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Latinoamérica debe recuperar el liderazgo en la erradicación de las ‘terapias de conversión’

El lunes es el Día Mundial de Salud Mental

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La diputada chilena Emilia Schneider ha presentado un proyecto de ley que prohibiría las 'terapias de conversión' en el país. (Foto cortesía de Emilia Schneider)

En el Día Mundial de Salud Mental es relevante recordar una de las luchas actuales de las comunidades LGBT+ para vivir plenamente su identidad sin que su salud sea puesta en riesgo: la erradicación total de las mal llamadas “terapias de conversión”. Se trata de una tarea global que requiere, en lo local, de liderazgos políticos y sociales que impulsen normas y políticas públicas que enfrenten esta problemática de manera directa.

Las mal llamadas “terapias de conversión” son todas aquellas prácticas que buscan cambiar la orientación sexual o la identidad de género de una persona LGBTIQ. Pueden desarrollarse a través de actividades de contenido religioso, tratamientos psicológicos o psiquiátricos, etc. El sustento para estas prácticas está científicamente desacreditado hace mucho tiempo: que el ser lesbiana, gay, bisexual o transgénero es una enfermad, un defecto o algo que debe de ser cambiado. 

Decimos que está mal referirnos a ellas como “terapias”, pues ese nombre debería ser dado solo a aquellas prácticas que buscan solucionar una enfermedad o un problema. Aquí lo que se quiere cambiar son orientaciones sexuales e identidades de género perfectamente saludables y válidas, por prejuicios y discriminación. Como ha señalado OutRight International en su informe pionero sobre el tema, estas prácticas de conversión se encuentran presente en todos los continentes y son una expresión de la homofobia y transfobia que todavía se encuentran presentes en las sociedades.

El consenso científico es claro: las “terapias de conversión” no funcionan, no se puede cambiar algo que la persona no eligió y que es parte de su naturaleza. Pero ello no las hace inofensivas, por el contrario, pueden generar daños graves a las personas que son sometidas a ellas. Depresión, ansiedad, problemas de autoestima, estrés, entre otras posibles consecuencias negativas para la salud mental de las personas. También puede darse consecuencias para la salud física, cuando estas prácticas de conversión tienen un contenido violento.

Desde las Naciones Unidas, el experto Independiente, Víctor Madrigal-Borloz, ha señalado que por su propia naturaleza las “terapias de conversión” son prácticas crueles, inhumanas y degradantes, y que en algunos casos pueden llegar incluso a ser consideradas formas de tortura. Ha hecho un llamado claro a los Estados para que, como parte de sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, realicen todos los esfuerzos para lograr la erradicación de estas prácticas.

En la actualidad son solamente ocho países que cuentan con prohibiciones legales expresas contra las prácticas de conversión y cuatro países con legislación en jurisdicciones subnacionales. A ellos se suma más de una decena que prohíben de manera indirecta algunos aspectos de esta problemática, pero que no cuentan con leyes específicas.

Si bien se debería poder erradicar este tipo de prácticas con las herramientas legales con las que ya cuentan los estados para enfrentar la vulneración de derechos humanos, es importante que los países cuenten con legislación expresa para abordar esta problemática. Una ley expresa permite visibilizar la problemática, ayudando a generar conciencia en la sociedad respecto de los daños a la salud mental y física que este tipo de prácticas pueden generar en quienes son sometidas a ellas.

Incluso en países con congresos de mayoría adversa a la agenda de derechos LGBTIQ, la presentación de este tipo de proyectos de ley es una oportunidad importante para visibilizar el problema y promueve una conversación pública entre actores claves (asociaciones de psicólogos y psiquiatras, colegio médico, líderes religiosos, universidades, sobrevivientes). Así, el proceso legislativo, independientemente de su resultado, termina siendo una herramienta para evitar que más personas acudan a estas “terapias” en base a desinformación o desconocimiento.

Además, una norma expresa norma expresa permite establecer claramente las obligaciones específicas del Estado y sus funcionarios para actuar en cuatro aspectos fundamentales: mecanismos y estrategias de prevención, canales de denuncia, castigo eficaz a los responsables, y atención a los sobrevivientes. La sociedad civil puede estar más vigilante respecto a la actuación de sus instituciones públicas cuando están claramente establecidas cuáles son las tareas que debe de realizar en asuntos críticos como este. 

Entre los países que cuentan con medidas legales claras contra las “terapias de conversión” están Brasil y Ecuador, quienes en su momento se encontraron entre los estados pioneros en abordar esta amenaza. América Latina requiere recuperar ese liderazgo y lograr que sus países cuenten con leyes que aborden de forma integral este asunto y logren la erradicación de estas prácticas.

En Chile, la diputada Emilia Schneider ha presentado un proyecto de ley en esa línea. Mauricio Toro lo hizo previamente en Colombia al final de su mandato, y el nuevo caucus LGBT en el parlamento colombiano ha asumido la tarea. En Guatemala y Perú diputados LGBT vienen trabajando iniciativas legislativas, y el asunto se está conversando con parlamentarios de Uruguay, México y Argentina. En Venezuela, la Federación de Psicólogos se ha pronunciado en contra de estas prácticas y ha pedido a la sociedad actuar contra ellas.

Una pregunta recurrente cuando se habla con legisladores es si este es un problema real en sus países. Muchos de ellos han avanzado notablemente en el reconocimiento de derechos LGBTIQ en los últimos años, y este suena a un asunto anacrónico, sacado de tiempos peores. Lo que sucede es que debido al estigma y otros factores, no existe mucha visibilidad. Sin embargo, una rápida revisión en Internet y redes sociales permite encontrar por lo menos un par de denuncias o testimonios en cada país de la región. No existe sociedad donde todavía haya homofobia y transfobia donde no se manifieste alguna forma de “terapia de conversión”. 

Enfrentar las “terapias de conversión” es un asunto de derechos humanos que no debe ser ignorado. La salud mental de las personas LGBTIQ en la región seguirá en peligro mientras no se logre su erradicación.

Alberto de Belaunde es excongresista peruano y el program advisor de Global Advocacy por OutRight International.

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Pedro Pablo, un gay sordo que brilla como drag

Presentó a María Antonieta al público por primera vez en 2021

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Pedro Pablo (Foto cortesía de Quorum)

Quorum es el socio mediático del Washington Blade en Guatemala. Esta nota salió en su sitio web el 22 de noviembre.

“Hola”. Pedro Pablo sonríe mientras se acerca y aleja su mano en un sólo movimiento. Es la seña para saludar. En el próximo instante dirige sus dedos gordo e índice a su cuello, a la altura del cartílago que es conocido como la manzana de Adán. El gesto significa “mucho gusto”.

Con cada gesto, el hombre de 33 años, mantiene el contacto visual. A su lado está Pablo Vásquez de la Asociación de Sordos de Guatemala (Asorgua). Es intérprete y facilita la entrevista para superar una barrera que Pedro Pablo encuentra a menudo: que la mayoría de personas oyentes no están familiarizadas con la lengua de señas.

En muchos casos siente que prefieren evadirlo por no saber cómo comunicarse con él por ser una persona sorda. Ser gay y sordo, dice, es como el paquete completo para el rechazo y la discriminación.

“A veces muchas personas no comprenden qué es ser parte de la diversidad sexual y por otro lado ser una persona sorda es difícil porque la sociedad desconoce de esta discapacidad”, explica.

En Guatemala viven 240 mil personas sordas, según datos del Consejo Nacional para la Atención de Personas con Discapacidad (Conadi). Esos datos son de 2018 y Asorgua señala que actualmente son muchas más.

Pedro Pablo vive con sordera profunda desde los nueve meses de edad, cuando una enfermedad hizo que perdiera la audición por completo. Pero eso no impidió que encontrara los espacios para desarrollarse plenamente y vivir su sexualidad e identidad con libertad. 

Quien le ha ayudado en este camino es María Antonieta, la mujer que personifica en drag.

La fuerza de María Antonieta

La primera vez que Pedro Pablo presentó a María Antonieta al público fue en 2021, en la discoteca Genetic, en la ciudad capital. Fue su estreno como drag queen.

No le caben los adjetivos para explicar lo que siente cada vez que se pone la peluca y se maquilla. Para él es como un sueño hecho realidad.

“Me siento más libre, más coqueta, más hermosa. Como una flor en un campo. Es más que orgullo, es un sentimiento de mucha alegría”, comparte.

Cuando se ve al espejo, se recuerda de aquel niño que veía con emoción a su mamá y hermana maquillarse.

Tenía alrededor de nueve años cuando a escondidas comenzó a ponerse los vestidos y zapatos de su mamá cuando jugaba solo en su casa.

Su bisabuela lo descubrió en varias ocasiones. Nunca lo regañó. Dejaba que jugara y luego le ayudaba a limpiarse la cara.

Pedro Pablo recuerda con mucha ternura que ella le decía que sería un secreto de los dos, como una forma de protegerlo ante los posibles regaños. Una complicidad de cariño que se estrechaba cada noche cuando compartían la hora de la novela.

“Una vez me dijo que no me preocupara por nada, lo único que debe preocuparme es ser feliz y encontrar al amor de mi vida”, dice con una sonrisa.

Pedro Pablo cree que ella fue la primera persona en darse cuenta de quién era en realidad. Piensa que su mamá también intuía su orientación sexual, pero ella nunca le comentó nada.

Liberarse a pesar de todo

Su crianza siempre fue bastante estricta. Su mamá y su papá eran pastores y fundaron una iglesia en Quetzaltenango. Casi solo le hablaban de la Biblia y solo le permitían que se relacionara con otras personas sordas.

Aún sabiendo que sería difícil hablar de su orientación sexual, Pedro Pablo siempre sintió la necesidad de contarle a su familia. 

“No me alcanzó el tiempo para contarle. Yo iba a decirle a mi familia pero mi papá enfermó de cáncer. Estuve en ese proceso de estudiar y regresar a casa para cuidarlo hasta que él murió”, agrega.

Pedro Pablo tenía 15 años. Entre la tristeza y el duelo familiar, tuvo que esperar ocho años más para hablarlo con su mamá. El enamoramiento que vivía en ese entonces le dio el valor para decirle que era feliz con el amor de un hombre.

Generó muchas discusiones en torno a la religión, a la Biblia y a su sexualidad. Su mamá lo aceptó, dice, pero le puso la condición de no volver a hablarlo en casa.

“En casa soy una persona y afuera soy quien tengo que ser. Lo decidí así por amor a mi familia y a mi mamá porque comprendo que se sacrificaron para tenerme donde estoy”, agrega.

Las restricciones en su hogar, no le quitaron la emoción que sintió Pedro Pablo por salir del clóset y poder interactuar y sentirse parte de una comunidad diversa. “Es una experiencia muy bonita, pero también difícil porque dentro de la comunidad de sordos hay muchos tabús”, menciona.

Hacer del mundo un lugar mejor

La educación integral en sexualidad y la diversidad sexual son temas que no se abordan dentro de la comunidad de sordos, dice, y el hablar de ello con libertad y presentarse como una persona abiertamente gay lo ha expuesto a insultos. Sin embargo, también hay personas que lo apoyan y le celebran su valentía de subirse a los escenarios.

Mientras los vestidos de María Antonieta están guardados, Pedro Pablo pasa sus horas laborales en el Hospital de Ojos y Oídos “Rodolfo Robles”. En las mañanas trabaja en el archivo médico y por las tardes ayuda a los niños y niñas sordas que acuden ahí con sus padres. Les enseña lengua de señas, como lo hicieron con él cuando era niño.

También estudia psicología y diseño gráfico. Desde su vida y trabajo aporta a que no exista discriminación hacia las personas con discapacidad auditiva y hacer un puente entre ellas y la comunidad de la diversidad sexual.

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Indocumentadas en Honduras: la realidad de las personas trans (parte I)

La CIDH dijo el Estado de Honduras es responsible por la muerte de Vicky Hernández

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Angie en las calles de su aldea natal (Foto cortesia de Dunia Orellana)

Esta es la primera parte de un reportaje realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa ¡Exprésate! en América Latina.

SAN MANUEL/SAN PEDRO SULA, Honduras — En la aldea de Tacamiche, que se desligó de la transnacional bananera Tela Railroad Company a finales de los años 90, vive Angie Orellana, mujer trans, activista y lideresa comunitaria que pese a las múltiples limitantes en el área rural se mantiene firme en su lucha por los derechos de la comunidad LGBTIQ+ en Honduras.

De actitud afable, mirada expresiva y suave sonrisa, Angie nos recibe en su casa en esta aldea situada en San Manuel, a 22 kilómetros de la segunda ciudad más importante de Honduras, San Pedro Sula, para ilustrar la realidad que viven muchas personas trans en el país. 

En una hamaca, debajo de un barracón rodeado del verde de las plantas, la originaria de  la ciudad de La Lima narra que su espíritu aguerrido nació cuando apenas tenía 13 años en la lucha campesina de la que sus padres fueron parte para desligarse de la transnacional. 

“De ahí nace la lucha a la que me dedico ahora para el cumplimiento de nuestros derechos. De ahí parte lo que soy como mujer trans, como luchadora, porque soy una persona que me mantengo luchando por nuestros derechos”, expresa.

En su juventud, Angie incursionó en las luchas estudiantiles y, con el paso de los años, gracias a su hermana, quien también es mujer trans, llegó a las puertas de la Asociación Feminista Trans (AFET), donde aprendió más acerca de la diversidad de género y poco a poco se fue involucrando en las actividades para defender los derechos de la población trans en Honduras.

Incertidumbre

El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH) que hizo responsable al Estado de Honduras por la muerte de Vicky Hernández durante el golpe del 28 de junio de 2009 marcó un precedente histórico para la población trans y comunidad LGBTIQ+ en América Latina. Hubo un velo de esperanza para una comunidad que durante años ha sido víctima de odio, discriminación y violaciones de derechos humanos que les han despojado de su plenitud como personas.

Vicky Hernández (Foto cortesia de Cattrachas)

Sin embargo, la realidad es que la incertidumbre continúa para las personas trans, aunque se han dado avances en algunos procesos. El Estado de Honduras realizó el 9 de mayo de 2022 el acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional por la muerte de Vicky Hernández, una de las medidas reparatorias que la Corte IDH ordenó al Estado luego de la sentencia.

Al respecto, Angie expresa que luego del acto de reconocimiento de responsabilidad, la poca visibilidad que la presidenta Xiomara Castro da a las personas trans en los espacios públicos es preocupante. “Nosotras le apostábamos a que en todo momento, en todo espacio, la presidenta iba a estar representándonos y no ha sido así”, comenta.

Las personas trans todavía continúan en espera de una respuesta que les deje saber cuál será el siguiente paso que les permita acercarse al goce integral de sus derechos. “Hemos tocado varias puertas, así vemos la poca voluntad política de cada una de las personas que llevan este proceso”, puntualiza la activista. 

Con 40 años de edad, Angie dice ser “una persona indocumentada en su propio país”. De igual manera, remarca la carencia de una ley de identidad de género que beneficie a las personas trans, no para solucionarles la vida por completo, sino para erradicar las violaciones a los derechos humanos que viven diariamente.

Falsas esperanzas

Durante la administración del expresidente Juan Orlando Hernández, se realizó el censo nacional de la población con la intención de actualizar la tarjeta de identidad, anteriormente llamada cédula, a un nuevo documento nacional de identificación (DNI).

Para el DNI, las personas trans pudieron tomarse la fotografía vistiendo acorde a su expresión de género. El nuevo documento incluye los apartados de nombre, apellido, fecha de nacimiento, número de identificación, nacionalidad, lugar de nacimiento, fecha de expiración y firma del ciudadano, dejando el apartado de sexo/género.

Sin embargo, en la parte posterior del documento se observan los diferentes códigos de barra, QR, domicilio y un código alfanumérico que contiene un identificador de F o M (femenino o masculino), el  cual, de acuerdo con dirigentes de las asociaciones LGBTIQ+, evidencia la forma en que el pasado gabinete manipulaba la información para hacer parecer que se avanzaba en la materia cuando no era así.

Fotografia de la DNI mostrando códigos f y M

Esta relevante pieza de información que muestra cómo los procesos se camuflan para impedir el goce de derechos humanos integrales no aparece en las fotografías de la campaña informativa que publicaron entes del Gobierno al momento del censo.

Fotos de la campaña del DNI-2 promovida.

La lideresa trans y defensora de AFET, Allyson Hernández, comenta que esta ha sido “una estrategia muy sucia”. “Hay muchas compañeras que se alegran porque está el cambio de la imagen, pero nosotras que estamos dentro y al frente de la lucha y el movimiento entendemos que ha sido algo maquillado, donde siempre se nos marca que somos sexo masculino”, señala.

Según Hernández, esto conlleva a que otras personas se confundan, dado que la imagen de expresión de género no es la misma que indican los documentos de investigación, propagando aún más el odio y el estigma.

¿Hay avances?

Dentro de la sentencia de la Corte IDH, la octava medida reparatoria que el Estado debe cumplir es “adoptar un procedimiento para el reconocimiento de la identidad de género que permita a las personas adecuar sus datos en los documentos y en los registros públicos de conformidad con su identidad de género autopercibida”.

En septiembre del presente año debía haberse dado una reunión para iniciar el proceso de cambio de nombre, pero el Registro Nacional de las Personas (RNP), institución que se encargará del proceso de cambio de nombre en el DNI, no ha definido hasta el momento la metodología ni fechas para iniciar con el cumplimiento de dicha medida.

Al ser consultados, el RNP aseguró que la Procuraduría General de la República (PGR) es la institución que lidera el cumplimiento de la sentencia, apoyándose en el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh) y otras organizaciones de sociedad civil defensoras de las personas de la diversidad. Asimismo, argumentó que “solo están a la espera de la suscripción del memorándum de entendimiento para el cumplimiento de la sentencia, con el acompañamiento de todas las instituciones involucradas a nivel nacional que garanticen su cumplimiento”.

Angie reconoce que las personas trans tienen que vivir situaciones de discriminación en cada espacio. Las actividades cotidianas más simples como ir al banco o recibir atención médica se vuelven engorrosas al no contar con los documentos que reflejen su expresión de género. 

Cabe resaltar que en Honduras actualmente existen solamente tres motivos por los cuales una persona puede cambiar su nombre, basados en el artículo 51 de la Ley del Registro Nacional de las Personas: 1) por error del registro al momento de su inscripción, 2) cuando el nombre sea demasiado difícil de pronunciar o de escribir y 3) cuando el nombre denigre a la persona o sea contrario a la moral y a las buenas costumbres.

Dentro del último punto se hace énfasis en que, si los nombres son contrarios a la moral y a las buenas costumbres, se realizará el cambio de nombre solamente si hay un dictamen forense solicitado por el RNP que evidencie que esto está causando daño psicológico en la niña o niño.

Mientras tanto, las personas trans continúan sumidas en procesos de discriminación, en los que son objeto de burlas, humillaciones y negación de servicios por no tener un documento de identidad que refleje su expresión de género real.

Esperanza con liderazgo

En su diario vivir, Angie trata de dejar huella ejerciendo su liderazgo. Dedica su tiempo a hacer voluntariado dentro de AFET y también coordina el grupo Frida Trans, integrado por 40 personas voluntarias con diferentes expresiones de género. Angie creó Frida Trans con el propósito de brindarles apoyo, ser más visibles en la comunidad y educar a las personas de su entorno para derribar estigmas sociales. Por ello, Angie resalta que le gusta “la inclusividad porque la lucha es LGBTI+, no es solo de las personas trans”.

El municipio de San Manuel es una zona del interior del país bastante conservadora, que se vuelve agravante para la seguridad de las personas trans. Sin embargo, la lideresa se muestra firme en destacar la importancia de la educación comunitaria en temas de diversidad. El semblante de Angie se va endureciendo a medida que habla de sus puntos de vista para poder alcanzar una sociedad más justa e inclusiva.

“Considero que nosotras debemos educar a la sociedad. No te miento, siempre hay un grado de estigma y discriminación en los lugares que puedo llegar o llego, pero lo que me gusta dar a conocer es el trabajo que nosotras realizamos, lo positivo de trabajar en los colectivos LGBTI+ para el cumplimiento de los derechos, específicamente”.

Frida Trans ha permitido que haya mayor visibilidad en el sector, las personas LGBTI+ se están manifestando para abrir espacios donde puedan abordar temas referentes a su expresión de género, ya que actualmente esta localidad no cuenta con un punto de reunión para la población diversa, como en la mayoría del territorio hondureño, donde se segrega a muchas personas trans por considerar que alteran las buenas costumbres y el orden público. 

Relación del fundamentalismo religioso con el Estado

El fundamentalismo religioso ha levantado ataques de odio en la comunidad de San Manuel, propagando la desinformación y haciendo que más personas apoyen la posición de los grupos antiderechos.

Angie reflexiona que “eso es algo que siempre va a existir” porque lo vienen acarreando desde hace muchos años, pero “nunca se había visto de manera tan violenta ni directa como en este momento”, indica.

En lo que va del 2022 ya se superó el número de muertes violentas de personas diversas del año pasado. En 2021 se cerró con 29 muertes, mientras que en julio del presente año esta cifra ascendía a 36 muertes violentas dentro de la comunidad, siendo los departamentos de Cortés y Francisco Morazán los que registran mayor número de fatalidades.

Aunque se muestra optimista al afirmar que “esto va a disminuir a medida se eduque a las personas”, la cotidianeidad de Angie y el resto de sus compañeras no es fácil. “Algunas de nosotras o todas nosotras nos preparamos diariamente para conllevar lo que pasa a nuestro alrededor; discriminación, rechazo, odio, todo ese tipo de cosas”.

Un ejemplo de esto se dio en el marco del Día contra la HomoLesboBiTransFobia luego de que varias organizaciones LGBTIQ+ realizarán eventos de manifestación exigiendo sus derechos. El alcalde de San Pedro Sula, Roberto Contreras, se negó a izar la bandera del orgullo, argumentando que “no quería enemigos como la iglesia o cualquier otro sector que pudiera pronunciarse en contra de su gobierno”, comparte el presidente del Comité LGBTIQ+ del Valle de Sula, Osman Lara. 

“Esta es una de las mayores limitantes dado que ni nosotras gozamos de un Estado laico, tú bien sabes todo lo que hemos venido acarreando desde años, donde siempre la Iglesia ha estado incluida en las decisiones del pueblo. Entonces creo que no debe ser así”.

Según un estudio publicado por CID Gallup, la población hondureña es 36 por ciento católica y 44 por ciento evangélica. La religión en Honduras es con frecuencia utilizada como mecanismo de manipulación, lo cual conlleva a que se divulguen más discursos de odio en contra de las personas trans.

Grupos religiosos de Tegucigalpa en manifestación para defender la moralidad y buenas costumbre de país. (Foto de Luis Vallecillo)

No obstante, la Constitución de la República en el artículo 77 expone lo siguiente: “Los ministros de las diversas religiones no podrán ejercer cargos públicos ni hacer en ninguna forma propaganda política, invocando motivos de religión o valiéndose, como medio para tal fin, de las creencias religiosas del pueblo”.

La realidad es completamente opuesta a la teoría. Desde hace mucho tiempo se ve abiertamente cómo la relación entre Iglesia y Estado ha interferido en decisiones para el bienestar social como derechos sexuales y reproductivos, ley de identidad de género y matrimonio igualitario.

Angie inclina el cuerpo, se impulsa hacia adelante en la hamaca donde está sentada y abre las manos para gesticular, canalizando toda la energía que siente en ese momento para expresar su relato. 

“Parte del Estado debe de ir trabajando en esto para que se vaya erradicando … Son personas aliadas prácticamente todas las que están en contra de nuestros derechos en beneficio de la población LGBTI+ … hay intereses políticos detrás de todo esto también porque todo nace de esta manera”, enuncia.

Radio Nacional de Honduras es censurada

Sumándose a esto, la mayoría de los medios de comunicación tradicionales se convierten en fuentes de desinformación y perpetúan el odio. Por otra parte, los medios independientes hacen uso de las herramientas de capacitación de entes internacionales para empezar a exponer la realidad de las poblaciones rezagadas.

En junio de 2022, Radio Nacional de Honduras difundió dos audios que fomentaban el respeto a los derechos LGBTIQ+. En uno de ellos, una joven le comenta a su madre que es lesbiana y, en el otro, una mujer mayor expresa que existirá normalidad hasta que se respeten los derechos de todas las personas.

Se trata de un hecho histórico en el país, puesto que ningún medio estatal había emitido alguna opinión al respecto hasta ese momento. Como consecuencia, la radioemisora sufrió una serie de reacciones negativas y ataques dado que los oyentes argumentaban que se estaba atentando contra la institución de la familia y que la campaña era inmoral e incorrecta para los niños del país.

Venciendo el desconocimiento con la verdad

De vuelta a su semblante risueño, relajada y acercándose más a cámara, Angie deja apreciar su personalidad más rockera con sus característicos tatuajes y su nítida manicura. Procede a abrirse para relatar cómo fue su transición. Cuenta que, por desconocimiento en temas de género y diversidad, durante algún tiempo se definió como un chico gay, aunque siempre se sintió más femenina.

“Recuerdo que me gustaba mucho el rock, así que lo utilizaba de escudo para que no me discriminaran cuando yo saliera con ropa bien ajustada y con un poquito de maquillaje en mi cara”, relata.

Reconoce que aún en ese momento no se definía como mujer trans por la desinformación es estos temas que son de suma importancia. Aquí entran las organizaciones LGBTIQ+, dedicadas a la incansable labor de la educación y visibilización de lxs miembrxs de la comunidad.

Hace siete años, luego de capacitarse, por fin reconoció su género. “Hasta que yo llego a AFET y comenzamos a hablar de género y orientación sexual es cuando yo ya me identifico como una persona trans”, comparte.

Con una sonrisa dibujada en el rostro, Angie comparte lo que significa esta transición para su vida, lo cual ella cataloga como “un logro porque me siento libre, libre al expresarme y al identificarme con el género con el que yo me siento conforme”.

A pesar de que ha sido un reto luchar diariamente contra las imposiciones de un Estado y sociedad rotos por los intereses políticos, no oculta la felicidad que siente al poder ser ella misma y que su activismo llegue a más personas que como ella no entienden cómo identificarse.

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Proyecto de ley penalizará las terapias de conversión en Colombia radica nuevamente en el Congreso

La congresista Carolina Giraldo Botero radicó el próposito el 3 de noviembre

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La congresista Carolina Giraldo Botero centro, ha radicado un proyecto de ley que prohibiría las terapias de conversión en Colombia (Foto cortesía de OrgulloLGBT.co)

OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Esta nota salió en su sitio web el 3 de noviembre.

BOGOTÁ, Colombia — La Representante a la Cámara de la Alianza Verde por Risaralda, Carolina Giraldo Botero, radicó hoy el proyecto de ley ‘Inconvertibles’, con el cual se busca prohibir las mal llamadas “terapias de conversión” o ECOSIEG en Colombia.

En Secretaría de Cámara de Representantes y en compañía de diversas organizaciones sociales de la comunidad LGBTIQ+, la representante Giraldo radicó la iniciativa, como parte de las primeras acciones adelantadas por la Comisión de la Diversidad, coordinada por ella. 

“No vamos a parar de luchar contra las prácticas que buscan cambiar la identidad de género y la orientación sexual. Eso es tortura y discriminación”, dijo la representante Giraldo.

Según la parlamentaria, “hay personas LGBTIQ+ que son sometidas a maltratos, violaciones, tortura y violencia forzada, bajo la excusa de que deben ser “curadas”, por lo que urge que este proyecto se haga realidad”.

Esta es la segunda vez que se intenta dar trámite a este proyecto de ley en el Congreso. La primera se dio en la legislatura pasada, bajo el liderazgo del ex representante Mauricio Toro, quien en su momento argumentó que una de cada cinco personas LGBTIQ+ y una de cada tres perteneciente a la comunidad Trans, podría llegar a ser sometida a una de estas llamadas terapias de curación. (ver anterior proyecto).

El proyecto radicado en la mañana de este jueves contó con el visto bueno de las diferentes organizaciones de la comunidad, el apoyo de 58 congresistas y entrará para su trámite por la Comisión Séptima de Cámara. 

Actualmente, países como Francia, Canadá, Alemania, Brasil, Chile, Ecuador y Malta, han prohibido las mal llamadas ‘terapias de conversión’. (Ver más aquí).

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