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Municipio de Guayaquil niega permiso para marcha del orgullo; colectivos recurren a justicia
Organizaciones LGBTQ acudieron a la justicia para revertir la decisión
El municipio de Guayaquil negó el pedido del Comité del Orgullo para que la marcha prevista para el próximo 1 de julio se desarrolle en el centro de la ciudad y las organizaciones LGBTIQ+ acudieron a la justicia para revertir la decisión.
Desde 2009, la marcha del orgullo se ha realizado en las avenidas Malecón y 9 de Octubre, las principales vías de Guayaquil. Ese año, fue la segunda marcha en la ciudad. La primera fue en el norte de la urbe.
La Alcaldía negó el pedido por el “gran impacto que genera al tránsito vehicular” el recorrido de la marcha, detalló en un oficio la Jefa de Ocupación de la Vía Pública, María Belén Zambrano, suscrito el 15 de junio, pero divulgado por el comité Orgullo Guayaquil el miércoles 21 de junio.
En la misma carta, la funcionaria sugirió que la marcha se desarrolle en una avenida que colinda con el Parque Samanes, una zona periférica de la ciudad con escasa circulación peatonal y poco movimiento vehicular.
El mismo día miércoles, el alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, a través de un video en su cuentos de Twitter, ratificó la decisión del municipio porque “el centro de Guayaquil no puede estar bloqueado de dos de la tarde a doce y pico de la noche un sábado” y “debe primar el orden en la ciudad”.
Comentario personal referente a la postura del MIMG: pic.twitter.com/CIueoR5hk5
— Aquiles Alvarez Henriques (@aquilesalvarez) June 22, 2023
Al día siguiente, declaró a medios de comunicación que si las personas acuden al centro para la marcha del orgullo “van a estar faltándole el respeto a la autoridad y faltándole el respeto a la ciudad”, pero anticipó que no habrá represión. Álvarez inició sus funciones como alcalde en mayo pasado; llegó a la Alcaldía por el movimiento Revolución Ciudadana, que se autonodemina como progresista, pero algunos de sus representantes han mostrado posiciones conservadoras.
El comité Orgullo Guayaquil indicó en un comunicado que en la decisión del municipio hay “claras evidencias que se trata de una actuación no solo discriminatoria, sino homo-les-trans-odiante”. Además, que la intención de desplazar la marcha a otro lugar desconoce lo emblemático e icónico que es para las luchas sociales la avenida 9 de Octubre. En esta vía se concentran marchas anuales como las del Día de la Mujer y Día del Trabajo, y también es el espacio para protestas sociales.
Comunicado Público: MUNICIPIO @alcaldiagye NIEGA EL PERMISO DEL ORGULLO PARA DESFILAR LA COMUNIDAD LGBT+ EN LA EMBLEMÁTICA 09 DE OCTUBRE
Agrádenos su amable atención @aquilesalvarez
Cc @EFEnoticias @AFPespanol @SoyHomosensual @Primicias
Link https://t.co/FNA58vRgCG pic.twitter.com/nanBX8GblE
— Orgullo Guayaquil (@PrideGuayaquil) June 21, 2023
Tras la negativa, el comité anunció en redes sociales que la marcha se mantiene en el centro de la ciudad con el hashtag #MarchamosConOSinPermisos, pero también ha recurrido a la justicia.
El viernes 23 de junio, presentó una acción de protección en que solicita: dejar sin efecto el oficio que niega el pedido para el desarrollo de la marcha en el centro de la ciudad, ordenar la autorización de la solicitud inicial, investigar y sancionar a los funcionarios que tomaron la medida por considerar vulneraron derechos constitucionales y que el municipio presente disculpas públicas en sus medios digitales.
La acción de protección es un recurso contemplado en la Constitución y se presenta cuando existe una vulneración de derechos constitucionales por actos de autoridades.
Instituciones públicas y organizaciones de derechos humanos han coincidido que la decisión del Municipio es contraria a la garantía de derechos. La Defensoría del Pueblo señaló que la Constitución reconoce los derechos de movilización, disfrute pleno de la ciudad y espacios públicos, y libertad de expresión.
Atención | La #DefensoríaDelPueblo de #Ecuador ante la negativa de autorizar el uso de calles en #Guayaquil para la Marcha del Orgullo LGBTIQ+. Más detalles: https://t.co/9dm0EOCdd7 pic.twitter.com/AuIRxMztFW
— DefensoríadelPueblo (@DEFENSORIAEC) June 24, 2023
Mientras, el Consejo Nacional para la Igualdad de Género, recordó que la marcha del Orgullo reivindica el derecho a “ser, estar y transitar en el espacio público visibilizándose históricamente en lugares de gran concurrencia”.
COMUNICADO OFICIAL | El Consejo Nacional para la Igualdad de Género se pronuncia frente a la participación del espacio público en el marco del Día del Orgullo LGBTI+.📃 pic.twitter.com/HQYJPqPI3h
— Consejo Nacional para la Igualdad de Género (@CIgualdadGenero) June 23, 2023
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos recordó que el derecho a la manifestación pacífica se encuentra enmarcada en la Constitución de Ecuador, así como en amplios instrumentos regionales e internacionales.
📌Pronunciamiento del CDH frente a respuesta negativa de la Municipalidad de Guayaquil en relación al uso de espacio público del centro de la ciudad para realizar la marcha del Día del Orgullo LGBTIQ+
Texto del pronunciamiento completo 👉 https://t.co/zfSPow876g pic.twitter.com/882sc6ypbM
— CDH.GYE (@CDHGYE) June 22, 2023
Honduras
Corte IDH reconoce a Thalía Rodríguez como familia social de Leonela Zelaya
Se construyeron una familia tras más de una década de convivencia
Por DORIS GONZÁLEZ * | TEGUCIGALPA, Honduras — En la sentencia del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos se estableció un hito jurisprudencial para las personas LGBTQ en Honduras, así como en la región en relación a las diversas conformaciones de familias existentes. La Corte IDH interpretó por primera vez el concepto de familia social, indicando que la construcción de familia no debe restringirse a la familia nuclear o a nociones tradicionales, bajo el entendido de que hay diferentes formas en las que se materializan los vínculos familiares.
Este análisis se trae a colación debido al contexto de discriminación, prejuicio y violencia que atravesamos las personas LGBTQ, el cual se puede manifestar incluso dentro de nuestras propias familias. Esta violencia se manifiesta a través de actos de odio como ser el desarraigo familiar, violencia física, psicológica, social, económica, expulsiones de los hogares, violaciones correctivas e incluso, culminando en muertes violentas. Esta violencia motivada por la orientación sexual, identidad y expresión de género de las personas imposibilita la convivencia familiar.
Ante esto, las personas LGBTQ construimos vínculos sociales fuera del vínculo familiar tradicional, los cuales a través de la convivencia, amistad, apoyo económico-social y construcción de vida en común constituyen familias, tal como ocurrió en este caso.
Tras el abandono de su familia biológica, Leonela Zelaya y Thalía Rodríguez construyeron una familia tras más de una década de convivencia, en los cuales se apoyaron mutuamente en diversas situaciones, viviendo como mujeres trans, portadoras de VIH, ejerciendo el trabajo sexual y en situación de pobreza, enfrentando constantes episodios de detenciones arbitrarias y violentas por parte de los órganos policiales.
Tras su asesinato, fue Thalía quien recogió el cuerpo de Leonela en la morgue de Tegucigalpa y quien gestionó el féretro a través de la Funeraria del Pueblo. Los servicios fúnebres de Leonela Zelaya fueron realizados en un bar por mujeres trans, trabajadoras sexuales, al cual no asistió ningún miembro de su familia biológica.
El asesinato de Leonela y la falta de esclarecimiento generaron a Thalía un sentimiento de inseguridad, frustración e impotencia. Por estas violaciones de derechos humanos, la Corte reconoció a Thalía Rodríguez, en calidad de familiar de Leonela, como víctima del caso, generando estándares aplicables a todas las personas LGBTQ.
A juicio de la Corte, esta situación lleva a que, en casos de muertes violentas de mujeres trans, las personas que integren las redes de apoyo de la persona fallecida puedan ser declaradas víctimas por la violación de sus derechos a la integridad psíquica o moral, siempre que se acredite la existencia de un vínculo estrecho con la víctima y una afectación a sus derechos, derivada, por ejemplo, de las gestiones realizadas para obtener justicia. Esta sentencia logra reconocer que las personas LGBTQ construimos familias sociales, familias elegidas, e indica que estas deben ser reconocidas y validadas.
* Abogada litigante del caso Leonela Zelaya y otra vs Honduras, Red Lésbica Cattrachas
El año 2026 no comenzó en blanco para las organizaciones LGBTQ en Estados Unidos. Llegó precedido por un proceso que se activó con fuerza en 2025 y que hoy se manifiesta como una reconfiguración profunda del ecosistema de derechos, servicios y sostenibilidad comunitaria. No se trata de una crisis momentánea ni de un ajuste administrativo pasajero. Lo que está ocurriendo es un cambio estructural en la forma en que el Estado define, financia y condiciona la igualdad, la accesibilidad y la atención a poblaciones históricamente vulnerables.
Desde los primeros meses de 2025, la administración federal inició la retirada o revisión de múltiples órdenes ejecutivas y disposiciones que protegían explícitamente a personas LGBTQ en áreas clave como salud, educación y acceso a servicios. La justificación oficial ha girado en torno a la eliminación de lo que se denomina “ideología de género” y a la redefinición restrictiva del concepto de sexo, limitado exclusivamente a criterios biológicos. Este cambio discursivo no quedó en el plano simbólico. Se tradujo en nuevas reglas de elegibilidad, en la cancelación de subvenciones, en la eliminación de recopilación de datos y en una creciente incertidumbre administrativa que ha afectado directamente la operatividad de organizaciones comunitarias en todo el país, como ha documentado la Kaiser Family Foundation.
La salud fue uno de los primeros campos donde se sintió el impacto. Programas vinculados a la atención integral, a la prevención del VIH, a la salud mental y a la investigación en poblaciones LGBTQ comenzaron a perder respaldo federal. Subvenciones previamente aprobadas fueron canceladas o sometidas a revisión bajo criterios ideológicos, no científicos. Reuters y Associated Press han documentado cómo esta nueva orientación provocó la interrupción de investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud, afectando proyectos que buscaban comprender mejor las desigualdades en salud, el acceso a tratamientos y las condiciones de vida de comunidades ya marginadas. La consecuencia inmediata no es solo la pérdida de conocimiento, sino la erosión de la capacidad del país para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
La educación siguió un camino similar. A lo largo de 2025, el discurso oficial contra los programas de diversidad, equidad e inclusión se tradujo en recortes presupuestarios y en señales claras a los sistemas educativos. Talleres de prevención de acoso, programas de formación docente, iniciativas de acompañamiento estudiantil y espacios seguros que durante años fueron sostenidos por alianzas entre escuelas y organizaciones LGBTQ comenzaron a desaparecer o a ser suspendidos por temor a perder fondos. El mensaje fue inequívoco: la igualdad dejó de ser una prioridad financiable. En ese vacío, quienes pagan el precio son jóvenes que pierden redes de apoyo fundamentales en etapas decisivas de su vida.
A este escenario se sumó un fenómeno menos visible pero igualmente dañino: el condicionamiento del lenguaje. Organizaciones que no se dedican exclusivamente a temas LGBTQ, pero que atienden poblaciones diversas, comenzaron a recibir directrices que restringen términos y enfoques en sus propuestas de financiamiento. Esto ha generado autocensura institucional, debilitamiento de programas y una sensación generalizada de inseguridad jurídica. Cuando las organizaciones no saben si nombrar una realidad puede costarles su existencia, el impacto va mucho más allá del presupuesto.
El efecto acumulado de estas decisiones comenzó a hacerse evidente en 2025 y se consolida en 2026. Servicios que antes funcionaban con relativa estabilidad ahora operan al límite. Se reducen horarios, se despide personal, se priorizan únicamente los casos más urgentes y se crean listas de espera que antes no existían. La prevención cede espacio a la emergencia, y la emergencia, como bien sabe la salud pública, siempre resulta más costosa y más dolorosa.
Puerto Rico ofrece un ejemplo claro de cómo esta dinámica se acelera en contextos con menos margen de maniobra. La pérdida de fondos federales por parte de organizaciones comunitarias ha tenido efectos inmediatos, obligando a cierres de programas, reestructuraciones profundas y una dependencia aún mayor de donaciones locales en un mercado filantrópico limitado. Lo que en otros estados puede tardar años en sentirse, en la isla se manifiesta en meses. Y, sin embargo, la necesidad de servicios no disminuye; al contrario, aumenta en contextos de incertidumbre económica y social.
Frente a este panorama, las organizaciones LGBTQ no han permanecido inmóviles. El 2026 las encuentra ensayando estrategias de supervivencia que, aunque diversas, comparten un mismo objetivo: no colapsar. Muchas han acelerado la diversificación de sus fuentes de ingreso, apostando por donantes individuales recurrentes, campañas comunitarias y modelos de membresía. Otras han intentado desarrollar servicios híbridos que permitan generar ingresos propios para sostener programas gratuitos. Las alianzas con universidades, sistemas de salud, municipios y organizaciones comunitarias más amplias se han convertido en una tabla de salvación para compartir costos y mantener presencia territorial.
Pero también hay decisiones dolorosas. Reducciones de personal, cierres temporales, eliminación de proyectos no considerados esenciales y una redefinición constante de prioridades. Estas medidas no son señales de mala gestión; son respuestas defensivas ante un entorno que se ha vuelto hostil e impredecible.
Lo que muchas veces queda fuera del debate público es que este proceso no afecta solo a las organizaciones como estructuras administrativas. Afecta a personas concretas. A jóvenes que pierden espacios seguros. A personas trans que ven restringido su acceso a servicios de salud. A familias que ya no encuentran acompañamiento. A activistas que quedan más expuestos en un clima social cada vez más polarizado. La retirada de fondos no elimina las realidades humanas que esos programas atendían; simplemente las empuja hacia la invisibilidad y el sufrimiento silencioso.
El 2026, entonces, no es únicamente un año de ajustes presupuestarios. Es una antesala que pone a prueba el compromiso real del país con la igualdad y la dignidad. Cuando los derechos dependen de ciclos políticos y los servicios esenciales quedan sujetos a criterios ideológicos, lo que se debilita no es solo una comunidad específica, sino el tejido social en su conjunto.
La pregunta que queda abierta no es si las organizaciones LGBTQ resistirán. Históricamente lo han hecho. La verdadera pregunta es cuántas personas quedarán sin protección en el camino y cuánto daño se normalizará antes de que la nación asuma que la accesibilidad, la educación y la salud no pueden ser tratadas como concesiones temporales.
El 2026 ya comenzó. Y lo que está en juego no es una narrativa cultural, sino la capacidad de una sociedad para sostener, con hechos y no solo con discursos, la dignidad humana.
Colombia
Colombia anunció la inclusión de las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad
Registraduría Nacional anunció el cambio el 28 de noviembre
Ahora los ciudadanos colombianos podrán seleccionar las categorías ‘trans’ y ‘no binario’ en los documentos de identidad del país.
Este viernes la Registraduría Nacional del Estado Civil anunció que añadió las categorías ‘no binario’ y ‘trans’ en los distintos documentos de identidad con el fin de garantizar los derechos de las personas con identidad diversa.
El registrador nacional, Hernán Penagos, informó que hizo la inclusión de estas dos categorías en los documentos de: registro civil, tarjeta de identidad y cédula de ciudadanía.
Según la registraduría: “La inclusión de estas categorías representa un importante avance en materia de garantía de derechos de las personas con identidad de género diversa”.
Estas categorías estarán en el campo de ‘sexo’ en el que están normalmente las clasificaciones de ‘femenino’ y ‘masculino’ en los documentos de identidad.
En 2024 se inició la ejecución de diferentes acciones orientadas implementar componentes “‘NB’ y ‘T’ en el campo ‘sexo’ de los registros civiles y los documentos de identidad”.
Las personas trans existen y su identidad de género es un aspecto fundamental de su humanidad, reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en sentencias como T-236/2023 y T-188/2024, que protegen sus derechos a la identidad y no discriminación. La actualización de la Registraduría implementa estos fallos que ya habían ordenado esos cambios en documentos de identidad.
Por su parte, el registrador nacional, Penagos, comentó que: “se trata del cumplimiento de unas órdenes por parte de la Corte Constitucional y, en segundo lugar, de una iniciativa en la que la Registraduría ha estado absolutamente comprometida”. Y explicó que en cada “una de las estaciones integradas de servicio de las más de 1.200 oficinas que tiene la Registraduría Nacional se va a incluir todo este proceso”.
