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La comunidad LGBTI mexicana a la conquista de las audiencias
Hay más personajes LGBTI en las pantallas del país

Un beso lésbico en horario de máxima audiencia y una mujer transgénero cantando en un programa familiar de domingo eran escenas impensables hace unos años en la televisión mexicana. Hoy, no solo conforman una realidad, sino que devienen en historias con miles de seguidores, en un país donde el machismo y la homofobia aún son caldo de cultivo para una alarmante violencia en contra de la comunidad LGBTI.
El reality show de música “La Voz“ en su versión mexicana de 2018 así como varias telenovelas, todo producido por la cadena Televisa, sorprendieron al retratar sin tapujos en la pantalla nacional historias gays, reales y de ficción, que han logrado, sin dudas, una mayor visibilidad de esta minoría.
Y apenas está comenzando todo. En 2017 se emitió “Papá a Toda Madre” un audiovisual que reveló las dificultades a las que se enfrentaba una pareja homosexual masculina para formar una familia. El año pasado, según la revista People, Televisa presentó su primera relación de amor lésbico en televisión con “LIKE”, todavía en transmisión. Lo hizo a través de una pareja, a la que dieron vidas las actrices Carolina Sepúlveda y Daphne Montesinos.
También ha causado gran conmoción entre el público mexicano, el dúo amoroso de Juliana y Valentina, de la novela “Amar a Muerte” (actualmente en emisión), encarnadas por las actrices Bárbara López y Macarena Achaga respectivamente, quienes asumen con total naturalidad sus personajes, que constantemente son tendencia en Twitter.
Para inicios de este año, Televisa continúa con melodramas gay-friendly, pues llevará a los hogares mexicanos “Ringo” , una superproducción con una subtrama que recrea una relación de amor entre dos boxeadoras.
Música y activismo
La séptima temporada de “La Voz” (concluida en diciembre pasado) trajo dos talentos de la comunidad LGBTI: Morgana Love, una mujer transexual de 28 años, originaria de uno de los estados más conservadores de México, Guanajuato, y Ángel Elizondo, un joven abiertamente gay de 21 años, procedente de Coahuila.
Elizondo llegó a la final del programa en el equipo de Anitta y en varios capítulos lo acompañó su novio, pues según confesó, parte de su familia no lo acepta como gay. Sin embargo, señaló que desde que comenzó a cantar no ha recibido discriminación.
“En el lado de la música me ha ido muy bien”, refirió. “Nunca me ha ido mal por mi orientación sexual porque es tan intrascendente como cualquier otra diferencia. Soy una persona plena, buscando la felicidad, luchando con sus sueños y luchando para compartir el amor que uno tiene por uno mismo con los demás”.
Elizondo en una de las emisiones lanzó además un mensaje en el que apostó por la igualdad de los seres humanos, un gesto de tímido activismo aderezado con notas musicales: “Antes de gustos, antes de sexo o de cualquier orientación sexual somos todos iguales y todos valemos lo mismo. Creo que hay que dejar de decir ‘la comunidad (gay, trans, etc.)’ porque la comunidad somos todos, no necesitamos representantes porque cada quien se representa a sí mismo y es algo fundamental en estos días, el amor, la tolerancia y el respeto para nosotros mismos”.
En cambio, Love se convirtió en la primera mujer trans en participar en un certamen de este tipo, pese a que no remarcó desde un inicio su verdadera identidad de género por temor a no ser aceptada por los televidentes. Lo que sí dejó claro desde un principio fue su propósito en el reality: “Quiero decir que la bandera que yo estoy levantando aquí es la de ser humano. Me voy a quitar las etiquetas y todo eso que nos define por nuestra sexualidad, no me interesa nada de eso. Soy un ser humano, soy una cantante y todos amamos la música. Por eso estoy aquí”, afirmó.
Uno de los episodios más emocionantes para la concursante fue cuando, en una de sus presentaciones, dedicó la canción “Creo en ti” a una amiga que había sido asesinada por ser trans. En ese momento su mentora, Anitta, en medio de elogios por la calidad de su presentación, le confirmó al público lo que sospechaban: Morgana era una mujer trans, lo cual desató aplausos en la audiencia que asistía al foro de la cadena Televisa, encargada del popular show.
Detrás de la dedicatoria de Morgana late una vergonzosa realidad: México ocupa el segundo lugar a nivel mundial, luego de Brasil, en la tasa de homicidios a personas trans. Solo en este 2018, se han registrado 47 asesinatos, según Rocío Suárez, directora general del Centro de Apoyo a las Identidades Trans A.C, en una entrevista ofrecida a El Universal el promedio de vida de una persona trans en Latinoamérica es de 35 años.
En ‘La Voz’ ganó la diversidad
Varios activistas e integrantes de la comunidad LGBTI en México coinciden en que este concurso de talentos deviene en otra acertada plataforma para que los mexicanos sigan eliminando prejuicios y cada día ganen en tolerancia y aceptación.
Francisco Robledo, empresario y socio director de la Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral (ADIL) afirmó al Washington Blade que “La Voz México” 2018 fue “una gran oportunidad de poner el tema en la mesa, sirvió para abrir esta discusión y se vean las muchas formas en que una persona LGBT nos presentamos ante la vida”.
Robledo es amigo personal de Love y tuvo la oportunidad de acompañarla a su audición. “Escuché lo que se dijo esa tarde y luego comparándolo con lo que salió en TV me quedo satisfecho de que haya escogido a Anitta, una mujer entendida, informada y comprometida con las personas LGBT desde su natal Brasil y ahora dándose a conocer con más fuerza en el resto de Latinoamérica a través de México”.
“Nuestra amiga (Morgana) sin duda no quería exhibir ser una persona trans desde el inicio para no sesgar a la audiencia. Al final, la producción fue quien eligió cómo armar el material y lo que vimos en televisión sí fue un abordaje frontal y directo al tema”.
A Robledo le preocupaba cómo iba a ser reflejada la vida personal de la cantante, así como los términos que se utilizarían en el show. Según nos cuenta, quedó complacido pues, “el día de la semifinal el discurso que salió en televisión de Anitta, fue de lo mejor y más digno que he escuchado en esa cadena televisiva nunca antes”.
Y es que Televisa no era conocida como una empresa que tocara temas pro-LGBTI y cuando lo hacía, era de una forma estereotipada y con personajes que solo servían como recurso cómico, reconoce Karolyna Pollorena, una activista de Mexicali.
“Considero importante y muy positivo que un programa como ‘La Voz México’, que tiene una audiencia muy grande con la empresa de televisión mexicana más importante, esté apostando por hablar de diversidad e inclusión”, destaca Pollorena.
Pese a que ninguno de los dos participantes conquistó el premio, Robledo comparó las apariciones de Morgana y Elizondo con la de Angela Ponce, la primera trans en representar a España en Miss Universo. “Ganó la diversidad, ganó la conversación y ganó la visibilidad”, destacó.
Este último aspecto, relacionado con la visibilidad, en opinión de Mónica Trasandes, investigadora de la Alianza Gay y Lésbica contra la Difamación (GLAAD), resulta sumamente importante pues “ver a personas LGBTQ felices, fuertes, saliendo adelante puede ser muy alentador para ellas, y ellos que no tienen apoyo familiar o en sus comunidades, puede dar esperanza. También hay muchas personas que aún no conocen a personas gays, lesbianas, bisexuales o transgénero. A través de los medios pueden ‘conocer’ quienes somos y esto puede tener un fuerte efecto en disminuir el prejuicio”.
Aun no es suficiente
Según varios expertos, “La vida en el espejo”, telenovela mexicana producida por Argos Comunicación para Televisión Azteca en 1999, fue el primer material audiovisual que presentó dignamente a un hombre gay en México. Así lo cree Paul Julian Smith, profesor e investigador británico, quien durante dos años se adentró en los procesos de representación y producción de la industria cinematográfica y televisiva mexicana para realizar el libro “Queer Mexico, Cinema and Television Since 2000.”
En una entrevista concedida al blog Sección Amarilla, Smith alegó que en esa telenovela “no hubo nada del mariquita. No. Aquí se trató de un hombre y se mostró perfectamente. Fue muy importante … A diferencia del cine, la televisión deja entrar a tu casa temáticas como la LGBT y provocar una reacción más directa”.
Antes del lanzamiento de ese material y en años sucesivos “algunos grupos de la comunidad LGBT, en especial los colectivos gay y lesbianas, han sido perpetuados como objeto de burla y humillación, pues en la mayoría de las telenovelas mexicanas donde los productores tratan de ser ‘inclusivos’ son representados por uno de dos estereotipos clichés: el peluquero o estilista y el diseñador o modista, siempre propuestos súper femeninos”, escribió José Alfredo Jiménez en un artículo titulado “Estereotipos LGTB en la televisión mexicana” para la web Servicio de Agencia.
Al decir de Jiménez, los cambios en la representación de los gays en las pantallas mexicanas han sido mínimos y se debe, en su mayoría, por la influencia que ha ejercido Internet, que posee una visión más desprejuiciada y abierta.
“Es muy importante que los medios sigan, incluso aumenten su inclusión”, sostiene Trasandes. “Hay un poco más inclusión, lo cual me alegra, pero no es suficiente. En cobertura noticiera, unos de los errores que vemos todavía es que se desconozca la diferencia entre orientación e identidad de género”.
La investigación Todavía Invisibles, realizada por GLAAD, una organización sin ánimo de lucro dedicada al estudio de los temas LGTBI en los medios de comunicación, reveló que, de los 698 personajes de ficción de cadenas como Univisión, Telemundo y UniMás, solo diecinueve, un 3 por ciento del total, eran LGBTI, idéntico resultado que el año anterior, lo cual evidencia un estancamiento en la representación de esta comunidad en la pantalla chica.
“Continúa siendo preocupante el hecho de que los productores no puedan imaginar una manera en la que los personajes LGBTQ tengan relaciones satisfactorias, familias o éxito en los negocios, de igual manera en que los personajes heterosexuales y cisgénero lo logran en los mismos programas”, dice GLAAD en su estudio.
Sin dudas, el prejuicio ha mutado y ahora no se presenta tan evidente, sino en una forma menos agresiva. Superar esos tabúes debe ser el próximo éxito. Solo así la obra de estas producciones televisivas estará completa.

Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
