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¿Qué hizo en Cuba Michael Petrelis?
Es el único activista gay a quien el gobierno prohíbe regresar a la Isla

Nota del editor: Tremenda Nota es la pareja del Washington Blade y el Los Ángeles Blade en Cuba. Esta nota salió originalmente en el sitio web de Tremenda Nota el 22 de marzo de 2019.
Michael Petrelis se embarcó este 20 de marzo en un viaje que no terminaría en buen puerto.
“Volé desde San Francisco a Cancún en un vuelo turbulento y tomaré otro vuelo a casa en unas horas”, dijo en su perfil de Facebook, al principio de una nota donde explicó a sus seguidores por qué viajó en vano hasta territorio mexicano.
Con Cuba tan cerca, a punto de tocarla desde la costa de Quintana Roo, Petrelis tenía cara de estar llegando a La Habana, iba risueño, hasta que le advirtieron que su nombre aparecía en una lista negra.
El activista llevaba una chaqueta con los colores del arcoíris, una gorra con los colores del arcoíris, cargaba un bolso con los colores del arcoíris que quería dejar a cargo de la aerolínea mexicana Interjet. No pudo facturarlo. Tampoco le imprimieron un pase de abordar.
La computadora decía algo sobre él, un aviso que no le dejaron fotografiar. Tanto exigió una explicación que el empleado se apoyó en el mostrador y le escribió una nota breve: “Por cuestiones migratorias no se nos permite trasladarlo a La Habana ya que el país no le permite la entrada”.

Era su cuarto viaje a Cuba. Su visita anterior, en enero de 2019, inquietó a las autoridades cubanas. Ahora regresaba unas pocas semanas para celebrar, de paso, el Día de la visibilidad transexual, y no lo dejaron embarcar.
‘Un buen amigo de Cuba’
Michael Anthony Petrelis tiene la edad de la Revolución Cubana. Nació el 26 de enero de 1959. Su agenda también coincide en muchos puntos con el gobierno cubano. Michael cree que “el bloqueo estadounidense es horrible”. Se muestra a menudo en las redes sociales con caricaturas de Donald Trump, el primer enemigo de La Habana, a quien considera una amenaza también para la comunidad LGBTI+. Su activismo político y sexual se parece tanto al de Mariela Castro que le pidió hacerse una foto juntos y ella aceptó.
Este año, a punto de cumplir 60, Petrelis vino a Cuba y trajo unas 10 000 pegatinas y más de 1000 brazaletes. Su equipaje sorprendió a los funcionarios de Aduana y, sobre todo, a la policía de la frontera.
‘El agente me preguntó por qué traía a Cuba tantos artículos con el arcoíris si había viajado con visa de turista, contó Petrelis al periódico norteamericano Washington Blade.
La pregunta se la hicieron en un cuarto privado del aeropuerto. Entró a la habitación, acompañado por un oficial de Inmigración, y encontró una mesa con copias impresas de sus publicaciones en las redes sociales.
“Voy a regalarlos a los gais cubanos, sin costo alguno”, contestó Michael cuando le preguntaron por las pegatinas y brazaletes. Hablaron durante una media hora que se hizo larga. El oficial quiso tranquilizarlo, le dijo que sería admitido como turista y nada más se interesó, como si fuera rutina, por la dirección de su alojamiento en La Habana.
Pero tantas banderas del arcoíris tenían que resultar, por fuerza, inquietantes. A los pocos días, un policía uniformado se presentó en el hostal donde se alojaba el estadounidense y le pidió que compareciera en un sitio que parecía un verdadero cuartel.
Ahí esperaban el mismo oficial del aeropuerto y otro que dijo llamarse Carlos. Ambos dejaron establecidas las reglas del viaje: Nada de manifestaciones ni de reuniones. Petrelis quería hacer un arcoíris en el Capitolio de La Habana. Otro. Esta vez un arcoíris humano: Gente con camisetas de colores, juntos, abrazados como si fueran todos una sola bandera.
Carlos le dijo que era mejor no celebrar la reunión. De paso, para aligerarle las maletas, le ordenó que regalara las pegatinas y pulseras al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), la única institución de la Isla autorizada por el gobierno para promover la agenda LGBTI+.
Petrelis obedeció. En el Cenesex le pidieron que no se preocupara y le garantizaron que ellos repartirían aquellos regalos.
El estadounidense siguió camino a Matanzas y Santa Clara, al este de La Habana, para conocer a otros activistas, viejos conocidos de las redes sociales que Petrelis quería complacer con algún brazalete sobrante.
A su salida del país, la policía política esperaba a Michael en el aeropuerto. Ahí estaba Carlos, que casi era otro amigo del activista a estas alturas del viaje.
“Sus brazos estaban completamente abiertos, como si fuera a darme un abrazo”, contó Petrelis al Blade. “El traductor me dijo que Carlos estaba feliz de verme y que yo no tenía que preocuparme por nada”.
El oficial prácticamente le agradeció por no asistir a un encuentro de activistas en el parque Lennon, de La Habana. Le preocupaba la asistencia de dos “contrarrevolucionarios” a la cita, reveló Petrelis al Blade.
Al despedirse, el oficial le dijo que lo consideraba un buen amigo de Cuba y que siempre sería bienvenido. La única recomendación que le hizo para futuros viajes fue que se cuidara de traer tantas pegatinas y brazaletes.
Con el consejo presente y un equipaje mucho más ligero, Michael Anthony Petrelis no pudo embarcarse a Cuba este 20 de marzo.
Con Mariela Castro y contra Donald Trump
“No sé qué ha cambiado”, dice Petrelis a Tremenda Nota, mientras evoca la despedida afectuosa que le hizo el oficial Carlos en el aeropuerto de La Habana. “Quiero saber por qué me prohibieron entrar y si puedo volver algún día a Cuba, ¿encontrar esas respuestas será una fantasía muy grande?”
El año pasado, en la provincia de Pinar del Río, al occidente de Cuba, el activista invitó a posar a Mariela Castro con la bandera transexual. Petrelis sonríe y sostiene un extremo azul. Mariela sonríe, sostiene un cartel con la etiqueta #MeIncluyo y algo más en inglés, 17 May, IDAHOT en Cuba, probablemente obra de Michael.

“Ella estuvo más que feliz de aceptarme un brazalete del arcoíris y de posar para la foto conmigo”, recuerda.
Por esos días de la XI Jornada contra la Homofobia y la Transfobia que organiza Cenesex, todavía no prosperaba la campaña de algunas iglesias evangélicas contra el matrimonio igualitario. Fue en junio, un mes después, cuando la Asamblea Nacional de Cuba aprobó un proyecto de Constitución que asumía el matrimonio como “la unión de dos personas”.
Para fin de año, al final de los debates parlamentarios, el artículo sobre el matrimonio se había diluido en una fórmula técnica. Encima, se anunció otra consulta popular para aprobar o rechazar el Código de Familia, la ley que finalmente podría implementar las uniones LGBTI+ en un plazo de dos años.
La Constitución fue aprobada por notable mayoría en un referendo celebrado el 24 de febrero pasado, aunque las cifras de abstenciones y votos negativos es la mayor en la historia de la Revolución Cubana.
Desde San Francisco, Petrelis alentó a sus colegas en las redes sociales y se interesó públicamente en los intentos del activismo por ir a las calles y rechazar el discurso de las iglesias. Ninguna de las salidas proyectadas reunió a mucha gente. Como le sucedió al estadounidense en enero, la policía intervino para contener a los activistas.
“Mientras algunos pastores vienen a este país y dan sus discursos en los templos evangélicos, a este hombre le ponen el dedo y ahora es una amenaza”, comentó a Tremenda Nota Roberto Ramos Mori, un diseñador y activista.
Ramos Mori confirmó que Petrelis quiso reunirse con un grupo LGBTI+ en una de las vías más famosas de La Habana y desistió tras las presiones de la Seguridad del Estado.
El diseñador asegura que también intentaron contactarlo a él para evitar la reunión. Finalmente, sin el norteamericano, los activistas se fueron al parque Lennon, un sitio más discreto.
Lo mismo pasó en Matanzas, según Yadiel Cepero, otro de los colegas cubanos de Petrelis. “Él nunca estuvo presente en las acciones por los problemas que tuvo con la Seguridad”, dijo a Tremenda Nota.
Isbel Díaz Torres cree que prohibir la entrada del activista “es una muestra más del conservadurismo instalado en la policía política cubana”.
Michael e Isbel se conocieron en San Francisco por noviembre de 2018. Eran amigos de Facebook y decidieron verse, dar un paseo por el famoso barrio gay de Castro y asistir a la celebración por el Día de los Muertos. Aprovecharon la fiesta para exhibir una piñata con el rostro de Donald Trump, acusarlo de homofobia y pedir su impugnación como presidente de Estados Unidos.
Díaz Torres recuerda aquella protesta y dice que Petrelis “es más revolucionario que los propios líderes en la Isla”.

Cepero supone que la prohibición de entrar a Cuba contra Michael evidencia la preocupación de las autoridades cubanas ante el fortalecimiento del activismo LGBTI+.
“Algo debemos estar haciendo bien para que se desencadene tal reacción. Podrán negarle la entrada a Petrelis pero eso no hará que la ciudadanía LGBTI+ deje de salir a la calle”, dijo.
Los activistas intentarán otra salida este 31 de marzo para celebrar el Día de la visibilidad transexual. Michael Petrelis no podrá acompañarlos, pero estará pendiente a las redes sociales desde San Francisco. Allí espera la respuesta de las autoridades cubanas, a quienes dirigió algunas preguntas por correo electrónico sobre su estatus.
“¿Por qué un hombre gay de sesenta años, que es amigo de Cuba, no puede compartir arcoíris, construir solidaridad, pedir la eliminación del horrible bloqueo estadounidense, hacer amigos y gastar dinero durante tres semanas [en Cuba]? ¿Por qué les parece tan peligroso [hasta el punto] que acabé rechazado?”, cuestionó el activista.
Tremenda Nota preguntó al Ministerio de Relaciones Exteriores sobre las razones del gobierno cubano para impedir la entrada de Petrelis y hasta el momento no tiene respuesta.
“Tal vez están enojados porque ayudé a organizar el 14 de febrero en solidaridad con los cubanos LGBTI+, o porque comparto fotos y noticias sobre el activismo independiente en La Habana y Matanzas”, supone el activista.
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The university that refuses to let go
Joanna Cifredo is a trans woman participating in University of Puerto Rico strike
Over the past days, I have been walking with a question that refuses to leave me. Not the kind of question you answer from a desk or from a distance, but one that grows out of what you witness in real time, at the gates, in the faces of those who remain there without knowing how any of this will end. What is truly happening inside the University of Puerto Rico, and why have so many students decided to risk everything at a moment when they can least afford to lose anything.
I write as someone who lives just steps away from the Río Piedras campus. These days, the silence has replaced the constant movement that once defined this space. The absence is felt in every corner where students used to pass at all hours. Since arriving in Puerto Rico three years ago, I have come to know firsthand stories that rarely make it into reports or official statements. One of the reasons I chose to stay was precisely this, to serve the university community, to help create a space where students could find something as basic as a safe meal at night and, in some way, ease burdens that are often carried in silence.
I have listened, asked questions, and tried to understand without imposing answers. What I have found is not a collective outburst or a generational whim. What exists is a fracture, a deep break between those making decisions and those living with their consequences every single day.
There has been an effort to reduce this strike to an issue of order, scheduling, or academic disruption. Conversations revolve around missed classes, delayed semesters, and students supposedly unaware of the consequences of their actions. What is rarely addressed are the conditions that lead an entire student body to pause its own future to sustain a protest that offers no guarantees.
Because that is the reality. These are students who fully understand what they are risking, and yet they remain. When someone reaches that point, the least they deserve is not judgment, but to be heard.
From the outside, there have also been attempts to discredit what is happening. Familiar narratives are repeated, legitimacy is questioned, and doubt is cast over intentions. It is easier to do that than to acknowledge that this did not begin at the gates, but long before, in decisions made without building trust.
And something must be said clearly. This is not limited to the gates of Río Piedras. What we are witnessing extends across every unit of the University of Puerto Rico system. Mayagüez, Ponce, Arecibo, Bayamón, Cayey, Humacao, Carolina, Aguadilla, Utuado, and the Medical Sciences Campus. This is not an isolated reaction. It is a movement that runs through the entire institution. Río Piedras may be more visible, but it is not alone. What is happening there reflects a broader unrest felt across the system.
Within that context, one demand has grown increasingly present, the call for the resignation of University of Puerto Rico President Zayira Jordán Conde. This is not the voice of a small group. It reflects a deeper level of mistrust that has spread across multiple campuses.
The Puerto Rican Association of University Professors has also made it clear that this is not solely a student issue. There is real concern among faculty, and a shared recognition of the conditions currently shaping the university. When students and professors arrive at the same conclusion, the problem can no longer be minimized.
Meanwhile, the administration continues to speak in the language of dialogue. But dialogue is not a word, it is a practice. And when trust has been broken, it cannot be restored through statements alone, but through decisions that prove a willingness to truly listen.
In the midst of all of this, there are voices that cannot be ignored. Voices grounded not in theory, but in lived experience. One of them is Joanna Cifredo, a student at the Mayagüez campus, a young Puerto Rican trans woman, and someone widely recognized for her advocacy.
I spoke with her in recent days. What follows is her voice, exactly as it is.
How would you describe what is happening inside the University of Puerto Rico right now, beyond what people see from the outside?
Estamos viviendo momentos muy difíciles, en el sentido de que hay mucha incertidumbre y una presión constante por parte de la administración para reabrir el recinto, pero, entre todo el caos e inestabilidad provocado por las decisiones de esta administración, también hemos vivido momentos muy poderosos. Esta lucha ha sacado lo mejor de nuestra comunidad.
Lo vimos en las asambleas y plenos, donde 1,500, 1,700, hasta 1,800 estudiantes llegaron —bajo lluvia, bajo advertencias de inundaciones— y aun así se quedaron, participaron y votaron a favor de una manifestación indefinida hasta que se atiendan nuestros reclamos.
He conocido a tantas personas en los diferentes portones, estudiantes graduados, aletas, estudiantes de intercambio, estudiantes de todo tipo de concentraciones y se unieron para apoyar el movimiento estudiantil. Estudiantes que vienen a los portones después del trabajo o antes de trabajar. Estudiantes que vienen a dejar agua y suministros entre turnos de trabajo. Viejitos que vienen a los portones con desayuno, almuerzo o cena.
Más allá de lo que se ve desde afuera, lo que estamos viviendo es una mezcla de tensión y resistencia, pero también de comunidad, solidaridad y compromiso colectivo.
Much of what is discussed remains at the level of headlines or social media. From your direct experience, what specific decisions or actions from the administration have led to this level of mobilization?
Desde el inicio, la designación de la Dra. Zayira Jordán Conde careció de respaldo dentro de la comunidad universitaria. No contaba con experiencia administrativa en la UPR ni con un conocimiento básico de nuestros procesos, cultura y reglamentos. Por eso, en asamblea, el estudiantado votó para solicitarle a la Junta de Gobierno que no considerara su candidatura, y múltiples organizaciones docentes hicieron lo mismo. Existía un consenso amplio de que no tenía la experiencia necesaria para liderar una institución como la nuestra.
A pesar de ese rechazo claro, la Junta de Gobierno decidió ignorar los reclamos de la comunidad universitaria e imponer su nombramiento.
Una vez en el cargo, su estilo de gobernanza ha sido poco transparente y poco colaborativo. Sin embargo, el detonante principal de la movilización en el Recinto Universitario de Mayagüez fue su decisión de destituir, de manera unilateral y en medio del semestre, a cinco rectores, incluyendo al nuestro, el Dr. Agustín Rullán Toro, para reemplazarlo por un rector interino, el Dr. Miguel Muñoz Muñoz.
Esta acción, tomada de forma abrupta, provocó de inmediato un clima de caos e inestabilidad dentro de la institución. Y deja una pregunta inevitable: ¿no anticipó el impacto de esa decisión, lo que evidenciaría una falta de experiencia? ¿O lo anticipó y aun así decidió proceder? No está claro cuál de las dos es más preocupante.
Además, esta decisión tuvo consecuencias concretas para el estudiantado, incluyendo el retiro de becas educativas para nuevos integrantes del RUM por parte de la Fundación Ceiba, que calificó la movida como “sorprendente” y “preocupante”. Decisiones impulsivas como la que tomó la presidenta ponen en peligro la estabilidad de nuestra institución y la acreditación de la universidad.
As a trans woman within this movement, how does your identity intersect with what is happening, and why does this also shape the future of people like you?
Soy una de varias chicas trans que formamos parte activa de este movimiento estudiantil.
For those outside the UPR who believe this does not affect them, what are the real consequences of this crisis?
La Universidad de Puerto Rico se fundó para servir al pueblo.
It is impossible to overstate the role the University of Puerto Rico and its students have played in shaping the social, cultural, and economic life of this country. Its impact extends into science, medicine, and every profession that has sustained Puerto Rico over time. No other educational institution has contributed more.
After listening to her, one thing becomes undeniable. This is not just another protest, but a generation refusing to let go of what little remains within its reach. And when a generation reaches that point, the issue is no longer the strike, the issue becomes the country itself.
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La X vuelve al tribunal
Primer Circuito examina caso del reconocimiento de personas no binarias en Puerto Rico
Hace ocho meses escribí sobre este tema cuando todavía no había llegado al nivel judicial en el que se encuentra hoy. En ese momento, la discusión se movía entre decisiones administrativas, debates públicos y resistencias políticas. No era un asunto cerrado, pero tampoco había alcanzado el punto actual.
Hoy el escenario es distinto.
La organización Lambda Legal compareció ante el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito en Boston para solicitar que se confirme una decisión que obliga al gobierno de Puerto Rico a emitir certificados de nacimiento que reflejen la identidad de las personas no binarias. La apelación se produce luego de que un tribunal de distrito concluyera que negar esa posibilidad constituye una violación a la Constitución de Estados Unidos.
Este elemento marca la diferencia. Ya no se trata de una discusión conceptual. Existe una determinación judicial que identificó un trato desigual.
El planteamiento de la parte demandante se sostiene en el propio marco legal vigente en Puerto Rico. Los certificados de nacimiento de identidad no son registros históricos inmutables. Son documentos utilizados para fines actuales y esenciales. Permiten acceder a empleo, educación y servicios, y son requeridos en múltiples gestiones ante el Estado. Su función es operativa.
En ese contexto, la exclusión de las personas no binarias no responde a una limitación jurídica. Puerto Rico permite la corrección de marcadores de género en certificados de nacimiento para personas trans binarias desde el caso Arroyo González v. Rosselló Nevares. Además, el Código Civil reconoce la existencia de certificados que reflejan la identidad de la persona más allá del registro original.
La diferencia radica en la aplicación.
El reconocimiento se concede dentro de categorías específicas, mientras que se excluye a quienes no se identifican dentro de ese esquema. Esa exclusión es el eje de la controversia actual.
El argumento presentado por Lambda Legal es preciso. Obligar a una persona a utilizar documentos que no reflejan su identidad implica someterla a una representación incorrecta en procesos fundamentales de la vida cotidiana. Esto puede generar dificultades prácticas, exposición innecesaria y situaciones de vulnerabilidad.
Las personas demandantes, nacidas en Puerto Rico, han planteado que el acceso a documentos precisos no es una cuestión simbólica, sino una necesidad básica para poder desenvolverse sin contradicciones impuestas por el propio Estado.
El hecho de que este caso se encuentre en el sistema federal introduce una dimensión adicional. No se trata de un proyecto legislativo ni de una política pública en discusión. Es una controversia constitucional. El análisis gira en torno a derechos y a la aplicación equitativa de las leyes.
Este proceso tampoco ocurre en aislamiento.
Se desarrolla en un contexto donde los debates sobre identidad y derechos han estado marcados por una mayor presencia de posturas conservadoras en la esfera pública, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. En el ámbito local, esa influencia ha sido visible en discusiones legislativas recientes, donde argumentos de carácter religioso han comenzado a formar parte del debate sobre política pública. Esa intersección introduce tensiones en torno a la separación entre iglesia y Estado y tiene efectos concretos en el acceso a derechos.
Señalar este contexto no implica cuestionar la fe ni la práctica religiosa. Implica reconocer que, cuando determinados argumentos se trasladan al ejercicio del poder público, pueden incidir en decisiones que afectan a sectores específicos de la población.
Desde Puerto Rico, esta situación no se observa a distancia. Se experimenta en la práctica diaria. En la necesidad de presentar documentos que no corresponden con la identidad de quien los porta. En las implicaciones que esto tiene en espacios laborales, educativos y administrativos.
El avance de este caso abre una posibilidad de cambio en el marco legal aplicable. No porque resuelva de inmediato todas las tensiones en torno al tema, sino porque establece un punto de análisis jurídico sobre una práctica que hasta ahora ha operado bajo criterios restrictivos.
A diferencia de hace ocho meses, el escenario actual incluye una determinación judicial que ya identificó una violación de derechos. Lo que corresponde ahora es evaluar si esa determinación se sostiene en una instancia superior.
Ese proceso no define un resultado inmediato, pero sí establece un nuevo punto de referencia.
El debate ya no es teórico.
Ahora es judicial.
Cuba
Cuba bajo presión y sin respuestas
Cubanos no hablan en términos geopolíticos. Hablan de sobrevivir
Las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a subir de tono. No es algo nuevo, pero este momento se siente distinto. Las medidas más recientes desde Washington buscan cerrar aún más los espacios financieros del gobierno cubano, limitar sus fuentes de ingreso y presionar sectores clave de la economía. No es simbólico. Es una política directa.
Desde Estados Unidos, el mensaje es claro. Se busca provocar cambios que no han ocurrido en más de seis décadas. También hay un componente interno, una presión política que responde a sectores del exilio que llevan años exigiendo una postura más dura. Todo eso forma parte del escenario.
Pero esa es solo una parte.
Del lado cubano, la respuesta sigue un patrón conocido. El gobierno habla de agresión externa, de guerra económica, de un embargo que se endurece. Cada medida se convierte en argumento para reforzar su narrativa y cerrar filas. No hay espacio para reconocer errores propios. Todo apunta hacia afuera.
Mientras tanto, la vida en la isla va por otro camino.
La crisis energética que hoy vive Cuba no empezó con estas medidas. Lleva años acumulándose. El sistema eléctrico está deteriorado, sin mantenimiento suficiente, con fallas constantes. Los apagones no son nuevos. Lo que ha cambiado es la frecuencia y la duración.
Durante años entró petróleo a Cuba, especialmente desde Venezuela. Hubo acuerdos. Hubo suministro. Y aun así, la vida del cubano no mejoró. La electricidad seguía fallando, el combustible seguía racionado, el transporte seguía siendo un problema diario.
Entonces la pregunta sigue siendo la misma.
Si el petróleo estaba entrando, ¿por qué nada cambiaba?
¿Dónde fue a parar ese recurso?
¿Dónde está el dinero que generó?
Hoy se habla de restricciones al petróleo como si fueran la causa principal de la crisis. No lo son. Empeoran una situación ya frágil, pero no la explican completamente.
Hay una historia más larga que no se puede ignorar.
Lo mismo ocurre con las brigadas médicas.
Durante años se presentaron como un gesto de solidaridad internacional. Y en muchos casos lo fueron. Médicos cubanos trabajaron en condiciones difíciles, salvaron vidas, sostuvieron sistemas de salud en otros países. Eso es real.
Pero también funcionaron como una de las principales fuentes de ingreso del Estado cubano.
Muchos de esos profesionales no recibían el salario completo por su trabajo. Una parte significativa quedaba en manos del gobierno. En algunos casos, ni siquiera tenían control sobre el dinero que generaban.
Y hay algo más duro.
Si uno de esos médicos decidía no regresar a Cuba, ese dinero no llegaba a su familia. Se quedaba retenido.
Hoy varios países están revisando o cancelando esos acuerdos. Y otra vez, la respuesta oficial es señalar hacia afuera. Pero la pregunta sigue siendo inevitable.
¿Se está perdiendo un modelo de cooperación o un sistema que dependía del control sobre sus propios profesionales?
Dentro de Cuba, la conversación suena diferente.
La gente no habla en términos geopolíticos. Habla de sobrevivir. De cómo llegar al final del día. De los apagones, de la comida que no alcanza, del transporte que no aparece, de una vida que cada vez se hace más difícil.
Hay quienes miran las medidas de Estados Unidos con cierta expectativa. No porque quieran más escasez, sino porque sienten que el sistema no cambia por sí solo. Hay una sensación de estancamiento que pesa.
Pero esa expectativa convive con una realidad concreta.
Las sanciones no golpean primero a quienes toman decisiones. Golpean al ciudadano común. Al que hace la fila. Al que pierde la comida por falta de electricidad. Al que no tiene cómo moverse.
Esa es la contradicción.
El gobierno cubano pide solidaridad internacional. Y la recibe. Países que envían ayuda, organizaciones que se movilizan, voces que defienden a la isla.
Pero hay otra pregunta que también está ahí.
¿Esa ayuda llega realmente al pueblo?
La falta de transparencia en la distribución de recursos es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que entra, sino de lo que realmente llega a quienes lo necesitan.
Reducir lo que pasa en Cuba a un conflicto entre dos gobiernos es no querer ver el cuadro completo.
Aquí hay responsabilidades compartidas, pero no iguales.
Estados Unidos ejerce presión con efectos reales sobre la economía cubana. Eso no se puede negar. Pero dentro de la isla hay un sistema que ha tenido décadas para corregir, para abrir, para responder a su gente, y no lo ha hecho.
Esa parte no se puede seguir esquivando.
Yo escribo esto como cubano. Desde lo que vi, desde lo que viví y desde la gente que sigue allá tratando de resolver el día.
Porque al final, más allá de lo que se diga entre gobiernos, la realidad es otra.
Cuba hoy está más apretada, sí. Pero también lleva años arrastrando problemas que nadie ha querido enfrentar de verdad.
Y mientras eso siga así, da igual lo que venga de afuera. El problema sigue estando adentro.
