos, el cierre de espacios de denuncia, y una mayor vulnerabilidad para quienes pertenecen a comunidades diversas.
El miedo, la desconfianza y el exilio silencioso
El estudio también señala que el 53.49 por ciento de las víctimas son mujeres trans, seguidas por hombres gays (26.58 por ciento). Sin embargo, la mayoría de las agresiones no llega a conocimiento de las autoridades.
“En todos los ámbitos de la vida —salud, trabajo, esparcimiento— las personas LGBT nos vemos intimidadas, violentadas por parte de muchas personas. Sin embargo, las amenazas y el miedo a la revictimización nos lleva a que no denunciemos. De los casos registrados en el observatorio, el 95.35 por ciento no denunció ante las autoridades competentes”, explica Guardado.
La organización ASPIDH atribuye esta falta de denuncia a varios factores: miedo a represalias, desconfianza en las autoridades, falta de sensibilidad institucional, barreras económicas y sociales, estigma y discriminación.
Además, la ausencia de acompañamiento agrava la situación, producto del cierre de numerosas organizaciones defensoras por falta de fondos y por las nuevas normativas que las obligan a registrarse como “agentes extranjeros”.
Varias de estas organizaciones —antes vitales para el acompañamiento psicológico, legal y educativo— han migrado hacia Guatemala y Costa Rica ante la imposibilidad de operar en territorio salvadoreño.
Educación negada, derechos anulados
Mónica Linares, directora ejecutiva de ASPIDH, lamenta el deterioro de los programas educativos que antes ofrecían una oportunidad de superación para las personas trans:
“Hubo un programa del ACNUR que lamentablemente, con todo el cierre de fondos que hubo a partir de las declaraciones del presidente Trump y del presidente Bukele, pues muchas de estas instancias cerraron por el retiro de fondos del USAID.”
Ese programa —añade— beneficiaba a personas LGBTQ desde la educación primaria hasta el nivel universitario, abriendo puertas que hoy permanecen cerradas.
Actualmente, muchas personas trans apenas logran completar la primaria o el bachillerato, en un sistema educativo donde la discriminación y el acoso escolar siguen siendo frecuentes.
Organizaciones en resistencia
Las pocas organizaciones que aún operan en el país han optado por trabajar en silencio, procurando no llamar la atención del gobierno. “Buscan pasar desapercibidas”, señala Linares, “para evitar conflictos con autoridades que las ven como si no fueran sujetas de derechos”.
Desde el Centro de Intercambio y Solidaridad (CIS), su cofundadora Leslie Schuld coincide. “Hay muchas organizaciones de derechos humanos y periodistas que están en el exilio. Felicito a las organizaciones que mantienen la lucha, la concientización. Porque hay que ver estrategias, porque se está siendo silenciado, nadie puede hablar; hay capturas injustas, no hay derechos.”
Schuld agrega que el CIS continuará apoyando con un programa de becas para personas trans, con el fin de fomentar su educación y autonomía económica. Sin embargo, admite que las oportunidades laborales en el país son escasas, y la exclusión estructural continúa.
Matar sin balas: la anulación de la existencia
“En efecto, no hay datos registrados de asesinatos a mujeres trans o personas LGBTIQ+ en general, pero ahora, con la vulneración de derechos que existe en El Salvador, se está matando a esta población con la anulación de esta.”, reflexiona Linares.
Esa “anulación” a la que se refiere Linares resume el panorama actual: una violencia que no siempre deja cuerpos, pero sí vacíos. La negación institucional, la falta de políticas públicas, y la exclusión social convierten la vida cotidiana en un acto de resistencia para miles de salvadoreños LGBTQ.
En un país donde el Ejecutivo ha transformado la narrativa de derechos en una supuesta “ideología”, la diversidad se ha convertido en una amenaza política, y los cuerpos diversos, en un campo de batalla. Mientras el gobierno exalta la “seguridad” como su mayor logro, la población LGBTQ vive una inseguridad constante, no solo física, sino también emocional y social.
El Salvador, dicen los activistas, no necesita más silencio. Necesita reconocer que la verdadera paz no se impone con fuerza de uniformados, sino con justicia, respeto y dignidad.
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