Connect with us

News

Madre de Sergio Urrego lucha contra el bullying en Colombia

Alba Lucía Reyes Arenas se convirtió en una activista vocal

Published

on

Alba Lucía Reyes Arenas en Bogotá, Colombia, el 24 de septiembre de 2018. Su hijo, Sergio Urrego, se suicidó en 2014 después de ser víctima del bullying homofóbico por parte de la administración de su colegio en la capital colombiana. (Foto del Washington Blade por Michael K. Lavers)

BOGOTÁ, Colombia — Alba Lucía Reyes Arenas está bien orgullosa cuando habla de su hijo, Sergio Urrego.

Ella dijo al Washington Blade el 24 de septiembre durante una entrevista en la capital colombiana de Bogotá que le gustaba la opera desde era “bien joven” y leyó su primer libro, “Historias sin fin,” cuando tenía seis años. Reyes dijo que su hijo era ateo y le gustaba el arte y las políticas.

Urrego también era miembro de un grupo de estudiantes anarquistas.

“Tengo muchas cosas que contarte,” dijo Reyes. “Para todas las mamás, nuestros hijos son muy especiales, pero Sergio si es desde era una personita si se interesaba por las cosas que son eran más de su edad.”

Urrego tenía 16 años cuando se suicidó el 4 de agosto de 2014.

Administradores y un psicólogo al colegio católico de Urrego en Bogotá lo atacaron después de que un maestro vio una foto de él besando a su novio en su móvil.

Los padres del novio de Urrego le acusaron de abusar sexualmente a su hijo. Urrego debía haber comenzado a asistir otro colegio el día después de su suicidio.

La muerte del hijo ‘fue algo angustiaste’

Reyes estaba en la ciudad colombiana de Cali cuando supo por primera vez que algo andaba mal con su hijo.

Ella regresó a Bogotá y llegó a su hogar alrededor de las 9:30 p.m. Reyes dijo entre lágrimas que la primera cosa que encontró era una nota con “letra muy grande” de su hijo.

Reyes dijo que al principio pensó que se lo había dejado a su madre, pero fue por ella. Reyes dijo al Blade que su hijo escribió, “Yo no podía ir al colegio porque se me presento un problema.”

“Cuando yo vi esta nota, yo dije algo pasó,” ella dijo.

Reyes dijo que luego fue al dormitorio de su hijo y encontró libros en su cama y una nota que le pedía que se los diera a sus mejores amigos. Reyes también encontró otras notas que su hijo había escrito antes de su suicidio.

“Fue algo angustiaste,” ella dijo. “Fue doloroso.”

Ley colombiana ahora prohíbe discriminación homofóbica en escuelas

La muerte de Urrego provocó indignación entre los activistas LGBTI en Colombia.

Reyes el 11 de septiembre de 2014 presentó una tutela contra del colegio de Urrego.

Un tribunal en Bogotá, unas semanas después, falló que Urrego había sido víctima de discriminación, pero Reyes no recibió ningún daño y el fallo no ordenó al Ministerio de Educación de Colombia que revisará las políticas del colegio.

Reyes apeló el fallo ante el Consejo de Estado, que considera las apelaciones de los tribunales administrativos. El entonces Procurador Alejandro Ordóñez — un oponente vocal de los derechos LGBTI que el presidente Iván Duque el pasado mes nombró como el nuevo embajador colombiana ante la Organización de Estados Unidos — falló en contra de Reyes basándose en que las escuelas tenían el derecho de prohibir “los besos y los abrazos.”

La rectora del colegio, Amanda Azucena Castillo, renunció el 10 de octubre de 2014. La Corte Constitucional de Colombia el 21 de agosto de 2015 revocó la decisión del Consejo de Estado y falló a favor de Reyes el 11 de diciembre de 2015.

Escuelas en Colombia no pueden discriminar en contra de sus estudiantes por razón de su orientación sexual. Una enmienda a la ley de no discriminación que incluye el nombre de Urrego también requiere que las escuelas colombianas actualicen sus políticas para garantizar que no sean discriminatorias contra la comunidad LGBTI.

‘Siempre me acompaña’

Reyes desde la muerte de su hijo se ha convertido en una activista vocal contra el bullying.

Ella estaba entre los 31 activistas LGBTI desde todo el mundo que asistió una cumbre del Human Rights Campaign que se realizó en Washington en abril.

Reyes en mayo viajó a Cuba para participar en eventos del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia que fueron organizados por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Mariela Castro, la directora del CENESEX que es la hija del expresidente cubano Raúl Castro, invitó a Reyes de participar en un taller a la sede del CENESEX en La Habana.

Reyes este año lanzó oficialmente la Fundación Sergio Urrego, que busca poner el fin a la discriminación en las escuelas colombianas y evitar el suicidio entre ellos que sufren la discriminación.

El dijo al Blade que el suicidio es la segunda causa de muerte en “nuestros jóvenes.” Reyes también notó estadísticas que indican 192 personas entre las edades de 15 y 24 en Bogotá se suicidaron este año.

“Es algo que aquí no se toca,” ella dijo. “No hay una institución que se brindando atención inmediatamente a los niños que están en crisis.”

La fundación ha respondido a casi 70 casos. También tiene talleres para niños y padres en empresas y en otros lugares por el país.

“Mi propósito es evitar que casos como los de Sergio de se sucede,” dijo Reyes.

Reyes en julio habló a un concierto en la Plaza Bolívar de Bogotá durante las celebraciones del Orgullo de la ciudad. Se terminó el 25 de septiembre una campaña de los medios sociales de la fundación con el hashtag “Celebro soy yo” que buscaba dar recursos y seguridad para aquellos que sufren discriminación.

“Esa campaña me da fuerza para continuar, para seguir,” dijo Reyes. “Ese tipo de campaña se ayudan. Ese tipo de campaña llegan al corazón de la gente.”

Alba Reyes participa en una marcha del Orgullo en Bogotá, Colombia, el 1 de julio de 2018. (Foto cortesía de Fundación Sergio Urrego.)

Reyes terminó la entrevista por decir que su hijo sería orgulloso de ella y del trabajo que hace en su nombre.

“Sea un angelito,” ella dijo. “Siempre me acompaña.”

Advertisement
FUND LGBTQ JOURNALISM
SIGN UP FOR E-BLAST

Politics

Log Cabin Republicans to honor Scott Presler

Event to take place at Capitol Hill Club on Friday

Published

on

Gays for Trump, co-founded by Scott Presler participates in the "Million MAGA March" in D.C. on Nov. 14, 2020. (Washington Blade photo by Michael Key)

The Log Cabin Republicans, a group representing LGBTQ conservatives and their allies within the Republican Party, is set to honor gay conservative commentator and activist Scott Presler on Friday.

Presler will receive the organization’s 2026 “Game Changer Award” during its Spring Forward Cocktail Reception at the Capitol Hill Club, a private club steps from the U.S. Capitol that regularly hosts Republican political events.

Presler has risen to prominence through a combination of pro-LGBTQ conservative activism, political organizing, and a series of controversial affiliations.

He first gained national attention in 2017 for organizing the “March Against Sharia” rallies across the country. The demonstrations came amid heightened tensions in Portland, Ore., following a deadly attack on a metro train, in which Jeremy Joseph Christian killed two people and injured others after harassing Muslim women for wearing a hijab.

The rallies were organized in partnership with ACT for America, which advocates against what it describes as “the threat of radical Islam” in the U.S. and has been labeled a hate group by the Southern Poverty Law Center. Presler volunteered with the organization for three months.

He has said he was first motivated to “fight Muslim extremism” following the Pulse nightclub massacre, he told NPR, in which a gunman who pledged allegiance to ISIS killed 49 people at an LGBTQ nightclub in Orlando, Fla. The site now serves as a memorial to the victims of the attack.

Born May 15, 1988, in Jacksonville, Fla., Presler is the son of a U.S. Navy captain and was raised in both Florida and Fairfax County. He later attended George Mason University, where he earned a degree in criminal justice.

In addition to his anti-Islam activism, Presler has been involved in a number of other high-profile and controversial efforts. He co-foundedGays for Trump” and attended their 2017 DeploraBall in Maryland for the first inauguration of Trump. According to a 2021 report from Media Matters for America, he also promoted the QAnon conspiracy movement through social media posts in 2018 and 2019.

He has also faced criticism tied to his early political work. According to a 2023 report from Politico Playbook, Presler’s work with the Republican Party of Virginia in 2016 ended after he allegedly engaged in sexual activity in a shared office space and posted explicit images online.

Beyond ideological activism, Presler has also organized community-focused initiatives. In 2019, he led a widely publicized cleanup effort in Baltimore that drew more than 100 volunteers and resulted in approximately 29 tons of trash being removed. The event was a result of criticism from President Donald Trump, calling the area, represented by then-U.S. Rep. Elijah Cummings (D-Md.) a “rodent infested mess.” 

Presler has also been active in election-related organizing, leading a two-day “Stop the Steal” demonstration at the Pennsylvania State Capitol following the 2020 presidential election. He has appeared on the “War Room” podcast hosted by former Trump strategist and well-known right-wing populist conspiracy theorist Steve Bannon.

He has also expressed a controversial stance within the LGBTQ community for supporting then-candidate Trump for President over Hillary Clinton. He told prioritizing Second Amendment rights over certain LGBTQ policy goals, saying he is more supportive of gun rights than efforts to codify same-sex marriage, and adding, “I 100 percent believe in the notion that armed gays don’t get bashed. It is our right to feel safe.”

Presler voiced his support for the Florida Parental Rights in Education Act, more commonly referred to as the “Don’t Say Gay” law, signed into law by Republican Gov. Ron DeSantis in 2022.

Continue Reading

Cuba

Cuba bajo presión y sin respuestas

Cubanos no hablan en términos geopolíticos. Hablan de sobrevivir

Published

on

La Habana en 2017. (Foto de Michael Key por el Washington Blade)

Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a subir de tono. No es algo nuevo, pero este momento se siente distinto. Las medidas más recientes desde Washington buscan cerrar aún más los espacios financieros del gobierno cubano, limitar sus fuentes de ingreso y presionar sectores clave de la economía. No es simbólico. Es una política directa.

Desde Estados Unidos, el mensaje es claro. Se busca provocar cambios que no han ocurrido en más de seis décadas. También hay un componente interno, una presión política que responde a sectores del exilio que llevan años exigiendo una postura más dura. Todo eso forma parte del escenario.

Pero esa es solo una parte.

Del lado cubano, la respuesta sigue un patrón conocido. El gobierno habla de agresión externa, de guerra económica, de un embargo que se endurece. Cada medida se convierte en argumento para reforzar su narrativa y cerrar filas. No hay espacio para reconocer errores propios. Todo apunta hacia afuera.

Mientras tanto, la vida en la isla va por otro camino.

La crisis energética que hoy vive Cuba no empezó con estas medidas. Lleva años acumulándose. El sistema eléctrico está deteriorado, sin mantenimiento suficiente, con fallas constantes. Los apagones no son nuevos. Lo que ha cambiado es la frecuencia y la duración.

Durante años entró petróleo a Cuba, especialmente desde Venezuela. Hubo acuerdos. Hubo suministro. Y aun así, la vida del cubano no mejoró. La electricidad seguía fallando, el combustible seguía racionado, el transporte seguía siendo un problema diario.

Entonces la pregunta sigue siendo la misma.

Si el petróleo estaba entrando, ¿por qué nada cambiaba?

¿Dónde fue a parar ese recurso?

¿Dónde está el dinero que generó?

Hoy se habla de restricciones al petróleo como si fueran la causa principal de la crisis. No lo son. Empeoran una situación ya frágil, pero no la explican completamente.

Hay una historia más larga que no se puede ignorar.

Lo mismo ocurre con las brigadas médicas.

Durante años se presentaron como un gesto de solidaridad internacional. Y en muchos casos lo fueron. Médicos cubanos trabajaron en condiciones difíciles, salvaron vidas, sostuvieron sistemas de salud en otros países. Eso es real.

Pero también funcionaron como una de las principales fuentes de ingreso del Estado cubano.

Muchos de esos profesionales no recibían el salario completo por su trabajo. Una parte significativa quedaba en manos del gobierno. En algunos casos, ni siquiera tenían control sobre el dinero que generaban.

Y hay algo más duro.

Si uno de esos médicos decidía no regresar a Cuba, ese dinero no llegaba a su familia. Se quedaba retenido.

Hoy varios países están revisando o cancelando esos acuerdos. Y otra vez, la respuesta oficial es señalar hacia afuera. Pero la pregunta sigue siendo inevitable.

¿Se está perdiendo un modelo de cooperación o un sistema que dependía del control sobre sus propios profesionales?

Dentro de Cuba, la conversación suena diferente.

La gente no habla en términos geopolíticos. Habla de sobrevivir. De cómo llegar al final del día. De los apagones, de la comida que no alcanza, del transporte que no aparece, de una vida que cada vez se hace más difícil.

Hay quienes miran las medidas de Estados Unidos con cierta expectativa. No porque quieran más escasez, sino porque sienten que el sistema no cambia por sí solo. Hay una sensación de estancamiento que pesa.

Pero esa expectativa convive con una realidad concreta.

Las sanciones no golpean primero a quienes toman decisiones. Golpean al ciudadano común. Al que hace la fila. Al que pierde la comida por falta de electricidad. Al que no tiene cómo moverse.

Esa es la contradicción.

El gobierno cubano pide solidaridad internacional. Y la recibe. Países que envían ayuda, organizaciones que se movilizan, voces que defienden a la isla.

Pero hay otra pregunta que también está ahí.

¿Esa ayuda llega realmente al pueblo?

La falta de transparencia en la distribución de recursos es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que entra, sino de lo que realmente llega a quienes lo necesitan.

Reducir lo que pasa en Cuba a un conflicto entre dos gobiernos es no querer ver el cuadro completo.

Aquí hay responsabilidades compartidas, pero no iguales.

Estados Unidos ejerce presión con efectos reales sobre la economía cubana. Eso no se puede negar. Pero dentro de la isla hay un sistema que ha tenido décadas para corregir, para abrir, para responder a su gente, y no lo ha hecho.

Esa parte no se puede seguir esquivando.

Yo escribo esto como cubano. Desde lo que vi, desde lo que viví y desde la gente que sigue allá tratando de resolver el día.

Porque al final, más allá de lo que se diga entre gobiernos, la realidad es otra.

Cuba hoy está más apretada, sí. Pero también lleva años arrastrando problemas que nadie ha querido enfrentar de verdad.

Y mientras eso siga así, da igual lo que venga de afuera. El problema sigue estando adentro.

Nota del editor: Una versión de este comentario en inglés salió en el sitio web del Washington Blade el 7 de abril.

Continue Reading

Tennessee

Tenn. lawmakers pass transgender “watch list” bill

State Senate to consider measure on Wednesday

Published

on

Tennessee, gay news, Washington Blade
Image of the transgender flag with the Tennessee flag in the shape of the state over it. (Image public domain)

The Tennessee House of Representatives passed a bill last week to create a transgender “watch list” that also pushes detransition medical treatment. The state Senate will consider it on Wednesday.

House Bill 754/State Bill 676 has been deemed “ugly” by LGBTQ advocates and criticized by healthcare information litigators as a major privacy concern.

The bill would require “gender clinics accepting funds from this state to perform gender transition procedures to also perform detransition procedures; requires insurance entities providing coverage of gender transition procedures to also cover detransition procedures; requires certain gender clinics and insurance entities to report information regarding detransition procedures to the department of health.”

It would require that any gender-affirming care-providing clinics share the date, age, and sex of patients; any drugs prescribed (dosage, frequency, duration, and method administered); the state and county; the name, contact information, and medical specialty of the healthcare professional who prescribed the treatment; and any past medical history related to “neurological, behavioral, or mental health conditions.” It would also mandate additional information if surgical intervention is prescribed, including details on which healthcare professional made a referral and when.

HB 0754 would also require the state to produce a “comprehensive annual statistical report,” with all collected data shared with the heads of the legislature and the legislative librarian, and eventually published online for public access.

The bill also reframes detransitioning as a major focus of gender-affirming healthcare — despite studies showing that the number of trans people who detransition is statistically quite low, around 13 percent, and is often the result of external pressures (such as discrimination or family) rather than an issue with their gender identity.

This legislation stands in sharp contrast to federal protections restricting what healthcare information can be shared. In 1996, Congress passed the Health Insurance Portability and Accountability Act, or HIPAA, requiring protections for all “individually identifiable health information,” including medical records, conversations, billing information, and other patient data.

Margaret Riley, professor of law, public health sciences, and public policy at the University of Virginia, has written about similar efforts at the federal level, noting the Trump-Vance administration’s push to subpoena multiple hospitals’ records of gender-affirming care for trans patients despite no claims — or proof — that a crime was committed.

It has “sown fear and concern, both among people whose information is sought and among the doctors and other providers who offer such care. Some health providers have reportedly decided to no longer provide gender-affirming care to minors as a result of the inquiries, even in states where that care is legal.” She wrote in an article on the Conversation, where she goes further, pointing out that the push, mostly from conservative members of the government, are pushing extracting this private information “while giving no inkling of any alleged crimes that may have been committed.”

State Rep. Jeremy Faison (R-Cosby), the bill’s sponsor, said in a press conference two weeks ago that he has met dozens of individuals who sought to transition genders and ultimately detransitioned. In committee, an individual testified in support of the bill, claiming that while insurance paid for gender-affirming care, detransition care was not covered.

“I believe that we as a society are going to look back on this time that really burst out in 2014 and think, ‘Dear God, What were we thinking? This was as dumb as frontal lobotomies,’” Faison said of gender-affirming care. “I think we’re going to look back on society one day and think that.”

Jennifer Levi, GLAD Law’s senior director of Transgender and Queer Rights, shared with PBS last year that legislation like this changes the entire concept of HIPAA rights for trans Americans in ways that are invasive and unnecessary.

“It turns doctor-patient confidentiality into government surveillance,” Levi said, later emphasizing this will cause fewer people to seek out the care that they need. “It’s chilling.”

The Washington Blade reached out to the American Civil Liberties Union of Tennessee, which shared this statement from Executive Director Miriam Nemeth:

“HB 754/SB 676 continues the ugly legacy of Tennessee legislators’ attacks on the lives of transgender Tennesseans. Most Tennesseans, regardless of political views, oppose government databases tracking medical decisions made between patients and their doctors. The same should be true here. The state does not threaten to end the livelihood of doctors and fine them $150,000 for safeguarding the sensitive information of people with diabetes, depression, cancer, or other conditions. Trans people and intersex people deserve the same safety, privacy, and equal treatment under the law as everyone else.”

Continue Reading

Popular